17.4.13

root


  

Se despierta, está temblando. No puede decir si el temblor se inicia con el despertar, tan abrupto, o si viene de antes, arrastrado del sueño hasta la vigilia. Sentado en la cama, tiembla. El frío disuelve todas las disociaciones, y lo vuelve una sola cosa en un solo lugar. Un cuerpo sufriente.

Asume – como es sensato pensar – que dejó la ventana abierta. Que el viento del lago ha visitado su cuerpo dormido, y lo ha congelado. Se levanta, muy despacio, para no despertar a Camila. Que duerme, como si no estuviese viva. Va hacia la ventana, en plena oscuridad, y pisa un zapato y se dobla un poco el pie, y tiene que agarrarse de la pared y un poco de la mesa de luz para no caer del todo. No hay voz, sin embargo. Le alcanza con formar en los labios las letras de alguna grosería expiatoria. Luego, cuando llega a la ventana, la ventana está cerrada.

Mira el lago, la negrura del agua en su monótona danza.

No es un viaje sin riesgos, la contemplación de la negrura. El infinito es vertiginoso y es interior. Y es en la negrura, mucho mejor que en la distancia, donde puede abrir más ferozmente su boca.

Las ciudades, y casi cada cosa que compone la civilización, nos protege de la negrura plena. A lo sumo un charco de negrura imperfecta desde la tv apagada, o cuando despierta a la noche para ir al baño y se aventura a las opacidades de las sombras sin llevar consigo el celular con el que iluminar el pasillo. Pero nada de eso es la negrura. Se trata apenas de simulacros perezosos. Souvenirs tranquilos de una bestia insondable y deportada, que tributariamente es recordada a través de teatros inermes.
La negrura es primitiva.
Y es terrible.

Ya es tarde para dormir, piensa. Busca una silla, y enciende el Kindle. Usa la opción de brillo para iluminar la pantalla, y no tener que prender la luz. Lee un ensayo de Richard Dawkins sobre la inexistencia de Dios. Siempre supo la inexistencia de Dios, y sin embargo siente compensado ese sentimiento triste en el goce de ver el flagelo de quienes sí creen por la superioridad de los argumentos de los que no creen. Creer es una genuflexión de la sabiduría. Estamos aquí ahora, y mañana tal vez no. Eso es todo. El resto es literatura. Se sirve un vaso de agua. Siente la falta de un cigarrillo entre sus manos.

Mientras lee, no puede evitar pensar en la negrura, en el lago. De un modo lateral, no del todo conciente, pero cada vez más presente y más acuciante. El lago, el cielo. Ambos, hermanados por la noche, fundidos en una sola negrura. Ambos conformando una “cosa”: algo que no es ni lo uno ni lo otro, ni una sumatoria ni una combinatoria. Pero algo vivo. Latente, y reptante. El silencio de la eternidad mora allí, pensó. Ese tipo de silencio que no existe: el verdadero silencio. No el silencio de algo que calla, no es silencio de los ruidos lejanos, no el silencio del crujir de la madera de los muebles, o del crepitar del ascensor trasnochado, o de un gato a dos cuadras, o un auto que cruza. Sino la nada. O más bien, la idea de la nada. Otra vez ese sistema de pensamiento: la nada no existe pero existe porque alguien cree que existe, y todo en lo que se cree existe, no porque exista, sino porque la creencia depositada en un objeto lo vuelve, de algún modo – como concepto, o en las palabras, o en la sensación, o etc etc – existente. Y eso que existía en la vasta negrura de la ventana era la nada, y la nada era un llamamiento.  Y la voz de la nada es la voz de las sirenas, y por eso es impostergable. Y el llamamiento de la nada convoca a la inexistencia, y por eso es oscuro oírlo: solo podemos oir lo que entendemos, porque, de alguna manera, ya vive en nosotros. Escuchar la invitación a desexistir es que ya la inexistencia crece en nosotros, ya sentimos su espeso coqueteo, ya no hemos sabido decir que no a la seducción del fin.

