27.1.12
25.1.12
Memorias
En el colectivo me quedé mirando un caño. Uno de los tantos que en que las personas se agarran mientras viajan parados. Era de noche, tarde. Éramos pocos en el colectivo y el caño estaba ahí, intacto, sin expresar de ningún modo las millares de impresiones digitales que contenía.
Y es así también el cuerpo, higienizado por la invisibilidad del tacto. Tengo que hacer un esfuerzo para recordarte.
22.1.12
Nota al pasar sobre la belleza pasajera
Una forma doliente de humanidad imposible. La belleza. Eso buscamos en las mujeres y solo lo hallamos mientras ellas suspendan su sí mismas y se transparenten dejando ver la huella de una lejanía que se repliega. En esa pérdida, aun imágenes, nos hechizan. Luego, cercanas y reales, ya no podrán dar lo que no saben que prometieron. Y nos lo darían. No son malas. Pero no lo tienen. Dan, en cambio, todo lo demás. Pero es en vano y es demasiado tarde. Ya estamos buscando en otras mujeres lejanas y difusas ese rastro de no sé qué que se disimula en ellas mientras dura la imprecisión.
19.12.11
primer draft
unfollow
Tengo que hablar de ella
Alusivamente
Desviado
Con medias palabras
Ficciónalizando todo
Como si hablara
De otra
O alguien
Que no existe
Para que no se de
cuenta
De que estoy
Hablando de ella
To be close
and To be found and the ocean in between
No me gustan
Las instancias de
Vulnerabilidad
Me rompe las pelotas
Que alguien sepa
Que puede romperme
Raro
Porque la belleza me parece
Una condición de la
Fragilidad
Y lo frágil
Eso
A punto
De romperse
Pero suspenso
En la tensión
De su delicada rotura
To be close
and To be found and the ocean in between
Probablemente sobreviva
Si no la veo
Otra vez
la estadística está
de mi lado
La vida tiene un
modo
No sé ¿triste?
De seguir
A pesar de todo
No importa
La atrocidad
El sol
Siempre
Sale y los
Muertos
Se disuelven
sí: en el silencio
los espectros
rayan
la ventana
de lo real;
pero todo
sigue
To be close
and To be found and the tempest in between
quiero quemar
las cartas
pero kafka volvió
las cosas kafkianas
y cada palabra
la tiene
retenida
mark zuckerberg
en algún lugar o no lugar
de la virtualidad
y todo lo que le dije
a ella
está condenado
a existir
para siempre
me duele
saber
la persistencia de lo dicho...
escribí tarde la voz que
callé a tiempo
perdí de
la palabra la evanescencia
fue como tallar
en tumbas eternas
el nombre
que me delata
To be near
and To be there and the hollowness in between
Ejercito mi ausencia
Con ella
Pero la administro
Mal
Y no llego a medir
Mi significado en
Ella
El peso
Real
De mi imagen
Junto
Las piezas de
Lo que me queda
Para alejarme
Pero la lejanía
Según entiendo
En el medio
De la noche
Poco tiene que ver
Con demografías
Hay que
Hacerla nacer
Adentro
La distancia
Sea cual fuese
Es un trabajo
Y no una amputación
To be close
and To be found and the tempest in between
Había escrito
Unos versos
Donde era evidente
Que se trataba de ella
Ella
Una mujer
Específica entre todas
Con los detalles
Que solo yo
Sé de ella (un lunar,
un tic, una forma
de morder los labios)
Pero
Tuve que
Tacharlo
Para preservar
La imprecisión y mi
Ego.
To be close
and To be found and the ocean in between
Se escribe
Porque
Se sangra
Con la sangre
Salpicada reuno
Estas letras no
Un teatro
De la agonía
No
Más bien una
reclusión
escribir
como quien está
acurrucado en el rincón
que concentra la oscuridad
del cuarto
obturando
la herida.
Como siempre, sin embargo
La literatura
Es un enchastre.
