8.3.06

las verdaderas aventuras de Debret Viana

Para regresar a su casa le faltaban todavía tres cuadras. En los colores, un poco más difusos y fríos, ya se sentía la noche. Los últimos momentos del atardecer son como una acuarela movida, un azul accidentado, corrido por las manos impacientes de un niño. Caminaba por una de las calles laterales del barrio de Flores, que a esas horas mantienen un tránsito inconstante de gente que vuelve del día. Distraídamente, se fija en el suelo: una cáscara de banana tirada en medio de la acera. Algo así, para alguien anímicamente desocupado, significa el principio de un espectáculo: se sentó en la vereda de enfrente, se quedó mirando, expectante. Pensó: este puede ser el objeto desencadenante de una serie de consecuencias incalculables. Le gustaba presenciar esos momentos en que la realidad se volvía – bruscamente – un teatro -. Vivió con fervor la manera en que los transeúntes pasaban a un costado, o justo por arriba de la cáscara de banana. Apostaba consigo mismo que tal persona, que recién doblaba la esquina, pisaría o no la cáscara. Cada hombre que dejaba atrás los restos de esa fruta virada trascendente le dejaba el atisbo de un sabor de decepción, de progresivo descreimiento en el sentido estético del universo, pero inmediatamente renovaba su magullada fe con la aparición de nuevos individuos surgiendo de las esquinas, que se aproximaban con paso decidido a quebrantar la aparente monotonía de las horas. Como no llegaba tarde a ninguna parte, se quedó esperando. Pasaron minutos y pasaron personas. Y eso fue todo lo que siguió pasando.

4 comentarios:

no apta para la humanidad dijo...

"Pensó: este puede ser el objeto desencadenante de una serie de consecuencias incalculables"
He pensado lo mismo incontables veces...y siempre mis espectativas terminan frustradas. Cada día siento esta lucha por mantener esa fe en el "sentido estético del universo". Basta con un pequeño detalle para renovar la fe.
Muy bueno el escrito. Me encantó el manejo de las descripciones. También me gustó mucho el sentido del humor que se asoma entrelíneas.
Esperemos que en algún punto alguien haya pisado la cáscara...aunque nadie lo haya visto.
p.d.-te lo comenté en mi página pero mil gracias por recomendarme a Carver. Lo estoy leyendo...y estoy fascinada!!

no apta para la humanidad dijo...

Pues estoy apenas iniciandome en la lectura de Carver. Estoy leyendo "What we Talk About When We Talk About Love". Antes de dormir siempre leo al menos un cuento. El problema es que tengo muchas lecturas pendientes por los estudios. Así que lo poco que alcanzo a leer de Carver me revive un poco. Sinceramente no puedo creer que llevaba todo este tiempo sin conocer sus textos. Él logra en sus cuentos lo que yo intento ingenuamente sin alcanzarlo. Es maravilloso.
Hoy voy a ver si consigo algo de Kawabata, aunque desde acá creo que será difícil.
Me dejas saber si hay algún texto en particular de estos autores que recomiendas.
Gracias!!

ana dijo...

Si bien suelen desprenderse más apasionantes relatos de sus manos, es tal vez fresco algo tan sutilmente doméstico.

Ahora... por qué acera y no vereda?

Debret Viana dijo...

no voy a encauzar una justificación estética. la poesía se logra cuando se alcanzan las palabras inevitables. no es este el caso, pudo ser cualquiera de las dos, tal vez otras. sucede que se trata de un texto marginal, más contextual que otra cosa, que enmarca de alguna manera Infimos, pero se ubica precisamente en la periferia. es un texto apurado.