Cuando vuelve los ojos a la lectura, encuentra el wallpaper del Kindle. Entendió que se había extraviado en sus divagaciones. Pero lo entendió brevemente porque sintió la negrura posar su pezuña en el marco de la ventana. Y amó un poco el horror de sentir el advenimiento de la experiencia de lo nuevo. Y un leve gemir lo interrumpió. El cuerpo dormido de Camila se reacomodaba en el sueño, de un modo tan sutil que parecía casi no haberse movido. Un poco de costado, un poco de espaldas, los brazos extendidos. Se acercó, y le pareció otra vez perfecta y lejana. Nunca voy a conocerla realmente, pensó. Nunca nos vamos a encontrar de un modo absoluto. Corrió las sábanas y descubrió su cuerpo. Las tetas apretadas,  un poco una contra la otra. La garganta ofrecida, con su sutilísima huella del pulso. La boca apenas abierta. Los pezones perfectos. Algo había allí todavía sagrado. Algo que no podía encontrar si ella estuviese despierta. Allí, siendo su cuerpo su propia ausencia al mismo tiempo presente, era algo tan vivo que lo aturdía: lo hacía querer vivir, y querer matar, lo empujaba. Le sacó unas fotos con el celular, pero el flash arruinaba todo. La belleza no resiste el flash. El flash es demasiado real; como el porno.

Ahora lee un ensayo de Philip Dick. Sobre el alma primitiva de los objetos. La máquina como pre-humano. Otra vez se sienta cerca de la ventana. Dejó los pechos de Camila descubiertos. La leve brisa erecta los pezones, que se endurecen y apuntan a la ventana. Interrumpe al principio la lectura, para ver sus pechos levemente distinguibles en la oscuridad de la habitación. Y lo que en principio le pareció una leve humillación hacia ella, estar exhibida inerme, creció hacia otra cosa, y le parece ahora que el humillado es él, como un pagano ante su deidad, sintiendo manar de sí toda su insignificancia.


En algún punto, Camila cambió de posición, y sus pechos dejaron de ser visibles, y pudo volver al kindle sin la acusación de eso ahí, eso yaciente y santo que manaba de su mujer, que parecía coincidir con la silueta de su mujer pero que no era su mujer. O en todo caso, era un momento, un ángulo, una distracción de su  mujer.

Dick es un loco querible. El tipo de loco romántico que cree en su locura, que cae sacrificialmente en ella. Le parece peculiar el prurito réprobo que existe en la literatura “seria” para con la ciencia ficción. El también lo padece. No acaba de tomarlo del todo en serio. Como si la ciencia ficción estuviese más cerca de ser un juego, más cerca de ser un entretenimiento, más cerca de alcanzar apenas un valor perenne. Y sin embargo, es la ciencia ficción la que se ha hecho las cinco o seis preguntas más relevantes del siglo xx.

Ahora Dick dice que la realidad es una ilusión. La realidad está cubierta por un velo. Dokos. Pero ese Dokos es benigno, y nos protege. Es la forma que tiene nuestro cerebro de volver tolerable lo intolerable. Pero despertaremos, eventualmente.  Y podremos decir que el caos está cayendo sobre las cosas, o que la realidad está ocurriendo sobre las ilusiones. Y que esa realidad casi sin dudas será horrible y fatal, y no sobreviviremos a ella. Pero, acaso ese acceso a la verdad tenga algún valor sublime.
El no lo cree así. El prefiere las ficciones. Las mentiras. Cualquier cosa que impida el arribo de la realidad.
Lo distrae, debajo de la puerta, una línea de luz.

Son las cuatro de la mañana. En el piso del hotel, solo hay dos habitaciones. La otra, está vacía. Y sin embargo, la luz del pasillo se apaga y se prende. Se apaga, y se prende.

Quiere leer, pero cada movimiento de la luz lo distrae. Y acaba por estar suspenso de cada modificación, atento a los pasos que habrán de cortar – de un momento a otro- la línea de luz debajo de la puerta. Pero eso no pasa. Como tantas cosas que pensó que pasarían, y no pasaron. Continúa la intermitencia. Se apaga, se prende. Cuando está aburrido de contemplar la oscuridad, cuando casi ya va a irse a dormir, se prende la luz.

Es un hombre práctico. Aborda pronto a una explicación, y se aferra a ella. La luz del pasillo del hotel detecta el movimiento. Cuando algo se mueve, la luz se prende. Al rato, se apaga. Es un hotel. Por tanto, hay fantasmas. Por algún motivo, es mucho más sencillo creer en fantasmas que en Dios. El sensor de la luz  ha de ser muy sensible, y percibe las pendulaciones del espectro. Es obvio, se dice, si abro la puerta veré allí parado a un niño muerto, esperándome.