To be close
and To be found and the ocean in between
Vamos a estar
a una cuadras un
sábado
cualquiera cuando
ella
vaya a notorius a
escuchar
jazz y yo todavía
No me haya ido
De la librería
Y voy a sentir
Un rumor
En mi pecho en
mi estomago
Una vaga inquietud
algo
eléctrico
el peso que ocupa
una falta no sé
algo
que remita a una imagen
de ella que guardo
y que no quiero
escribir
para que todo
esto no
sea
del todo
cierto y pase
como pasó por
mi toda
mi sentimentalidad mentida
traspapelada en
ficciones.
12.12.11
cohen
pienso en alguien en particular cuando leo los versos de Leonard Cohen:
"believe nothing of me
except that I felt your beauty
more closely than my own".
y después mi noche es una nostalgia erizada por imagenes de cosas que estuvieron a punto de pasar y que no se dieron.
3.12.11
28.11.11
sobre la entrada anterior
Releyendo, lo que infiero es que la decepción no acaece por un evento mezquino o desgradable de la realidad, sino precisamente como malversación de lo que yo espero. No importa que me brinden algo bello y maravilloso si no se trata de la forma de belleza y maravilla que yo esperaba. No importa que King se desvíe de mis expectativas para darme otra historia, una distinta pero también, a su modo, cautivante: importante que es diferente del placer que yo había anticipado, y allí donde los moldes no encastran, hay desilusión.
Me dirán - ya casi los oigo - que la sorpresa no implica una decepción. No al menos de modo necesario. Diré, dos cosas. Lo que llamamos sorpresa es por lo general el advenimiento de algo allí donde no había nada. En la indiferencia imaginativa de la anticipación de la sorpresa, no hay espacio para que se forme la decepción. La sorpresa va a ocupar el espacio de una nada suspendida, una nada ansiante. Si la sorpresa me da tiempo a desear, lo más factible es que cuando se vuelva real, me decepcione.
La segunda cosa: que el goce no es un valor positivo (como decía Barthes) hay goce en pasarse el dedo sobre una herida, en abrirla, en escarbar. Hay goce en mirar algo por primera vez, por más abominable que sea.
Me dirán - ya casi los oigo - que la sorpresa no implica una decepción. No al menos de modo necesario. Diré, dos cosas. Lo que llamamos sorpresa es por lo general el advenimiento de algo allí donde no había nada. En la indiferencia imaginativa de la anticipación de la sorpresa, no hay espacio para que se forme la decepción. La sorpresa va a ocupar el espacio de una nada suspendida, una nada ansiante. Si la sorpresa me da tiempo a desear, lo más factible es que cuando se vuelva real, me decepcione.
La segunda cosa: que el goce no es un valor positivo (como decía Barthes) hay goce en pasarse el dedo sobre una herida, en abrirla, en escarbar. Hay goce en mirar algo por primera vez, por más abominable que sea.
literatura vs cine
Acabo de terminar de leer Secret window, secret garden, de Stephen King y me veo embargado por la decepción. Disfrtuté los peldaños de la trama, me encontré enumerando cada cosa que era mejor que en la película. Pero el final... Mort Rainey no puede morir. Y mucho menos, morir así. Es atractivo lo que King hace, tratando de dejarnos la sospecha de que el personaje con el que Rainey deliraba y que había creado, había sido pensado con tanta minuciosidad y con tanta intensidad que acaso podía, al menos visto desde el rabillo del ojo, un poco, levemente, existir. Ok. Muy lindo. Tal vez me hubiese gustado, de no haber visto la película. Pero estuve 300 páginas esperando el justo asesinato de Rainey a su esposa y su amante, y de repente, Rainey está muerto. Estoy consternado. Comprendo que King es un soñador impulsivo y que sus ficciones, brutales y magníficas, son corregibles porque postulan más pasillos que los que King recorre. Pero me quedé sin el delicado goce de un asesinato bien ejecutado. Y esa es precisamente el tipo de ansia que ha de satisfacerse, de un modo o de otro.
