4.5.08

die niemands rose


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Supongo que la quería. Quejarme, de todos modos, es una actividad profana.
La vi venir, un día, arrastrada por el viento. A los tumbos, por el camino de tierra. La ayudé a levantarse. Se arregló el pelo como pudo, me sonrió tímidamente mientras se arreglaba un poco la ropa. Se quedó un tiempo, aprendimos a no estar solos. El viento vibraba en el vidrio de las ventanas cerradas; casi no lo notábamos. Una mañana me desperté y ella ya no estaba. Vi, en la tierra del jardín, la marca de sus uñas. Sembré, sobre esa tierra arañada, magnolias bellísimas. Si no crecieron, o crecieron y el viento también las arrasó, no lo sé. Sueño todavía con la belleza de esas flores que no vi. Es una rara nostalgia.


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3 comentarios:

Anónimo dijo...

es tuyo?: "la tinta tiene sabor a...
Así es,sí.
Buen blog, me gusta.

laveron dijo...

has vuelto debret, justo cuando mi melancolía necesitaba de ti. justo cuando mi melancolía arrancó los huesos de lugar y los ordenó en carpetas numeradas y catalogos

Debret Viana dijo...

helsinkii;
sí, es mío.
gracias

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laura;
parece que sí.
era un torpe esfuerzo sostener la lejanía.
dichosa coincidencia si algo de todo esto resuena en vos.

un abrazo