14.5.12

5.5.12

Se escribe lo irreparable; se escribe para dejar una huella firme que no permita que lo roto se pueda reparar.

30.4.12


justo cuando
 el colectivo
 pasa
 por el bar
 donde tomamos
 algo
 la última
 vez
 me distraigo
 y miro
 a otro lado
 y no veo el bar
 y me doy cuenta
 dos cuadras
 después
 y bruscamente
 giro la cabeza
 hacia atrás y
 me lamento
 como si hubiese
 perdido algo
 como si hubiese
 cometido un
 sacrilegio

 pero qué?
 qué?
 qué es perdible
 de lo que ya
 no está allí?
 qué esperaba
 ver?
 a los dos?
 a ella y a
 mi
 sentados
 en la esquina
 los espectros
 patéticos
 que reiteran
 una rutina
 para el teatro
 insomne de mi
 melancolía?
 a otros
 sentados
 en la misma
 mesa
 de los que inferiré
 quien sabe
 por semejanza quien
 sabe por diferencia
 la indiferencia de
 qué destino
 absurdo?

 la esperanza
 siempre tan confundible
 con la
 espera
 enreda lo visible
 con las alimañas
 que moran
 en nuestro
 interior.

 además,
 para qué?
 tengo que dejar
 fríos a los objetos
 fríos
 y no ensañarme
 con poblarlos de
 fantasmas.

26.4.12

fin de libro


yo no estoy aquí.
las cavidades en el sentido. esas laceraciones por las que se entreve el lenguaje en el lenguaje, en lugar de la cosa evocada. eso es lo que llenas, lector, con los caprichos de tu memoria. el escritor ha de ser siempre solitario. el texto en que se desangra para ser amado será apenas el transporte del lector a través de sí. vos no me estas leyendo a mí. yo no tengo con qué decir yo. no importa que haya arrancado de lo más íntimo de mí cosas que después arrojé al libro. es teatro. soy mal actor porque creen que estoy actuando. me esforcé por decir cosas verdaderas entre las líneas del parlamento, pero tuve que disimular y creyeron que eran también líneas del parlamento. si yo me pegase un tiro ahora, esto se volvería un escenario. me dan ganas de pegarme un tiro para cronometrar lo que tarda la sangre derramada en desembarazarse de su tesitura ficticia.
pero no me voy a pagar un tiro, no: el muerto es el único que se pierde el espectáculo.
pero cuanto tarda el muerto en dejar de ser clown?
cuanto tarda la sangre del muerto en dejar de ser serpentina?

22.4.12


en la
 noche, cuando todos
 duermen,
 levantate. entrá
 en el baño, cerrá
 la puerta (es
 necesario que estés
 solo). y abrí la
 canilla. y escuchá.
 no el grifo
 no,
 ni las ratas ni
 los vecinos que cogen
 o lloran ni la tele de la vieja sorda
 del tercero c, ni los
 niños hipotéticos que
 lloran en algún lado ni los gatos
 en celo ni el viento
 entre las ramas, no; concentrate
 escuchá el murmullo
 del agua por las
 cañerías. quedate
 quieto. No te
 distraigas con las
 formas en los
 azulejos. Prestá atención:
 voces.
 hay voces
 que quedan
 enredadas
 en el agua
 que corre
 entre las cañerías.
 parece que casi
 podemos entenderlas.
 pero no, hasta ahí
 y no más, mejor
 no. es mejor
 aun no saber
 qué dicen.
 toda voz
 nocturna nombra.
 y todo nombre
 es un llamamiento
 y una sustitución.
 mejor no.
 todavía
 no. si oyéramos,
 tendríamos que
 responder. hay una
 irreversibilidad
 que rasga los
 velos. volvé
 a la cama, hundite
 en la almohada. tratá
 de dormir. dormí.

19.4.12

...been feeling vaguely fictional these days
lo diré solo una vez, para que el pánico no prolifere: ojo con los enanos con frisbee
No está en los oleos de Van Gogh la noche estrellada, latente y servil. Las partes, combinadas de cierta manera, se vuelven otra cosa. Todas las palabras de Hamlet están en el diccionario anglosajón. Y no son Hamlet. Hamlet ni siquiera es pensable desde el diccionario. A lo sumo, esas palabras, durmientes y moribundas, petrificadas en un orden alfabético, sueñan con Hamlet.

