7.3.07

Jean Baudrillard


(2007)


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A esta velocidad, todo lo devoran los ojos insomnes de la audiencia (ahí, tu partida: llenando páginas de diario y de Internet, saltando en los diálogos de café de estudiantes dispersos –¿“viste que se murió Baudrillard?”-, aumentado el precio de las reediciones de palabras cuyo valor el mercado no sabría percibir, reincidiendo en el espectáculo banalizante – tu propia muerte una performance para una sociedad muerta que mediatiza la vida para que las tragedias se aligeren, se transformen en esa cosa que le sucede a los otros, vía tv - abultando la Historia que solamente rinde servicio a la perpetuación de una realidad que nos exilia). La información (aquello que se inscribe dentro de las ropas – la fachada – de la información) es a las masas lo que Pavlov a su pobre perro: salivan como lobos ante un presa moribunda ante la apariencia estructural de la noticia (dispositivo desinformante por excelencia).


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La verdad fue algo que siempre nos quedó muy lejos, prendida de un árbol imposible como un fruto infecto que corrompía con su hedor pero se disponía inalcanzable. Y cuando la verdad es imposible, apenas queda una sola cosa: escribir.
Por eso, tal vez, me agradaba tanto ese nihilismo estético, ese encantador desencanto con el que componía una cosmovisión desalentadora, pero muy bien dicha. La magia de ver erigirse un texto infalible para el goce - pura literatura - con las piezas más desoladoras de la realidad.


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Que la puesta en escena de tu desaparición sea un simulacro permanentemente disimulado por ese caudal de fantasmas que brotó del silencio de una idea, el texto.

1 comentario:

Rain dijo...

Mientras estaba vivo físicamente, la posibilidad de sus nuevos textos era alentadora. Ahora que se ha ido, queda lo que existe, y una imagen, fotografías, su voz grabada, impactos, circunstancias, meditaciones...


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Vislumbro entre la información masiva, genuinas demostraciones de aprecio intelectual, esas voces... existen.
La tuya está aquí.

Salute.