17.4.13
root
Se
despierta, está temblando. No puede decir si el temblor se inicia con el
despertar, tan abrupto, o si viene de antes, arrastrado del sueño hasta la
vigilia. Sentado en la cama, tiembla. El frío disuelve todas las disociaciones,
y lo vuelve una sola cosa en un solo lugar. Un cuerpo sufriente.
Asume
– como es sensato pensar – que dejó la ventana abierta. Que el viento del lago
ha visitado su cuerpo dormido, y lo ha congelado. Se levanta, muy despacio,
para no despertar a Camila. Que duerme, como si no estuviese viva. Va hacia la
ventana, en plena oscuridad, y pisa un zapato y se dobla un poco el pie, y
tiene que agarrarse de la pared y un poco de la mesa de luz para no caer del
todo. No hay voz, sin embargo. Le alcanza con formar en los labios las letras de
alguna grosería expiatoria. Luego, cuando llega a la ventana, la ventana está
cerrada.
Mira
el lago, la negrura del agua en su monótona danza.
No
es un viaje sin riesgos, la contemplación de la negrura. El infinito es
vertiginoso y es interior. Y es en la negrura, mucho mejor que en la distancia,
donde puede abrir más ferozmente su boca.
Las
ciudades, y casi cada cosa que compone la civilización, nos protege de la
negrura plena. A lo sumo un charco de negrura imperfecta desde la tv apagada, o
cuando despierta a la noche para ir al baño y se aventura a las opacidades de
las sombras sin llevar consigo el celular con el que iluminar el pasillo. Pero
nada de eso es la negrura. Se trata apenas de simulacros perezosos. Souvenirs
tranquilos de una bestia insondable y deportada, que tributariamente es
recordada a través de teatros inermes.
La
negrura es primitiva.
Y
es terrible.
Ya
es tarde para dormir, piensa. Busca una silla, y enciende el Kindle. Usa la
opción de brillo para iluminar la pantalla, y no tener que prender la luz. Lee
un ensayo de Richard Dawkins sobre la inexistencia de Dios. Siempre supo la
inexistencia de Dios, y sin embargo siente compensado ese sentimiento triste en
el goce de ver el flagelo de quienes sí creen por la superioridad de los
argumentos de los que no creen. Creer es una genuflexión de la sabiduría.
Estamos aquí ahora, y mañana tal vez no. Eso es todo. El resto es literatura.
Se sirve un vaso de agua. Siente la falta de un cigarrillo entre sus manos.
Mientras
lee, no puede evitar pensar en la negrura, en el lago. De un modo lateral, no
del todo conciente, pero cada vez más presente y más acuciante. El lago, el
cielo. Ambos, hermanados por la noche, fundidos en una sola negrura. Ambos
conformando una “cosa”: algo que no es ni lo uno ni lo otro, ni una sumatoria
ni una combinatoria. Pero algo vivo. Latente, y reptante. El silencio de la
eternidad mora allí, pensó. Ese tipo de silencio que no existe: el verdadero
silencio. No el silencio de algo que calla, no es silencio de los ruidos
lejanos, no el silencio del crujir de la madera de los muebles, o del crepitar
del ascensor trasnochado, o de un gato a dos cuadras, o un auto que cruza. Sino
la nada. O más bien, la idea de la nada. Otra vez ese sistema de pensamiento:
la nada no existe pero existe porque alguien cree que existe, y todo en lo que
se cree existe, no porque exista, sino porque la creencia depositada en un
objeto lo vuelve, de algún modo – como concepto, o en las palabras, o en la
sensación, o etc etc – existente. Y eso que existía en la vasta negrura de la
ventana era la nada, y la nada era un llamamiento. Y la voz de la nada es la voz de las sirenas,
y por eso es impostergable. Y el llamamiento de la nada convoca a la
inexistencia, y por eso es oscuro oírlo: solo podemos oir lo que entendemos,
porque, de alguna manera, ya vive en nosotros. Escuchar la invitación a
desexistir es que ya la inexistencia crece en nosotros, ya sentimos su espeso
coqueteo, ya no hemos sabido decir que no a la seducción del fin.
