Socavar la conciencia de una civilización es más lento pero más drástico que tirar edificios. Desde luego, los edificios son meramente simbólicos. No implican una modificación drástica. Han sido un ardid distractivo. Estaban predispuestos a teatralizar el horror y el pánico en occidente, para que sus mentes menos avisadas (las masas, casi todos, etc) huyeran hacia la "espiritualidad". Por supuesto, estaba contemplado que occidente no produciría su espiritualidad, sino que compraría una en las gondolas donde se venden modos fáciles de cocinar pescado, o de armar estanterías. Y ahí, Bin Laden, en sus ropajes de Osho - el mismo no trató de disimular demasiado, ya que era tan inverosímil que jamás nadie haría el puente entre uno y otro - trasvestiría la moral y la principiante inteligencia de una civilización, lentamente trabajaría dentro de la conciencia de los pueblos, y eventualmente los viraría hacia la venganza terrible. 22.11.10
la verdadera trama de oriente (Bin Laden - Osho)
Socavar la conciencia de una civilización es más lento pero más drástico que tirar edificios. Desde luego, los edificios son meramente simbólicos. No implican una modificación drástica. Han sido un ardid distractivo. Estaban predispuestos a teatralizar el horror y el pánico en occidente, para que sus mentes menos avisadas (las masas, casi todos, etc) huyeran hacia la "espiritualidad". Por supuesto, estaba contemplado que occidente no produciría su espiritualidad, sino que compraría una en las gondolas donde se venden modos fáciles de cocinar pescado, o de armar estanterías. Y ahí, Bin Laden, en sus ropajes de Osho - el mismo no trató de disimular demasiado, ya que era tan inverosímil que jamás nadie haría el puente entre uno y otro - trasvestiría la moral y la principiante inteligencia de una civilización, lentamente trabajaría dentro de la conciencia de los pueblos, y eventualmente los viraría hacia la venganza terrible. 18.9.10
voces
7.9.10
filba
7.7.10
actualización de sistema lista para ser instalada
La luna, que es el capricho mismo, se asomó por la ventana mientras dormías en la cuna, y se dijo "Esa criatura me agrada".
Y bajó con suavidad por su escala de nubes y pasó silenciosa a través de los vidrios. Se acostó sobre ti con la ternura flexible de una madre, y ardió sus colores sobre tu rostro. Tus pupilas se pusieron verdes, y las mejillas extraordinariamente pálidas. Al contemplar a esta visitante tus ojos se agrandaron extrañamente, y ella te oprimió con tal delicadeza la garganta que te quedó para siempre el deseo de llorar.
Sin embargo, en la expansión de su gozo, la luna poblaba todo el cuarto como atmósfera fosforescente, como veneno fúlgido; y esta vívida luz pensaba y decía: "¡padecerás eternamente el influjo de mi beso. Serás bella a mi manera. Amarás lo que amo y lo que me ama: el agua informe y multiforme; el sitio donde no estés; el amante que no conocerás; las flores monstruosas; los perfumes que provocan delirio; los gatos desmayados sobre los pianos y que gimen como mujeres, con voz ronca y suave!".
"Y serás amada por mis amantes, cortejada por quienes me cortejen. Serás reina de los hombres de ojos verdes a quienes cerré asimismo la garganta con mis caricias nocturnas; de los que aman el mar, el mar vasto, tumultuoso y verde; el agua informe y multiforme, el sitio donde no están, la mujer que no conocen, las flores fúnebres que se parecen a los incensarios de una religión desconocida, los perfumes que turban la voluntad, y los animales salvajes y voluptuosos que son emblema de su locura".
Y por ello, maldita, querida niña consentida, estoy ahora tendido a tus pies, buscando en tu figura el reflejo de la terrible divinidad, de la fatídica madrina, de la nodriza envenenadora de todos los lunáticos.
que se clava el corazón en desventaja
sos la eterna compañera
que ilumina y no visita mi catrera.
Luna, inútil barrilete de la tierra
porque ya no dejás las aguas quietas
rompés las bolas de los pescadores
sos el blanco de las pajas
de los que ni manotearon las rebajas
sos la eterna compañera
que no coge, ni calienta, ni la prueba.
Luna, farola perdedora de la noche
que envejecés haciéndote reproches
pintabas para reina y hoy ya ni mostrás las piernas
sos el blanco de las pajas
de los que se conformaron con migajas
sos la eterna compañera
a los que todos la cagan con cualquiera.
A 384 mil kilómetros de mí
es difícil mandarte a la mierda
caliente de día, de noche muy fría
adelgaza y engorda, ilumina y se borra
yo sé, cual es tu tipo de mujer
No me pidas el Sol mi amor
porque quema, quema como loco
no me pidas el sol mi amor
la Poronga es el Helado de los Crotos
ademas hasta allá en que mierda voy
no me deja ni un transbordador
Luna, te inventaron mil romances con el sol
mirá si te va a dar pelota a vos
soltera, solterona, que te abandonó tu cola
sos el blanco de las pajas
de los que ven como la hora se les pasa
sos la eterna compañera
que cada día que pasa es más fulera.
