12.11.06

dos notas sobre la escritura

La tinta es para el escritor un tímido hilo (en sí toda la tarea no difiere de la esperanza de Ariadna y de la espera de Penelope). Con él va recogiendo sus heridas, e intenta imbricarlas en una trama, darles sentido. ¿Espera que haya alguien, algo (una respuesta, una recompensa) al final de ese hilo? A veces sí (es un animal iluso, se confunde). Otras veces, - más lúcido y más gastado - no espera nada. Pero aun en esto está condenado a esperar: su posición frente a la hoja en blanco es la de alguien ante una plegaria, alguien que espera; a lo que no tiene derecho es a la esperanza: un escritor debe desesperar (esto último: Blanchot).



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Cuando la tinta adquiere el cuerpo de una letra en el papel, es una cicatriz que no sabe cómo cerrarse. Por eso cae y recae en la desesperación de seguir escribiendo: el momento cuando, al final del hilo, pueda hacer un nudo y contener toda la sangre que está perdiendo (con la que escribe). Pero el final del hilo no existe (antes que el final, cubrirá todo el cuerpo, lo sepultará como una ceremonia mortuoria). Existe la muerte, pero no el final del texto.

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