Le extraña no oír el lago.
La ventana que da al lago está a 5 metros de la orilla. Por la tarde, el ruido del lago llenaba todo. Camila dijo que temía no poder dormir con todo ese ruido, toda esa agua.

Ahora la luz está apagada.
Va al baño y vomita. Poco. Una bilis lívida. Cuando sale, la línea de luz está prendida.

Lo que pasa es algo más simple. Hoy cenaron en el boliche de Alberto. En el de pastas. Estaban muy ricas. En la mesa de al lado estaba sentada una pareja mayor. La mujer pidió ñoquis. Y cuando vinieron, le parecieron muy pocos. Y se lo dijo al marido. Se lo dijo durante toda la cena. Y se lo dijo a tres camareras. Y quiso hablar con Alberto, para decírselo también pero Alberto en ese momento no estaba. Y cuando se lo dijo a todos, se lo dijo algunas veces más a su marido. Y él vió todo eso, y vio la cara del marido, su silencio resentido, su hartazgo sereno. Y pensó esto es un cuento. Si yo fuese un escritor todavía, esto es un cuento.

8.8.12

blinking blur

pick a girl
build a tower
place a pedestal
on top
of it
and lay the girl
on top
of the pedestal
dream
of rain
and tempests, and
the wildest wind, and the
 trembles of
the earth watch her
from beneath
write her
letters and stay
away and stare
at her admire
her distant
shape
just close
enough to feel
the beauty of the blinking blur
you guess in
 the remoteness
she
is the tides of
air
that involves that sorrounds
that shakes her
into divinity stare
at her
even if it hurts
mostly if it
hurts force yourself
to stare at her
as to stare
at the enraged sun
and watch her dream of her
as she wasn´t
possible sing at her
as she fades
picture her
 all alone and
perfect and wait
 for her
to fall.

 and begin to love her
when she´s gone.

4.7.12

window as a menace

en la vereda de enfrente de mi casa hay un árbol que proyecta sobre la pared blanca de una fábrica abandonada la sombra exacta de un hombre que espera.
esa figura no es inocente.

12.6.12

to disolve

el estornudo interrumpe el silencio de  la madrugada - a la que ya se acostumbraron y anexaron los leves clakeos de los dedos sobre el teclado - y me recuerda que existo. y que existe la casa, y mi gato y la vereda de enfrente, con sus paredes y su pintura resquebrajada. escribir es a veces eso: la concentración tan profunda y ensimismada que un objeto tan efímero que fuerza al mundo a desexistir. cada paso en la ficción borra un trecho del universo. lo que labra la palabra escrita en estos casos no es otra cosa que un túnel: cada línea de la caligrafía es una parcela nueva por donde adentrarnos en el túnel interior hacia una interioridad que no soy yo. no: no es la producción de la inexistencia. pero lo que queda detrás entra progresivamente en el desvanecimiento. un lento desexistir. las cosas -primero las más lejanas - se ablandan, se disuelven. hay un centro en el universo, y es el texto, y gira sobre sí hasta devorarlo todo. pero el escritor no es tan fuerte, y enflaquece antes del km 0. se cansa, se harta, tropieza. se predispone a ser interrumpido. y algo del mundo exterior siempre vence. y el texto se detiene, se posterga. el fenómeno solo ocurre en la mente del escritor. el universo y su progresiva disolución. yo quisiera presenciar ese milagro: cuando la ficción aferra al escritor a tal punto que él no puede escabullirse. y no lo suelta hasta que la ficción esté completa y el universo esté desintegrado. pero no sé bien qué estoy escribiendo. apuntes nocturnos. tiene ese problema. a veces es demasiado tarde, a veces se hace demasiado tarde en mitad del texto. y el texto se desvía. estoy en el sofá. la tele prendida. hace 10 minutos empezó "the whitest kids you know" (el "kids in the hall" contemporáneo). y me quedo viéndolo, y este texto se interrumpe.lo estuve viendo todo este tiempo, y escribiendo estas cosas en cada vez más espaciados intervalos; y si llegó tan lejos, hasta aquí, aun cuando sea fallido y no haga más que malograrse, es porque me gusta el sonido del teclado en la noche. no de la tecla en sí, sino el rumor, la nube de murmullos que se crea en el incesante tableteo. casi pareciera que algo puede ocurrir. pero hoy no. propaganda. van a pasar un documental sobre Conan O´brien el jueves. mañana tal vez. hoy es tarde. hoy vi a mi primera novia en la calle. hace casi diez años que no la veía. por supuesto no nos saludamos. pero no, hoy es tarde. y ya no tengo mucho que ver conmigo. empieza "portlandia". tal vez me llegue a hacer un café. aira ya habrá escrito su página diaria. yo, tardo. y pospongo mi inconclusión.

