26.5.07

Tedium Vitae



Nocturama, adrift


Tener 25 años, tener el invierno del lado de afuera de la ropa y del lado de adentro, abrir la puerta del balcón, quedarse viendo los leves matices de la luz de la madrugada en el asfalto vacío donde nada pasa, salvo a veces una reseca hoja otoñal, arrastrada por el bajo aliento nocturno, o un gato, que cruza la calle y dobla la esquina, contarse a uno mismo, frente al espejo de la espesa tiniebla de las dos de la mañana, la manera en que se perdieron las cosas perdidas, enumerar, junto al susurro de las hojas que mueve el viento gélido, las cosas que no se dijeron a tiempo, ver como ahí ya empiezan las tres de la mañana, que suene el teléfono y un amigo nos cuente que otro amigo encontró en un bar del centro a una mujer que quisimos y extraviamos hace tres años entre las diversas rutinas de los días, colgar y tararear una canción lejana para no pensar tanto en todo lo que se desmorona y recordar que esa canción tenía algo que ver con esa mujer, y pensar que esa mujer es hoy una desconocida, y pensar los silencios que habitamos juntos mientras el tiempo era un juguete inútil tirado en el suelo, al lado de la ropa y la vigilia, preparar un café, volver al balcón, buscar en el lenguaje la enunciación de sensaciones que no sentimos, ver las nubes en el cielo y descubrir las mismas figuras siniestras que forman las ropas que se dejan dispersas en la habitación cuando se miran desde la cama y con la luz apagada, en el tibio preámbulo del sueño, saber que no llueve, y que mañana tampoco lloverá, y que si lloviese sería lo mismo pero al menos habría algo qué mirar, un genuino espectáculo evanescente, y pensar que decir esto es como ansiar el llanto para que sus aguas distraigan del tedio de la vida vista con los ojos del invierno de la tres de la mañana de un balcón que da al vacío sustancial de una calle pétrea, pasa un auto y verlo pasar, hundir los ojos en el silencio que deja cuando desaparece en la distancia, decirse pasa, como todo, y oracularmente presentir la gente que mañana caminará esta calle como peones lúdicos en el ajedrez trivial de las infinitas veredas de enfrente del universo ritual, ver, en la desdibujada lejanía la autopista y saber que pasan autos aunque no los vea como se sabe que la vida ocurre del otro lado del desasosiego estéril que retiene el cuerpo entre sus sabidas prácticas cotidianas, siempre más acá del deseo, distraerse con el recuerdo de una frase que se leyó en el día, prender las luces de la casa porque hubo un ruido (de pasos, de madera seca), darse cuenta de que era la tv, que quedó encendida, ver la marea azulada que adormece las paredes, es una película de Woody Allen (Manhattan), sonreír cuando a Woody Allen otra vez lo deja Diane Keaton a pesar de saber la película de memoria y recuperar de algún lugar poco visitado del pasado esa misma sonrisa que se tiene a los diecisiete años, mientras se ve la película por primera vez, apagar la tv porque es tarde, porque mañana, preguntarse ¿en qué momento fue que me volví real?, preguntarse ¿dónde comenzó el agujero por donde huyó el tiempo grácil de una amena templanza que solo tuve en la memoria y una vez en el ansia?, y responder irónicamente alguna cosa agraciada pero falsa y presentir el dolor de tener que ser irónico siempre, entrar en la habitación, entrar en la cama, ver todavía en la oscuridad la figura en el techo de las manchas de humedad, sentir la fatalidad que tiene saber que seguramente habrá de amanecer, y que hay que pagar la cuenta de teléfono, y pasar por el mercado para comprar galletas y milanesas y papel para el baño, y la tristeza, la tristeza.
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la fotografía, de Debret Viana,

13 comentarios:

Naturaleza desenfrenada (......) dijo...

Leo despacio tus palabras y figuro una persona, todas estas noches, desde que el frío comenzó a hacerse sentir..."yo". Ante el intento de bajar el volumen de la música, que impide que te lea como deseo, escucho a Divididos diciendo "aun no se, si le temo a la muerte o a la soledad". Siempre me gusto escuchar a Mollo diciendo eso...sobre todo hoy.
¿Muy lindas tus palabras?, ¿muy ciertas? Si, muy ciertas. Las sensaciones que nacen en una noche invernal y de insomnio son inexplicables. ¿Será la soledad la que arrastra a esas noches interminables, o el estado desesperante de vernos contemplar la magia de una noche cuando todo esta dormido y lo que no duerme no nos llega? O a caso, ¿la conciencia del tiempo que ha transcurrido y que aun transcurre, vernos frente a un espejo y detrás nuestro el espacio casi desvastado de la vida que estamos viviendo? Un mañana cargado de actividades que vemos y escuchamos venir por la ventana. Un juego de recuerdos y cuestionamientos nocturnos que al llegar el día pareciera cansarse y dormir.
Un abrazo!