25.11.11
fansite
Mi próxima novela será protagonizada por un enano de dos metros.
Y sólo la publicaré en la Republica Dominicana.
Y sólo la publicaré en la Republica Dominicana.
10.11.11
los precipicios interiores
A las 3am me siento exhausto como si fuesen las 3am para una persona normal. El cansancio, cuando no lo conduzco hacia su finalidad sacramental (la cama) o hacia una distracción inmediata que lo postergue (un libro, una película, una persona, una teta, etc) me lleva pronto hacia un hartazgo de todo, muy parecido al que adolece Bernardo de Soares. En mi caso, carezco de toda metafísica. Me doy cuenta de mi condición porque dejo de prestar atención a Boardwalk Empire, y veo mis ojos dispersarse por la biblioteca. Acepto ese ritmo interior y me pongo de acuerdo con él: apago el monitor, y me dejo extraviar mirando la biblioteca. Quién está al lado de quién, la justicia de que Kawabata y Mishima estén juntos, el peculiar azar que ensanguchó a Laura Alonso entre Gombrowicz y Tim Burton, la sensación amena de ver los libros de una misma colección reunidos, y la pena simultánea de que un libro de Phillip Roth que tengo en otra colección no pueda reunirse con los demás libros de Phillip Roth, que están ahí, todos juntos, y de algún modo siento la angustia - nocturnísima, insomne - de esa orfandad. El caso salta a la vista de cualquiera: debería estar durmiendo y no tramando lazos invisibles entre las casualidades y despotismos de la disposición de mis libros. Tendrían razón. Me detiene una razón pueril. Mi gata subió a un mueble al que nunca sube - porque, francamente, está gorda, y le cuesta subir, pero justo hoy empujé unas cosas y quedó una mesita cerca de ese mueble y pudo subir, con mucho esfuerzo - y está mirando por la ventana la noche de la calle. No me parece justo cerrarle la persiana en la cara. Pobre, una vez que sube. Además está mal de los ojos. Tengo que ponerle gotas cada 6 horas. Y para dormir, la persiana la tengo que cerrar (vivo en un primer piso al frente en un barrio célebre por sus sátiros, y no guardo el deseo de ser violado, a menos que Emanuelle Beárt intervenga en el affaire). Entonces: hago tiempo sobre el teclado. Espero a que se canse, y se baje. Para poder salirme del teatro de mi biblioteca, y también de la escritura. Godard al lado de Deleuze. Ese es un delicioso acierto del azar. Otro: Levrero/Aira. Pero, ¿King y Nothomb? Duras, apretujada entre Sade y Pasolini. Copi junto a Houllebecq. Laiseca y Buzzati. Camus/Sollers. Es fácil, por un segundo, caer en el tobogán de estructuras de pensmiento obvias y preguntarse qué se dirán cuando apago la luz. El punto es otro. Naufragando por la biblioteca hago tres descubrimientos. Tres cosas que yo ignoraba. No sólo ignoraba: estaba seguro de que no eran así. Podría haberlo jurado.
I
Hace dos años que me lamento de no tener "París era una fiesta", de Hemingway. Está agotado. Hace mucho. Su caracter de agotado me lo recordaron los fans de Woody Allen, que poco avisados, recién salidos de ver "Midnight in Paris", entusiasmadísimos, pasaban por la librería a buscar el libro, que no estaba. Conversé sobre eso con mucha gente. Sobre que está agotado, y sobre cuánto me había gustado, sobre cuando lo leí - gracias al préstamo de un amigo - para la facultad. Debí sospechar algo cuando, queriendo recordarlo, no podía precisar quién era ese amigo. No tengo tantos amigos. Tendría que ser sencillo. Dí por buena la razón de la mala memoria, y seguí con otras cosas. Y ahora me encuento con que el libro estaba en mi biblioteca. Una edición de La Nación, del 2003. Y está todo subrayado - por mí, por ese otro que fui y que no coincide ya conmigo - con las notas pertinentes al estudio académico.