14.5.12

5.5.12

Se escribe lo irreparable; se escribe para dejar una huella firme que no permita que lo roto se pueda reparar.

30.4.12


justo cuando
 el colectivo
 pasa
 por el bar
 donde tomamos
 algo
 la última
 vez
 me distraigo
 y miro
 a otro lado
 y no veo el bar
 y me doy cuenta
 dos cuadras
 después
 y bruscamente
 giro la cabeza
 hacia atrás y
 me lamento
 como si hubiese
 perdido algo
 como si hubiese
 cometido un
 sacrilegio

 pero qué?
 qué?
 qué es perdible
 de lo que ya
 no está allí?
 qué esperaba
 ver?
 a los dos?
 a ella y a
 mi
 sentados
 en la esquina
 los espectros
 patéticos
 que reiteran
 una rutina
 para el teatro
 insomne de mi
 melancolía?
 a otros
 sentados
 en la misma
 mesa
 de los que inferiré
 quien sabe
 por semejanza quien
 sabe por diferencia
 la indiferencia de
 qué destino
 absurdo?

 la esperanza
 siempre tan confundible
 con la
 espera
 enreda lo visible
 con las alimañas
 que moran
 en nuestro
 interior.

 además,
 para qué?
 tengo que dejar
 fríos a los objetos
 fríos
 y no ensañarme
 con poblarlos de
 fantasmas.

26.4.12

fin de libro


yo no estoy aquí.
las cavidades en el sentido. esas laceraciones por las que se entreve el lenguaje en el lenguaje, en lugar de la cosa evocada. eso es lo que llenas, lector, con los caprichos de tu memoria. el escritor ha de ser siempre solitario. el texto en que se desangra para ser amado será apenas el transporte del lector a través de sí. vos no me estas leyendo a mí. yo no tengo con qué decir yo. no importa que haya arrancado de lo más íntimo de mí cosas que después arrojé al libro. es teatro. soy mal actor porque creen que estoy actuando. me esforcé por decir cosas verdaderas entre las líneas del parlamento, pero tuve que disimular y creyeron que eran también líneas del parlamento. si yo me pegase un tiro ahora, esto se volvería un escenario. me dan ganas de pegarme un tiro para cronometrar lo que tarda la sangre derramada en desembarazarse de su tesitura ficticia.
pero no me voy a pagar un tiro, no: el muerto es el único que se pierde el espectáculo.
pero cuanto tarda el muerto en dejar de ser clown?
cuanto tarda la sangre del muerto en dejar de ser serpentina?

22.4.12


en la
 noche, cuando todos
 duermen,
 levantate. entrá
 en el baño, cerrá
 la puerta (es
 necesario que estés
 solo). y abrí la
 canilla. y escuchá.
 no el grifo
 no,
 ni las ratas ni
 los vecinos que cogen
 o lloran ni la tele de la vieja sorda
 del tercero c, ni los
 niños hipotéticos que
 lloran en algún lado ni los gatos
 en celo ni el viento
 entre las ramas, no; concentrate
 escuchá el murmullo
 del agua por las
 cañerías. quedate
 quieto. No te
 distraigas con las
 formas en los
 azulejos. Prestá atención:
 voces.
 hay voces
 que quedan
 enredadas
 en el agua
 que corre
 entre las cañerías.
 parece que casi
 podemos entenderlas.
 pero no, hasta ahí
 y no más, mejor
 no. es mejor
 aun no saber
 qué dicen.
 toda voz
 nocturna nombra.
 y todo nombre
 es un llamamiento
 y una sustitución.
 mejor no.
 todavía
 no. si oyéramos,
 tendríamos que
 responder. hay una
 irreversibilidad
 que rasga los
 velos. volvé
 a la cama, hundite
 en la almohada. tratá
 de dormir. dormí.

