16.8.06

ego-trip

el amputado, amordazado en la penumbra azul de la pantalla, identifica el ojo del lector y entonces - por fin - dice:

Reconozco haber sido, en buena parte, el detective de mi travesía. Para eso, tuve que desdoblarme. Para poder investigarme, tuve que volverme otro. La transformación no tiene mis méritos: amputado como estaba, me era intratable ser el mismo de siempre. Vuelto otro (por brutalidad, por mutilación) vi los días del pasado como pertenecientes a otro. Así, me volví el arqueólogo de esa vida. Los últimos años estuve compilando rastros que me permitiesen comprender qué fue lo que ocurrió entonces – qué le sucedió a ese cuerpo que fui para volverse esto que soy ahora (hermenéutica) -. Fue así que mi vida dejó de participar del presente.
Es preciso que se comprenda esto. Mi vida al lado de J. sucedió rodeada de un aura extraño, onírico. La única manera en que podía yo vivir esos momentos junto a ella, era privándome de reflexionar sobre ellos
[1]. Viví – exactamente al revés que como vivo ahora – en el puro presente. De allí que no haya podido entender lo que pasó. Y que hoy entienda, tal vez, que este período (de ruptura, de crisis, de soledad: la escritura) sea el complemento necesario – en otras palabras, el costo – de aquella otra época.

*

[1] Si yo me hubiese detenido a pensar en las cosas que pasaban mientras pasaban, inmediatamente hubiese sido excluido de ellas. De todos modos, el vértigo y la fascinación que esa vida tenían nunca me hubiesen permitido esa grieta.

5 comentarios:

rain dijo...

Sí, es como vivir con un tul metafórico encima, en una lírica extrema, la de las fascinaciones...

Ahora, que te develas y develas, ¿qué encontrarás más allá de la meditación?

Tzarel dijo...

Construiste una isla. Otros habitantes de islas aguardamos prosigas entre tu fragilidad sin estigma y tu fuerza de solitario exiliado.

Saludos tzarianos.

Debret Viana dijo...

rain:supongo que es el narcótico de las fascinaciones el que desliga de todo contacto con lo real y genera un ilusorio manto de plenilunio.
lo que creo es que, despuès de las fascinaciones, lo único que hay - que es justamente lo que no podía haber antes - es lenguaje. toda la potencia del lenguaje para decir una y otra vez lo que pasó, suavemente, como una infancia lejana.
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Sí, es una isla. Un náufrago solamente puede encontrar una isla (o, en su desesperación, fabricarla). y como la isla hay que poblarla, hay que mover los fantasmas como si fueran marionetas - pero claro, no todas las sombras son sumisas: es el costo de profundizar en la espesura del yo -.
y se agradece tu saludo, y desde luego te envío otro. como exiliado habré de proseguir, puesto que no tengo donde encallar; y en tanto a escribir, no queda más remedio que poblar las horas de mistificaciones.
saludos, caballero.

YAYA dijo...

Esas travesías investigativas del ayer, tercerizaciones de la propia vida pasada tienen el deleite del narcicismo, pero el destino del error. Imposible ser ecuánime con uno mismo; cualquier objeción, bien mirada, es, a la corta, un elogio.

La autocompasión, mi amigo, es siempre una acusación velada.

Debret Viana dijo...

no diría menos que eso, caballero. cada reprobación alivia el ego, cada condena es una parodia de absolusión.
pero, entiendo que aquel que ha perdido la pericia como para vivir su cuerpo en el presente, otro remedio no le queda más que urdir vagas literaturas con despojos de lo que fue.
es, desde ya, la disciplina de un moribundo.