3.4.12


supongo que hay dos tipos de escritores. los que escriben historias. y los que escriben escritura.

dijo Markson que dijo Raymond Chandler.

19.2.12

d.


era improbable
que vinieses
lo habíamos hablado ya
habías quedado
con unos amigos de otro tiempo
para cenar en
casa de uno
estaba bien
pero antes
de que te fueras
te dije 
a modo de broma
- si te aburrís
o termina temprano
venite
hay solo un colectivo
de distancia y abro
mi segundo mejor 
vino.
te reíste, y dijiste
- no me tientes.
y yo sentí
que te demorabas un segundo más
antes de irte
porque habías vacilado

ya sé, ya sé
que fue parte 
de un juego
para conjurar distancias
pero igual te esperé
no como si fuese posible
que vinieras
sino como si fuese 
precioso
y mientras me cocinaba, y cenaba
y miraba una película
de Almodóvar, mientras lavé 
los platos, y saqué la basura
y busqué un disco y me masturbaba
con una secuencia de una película
de los 80 de Emanuelle
Béart, mientras me lavé los dientes y
programé el aire acondicionado
un reflejo torpe de mí
te pensaba
como si por el
rabillo del ojo
pudieses llegar
a aparecer.

no viniste, claro
y fue
lo más sensato
y no importó tanto porque
no llegó a ser herida
y de alguna manera
como promesa absurda
estuviste cerca
pero el rumor
de la sensación
de haber
pensado que un segundo
vacilaste
y me tomaste en serio
y casi
pudiste venir
se quedó, y
soñé
esa noche
sin saber tu cara del todo
con tu cara
y un leve gesto 
que la atravesaba
tus labios arqueados
como apenas 
empezando 
a sonreir
y tus ojos
un poco empequeñecidos
como pensando algo
el momento en 
que vacilaste
y la gracia de lo absurdo
fue un segundo
ingrávida
y el sentido común
trastabilló
y casi casi crei
que pensaste en venir
ese segundo
antes de que
todo se borrara
y te fueras
con tus amigos
a la casa
de uno de ellos
a cenar y no sé
qué
ese rictus
fugaz
en tu rostro tentado
fue
en mi imaginación
tan adorable

y no importa que no llegue a saber si tengo con qué moverte algo de lugar
porque las pequeñas emociones son sagradas
y el amor
es la cosa
más solitaria.



27.1.12

quiero dormir, pero escucho, mientras tratodoy vueltas en la cama, el ruido como de una bolita (metálica) que cae, rebota y rueda. una y otra vez. viene del piso de arriba. han pasado las 5am. viven allí una pareja y un niño. me digo que deben tener un perro.
un perro insomne. ese es mi mantra.
escucho que se abre la puerta del baño
muy lentamente
su chirrido
pero por qué, por qué zapatea el niño que vive en mi piso de arriba? hacia donde corre? tiene 7 años. qué puede estar haciendo a esta hora??
en el punto en que "la mujer muerta" del cine Rosebud empieza a sangrar mientras le comenta la película al niño que tiene sentado al lado, mi gato - que dormía sobre mí - tiembla, se depierta y huye.
ya no me siento protegido.
cierro el libro.
el silencio se rasga.

(¿qué es, de donde viene todo ese viento que tabletea en las ventanas y ruge afuera como un felino herido?)
(leer un cuento de terror hace crujir todos los muebles de la casa que reposan en la oscuridad)
leyes de madrugada. no se lee un cuento de terror dando la espalda a una puerta abierta.

25.1.12

Memorias


En el colectivo me quedé mirando un caño. Uno de los tantos que en que las personas se agarran mientras viajan parados. Era de noche, tarde. Éramos pocos en el colectivo y el caño estaba ahí, intacto, sin expresar de ningún modo las millares de impresiones digitales que contenía.

Y es así también el cuerpo, higienizado por la invisibilidad del tacto. Tengo que hacer un esfuerzo para recordarte.

