10.11.06

epígrafe tardío



Educado en esta doctrina desprolija de corregir hacia delante, los epígrafes suelen aparecer mucho después de concluido el texto. Por ejemplo, esta vez, las palabras que pensó Maurice Blanchot para aproximarse a la exigencia de la muerte en Rilke calzan deliciosamente en el impreciso ensayo sobre Hamlet:


Debemos ser los diseñadores y los poetas de nuestra muerte.




...que viene de:



... no es nuestra propia muerte, sino una que nos llega al final, sólo porque no hemos madurado ninguna (Rilke).



Muerte extranjera que nos hace morir en el desamparo de la extrañeza. Mi muerte debe volverse cada vez más interior: debe ser como mi forma invisible, mi gesto, el silencio de mi secreto más oculto. Tengo que hacer algo para hacerla, tengo que hacer todo, tiene que ser mi obra(...).
(...): dar forma a nuestra nada, esa es la tarea. Debemos ser los diseñadores y los poetas de nuestra muerte.




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La cosas me están llegando tarde, cuando ya las he dejado de buscar. Después de todo, sólo así se puede encontrar algo: después de que la idea del desencuentro se agotó en la espera estéril.

4 comentarios:

Laura dijo...

...como una sombra te acompaña, al principio con el sol alto casi no se ve, pero a medida que el sol baja aparece y se va hacercando hasta incorporarse...lo que demore en bajar el sol eso dependerá de tí

abrazos salados

laveron dijo...

las cosas, afanosamente, se pierden mientras las buscamos. cuando llegan(si llegan), hace tiempo que dejamos de buscarlas...
cómo cuando encontramos una bolita o un lápiz debajo de un mueble, que al caer parece que se lo había tragado el suelo...y un día de limpieza o desorden absoluto (qué es lo mismo al fin) aparece debajo de algo inexplicablemente.
Saludos!
laura

Rain dijo...

Debret Viana, la idea de no estar más en el mundo, atemoriza al individuo, desde que se aferra a la vida.
La vida es pasaje, viaje, trayecto, dispersión.

Desde el pragmatismo de un mundo con guerras y relaciones desiguales en los planos económicos/sociales, el individuo de acciòn es el inconformista que acomete su existencia como testimonio de permanente rebeldía.

Entiendo, que un individuo de acción cerrado en su visión no entendería lo que desde la mirada estética, escribes.
Cioran lo escribía con esa desnudez suya, sin concesiones. Tú, tampoco medias atenuantes.
Los escritores son gente incómoda para el Poder, cuando no se adhieren a sus condiciones ni a sus señuelos.
Las escritoras, los escritores que no ven en el Poder una salida a la desolación, ni por sus estruendos de artificial felicidad, son absolutamente non gratos para un Estructura de relaciones fundada en las apariencias, los gritos de dsesperaciòn suavizados por esa droga que es el ansia por ser vistos a toda costa y brillar.

Por eso, querido Debret Viana, el diseño de la muerte propia, es un poema desafío

un poema terrible que de pronto se torna natural

si uno ha escarbado hasra el
fondo, la condición humana.

Debret Viana,
pensemos en la muerte de Gilles Deleuze:
cierto, estaba enfermo y sus dolencias físicas le quitaban lucidez intelectual

sin embargo, más allá de esta lucidez, estaba el gran rizoma que formaba parte de su Ser, o era su Inmanencia,

el centro de su Alma.

Pienso en este pensador que ha profundizado en los pliegues de la existencia, abordando la música, el cine, las artes, el tiempo, y ha ido tras de lo que está detrás con tan finos entramados, que seguirle es sumirse en la complejidad de lo que vitaliza en el sentido de existir.

He llegado a Deleuze, porque lo encuentro como un referente imprescindible que contiene lo que
los dioses verían como un peligro: la sacudida, el aliento, la cortina rasgada que deja ver lo que antes no se veía...


Tu mirada sobre Hamlet, se ha plasmado en una gema/escritura y sí, lo has relacionado al texto que ahora has publicado. Así, entrar a lo que ofreces como ofrenda se hace nítido en su bruma,


esa bruma que nos convocó y convoca a tus Infimos urbanos.



Podría extenderme, y lo que haré es aguardar tus venideras meditaciones.

Un inmenso y agradecido salute, Debret Viana.

Debret Viana dijo...

laura: no sé; alcanzar las riendas de la muerte es una empresa ardua (acaso inhumana)

laveron: es exactamente así: todo es encontrado en el momento en que agotamos la búsqueda, en que ya no estamos en posición expectante (tal vez por eso el amor y el arte son tareas de moribundos).

rain: dejame pensar un poco: tu texto merece, por los menos, meditación antes de ser respondido.
abrazo.