II
No devolví el libro de Auden sobre Shakespeare. Creí que lo había hecho. Sentí pena, incluso, por ya no tenerlo. Lamenté, en varias oportunidades (siempre vuelvo, siempre necesito de, Shakespeare) no haberme copiado algunos pasajes. Hace dos años lo tomé prestado de una biblioteca. No comprendo, no logro dar con la concatenación de hechos que ha ocurrido como para que la imagen mental que poseo de haber caminado determinadas calles con el libro, y dejarlo en la biblioteca, devengan esta madrugada en que está ahí, al lado de Spregelburd.
III
Hace unos meses que quiero comprar los relatos completos de Svevo. Es una bonita edición de bolsillo, y está barata. Cada vez que la quise comprar, otro libro surgió de la nada y acabó siendo más urgente. Hoy, lo compré. Me sentí mejor por haber finalizado con las postergaciones que impuse a Svevo. El recorrido por las bibliotecas me hizo recordar que había comprado el libro, y fui al living, y del morral lo saqué y lo llevé hasta la habitación donde escribo. Noté que no había mucho lugar en el estante, y el libro no entraba. Buscando cuál libro podía poner en otro lugar para darle el lugar a Svevo, me sorprendo al ver que ahí, entre Pushkin y Mansfield están los relatos completos de Svevo. La misma edición, el mismo libro.
ergo
La pregunta es: ¿quién soy?
Sería mejor responder a ella con un poema de Pasolini. Pero no lo tengo a mano.
Quién soy como para no tener de mí un conocimiento básico sobre mí mismo. Compré dos veces el mismo libro. Fue tal el ansia de ese libro que ni siquiera su adquisición la calmó. Suspendí la idea de que ya lo tenía para poder seguir deseándolo. ¿Y con Hemingway? Entristecí por no poder conseguir un libro que ya tenía. La biblioteca, en su nocturnidad, me revela cosas de mí que no sabía. Me dice, en buena parte, que soy otro. Stephen King dice en su nuevo libro que todo hombre es habitado por otro hombre. No sabemos qué lo despierta. Tal vez, ni siquiera se asoma. O se manifiesta en sueños. Quién sabe. En mi caso, es evidente que hizo cosas de las que no tengo memoria. Me preocupa el caso de "París era una fiesta" porque documenta una pena innecesaria con la que conviví durante dos años. O tres. Mucho tiempo. ¿Qué truco opera para que algo se olvide? ¿Qué extrae algo de la memoria? ¿De qué modo, enfrentado a un objeto de nuestro pasado, no podemos más que ver en él una absoluta ajenidad? Lo que me preocupa, como siempre, es la identidad. ¿Quién dice yo? ¿Qué tengo yo que ver con quien dice yo desde mi boca? ¿Qué significó, alguna vez, decir te quiero? ¿Quién era ese yo, que YO no identifico? Son demasiadas preguntas. Pasó el camión de basura, hizo un ruido, y la gata se asustó y se bajó del mueble. Tengo que aprovechar para cerrar la ventana. Y dormir. La historia que concatena mis hechos tiene, a esta altura, poco que ver con la conciencia que tengo de mí. Ya no puedo confiar en mí para decir la verdad sobre nada. No sé bien cuánto tiempo tardaré en creer que este texto no lo escribí yo. Me pasa hace tiempo revisar textos viejos, incluso en este mismo blog, y no poder ni siquiera atisbar sobre por qué escribí determinada cosa. Está bien. La escritura bien puede ser el mecanismo propio de la otredad: una disciplina que permite a la serie de otros que me van reemplazando (ahora mismo soy uno de ellos) discurrir sobre su fragilidad, y su inútil evanescencia. No necesitan esperar a la posteridad para no ser recordados: yo mismo me olvidé de mí. Y con esto quiero decir: de los pasos que me trajeron aquí, y que hicieron de mí lo que soy ahora. Si me dispusiera contar quien soy, a escribir mi biografía, si compendiara las anécdotas de mi vida, no estaría más que novelizando sobre un vacío, usando las palabras para llenar los huecos. Creo que algunos de los que fui lo dijeron muchas veces: mis ficciones son la falla de la reposición de los hechos reales. Donde no me acuerdo, donde trastabillo, para poder seguir, miento. Se terminó de bajar el sexto capítulo de "American Horror Story". God bless Cuevana. Ya no tengo motivos para permanecer en el texto. La ventana está cerrada, la gata duerme en el sofá. Sepan disculpar todo lo que no esté en su lugar: la relectura hallaría desvíos y correcciones necesarias, y el texto se volvería pronto una novela, o más bien, la posibilidad tangencial de una novela. Esa sola idea me apabulla. No tengo resto físico para escribir una novela. No tengo con qué solventar los precipicios interiores.