22.1.12

Nota al pasar sobre la belleza pasajera

Una forma doliente de humanidad imposible. La belleza. Eso buscamos en las mujeres y solo lo hallamos mientras ellas suspendan su sí mismas y se transparenten dejando ver la huella de una lejanía que se repliega. En esa pérdida, aun imágenes, nos hechizan. Luego, cercanas y reales, ya no podrán dar lo que no saben que prometieron. Y nos lo darían. No son malas. Pero no lo tienen. Dan, en cambio, todo lo demás. Pero es en vano y es demasiado tarde. Ya estamos buscando en otras mujeres lejanas y difusas ese rastro de no sé qué que se disimula en ellas mientras dura la imprecisión.

19.12.11

primer draft


unfollow


Tengo que hablar de ella
 Alusivamente
 Desviado
 Con medias palabras
 Ficciónalizando todo
Como si hablara
De otra
O alguien
Que no existe
 Para que no se de cuenta
 De que estoy
 Hablando de ella

To be close and To be found and the ocean in between

 No me gustan
 Las instancias de
 Vulnerabilidad
 Me rompe las pelotas
 Que alguien sepa
 Que puede romperme
Raro
Porque la belleza me parece
Una condición de la
Fragilidad
Y lo frágil
Eso
A punto
De romperse
Pero suspenso
En la tensión
De su delicada rotura

  
To be close and To be found and the ocean in between

 Probablemente  sobreviva
 Si no la veo
 Otra vez
la estadística está
de mi lado
La vida tiene un
modo
No sé ¿triste?
De seguir
A pesar de todo
No importa
La atrocidad
El sol
Siempre
Sale y los
Muertos
Se disuelven
sí: en el silencio
los espectros
rayan
la ventana
de lo real;
pero todo 
sigue

To be close and To be found and the tempest in between

quiero quemar
las cartas
pero kafka volvió
las cosas kafkianas
y cada palabra
la tiene 
retenida
mark zuckerberg
en algún lugar o no lugar
de la virtualidad
y todo lo que le dije
a ella
está condenado
a existir
para siempre
me duele
saber 
la persistencia de lo dicho...
escribí tarde la voz que
callé a tiempo
perdí de 
la palabra la evanescencia
fue como tallar
en tumbas eternas
el nombre 
que me delata


To be near and To be there and the hollowness in between

Ejercito mi ausencia
Con ella
Pero la administro
Mal
Y no llego a medir
Mi significado en
Ella
El peso
Real
De mi imagen
Junto
Las piezas de
Lo que me queda
Para alejarme
Pero la lejanía
Según entiendo
En el medio
De la noche
Poco tiene que ver
Con demografías
Hay que
Hacerla nacer
Adentro
La distancia
Sea cual fuese
Es un trabajo
Y no una amputación



To be close and To be found and the tempest in between

Había escrito
Unos versos
Donde era evidente
Que se trataba de ella
Ella
Una mujer
Específica entre todas
Con los detalles
Que solo yo
Sé de ella (un lunar,
un tic, una forma
de morder los labios)
Pero
Tuve que
Tacharlo
Para preservar
La imprecisión y mi
Ego.



To be close and To be found and the ocean in between

 
Se escribe
Porque
Se sangra
Con la sangre
Salpicada reuno
Estas letras no
Un teatro
De la agonía
No
Más bien una
reclusión
escribir
como quien está
acurrucado en el rincón
que concentra la oscuridad
del cuarto
obturando
la herida.
Como siempre, sin embargo
La literatura
Es un enchastre.



To be close and To be found and the ocean in between

 Vamos a estar
 a una cuadras un sábado
 cualquiera cuando ella
 vaya a notorius a escuchar
 jazz y yo todavía
 No me haya ido
 De la librería
 Y voy a sentir
 Un rumor
 En mi pecho en
mi estomago
 Una vaga inquietud
algo
eléctrico
el peso que ocupa
una falta no sé
algo
que remita a una imagen
de ella que guardo
y que no quiero
escribir
para que todo
esto no
sea
del todo
cierto y pase
como pasó por 
mi toda
mi sentimentalidad mentida
traspapelada en 
ficciones.