19.4.12

...been feeling vaguely fictional these days
lo diré solo una vez, para que el pánico no prolifere: ojo con los enanos con frisbee
No está en los oleos de Van Gogh la noche estrellada, latente y servil. Las partes, combinadas de cierta manera, se vuelven otra cosa. Todas las palabras de Hamlet están en el diccionario anglosajón. Y no son Hamlet. Hamlet ni siquiera es pensable desde el diccionario. A lo sumo, esas palabras, durmientes y moribundas, petrificadas en un orden alfabético, sueñan con Hamlet.

3.4.12


supongo que hay dos tipos de escritores. los que escriben historias. y los que escriben escritura.

dijo Markson que dijo Raymond Chandler.

19.2.12

d.


era improbable
que vinieses
lo habíamos hablado ya
habías quedado
con unos amigos de otro tiempo
para cenar en
casa de uno
estaba bien
pero antes
de que te fueras
te dije 
a modo de broma
- si te aburrís
o termina temprano
venite
hay solo un colectivo
de distancia y abro
mi segundo mejor 
vino.
te reíste, y dijiste
- no me tientes.
y yo sentí
que te demorabas un segundo más
antes de irte
porque habías vacilado

ya sé, ya sé
que fue parte 
de un juego
para conjurar distancias
pero igual te esperé
no como si fuese posible
que vinieras
sino como si fuese 
precioso
y mientras me cocinaba, y cenaba
y miraba una película
de Almodóvar, mientras lavé 
los platos, y saqué la basura
y busqué un disco y me masturbaba
con una secuencia de una película
de los 80 de Emanuelle
Béart, mientras me lavé los dientes y
programé el aire acondicionado
un reflejo torpe de mí
te pensaba
como si por el
rabillo del ojo
pudieses llegar
a aparecer.

no viniste, claro
y fue
lo más sensato
y no importó tanto porque
no llegó a ser herida
y de alguna manera
como promesa absurda
estuviste cerca
pero el rumor
de la sensación
de haber
pensado que un segundo
vacilaste
y me tomaste en serio
y casi
pudiste venir
se quedó, y
soñé
esa noche
sin saber tu cara del todo
con tu cara
y un leve gesto 
que la atravesaba
tus labios arqueados
como apenas 
empezando 
a sonreir
y tus ojos
un poco empequeñecidos
como pensando algo
el momento en 
que vacilaste
y la gracia de lo absurdo
fue un segundo
ingrávida
y el sentido común
trastabilló
y casi casi crei
que pensaste en venir
ese segundo
antes de que
todo se borrara
y te fueras
con tus amigos
a la casa
de uno de ellos
a cenar y no sé
qué
ese rictus
fugaz
en tu rostro tentado
fue
en mi imaginación
tan adorable

y no importa que no llegue a saber si tengo con qué moverte algo de lugar
porque las pequeñas emociones son sagradas
y el amor
es la cosa
más solitaria.



27.1.12

quiero dormir, pero escucho, mientras tratodoy vueltas en la cama, el ruido como de una bolita (metálica) que cae, rebota y rueda. una y otra vez. viene del piso de arriba. han pasado las 5am. viven allí una pareja y un niño. me digo que deben tener un perro.
un perro insomne. ese es mi mantra.
escucho que se abre la puerta del baño
muy lentamente
su chirrido
pero por qué, por qué zapatea el niño que vive en mi piso de arriba? hacia donde corre? tiene 7 años. qué puede estar haciendo a esta hora??
en el punto en que "la mujer muerta" del cine Rosebud empieza a sangrar mientras le comenta la película al niño que tiene sentado al lado, mi gato - que dormía sobre mí - tiembla, se depierta y huye.
ya no me siento protegido.
cierro el libro.
el silencio se rasga.

(¿qué es, de donde viene todo ese viento que tabletea en las ventanas y ruge afuera como un felino herido?)
(leer un cuento de terror hace crujir todos los muebles de la casa que reposan en la oscuridad)
leyes de madrugada. no se lee un cuento de terror dando la espalda a una puerta abierta.

25.1.12

Memorias


En el colectivo me quedé mirando un caño. Uno de los tantos que en que las personas se agarran mientras viajan parados. Era de noche, tarde. Éramos pocos en el colectivo y el caño estaba ahí, intacto, sin expresar de ningún modo las millares de impresiones digitales que contenía.