8.11.11
1.11.11
páginas de autoconfesión
el devenir en monstruo (salvación)
Días extraños en los que entro en la vigilia con el lamento de no haber despertado, como Samsa, transformado en un insecto. Siento que esa es la única manera de verme librado de las mezquinas demandas de la realidad, de las fútiles obligaciones cotidianas. Como si solamente amparado en la estructura de un monstruo (un alucinado, un completo enajenado, irreconciliable con la imagen humana y no estos vagos brotes de espástico delirio a los que estoy acostumbrado y prostituyo en literatura) podría silenciar los hilos coercitivos que restringen el pulso de mi deseo y mueven la inerte marioneta de mi cuerpo extenuado por un sino de hastío y desasosiego, forzado a ser quien no quiero, a sostener mi rostro frente a un espejo roto hasta que esa imagen astillada se inscriba en mi sangre. Como si la única fuga – la única respuesta – que puedo articular ante la indeclinable marejada posmoderna fuese tornarme (de algún modo: evolucionar) en un desfigurado, un portador de una atrofia bárbara (babélica) e irreversible, de modo que no quedase en mí rastro – ni físico ni psíquico – que permitiese al orden de cosas recuperarme como súbdito, como persona.
Creo que ya es un poco así: el perseverante y crónico ejercicio de la literatura y el imperio mórbido de una soledad ininterrumpida y patológica endurecen sobre mí un caparazón que aísla y protege (y encierra); y es volverse un poco insecto, un poco monstruo.
*
(Es natural: la exigencia de la escritura impone quemar el propio cuerpo, junto con todas las imágenes del alma: el escritor nunca sobrevive a su obra: arde en ella como en una oscura hoguera de la que solamente puede devenir en monstruo (alguien que sintió la verdad).)
30.10.11
ill
Otra vez fiebre. Voy a la cama, pero no puedo dormir. Doy vueltas hasta que me levanto. Escucho las voces de niños que corren y juegan en el piso de arriba. Creo que estoy lucido. Leo - con enorme placer- a Vila-Matas y escribo en un cuaderno tres titulos de novelas que todavia no escribí (recuerdo, con placer también, y con cariño, a quienes me dijeron tantas veces que tenía que leer a Vila-Matas). Ahora me voy a la cama otra vez. No creo que pueda dormir. Las 3am y los pájaros cantan, enloquecidos. Los niños de arriba entonan coros sombríos, como si se preparacen para una guerra. ¿Son niños realmente? Tal vez se trate de gatos agonizantes. Escribir esto me deja agotado. Me acuesto. En la cama giro sobre mí y dentro mío. Sigo escribiendo en mi cabeza. Empiezo a entender la lengua de los pájaros y los gatos, y las botellas que estallan, en rara armonía, ahora bajo mi ventana.
25.10.11
ínfimos enanos
"No serás nada. Por más que hagas, no serás nada. Comprendes a los mejores poetas, a los prosistas más profundos, pero aunque digan que comprender es igualar, serás tan comparable a ellos como un ínfimo enano puede compararse con gigantes. (...) No serás nada. Llora, grita, agárrate la cabeza con las dos manos, espera, desespera, reanuda la tarea, empuja la roca. No serás nada."
del diario de Jules Renard.