Cuando
vuelve los ojos a la lectura, encuentra el wallpaper del Kindle. Entendió que
se había extraviado en sus divagaciones. Pero lo entendió brevemente porque
sintió la negrura posar su pezuña en el marco de la ventana. Y amó un poco el
horror de sentir el advenimiento de la experiencia de lo nuevo. Y un leve gemir
lo interrumpió. El cuerpo dormido de Camila se reacomodaba en el sueño, de un
modo tan sutil que parecía casi no haberse movido. Un poco de costado, un poco
de espaldas, los brazos extendidos. Se acercó, y le pareció otra vez perfecta y
lejana. Nunca voy a conocerla realmente, pensó. Nunca nos vamos a encontrar de
un modo absoluto. Corrió las sábanas y descubrió su cuerpo. Las tetas
apretadas, un poco una contra la otra.
La garganta ofrecida, con su sutilísima huella del pulso. La boca apenas
abierta. Los pezones perfectos. Algo había allí todavía sagrado. Algo que no
podía encontrar si ella estuviese despierta. Allí, siendo su cuerpo su propia
ausencia al mismo tiempo presente, era algo tan vivo que lo aturdía: lo hacía
querer vivir, y querer matar, lo empujaba. Le sacó unas fotos con el celular,
pero el flash arruinaba todo. La belleza no resiste el flash. El flash es
demasiado real; como el porno.
Ahora
lee un ensayo de Philip Dick. Sobre el alma primitiva de los objetos. La
máquina como pre-humano. Otra vez se sienta cerca de la ventana. Dejó los
pechos de Camila descubiertos. La leve brisa erecta los pezones, que se
endurecen y apuntan a la ventana. Interrumpe al principio la lectura, para ver
sus pechos levemente distinguibles en la oscuridad de la habitación. Y lo que en
principio le pareció una leve humillación hacia ella, estar exhibida inerme,
creció hacia otra cosa, y le parece ahora que el humillado es él, como un
pagano ante su deidad, sintiendo manar de sí toda su insignificancia.
En
algún punto, Camila cambió de posición, y sus pechos dejaron de ser visibles, y
pudo volver al kindle sin la acusación de eso ahí, eso yaciente y santo que
manaba de su mujer, que parecía coincidir con la silueta de su mujer pero que
no era su mujer. O en todo caso, era un momento, un ángulo, una distracción de
su mujer.
Dick
es un loco querible. El tipo de loco romántico que cree en su locura, que cae
sacrificialmente en ella. Le parece peculiar el prurito réprobo que existe en
la literatura “seria” para con la ciencia ficción. El también lo padece. No
acaba de tomarlo del todo en serio. Como si la ciencia ficción estuviese más
cerca de ser un juego, más cerca de ser un entretenimiento, más cerca de
alcanzar apenas un valor perenne. Y sin embargo, es la ciencia ficción la que
se ha hecho las cinco o seis preguntas más relevantes del siglo xx.
Ahora
Dick dice que la realidad es una ilusión. La realidad está cubierta por un velo.
Dokos. Pero ese Dokos es benigno, y nos protege. Es la forma que tiene nuestro
cerebro de volver tolerable lo intolerable. Pero despertaremos,
eventualmente. Y podremos decir que el
caos está cayendo sobre las cosas, o que la realidad está ocurriendo sobre las
ilusiones. Y que esa realidad casi sin dudas será horrible y fatal, y no
sobreviviremos a ella. Pero, acaso ese acceso a la verdad tenga algún valor
sublime.
El
no lo cree así. El prefiere las ficciones. Las mentiras. Cualquier cosa que
impida el arribo de la realidad.
Lo
distrae, debajo de la puerta, una línea de luz.
Son
las cuatro de la mañana. En el piso del hotel, solo hay dos habitaciones. La
otra, está vacía. Y sin embargo, la luz del pasillo se apaga y se prende. Se
apaga, y se prende.