Y es así también el cuerpo, higienizado por la invisibilidad del tacto. Tengo que hacer un esfuerzo para recordarte.

22.1.12

Nota al pasar sobre la belleza pasajera

Una forma doliente de humanidad imposible. La belleza. Eso buscamos en las mujeres y solo lo hallamos mientras ellas suspendan su sí mismas y se transparenten dejando ver la huella de una lejanía que se repliega. En esa pérdida, aun imágenes, nos hechizan. Luego, cercanas y reales, ya no podrán dar lo que no saben que prometieron. Y nos lo darían. No son malas. Pero no lo tienen. Dan, en cambio, todo lo demás. Pero es en vano y es demasiado tarde. Ya estamos buscando en otras mujeres lejanas y difusas ese rastro de no sé qué que se disimula en ellas mientras dura la imprecisión.

19.12.11

primer draft


unfollow


Tengo que hablar de ella
 Alusivamente
 Desviado
 Con medias palabras
 Ficciónalizando todo
Como si hablara
De otra
O alguien
Que no existe
 Para que no se de cuenta
 De que estoy
 Hablando de ella

To be close and To be found and the ocean in between

 No me gustan
 Las instancias de
 Vulnerabilidad
 Me rompe las pelotas
 Que alguien sepa
 Que puede romperme
Raro
Porque la belleza me parece
Una condición de la
Fragilidad
Y lo frágil
Eso
A punto
De romperse
Pero suspenso
En la tensión
De su delicada rotura

  
To be close and To be found and the ocean in between

 Probablemente  sobreviva
 Si no la veo
 Otra vez
la estadística está
de mi lado
La vida tiene un
modo
No sé ¿triste?
De seguir
A pesar de todo
No importa
La atrocidad
El sol
Siempre
Sale y los
Muertos
Se disuelven
sí: en el silencio
los espectros
rayan
la ventana
de lo real;
pero todo 
sigue

To be close and To be found and the tempest in between

quiero quemar
las cartas
pero kafka volvió
las cosas kafkianas
y cada palabra
la tiene 
retenida
mark zuckerberg
en algún lugar o no lugar
de la virtualidad
y todo lo que le dije
a ella
está condenado
a existir
para siempre
me duele
saber 
la persistencia de lo dicho...
escribí tarde la voz que
callé a tiempo
perdí de 
la palabra la evanescencia
fue como tallar
en tumbas eternas
el nombre 
que me delata


To be near and To be there and the hollowness in between

Ejercito mi ausencia
Con ella
Pero la administro
Mal
Y no llego a medir
Mi significado en
Ella
El peso
Real
De mi imagen
Junto
Las piezas de
Lo que me queda
Para alejarme
Pero la lejanía
Según entiendo
En el medio
De la noche
Poco tiene que ver
Con demografías
Hay que
Hacerla nacer
Adentro
La distancia
Sea cual fuese
Es un trabajo
Y no una amputación



To be close and To be found and the tempest in between

Había escrito
Unos versos
Donde era evidente
Que se trataba de ella
Ella
Una mujer
Específica entre todas
Con los detalles
Que solo yo
Sé de ella (un lunar,
un tic, una forma
de morder los labios)
Pero
Tuve que
Tacharlo
Para preservar
La imprecisión y mi
Ego.



To be close and To be found and the ocean in between

 
Se escribe
Porque
Se sangra
Con la sangre
Salpicada reuno
Estas letras no
Un teatro
De la agonía
No
Más bien una
reclusión
escribir
como quien está
acurrucado en el rincón
que concentra la oscuridad
del cuarto
obturando
la herida.
Como siempre, sin embargo
La literatura
Es un enchastre.



To be close and To be found and the ocean in between

 Vamos a estar
 a una cuadras un sábado
 cualquiera cuando ella
 vaya a notorius a escuchar
 jazz y yo todavía
 No me haya ido
 De la librería
 Y voy a sentir
 Un rumor
 En mi pecho en
mi estomago
 Una vaga inquietud
algo
eléctrico
el peso que ocupa
una falta no sé
algo
que remita a una imagen
de ella que guardo
y que no quiero
escribir
para que todo
esto no
sea
del todo
cierto y pase
como pasó por 
mi toda
mi sentimentalidad mentida
traspapelada en 
ficciones.