Luna, te hablo siempre en representación
de las turras que se portan como vos
siempre rodeada de estrellas, pero muy lejos de ellas
sos el blanco de las pajas
de los que antes que al amor miran la caja
sos la eterna compañera
de a los que la tentación los sermonea.
Luna, decime que carajo te creíste
si nunca fuiste mucho más que un chiste
sin gracia, ni talento, apostabas a tu esfuerzo
sos el blanco de las pajas
de los que se fueron rápido a barajas
sos la eterna compañera
de los que nunca se enamoran de rameras.
A 384 mil kilómetros de mí
es difícil mandarte a la mierda
caliente de día, de noche muy fría
adelgaza y engorda, ilumina y se borra
yo sé, cual es tu tipo de mujer /
14.6.10
blancura
20.5.10
apunte al margen del cuaderno
6.2.10
estética
14.4.07
estética
7.12.06
un ensayo apologético
Quizá la verdad alcance el precio de una perla que luce más durante el día, pero no alcanzará el precio de un diamante que brilla más bajo luces variadas. El mezclarle una mentira tiene que agregarle encanto. ¿Duda alguien que si se quitaran de la mente de los hombres las opiniones vacuas, los cálculos erróneos, las mimadas fantasías y cosas análogas, no quedaría la mente de algunos hombres como pobres cosas hundidas llenas de melancolía y desanimadas, algo desagradable para ellos?
Bacon
Ensayos
I
(Apunte para otro día: buscar La verité, de Sade, robar líneas de allí)
La realidad continúa su irrefrenable, terrible caudal. La mentira, dicha en cualquier punto de la realidad, abre un tajo y por allí se derrama. Esa historia que inicia no se detiene: continúa su trama en otra parte. Y no es imposible que, en cualquier otro punto, evolucionada, se contacte con Lo Real: lo corte, lo mueva, lo trastorne: en fin, lo modifique.
Y también para atrás, por supuesto: las cosas no serían las mismas si creemos que las obras de Shakespeare fueron escritas por Marlowe, por ejemplo.
Hay algún placer - tal vez un placer de artesano - en vivir en la casa que uno construye. Qué importan los materiales. Yo hablo de una mentira - de un delirio - construido con delicadeza, artesanalmente: hay que mentir hasta componer nuestra cara. Debe ser fascinante tejer un mundo y habitarlo. Como el marinero, de Fernando Pessoa.
En una habitación circular, símil de la torre de un castillo, tres veladoras sentadas alrededor de un ataúd. Nadie se mueve. Hablan. Hasta hundirse, hasta que todo tiemble. Una de ella cuenta que soñó con un marinero. Náufrago en una isla perdida, el marinero dejó pasar los días soñando. Soñó un mundo.
"(...) Durante años y años, día a día, el marinero erigía en un sueño continuo su nueva tierra natal... Todos los días ponía una piedra de sueño en ese edificio imposible... Pronto iba teniendo un país que ya tantas veces había recorrido. Millares de horas recordaba haber ya transitado a lo largo de sus costas. Sabía de qué color solían ser los crepúsculos en una bahía del norte (…)"[1]
Al tiempo, logró vivir en ese mundo. Un día se cansó de soñar y quiso recordar su patria verdadera. Pero ya no existía para él, no le quedaba ni un vestigio. Su única vida era su vida soñada. “Vio que no podía ser que otra vida hubiera existido... Si de ni una calle, ni de una figura, ni de un gesto materno se acordaba... Y en la vida que le parecía haber soñado, todo era real y había sido...”[2]. Y cuenta la veladora que vino un día un barco, pasó por la isla. Y allí ya no estaba el marinero.
Heridas de muerte por el relato del sueño, por su simbología, las veladoras conversan temblorosas la irrealidad de cada cosa.
Puede ser. La cordura civilizada es también el límite del otro (que el otro pone) - ¿dónde lo pone? obviamente: ¡sobre nosotros! -. Además, basta mirar un poco: la cordura civilizada se parece mucho a la locura. Vemos la realidad, los días, periódicos, la tv, las vidas ajenas, las vidrieras y no podemos dejar de decir: ¡esto es la locura!
Claro: es la locura del otro. (la verdad del otro)
(¿de quién? No importa de quién: ¡siempre es de otro; de cualquier otro!
y siempre pesa sobre nosotros: es lo que hay que ser - o sea,
la inercia, la muerte -)
XV
Invariablemente.