Quiere
leer, pero cada movimiento de la luz lo distrae. Y acaba por estar suspenso de
cada modificación, atento a los pasos que habrán de cortar – de un momento a
otro- la línea de luz debajo de la puerta. Pero eso no pasa. Como tantas cosas
que pensó que pasarían, y no pasaron. Continúa la intermitencia. Se apaga, se
prende. Cuando está aburrido de contemplar la oscuridad, cuando casi ya va a
irse a dormir, se prende la luz.
Es
un hombre práctico. Aborda pronto a una explicación, y se aferra a ella. La luz
del pasillo del hotel detecta el movimiento. Cuando algo se mueve, la luz se
prende. Al rato, se apaga. Es un hotel. Por tanto, hay fantasmas. Por algún
motivo, es mucho más sencillo creer en fantasmas que en Dios. El sensor de la
luz ha de ser muy sensible, y percibe
las pendulaciones del espectro. Es obvio, se dice, si abro la puerta veré allí
parado a un niño muerto, esperándome.
Le
extraña no oír el lago.
La
ventana que da al lago está a 5 metros de la orilla. Por la tarde, el ruido del
lago llenaba todo. Camila dijo que temía no poder dormir con todo ese ruido,
toda esa agua.
Ahora
la luz está apagada.
Va
al baño y vomita. Poco. Una bilis lívida. Cuando sale, la línea de luz está
prendida.
Lo
que pasa es algo más simple. Hoy cenaron en el boliche de Alberto. En el de
pastas. Estaban muy ricas. En la mesa de al lado estaba sentada una pareja
mayor. La mujer pidió ñoquis. Y cuando vinieron, le parecieron muy pocos. Y se
lo dijo al marido. Se lo dijo durante toda la cena. Y se lo dijo a tres
camareras. Y quiso hablar con Alberto, para decírselo también pero Alberto en
ese momento no estaba. Y cuando se lo dijo a todos, se lo dijo algunas veces más
a su marido. Y él vió todo eso, y vio la cara del marido, su silencio
resentido, su hartazgo sereno. Y pensó esto es un cuento. Si yo fuese un
escritor todavía, esto es un cuento.
5.9.12
8.8.12
blinking blur
pick a girl
build a tower
place a pedestal
on top
of it
and lay the girl
on top
of the pedestal
dream
of rain
and tempests, and
the wildest wind, and the
trembles of
the earth watch her
from beneath
write her
letters and stay
away and stare
at her admire
her distant
shape
just close
enough to feel
the beauty of the blinking blur
you guess in
the remoteness
she
is the tides of
air
that involves that sorrounds
that shakes her
into divinity stare
at her
even if it hurts
mostly if it
hurts force yourself
to stare at her
as to stare
at the enraged sun
and watch her dream of her
as she wasn´t
possible sing at her
as she fades
picture her
all alone and
perfect and wait
for her
to fall.
and begin to love her
when she´s gone.
build a tower
place a pedestal
on top
of it
and lay the girl
on top
of the pedestal
dream
of rain
and tempests, and
the wildest wind, and the
trembles of
the earth watch her
from beneath
write her
letters and stay
away and stare
at her admire
her distant
shape
just close
enough to feel
the beauty of the blinking blur
you guess in
the remoteness
she
is the tides of
air
that involves that sorrounds
that shakes her
into divinity stare
at her
even if it hurts
mostly if it
hurts force yourself
to stare at her
as to stare
at the enraged sun
and watch her dream of her
as she wasn´t
possible sing at her
as she fades
picture her
all alone and
perfect and wait
for her
to fall.
and begin to love her
when she´s gone.
25.7.12
4.7.12
window as a menace
en la vereda de enfrente de mi casa hay un árbol que proyecta sobre la pared blanca de una fábrica abandonada la sombra exacta de un hombre que espera.
esa figura no es inocente.
esa figura no es inocente.
