5.9.06

la celda impalpable (posmodernidad)


1
Praxis (desespero)


No hay calma, no hay descanso. El aire que respiramos está lleno de imágenes televisivas, de las ondas que captará el televisor y traducirá en la mascarada de la cultura, el aire está infiltrado de voces que buscan desesperadas el teléfono móvil donde encallar (y reiterar allí el vértigo de su nada). El verdadero silencio ha muerto. Somos bombardeados todo el tiempo. No hay calma, no hay descanso. Estas cosas están ahí, interfieren los sueños, median cuando miramos el horizonte ansiando la grieta donde reposa la paz, acurrucada como un raro pájaro herido. Estos instrumentos nos desterraron de nuestro interior, forzándonos a deambular erráticamente por la vacía exterioridad del bullicio de las tandas publicitarias y las avenidas hartas de luces e hinchadas de automóviles que son siempre – y solamente - la propaganda de sí mismos, de esta forma de puro presente – difunta la memoria, aniquilado el músculo del deseo – que adopta la muerte para disfrazar su pezuña. La invisibilidad de estas armas no implica su ausencia. Al contrario, es esta invisibilidad – esta manera de escenificar su desaparición - la que permite que la invasión sea incontestable.
Si nos concentramos, podemos sentir, en el viento de la madrugada, las siluetas insistentes de una cultura agónica que desesperadamente reproduce su grito final, como el eco de los manotazos de un ahogado caprichoso.

2
Teoría (autopsia)

El énfasis posmoderno, la exacerbación de sus gestos y de sus rituales responde a su propia muerte. Porque ya no existe necesita la puesta en escena del escándalo de sus maneras, exagerados hasta la caricatura. Justamente como un cadáver, que, insepulto, ridículamente exhibe las marcas de su deceso; y hiede desde sus heridas una negrura irónica cada vez más profunda. Como no hemos sabido parir una nueva forma de vida, es allí – en ese eco deforme – donde vivimos el simulacro de la vida.
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6 comentarios:

Rain dijo...

Debret Viana, no sé si todos los ruidos son enajenantes

(a veces en los ruidos encuentro la antesala del silencio)

no sé en realidad, más que lo que he experimnetado, una confirmación de lo que sabía o un descubrimiento.


Aqui, en tu espacio, el silencio se ubica zigzageando, extraño, necesario y es como un milagro.

Debret Viana dijo...

creo que todo ruido es una agresión: si no lo fuera, sería música.
aquí, en Infimos Urbanos, lo que ocurre es una sutil interrupción silenciosa del silencio.
Aun su violencia más enfática es como oleaje.

En tanto al caracter milagroso, no lo sé. Es reconfortante que te sirva.
un abrazo

laveron dijo...

Mucho Baudrilliard...¿no?
de todas maneras, el se ríe. Vos lo desesperas...
Yo detesto el espacio abigarrado de nuestra época...ya llegará el vacío del silencio, tal vez.
saludos
laura

Debret Viana dijo...

laveron;
es cierto, algo de baudrillard. y algo de kafka, de blanchot, y algo de desesperación también. la única razón por la que tolero un texto semi-político en el contexto estético del blog es - únicamente - su prosa semi-poética, convulsa y violenta.
en tanto a tus esperanzas del vacío, ojalá pudiese adherir. pero se me ha gastado el músculo de la esperanza.
slaudos.

Alberto G. dijo...

hermosa manera de exhibir la violenta angustia que provoca este sistema. yo lamento mucho que no haya textos políticos como este en tu blog: me parece que serían muy valiosos y serviría mucho. entiendo tu fervor estético, tu desdén por los episodios de la realidad, pero me parece que, dentro de tus lectores, hay muchos jóvenes a los que les servirían tus percepciones del mundo y sus estructuras. no necesariamente como educación (aunque también) sino, en una instancia más simple, para que puedan ver que existe una alternativa a la mediocridad, y que no es imposible ejercer la subjetividad. siento a veces que, como artista, deberías asumir esa responsabilidad.
de todos modos, bien sabés que tu espacio me agrada mucho. te mando un abrazo.

Debret Viana dijo...

como artista, alberto, abdico de toda responsabilidad. mi compromiso es apenas con la exigencia de la obra (de la que Infimos Urbanos es apenas una parte transversal y periférica). es decir: mi compromiso es apenas con la exigencia de la desgracia. Infimos Urbanos no es el sitio para ejercer el moralizante discurso político: lo dejo para ensayos, conversaciones trasnochadas y broncas cotidianas. Si este texto ha entrado, es exclusivamente por su carnalidad y su cadencia poética.

No creo, por lo demás, que un artista tenga otra responsabilidad que la de hacer arte: su compromiso es con la belleza y con el silencio.

De todos modos, Infimos Urbanos (ni Anatomía de los pasos solo) son apolíticos: están engendrados en este suelo, con todas las marcas y magulladuras que esto implica.

un abrazo, caballero;
y comprendo su ansia y su deseo: simplemente me agarra en una época de nihilismo hedonista que ni le cuento.