19.5.08

ein traum




a chain of flowers



Me despierto. Hay
una cadena de rosas
al borde de la cama.
Siento la dureza del colchón, como
si fuese madera.
Me voy a levantar
pero apenas
si moví las pestañas
cuando un señor mayor – su piel
es de ceniza –
me dice que me quede
quieto.
-Quieto, por favor. – dice; - no ve
que va a arruinar la ceremonia -.
Le hago caso. Le oigo
balbucear cosas;
creo que se queja

de mí,
le pido perdón. Perdón, le digo.
- Encima que le consiguen
esas flores...- dice, y hace una
mueca. Es de desagrado.
Me acomoda, me maquilla, me
peina, me arregla el cuello
de la camisa. Entran mis padres,
amigos, mujeres lejanas, mascotas
de la infancia, señores serios,
vecinos. Se mueven hoscamente, se
mezclan; ya no distingo a ninguno.
Me miran,
hablan entre ellos. En una lengua
áspera: no entiendo lo que dicen
uno señala las flores, otro toca
con delicadeza los pétalos,
y asiente (¿admirativamente?); sospecho
en otros
un cierto rencor. Son las flores.
Me entierran.
No tengo tiempo de protestar;
La tierra me cierra la boca.
Los oigo alejarse, sus pasos cansinos.
Es casi al unísono que se cierran las tapas
de sus ataúdes.



*

2 comentarios:

Extraviada dijo...

Muy interesante el clima logrado. Aunque aún no se diferencia si es que uno se ha quedado sin palabras o el frío viene subiendo por el cuerpo absorbiendo cada parte...

Cuentos Bajo Pedido ¿y tu nieve de qué la quieres? dijo...

Hola, algo muy parecido pensé cuando se murio mi abuela a mis 30 años. Si quieren que se levante abrán esta caja, téngale paciencia, anímenla. Incluso cuando ya se llevaban el féretro le dije muy quedito –Abuela, si no te levantas de una vez ya esto no tendrá remedio- Pero decidió no hacerlo. Saludos