12.12.11

cohen

pienso en alguien en particular cuando leo los versos de Leonard Cohen:

"believe nothing of me
except that I felt your beauty
more closely than my own".


y después mi noche es una nostalgia erizada por imagenes de cosas que estuvieron a punto de pasar y que no se dieron. 
today I remember those who have forget me

28.11.11

sobre la entrada anterior

Releyendo, lo que infiero es que la decepción no acaece por un evento mezquino o desgradable de la realidad, sino precisamente como malversación de lo que yo espero. No importa que  me brinden algo bello y maravilloso si no se trata de la forma de belleza y maravilla que yo esperaba. No importa que King se desvíe de mis expectativas para darme otra historia, una distinta pero también, a su modo, cautivante: importante que es diferente del placer que yo había anticipado, y allí donde los moldes no encastran, hay desilusión.

Me dirán - ya casi los oigo - que la sorpresa no implica una decepción. No al menos de modo necesario. Diré, dos cosas. Lo que llamamos sorpresa es por lo general el advenimiento de algo allí donde no había nada. En la indiferencia imaginativa de la anticipación de la sorpresa, no hay espacio para que se forme la decepción. La sorpresa va a ocupar el espacio de una nada suspendida, una nada ansiante. Si la sorpresa me da tiempo a desear, lo más factible es que cuando se vuelva real, me decepcione.
La segunda cosa: que el goce no es un valor positivo (como decía Barthes) hay goce en pasarse el dedo sobre una herida, en abrirla, en escarbar. Hay goce en mirar algo por primera vez, por más abominable que sea.

literatura vs cine

Acabo de terminar de leer Secret window, secret garden, de Stephen King y me veo embargado por la decepción. Disfrtuté los peldaños de la trama, me encontré enumerando cada cosa que era mejor que en la película. Pero el final... Mort Rainey no puede morir. Y mucho menos, morir así. Es atractivo lo que King hace, tratando de dejarnos la sospecha de que el personaje con el que Rainey deliraba y que había creado, había sido pensado con tanta minuciosidad y con tanta intensidad que acaso podía, al menos visto desde el rabillo del ojo, un poco, levemente, existir. Ok. Muy lindo. Tal vez me hubiese gustado, de no haber visto la película. Pero estuve 300 páginas esperando el justo asesinato de Rainey a su esposa y su amante, y de repente, Rainey está muerto. Estoy consternado. Comprendo que King es un soñador impulsivo y que sus ficciones, brutales y magníficas, son corregibles porque postulan más pasillos que los que King recorre. Pero me quedé sin el delicado goce de un asesinato bien ejecutado. Y esa es precisamente el tipo de ansia que ha de satisfacerse, de un modo o de otro.

25.11.11

fansite

Mi próxima novela será protagonizada por un enano de dos metros.

Y sólo la publicaré en la Republica Dominicana.

10.11.11

los precipicios interiores

A las 3am me siento exhausto como si fuesen las 3am para una persona normal. El cansancio, cuando no lo conduzco hacia su finalidad sacramental (la cama) o hacia una distracción inmediata que lo postergue (un libro, una película, una persona, una teta, etc) me lleva pronto hacia un hartazgo de todo, muy parecido al que adolece Bernardo de Soares. En mi caso, carezco de toda metafísica. Me doy cuenta de mi condición porque dejo de prestar atención a Boardwalk Empire, y veo mis ojos dispersarse por la biblioteca. Acepto ese ritmo interior y me pongo de acuerdo con él: apago el monitor, y me dejo extraviar mirando la biblioteca. Quién está al lado de quién, la justicia de que Kawabata y Mishima estén juntos, el peculiar azar que ensanguchó a Laura Alonso entre Gombrowicz y Tim Burton, la sensación amena de ver los libros de una misma colección reunidos, y la pena simultánea de que un libro de Phillip Roth que tengo en otra colección no pueda reunirse con los demás libros de Phillip Roth, que están ahí, todos juntos, y de algún modo siento la angustia - nocturnísima, insomne - de esa orfandad. El caso salta a la vista de cualquiera: debería estar durmiendo y no tramando lazos invisibles entre las casualidades y despotismos de la disposición de mis libros. Tendrían razón. Me detiene una razón pueril. Mi gata subió a un mueble al que nunca sube - porque, francamente, está gorda, y le cuesta subir, pero justo hoy empujé unas cosas y quedó una mesita cerca de ese mueble y pudo subir, con mucho esfuerzo - y está mirando por la ventana la noche de la calle. No me parece justo cerrarle la persiana en la cara. Pobre, una vez que sube. Además está mal de los ojos. Tengo que ponerle gotas cada 6 horas. Y para dormir, la persiana la tengo que cerrar (vivo en un primer piso al frente en un barrio célebre por sus sátiros, y no guardo el deseo de ser violado, a menos que Emanuelle Beárt intervenga en el affaire). Entonces: hago tiempo sobre el teclado. Espero a que se canse, y se baje. Para poder salirme del teatro de mi biblioteca, y también de la escritura. Godard al lado de Deleuze. Ese es un delicioso acierto del azar. Otro: Levrero/Aira. Pero, ¿King y Nothomb? Duras, apretujada entre Sade y Pasolini. Copi junto a Houllebecq. Laiseca y Buzzati. Camus/Sollers. Es fácil, por un segundo, caer en el tobogán de estructuras de pensmiento obvias y preguntarse qué se dirán cuando apago la luz. El punto es otro. Naufragando por la biblioteca hago tres descubrimientos. Tres cosas que yo ignoraba. No sólo ignoraba: estaba seguro de que no eran así. Podría haberlo jurado.