_______
(y estoy buscando ahora la manera de editar el cartelito, y cambiar el nombre - un nombre que define mucho mejor esta etapa bartlebyiana: ínfimos urbanos enanos)
24.10.11
Otra vez fiebre. Voy a la cama, pero no puedo dormir. Doy vueltas hasta que me levanto. Escucho las voces de niños que corren y juegan en el piso de arriba. Creo que estoy lucido. Leo - con enorme placer a Vila-Matas y escribo en un cuaderno tres titulos de novelas que todavia no escribí. Ahora me voy a la cama otra vez. No creo que pueda dormir. Las 3am y los pájaros cantan, enloquecidos. Escribir esto me agotó. Me acuesto. Voy a seguir escribiendo en mi cabeza.
-- Desde iPhone
-- Desde iPhone
22.10.11
y vino Chewie
Este año fueron Coetzee, Nooteboom, después Siri Hustvedt, Marc Levy, Galeano, Pauls, Feinmann, ayer mismo Cozarinsky. Hoy, lejos del pronóstico más osado, vino Chewbacca.
4.10.11
diario de un hipocondríaco
my kingdom for a vicodin
Me
acuesto a la una pero me despierto a las tres. Por tres horas más doy vueltas
en la cama, alternando el frío con el sudor. Me levanto a las seis, e
investigando en google el medicamento que me recetaron, descubro que es
incompatible con el café. Y apago la cafetera. Noto, las veces que me paro del
asiento frente a la computadora, que estoy
muy mareado. Hay gatos que afuera maúllan estridentemente como si los
estuvieran quemando vivos, o como si fueran espectros penando. En algún punto
escribiré una breve cronología de los síntomas.
(para ver el texto completo, click sobre el título)
18.9.11
Escribir es una pulsión, una necesidad. Ocurre. De algún modo - porque su concepción es confusa - parece ser inherente al accidente de existir: va al lado. O un poco detrás. Pero, después, más tarde, cuando los años pasan: ¿por qué azar, a través de qué ardid, cómo, para qué, hacia dónde, con qué, seguir escribiendo?
14.9.11
Borges, Coetzee y la impenetrabilidad del universo
"La fábula cabalística y kantiana de Borges nos da a entender que el orden que vemos en el universo tal vez no resida en absoluto en el universo, sino en los paradigmas de pensamiento que le aportamos. Las matemáticas que hemos inventado (según algunas versiones) o descubierto (según otras), de las que creemoso esperamos que sean una llave para acceder a la estructura del universo, muy bien podrían ser igualmente un lenguaje privado (privado de los seres humanos con cerebros humanos) con los que garabateamos en los muros de nuestra caverna."
fragmento de Diario de un mal año, de Coetzee
4.9.11
3
Creo en pocas cosas y una de esas pocas cosas en las que creo es que, cuando existe dubitación entre dos caminos a tomar, es imprescindible emprender un tercero. Así en todo. Siempre. Cuando dudamos entre dos mujeres, esa duda ha de resolverse en la tercera. Cuando no sabemos si ir a veranear a Gesell o a Mar Azul: Sebastopol. Etc.
No es mucho, pero es un principio. Son casi las 8am, y me convendría ir a la cama. Pero: el "Houellebecq o Palahnouk?" se ha resuelto: Coetzee (diario de un mal año) y Nooteboom (tumbas de poetas y pensadores).
Un sudafricano y un holandés resuelven en mí la puja entre un estadounidense y un francés. Ahora sí, el sueño.
Un sudafricano y un holandés resuelven en mí la puja entre un estadounidense y un francés. Ahora sí, el sueño.
