13.2.07

el escritor, el soñador y las diversas prostituciones de las pulsiones oníricas

(Fragmento de un ensayo sobre Hamlet)





Actuar es empezar a morir, es adentrarse en la enfermedad del tiempo. Por esto, de algún modo, el escritor es un traidor: su palabra está hecha de tiempo, su silencio – necesario para parir la frase – está hecho de muerte (moverse es vivir, escribe Pessoa; escribir no es vida: a lo más, es una supervivencia precaria). El escritor debe mediar su sueño con artificios generalmente baratos: su angustia, su hastío suele ser el costo de no renunciar al sueño mientras sostiene el vicio de la escritura. Un soñador verdadero no puede escribir. Un verdadero soñador no colaboraría con la existencia del mundo exterior. Un verdadero soñador está siempre atento a lo inexistente: pero no lo prostituye: lo respira.

6 comentarios:

Rain dijo...

He leído hace unos instantes -oh, el momento que desaparece- un texto que me ha llevado a otro territorio. Y se extiende el acto enigmático llegando aquí.

Laveron escribió...

Recuerdo este texto, Debret Viana.
Uno de los que es preciso releer íntegro. Tu radicalidad es como lo que en "Starkel" vi: la otredad del amor y sus sombras.

Salute de la nave...

Rain dijo...

desde la nave...

LuisGui dijo...

He disfrutado mucho con tu prosa. Gracias por compartirlo. Las palabras son sugerentes y simbólicas. Felicitaciones.

Javier Luján dijo...

Nacer es comenzar a morir, morimos a cada instate.

Debret Viana dijo...

Capitán; en esto, permitame diferir: las cosas que suceden a cada instante en realidad ocurren nunca: la escritura es el principio de la muerte en tanto que concientiza la inmovilidad de la muerte en la palabra escrita.

Debret Viana dijo...

Rain: como siempre se agradece tu presencia, tus colaboraciones.

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luisgui: que se le va hacer´.