12.11.06
dos notas sobre la escritura
1.5.06
Debret Viana y el cine
"(...)Damián M. Debret Viana is a literature student at the University of Buenos Aires. His appearance evokes portraits of the great classical composers: visible but elusive genius that only comes to life when the music begins. Turtleneck, pants, and painted fingernails accentuate apetit, wiryframe. The wardrobe matches the fingernails, and the fingernails match the hair-black, long, curly yet precise, explosive stuff that frames his face to elegant effect. Narrow, noble features, alert eyes behind glasses; he is an easy man to remember. (...)"
el artículo completo
27.2.06
cinema verité

La verdad – se sabe – es una de las tramas esenciales de Ínfimos Urbanos. Si bien mentir es fácil – nunca sencillo -, porque la más leve desviación infligida a la rigurosa ruta de la verdad ya constituye una mentira – y ese caudal es vasto, casi infinito – mentir todo el tiempo es imposible.
(
Hágase la prueba y se regresará a uno mismo exhausto y derrotado; sería como vivir en un estricto teatro perpetuo donde uno mismo sería el único que – vagamente, de todos modos – conocería la condición ficticia (e improvisada) de cada paso dado.
)
La verdad – varios relatos de Ínfimos Urbanos versan sobre este tema – por alguna grieta imprevista se filtra: no hay manera de extraditarla. Sabiendo esto, Debret Viana implementó el siguiente recurso literario: decir, alguna vez, de vez en cuando, la verdad, para que las mentiras – las ficciones – resulten más creíbles. Una de las formas, por ejemplo, fue decir varias veces Debret Viana. Otra, ofrecer mínimos detalles de su vida – o que pudieron ser de su vida -. Los procesos de fantasmatización son infinitos.
Es cierto que una apariencia de verdad irrumpió las páginas. Y que esto facilitó la confusión, y con ella la buena voluntad de muchos que se acercaron con consejos y consuelo. Pero es que la verdad no puede contenerse por completo. Cuando eran cuentos, su estructura prevenía de su naturaleza ficticia y trazaba eficazmente los límites. Las últimas literaturas marginales se escriben “con la forma” de la verdad. No tienen su contenido. (Esto va para la cantidad de niñas que se sintieron inmediatamente indentificadas con la supuesta "muchacha miope" del texto anterior y esgrimieron variadísimas respuestas (a ninguna pregunta): es ficción, y es tristísimo tener que ir rindiéndole cuentas a la realidad por los devaríos que a uno se le cruzan: por favor, no protesten)
Usar la forma de la verdad, la estructura con que se ejerce, y no decirla es la mejor manera de revelar su carácter relativo, de desintegrarla.
(
Mis mayores pasiones han sido por personajes de novelas. He sufrido con la encarcelación del conde de Monte Cristo mucho más que con el relato de la pena de ningún amigo íntimo, por más portentosa que fuese su tragedia. Me ha desesperanzado el desencuentro de Romeo y Julieta, de Horacio y La Maga, de Werther y Charlottte más que los de las propias mujeres que no supe detener, y que todavía hoy recuerdo con una ternura que es como de herida. (¿quién dice esto? ¿Debret Viana? ¿yo? No es lo mismo, pero no importa)
)
Incluso si fuesen ciertas, no interesaría: importa que su prosa logre seducir, que llegue y penetre, que contenga alguna luz, y alguna belleza.
Incluso si fuesen ciertas, serían de otros: porque yo pocas veces me parezco a mí mismo.
Incluso si fuesen ciertas, serían falsas, porque el lenguaje teje historias y no es el instrumento indicado para trabajar la verdad.
Debret Viana no existe. Escribe estas cosas como si fuese otro. O acaso otro escribe estas cosas y firma, al final, Debret Viana. No importa. En un caso y en otro, es vanidad. Decir Debret Viana es tan ilusorio como decir Yo. Nunca estoy más lejos mío – recuerdo que escribía Derridá – como cuando digo “Yo”. Pirandello detiene a uno de sus personajes frente a un espejo, le pregunta a su imagen “¿quién es loco?”, y responde “tu” mientras señala al espejo, donde su imagen le devuelve el dedo inquisidor; concluye lo inevitable: somos fantasmas. Con menos palabras, hace más de un siglo Rimbaud escribía “Yo es otro”.
*
En Ínfimos Urbanos hay personajes, no personas. Si hubiesen personas, estarían viviendo y no estancadas en una torpe narrativa.
Son personajes: son mi paisaje, mi clima; acaso también mi compañía, mis estados de ánimo, mi soledad. Mi búsqueda, mis metamorfósis.
Ínfimos Urbanos es soledad. La de Debret Viana, la mía, la tuya. Soledad pura. Un poco la de todos. Aquí no hay nadie más: es naufragio. Si hubiese alguien, conversaríamos: le diría de ir al cine, nos quejaríamos del clima, de los políticos, de la fugacidad del tiempo, de cualquier cosa. Y no me quedaría en este cuarto vacío, como un prisionero anémico, haciendo literatura.
_____________
pero pero
todo lo anterior también es coartada,
es máscara;
por supuesto.
...
en Infimos urbanos nunca se sabe de qué lado cayó la moneda