I
Hace dos años que me lamento de no tener "París era una fiesta", de Hemingway. Está agotado. Hace mucho. Su caracter de agotado me lo recordaron los fans de Woody Allen, que poco avisados, recién salidos de ver "Midnight in Paris", entusiasmadísimos, pasaban por la librería a buscar el libro, que no estaba. Conversé sobre eso con mucha gente. Sobre que está agotado, y sobre cuánto me había gustado, sobre cuando lo leí - gracias al préstamo de un amigo - para la facultad. Debí sospechar algo cuando, queriendo recordarlo, no podía precisar quién era ese amigo. No tengo tantos amigos. Tendría que ser sencillo. Dí por buena la razón de la mala memoria, y seguí con otras cosas. Y ahora me encuento con que el libro estaba en mi biblioteca. Una edición de La Nación, del 2003. Y está todo subrayado - por mí, por ese otro que fui y que no coincide ya conmigo - con las notas pertinentes al estudio académico.

II
No devolví el libro de Auden sobre Shakespeare. Creí que lo había hecho. Sentí pena, incluso, por ya no tenerlo. Lamenté, en varias oportunidades (siempre vuelvo, siempre necesito de, Shakespeare) no haberme copiado algunos pasajes. Hace dos años lo tomé prestado de una biblioteca. No comprendo, no logro dar con la concatenación de hechos que ha ocurrido como para que la imagen mental que poseo de haber caminado determinadas calles con el libro, y dejarlo en la biblioteca, devengan esta madrugada en que está ahí, al lado de Spregelburd.

III
Hace unos meses que quiero comprar los relatos completos de Svevo. Es una bonita edición de bolsillo, y está barata. Cada vez que la quise comprar, otro libro surgió de la nada y acabó siendo más urgente. Hoy, lo compré. Me sentí mejor por haber finalizado con las postergaciones que impuse a Svevo. El recorrido por las bibliotecas me hizo recordar que había comprado el libro, y fui al living, y del morral lo saqué y lo llevé hasta la habitación donde escribo. Noté que no había mucho lugar en el estante, y el libro no entraba. Buscando cuál libro podía poner en otro lugar para darle el lugar a Svevo, me sorprendo al ver que ahí, entre Pushkin y Mansfield están los relatos completos de Svevo. La misma edición, el mismo libro.