Gabriela dijo...

qué triste, qué cierto: vale la pena practicar la literatura para desnudar verdades veladas?

Gabriela dijo...

qué triste, qué cierto: vale la pena practicar la literatura para desnudar verdades veladas?

Jota dijo...

Lo bueno de las noches de insomnio es que siempre traen algo para plasmar en el papel (o en word, lo que sea)

Enigma dijo...

... ante el insomnio, no hay mas que verter ideas en la oscuridad y si se acompaña de letras, bueno, una excelente velada habra.

Saludos

El Enigma
Nox atra acva circumvolat umbra

laveron dijo...

Y te leo escuchando Radiohead...y se me disuelve la pantalla y lo veo todo. Veo a Debret andando por sus hilos.
Un beso
laura

Debret Viana dijo...

naturaleza desenfrenada: escribir sea acaso plasmar de alguna manera una conciencia. y esa conciencia, si bien le pertenece al autor, inscribe en ella cientos de sombras que penan su congoja y que naufragan un similar espanto en la inercia de los días vanos. Poeta será aquel que encarne en vivo lenguaje los síntomas de un modo de pasar por la vida.
Si tengo que decir algo, diría que nada se da que no sea ya propio, y que lo que se mueve en el escenario abrupto de una noche de insomnio es el propio yo, con todo lo que tenga y todo lo que le falte. Todo es un teatro donde el yo se derrama, y tematiza su problemática sobre los objetos que tiene a mano cuando, por algùn azar, la rutina ya no nos retiene y entramos en el afuera, el lugar de la no-pertenencia.
Pero ya dije muchas palabras.
Agregaría, de todos modos, que me llevo mal con Mollo, y a la hora de buscar una manifestación pop de la soledad, siempre habré de quedarme con Robert Smith, con Nick Cave, Renato Russo, Spinetta, o Thom Yorke.
un abrazo.

Debret Viana dijo...

gabriela: no sé. Probablemente, no valga la pena practicar la literatura para nada. Sería más sencillo redimirla argumentando que es una necesidad o un vicio, una manera de alivianar la espera de la eternidad, y de disimular la tragedia. Pero miento, porque es más complejo. Acaso la literatura pueda ser una afinada maquinaria profética. Lo malo (lo infértil) es que solo parece producir goce.

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jota: puede ser: la impracticidad para lo social puede devenir en una oportunidad sino artística, al menos catártica (no es mi caso, salveme dios). En todo caso, recordar que el escritor es un impostor, y que para decir el insomnio no necesita padecerlo. Es, apenas, un escenario incidental.

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enigma: me extraña de usted: ojalá fuese el insomnio el festín de la estética, el espacio donde brotan las ideas y donde nos es dada la felicidad de hilvanarlas. Pero no. Suele ser un espacio angustioso, un momento de contrarío, un conflicto de ambiguedades que promueven a un tiempo el cataclisma y la nada. Acaso escribir un textito nos permita fugarnos de la desesperación de ser uno mismo y de no poder ser uno mismo. Pero es un truco, y funciona una noche al mes.
saludos

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Debret Viana dijo...

laura: y acaso no es exactamente así? la única banda sonora posible es la voz de Thom Yorke (o tal vez Lullaby, de The cure).
siempre es cálida tu presencia.
un beso.

mar dijo...

No me gustaría hablar del insomnio. Lo creo un lugar no grato. Prefiero perderme en sueños, despierta o dormida, acariciando algodones.

Javier Luján dijo...

y nos convertimos en máquinas programadas para sobrevivir y pagar todas esas facturas y realizar esas compras que sólo avalan la propia tristeza, que se escurre tras nuestros pasos.
Un saludo.

Rain (Virginia M.T.) dijo...

Tener la edad indefinida con 25 años y tocar las cosas, aspirarlas junto a los sentimientos. Un trailer mental y todo lo que nos pasa...

Salutes.

Debret Viana dijo...

mar: el problema de los sueños es que me dan ganas de no salir de la cama.

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javier: si: el hombre molde preprogramada, servil a la organización de su propio desmoronamiento, enhebrado por una cadena de futilidades.

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rain: me encantó la nominación: trailer mental (acaso me la apropie).