12.6.12
to disolve
el estornudo interrumpe el silencio de la madrugada - a la que ya se acostumbraron y anexaron los leves clakeos de los dedos sobre el teclado - y me recuerda que existo. y que existe la casa, y mi gato y la vereda de enfrente, con sus paredes y su pintura resquebrajada. escribir es a veces eso: la concentración tan profunda y ensimismada que un objeto tan efímero que fuerza al mundo a desexistir. cada paso en la ficción borra un trecho del universo. lo que labra la palabra escrita en estos casos no es otra cosa que un túnel: cada línea de la caligrafía es una parcela nueva por donde adentrarnos en el túnel interior hacia una interioridad que no soy yo. no: no es la producción de la inexistencia. pero lo que queda detrás entra progresivamente en el desvanecimiento. un lento desexistir. las cosas -primero las más lejanas - se ablandan, se disuelven. hay un centro en el universo, y es el texto, y gira sobre sí hasta devorarlo todo. pero el escritor no es tan fuerte, y enflaquece antes del km 0. se cansa, se harta, tropieza. se predispone a ser interrumpido. y algo del mundo exterior siempre vence. y el texto se detiene, se posterga. el fenómeno solo ocurre en la mente del escritor. el universo y su progresiva disolución. yo quisiera presenciar ese milagro: cuando la ficción aferra al escritor a tal punto que él no puede escabullirse. y no lo suelta hasta que la ficción esté completa y el universo esté desintegrado. pero no sé bien qué estoy escribiendo. apuntes nocturnos. tiene ese problema. a veces es demasiado tarde, a veces se hace demasiado tarde en mitad del texto. y el texto se desvía. estoy en el sofá. la tele prendida. hace 10 minutos empezó "the whitest kids you know" (el "kids in the hall" contemporáneo). y me quedo viéndolo, y este texto se interrumpe.lo estuve viendo todo este tiempo, y escribiendo estas cosas en cada vez más espaciados intervalos; y si llegó tan lejos, hasta aquí, aun cuando sea fallido y no haga más que malograrse, es porque me gusta el sonido del teclado en la noche. no de la tecla en sí, sino el rumor, la nube de murmullos que se crea en el incesante tableteo. casi pareciera que algo puede ocurrir. pero hoy no. propaganda. van a pasar un documental sobre Conan O´brien el jueves. mañana tal vez. hoy es tarde. hoy vi a mi primera novia en la calle. hace casi diez años que no la veía. por supuesto no nos saludamos. pero no, hoy es tarde. y ya no tengo mucho que ver conmigo. empieza "portlandia". tal vez me llegue a hacer un café. aira ya habrá escrito su página diaria. yo, tardo. y pospongo mi inconclusión.
14.5.12
5.5.12
30.4.12
justo cuando
el colectivo
pasa
por el bar
donde tomamos
algo
la última
vez
me distraigo
y miro
a otro lado
y no veo el bar
y me doy cuenta
dos cuadras
después
y bruscamente
giro la cabeza
hacia atrás y
me lamento
como si hubiese
perdido algo
como si hubiese
cometido un
sacrilegio
pero qué?
qué?
qué es perdible
de lo que ya
no está allí?
qué esperaba
ver?
a los dos?
a ella y a
mi
sentados
en la esquina
los espectros
patéticos
que reiteran
una rutina
para el teatro
insomne de mi
melancolía?
a otros
sentados
en la misma
mesa
de los que inferiré
quien sabe
por semejanza quien
sabe por diferencia
la indiferencia de
qué destino
absurdo?
la esperanza
siempre tan confundible
con la
espera
enreda lo visible
con las alimañas
que moran
en nuestro
interior.
además,
para qué?
tengo que dejar
fríos a los objetos
fríos
y no ensañarme
con poblarlos de
fantasmas.
26.4.12
fin de libro
yo no estoy aquí.
las cavidades en el sentido. esas laceraciones por las que se entreve el lenguaje en el lenguaje, en lugar de la cosa evocada. eso es lo que llenas, lector, con los caprichos de tu memoria. el escritor ha de ser siempre solitario. el texto en que se desangra para ser amado será apenas el transporte del lector a través de sí. vos no me estas leyendo a mí. yo no tengo con qué decir yo. no importa que haya arrancado de lo más íntimo de mí cosas que después arrojé al libro. es teatro. soy mal actor porque creen que estoy actuando. me esforcé por decir cosas verdaderas entre las líneas del parlamento, pero tuve que disimular y creyeron que eran también líneas del parlamento. si yo me pegase un tiro ahora, esto se volvería un escenario. me dan ganas de pegarme un tiro para cronometrar lo que tarda la sangre derramada en desembarazarse de su tesitura ficticia.
pero no me voy a pagar un tiro, no: el muerto es el único que se pierde el espectáculo.
pero cuanto tarda el muerto en dejar de ser clown?
cuanto tarda la sangre del muerto en dejar de ser serpentina?