ergo

La pregunta es: ¿quién soy?
Sería mejor responder a ella con un poema de Pasolini. Pero no lo tengo a mano.
Quién soy como para no tener de mí un conocimiento básico sobre mí mismo. Compré dos veces el mismo libro. Fue tal el ansia de ese libro que ni siquiera su adquisición la calmó. Suspendí la idea de que ya lo tenía para poder seguir deseándolo. ¿Y con Hemingway? Entristecí por no poder conseguir un libro que ya tenía. La biblioteca, en su nocturnidad, me revela cosas de mí que no sabía. Me dice, en buena parte, que soy otro. Stephen King dice en su nuevo libro que todo hombre es habitado por otro hombre. No sabemos qué lo despierta. Tal vez, ni siquiera se asoma. O se manifiesta en sueños. Quién sabe. En mi caso, es evidente que hizo cosas de las que no tengo memoria. Me preocupa el caso de "París era una fiesta" porque documenta una pena innecesaria con la que conviví durante dos años. O tres. Mucho tiempo. ¿Qué truco opera para que algo se olvide? ¿Qué extrae algo de la memoria? ¿De qué modo, enfrentado a un objeto de nuestro pasado, no podemos más que ver en él una absoluta ajenidad? Lo que me preocupa, como siempre, es la identidad. ¿Quién dice yo? ¿Qué tengo yo que ver con quien dice yo desde mi boca? ¿Qué significó, alguna vez, decir te quiero? ¿Quién era ese yo, que YO no identifico? Son demasiadas preguntas. Pasó el camión de basura, hizo un ruido, y la gata se asustó y se bajó del mueble. Tengo que aprovechar para cerrar la ventana. Y dormir. La historia que concatena mis hechos tiene, a esta altura, poco que ver con la conciencia que tengo de mí. Ya no puedo confiar en mí para decir la verdad sobre nada. No sé bien cuánto tiempo tardaré en creer que este texto no lo escribí yo. Me pasa hace tiempo revisar textos viejos, incluso en este mismo blog, y no poder ni siquiera atisbar sobre por qué escribí determinada cosa. Está bien. La escritura bien puede ser el mecanismo propio de la otredad: una disciplina que permite a la serie de otros que me van reemplazando (ahora mismo soy uno de ellos) discurrir sobre su fragilidad, y su inútil evanescencia. No necesitan esperar a la posteridad para no ser recordados: yo mismo me olvidé de mí. Y con esto quiero decir: de los pasos que me trajeron aquí, y que hicieron de mí lo que soy ahora. Si me dispusiera contar quien soy, a escribir mi biografía, si compendiara las anécdotas de mi vida, no estaría más que novelizando sobre un vacío, usando las palabras para llenar los huecos. Creo que algunos de los que fui lo dijeron muchas veces: mis ficciones son la falla de la reposición de los hechos reales. Donde no me acuerdo, donde trastabillo, para poder seguir, miento. Se terminó de bajar el sexto capítulo de "American Horror Story". God bless Cuevana. Ya no tengo motivos para permanecer en el texto. La ventana está cerrada, la gata duerme en el sofá. Sepan disculpar todo lo que no esté en su lugar: la relectura hallaría desvíos y correcciones necesarias, y el texto se volvería pronto una novela, o más bien, la posibilidad tangencial de una novela. Esa sola idea me apabulla. No tengo resto físico para escribir una novela. No tengo con qué solventar los precipicios interiores.

8.11.11

one.

ya lo dijo Mark Twain.
"sanity and happyness are an impossible combination".

pick. one.

1.11.11

páginas de autoconfesión

el devenir en monstruo (salvación)


Días extraños en los que entro en la vigilia con el lamento de no haber despertado, como Samsa, transformado en un insecto. Siento que esa es la única manera de verme librado de las mezquinas demandas de la realidad, de las fútiles obligaciones cotidianas. Como si solamente amparado en la estructura de un monstruo (un alucinado, un completo enajenado, irreconciliable con la imagen humana y no estos vagos brotes de espástico delirio a los que estoy acostumbrado y prostituyo en literatura) podría silenciar los hilos coercitivos que restringen el pulso de mi deseo y mueven la inerte marioneta de mi cuerpo extenuado por un sino de hastío y desasosiego, forzado a ser quien no quiero, a sostener mi rostro frente a un espejo roto hasta que esa imagen astillada se inscriba en mi sangre. Como si la única fuga – la única respuesta – que puedo articular ante la indeclinable marejada posmoderna fuese tornarme (de algún modo: evolucionar) en un desfigurado, un portador de una atrofia bárbara (babélica) e irreversible, de modo que no quedase en mí rastro – ni físico ni psíquico – que permitiese al orden de cosas recuperarme como súbdito, como persona.

Creo que ya es un poco así: el perseverante y crónico ejercicio de la literatura y el imperio mórbido de una soledad ininterrumpida y patológica endurecen sobre mí un caparazón que aísla y protege (y encierra); y es volverse un poco insecto, un poco monstruo.

*

(Es natural: la exigencia de la escritura impone quemar el propio cuerpo, junto con todas las imágenes del alma: el escritor nunca sobrevive a su obra: arde en ella como en una oscura hoguera de la que solamente puede devenir en monstruo (alguien que sintió la verdad).)