19.8.11
Philip Roth de noche
Estoy en la cama, a oscuras. En la mesa de luz el celular que es también mi despertador. Y un libro de Roth que acabo de terminar. "the dying animal". Abrumador. Tanto, que en lugar de dormir, escribo esto. Y esto es poco, y casi nada. Porque aun no tengo lenguaje para digerirlo. Es Bello y es duro. Roth es quien mejor repone lo real. A mi lo real no me interesa. Pero está ahí, es importante. (dudé en poner importante entre comillas.) Roth dice lo real desde adentro. No sé si entiende las cosas. Pero al menos pasa por los problemas y detalles de la existencia. De esta existencia. Hoy. Acá. Y sus encrucijadas irresolubles. Ahora anidó una angustia en mi pecho. No sé si es una angustia nueva. Creo que venía cargandola hace mucho. Pero de soslayo. Era un murmullo nocturno que atribuía a una gotera, o al viento en la persiana, o al pelotudo de mi vecino de arriba, que frecuenta la producción de sonidos excéntricos a deshoras. Ahora la pena tiene carne. Y esa historia (pequeña, como toda historia verdadera) vive en mi. Sé que pensaré en ella, tantas veces más.
Ahora me queda ver la película.
-- Desde iPhone
Ahora me queda ver la película.
-- Desde iPhone
18.8.11
13.8.11
1.8.11
wine in winter nights - apuntes
tuve que ejercer mi "derecho" al voto. eso, me predispuso mal para el resto del día. los medios de transporte estaban saturados. cinco bares traté antes de conseguir una mesa. y el frío: mi cuerpo doliente por la ciudad, acurrucado dentro del sobretodo negro. la democracia tiene sus agobios.
de madrugada me quedé solo. pringles de queso cheddar y vino tinto.
y "Atonement", de Ian McEwan.
y la impresión que me queda es: those beautiful corpses of what must had been.
la justicia literaria no restituye nada: es apenas una forma refinada de tristeza.
tal vez el deber de la literatura sea contar todas las historias que empezaron a ser y no fueron.
la realidad fragua las tramas: las deshace, las desmenuza, las desvía: todo queda inconcluso: la realidad misma es - por definición - lo inconclusivo.
la literatura está ahí tal vez para paliar ese defecto: narrar las tramas que latentes, murieron jóvenes, que apenas principiado el prólogo, se extraviaron.
yo no sé bien para qué está la literatura. y como no lo sé, tengo muchas teorías. sea como fuese, esta labor es mucho más digna que hacerse cargo de lo que ya es, de lo que ha sido.
la ficción tiene el pulso de lo que no llegó a ser.
son las cuatro de la mañana. probablemente tomé demasiado vino. es momento de aceptar que la literatura no va a cambiar las cosas.
la realidad es espantosa y es irreversible. la literatura no nos va a salvar.
pero nuestro imaginario es precioso, y codificado estéticamente (es decir: literatura) bien puede poner poéticamente las cosas en su lugar mientras realmente, las cosas se pierden, se rompen y no hallan su lugar.
(acaso eso sea la poesía: poner las cosas en su verdadero lugar, en el lugar que la realidad no logró:
así como un poema es dar con las palabras inevitables)
no no no: no se trata de los mundos alternativos o paralelos.
el poeta es aquel que percibe lo que debió pasar allí donde no pasó.
no lo que pudo pasar. narrar lo que pudo pasar tiene bastante de pedantería.
sin embargo, reconocer lo que debió pasar, dar con el instante donde lo que muere insinúa la savia de su realización: allí hay algo. algo sagrado, seguramente. y también algo demiúrgico, algo prometeico. anyway: algo que vale la pena. una forma de justicia. si el mundo no nos corresponde, que la ficción lo ajusticie.
- cuando yo haya muerto solo y de hambre, que alguien en la ficción haga que el amor de mi vida que nunca conocí, o conocí y traspapelé y perdí, me cocine un omellette imaginario.-
la ficción es la Historia de las cosas que no fueron.
en lugar de compilar los hechos - como hace la Historia -, historiza el imaginario de la humanidad.
y nuestri imaginario
es lo único
por lo que merecemos
ser
juzgados.
es lo único que
llegado el caso
nos absolverá.
a t o n e m e n t
pocas veces un título tan bien puesto.
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