2.10.06

portrait (backfire)

18

Pasa que no sabemos nada, y nos morimos de frío. El mundo se agita tosco, y nuestra vida desfila por las horas muertas hilando, en el tapiz de la trama rota del universo, un sinsentido que nos resulta ilegible y cruel. Herido de desiertos, D. necesitó aferrarse a algo para poder seguir dando pasos en el centro de la nada. Llovía tinieblas anchas, y los lobos silbaban en el viento. Una mujer que pasaba fue el casual recipiente donde derramó todo su miedo, su coagulado llanto, su quieta muerte. Una piedra ajada en la que se obligó a ver un talismán sagrado. Quiso quererla, y se insertó en la mitología romántica, donde dos soledades, por haberse encontrado, ya estaban justificadas. Llenar el silencio con la propia alma es una tarea ardua. Más fácil es que otro haga piruetas en nuestro vacío, para distraernos del espejo violento de las noches solas, para no tener que mirar fijo las llagas que se posan en mi retrato, como gotas de humedad.

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2 comentarios:

Tzarel dijo...

Un salto al vacío de la propia soledad.
Abierto estás, Debret Viana a explorar desde los caminos perceptivos, donde puedes encontrate con el Todo y la Nada.


Saludos tzarianos.

Debret Viana dijo...

así parece, Tzarel. Los paisajes no decepcionan, el equipaje se volatiliza: pero es una travesía fulminante.
saludos