22.4.12
en la
noche, cuando todos
duermen,
levantate. entrá
en el baño, cerrá
la puerta (es
necesario que estés
solo). y abrí la
canilla. y escuchá.
no el grifo
no,
ni las ratas ni
los vecinos que cogen
o lloran ni la tele de la vieja sorda
del tercero c, ni los
niños hipotéticos que
lloran en algún lado ni los gatos
en celo ni el viento
entre las ramas, no; concentrate
escuchá el murmullo
del agua por las
cañerías. quedate
quieto. No te
distraigas con las
formas en los
azulejos. Prestá atención:
voces.
hay voces
que quedan
enredadas
en el agua
que corre
entre las cañerías.
parece que casi
podemos entenderlas.
pero no, hasta ahí
y no más, mejor
no. es mejor
aun no saber
qué dicen.
toda voz
nocturna nombra.
y todo nombre
es un llamamiento
y una sustitución.
mejor no.
todavía
no. si oyéramos,
tendríamos que
responder. hay una
irreversibilidad
que rasga los
velos. volvé
a la cama, hundite
en la almohada. tratá
de dormir. dormí.
19.4.12
No está en los oleos de Van Gogh la noche estrellada, latente y servil. Las partes, combinadas de cierta manera, se vuelven otra cosa. Todas las palabras de Hamlet están en el diccionario anglosajón. Y no son Hamlet. Hamlet ni siquiera es pensable desde el diccionario. A lo sumo, esas palabras, durmientes y moribundas, petrificadas en un orden alfabético, sueñan con Hamlet.
3.4.12
10.3.12
una línea de madrugada
Siempre que experimento lo bello quiero prometerle algo.
Handke,
en Ayer, de camino
19.2.12
d.
era improbable
que vinieses
lo habíamos hablado ya
habías quedado
con unos amigos de otro tiempo
para cenar en
casa de uno
estaba bien
pero antes
de que te fueras
te dije
a modo de broma
- si te aburrís
o termina temprano
venite
hay solo un colectivo
de distancia y abro
mi segundo mejor
vino.
te reíste, y dijiste
- no me tientes.
y yo sentí
que te demorabas un segundo más
antes de irte
porque habías vacilado
ya sé, ya sé
que fue parte
de un juego
para conjurar distancias
pero igual te esperé
no como si fuese posible
que vinieras
sino como si fuese
precioso
y mientras me cocinaba, y cenaba
y miraba una película
de Almodóvar, mientras lavé
los platos, y saqué la basura
y busqué un disco y me masturbaba
con una secuencia de una película
de los 80 de Emanuelle
Béart, mientras me lavé los dientes y
programé el aire acondicionado
un reflejo torpe de mí
te pensaba
como si por el
rabillo del ojo
pudieses llegar
a aparecer.
no viniste, claro
y fue
lo más sensato
y no importó tanto porque
no llegó a ser herida
y de alguna manera
como promesa absurda
estuviste cerca
pero el rumor
de la sensación
de haber
pensado que un segundo
vacilaste
y me tomaste en serio
y casi
pudiste venir
se quedó, y
soñé
esa noche
sin saber tu cara del todo
con tu cara
y un leve gesto
que la atravesaba
tus labios arqueados
como apenas
empezando
a sonreir
y tus ojos
un poco empequeñecidos
como pensando algo
el momento en
que vacilaste
y la gracia de lo absurdo
fue un segundo
ingrávida
y el sentido común
trastabilló
y casi casi crei
que pensaste en venir
ese segundo
antes de que
todo se borrara
y te fueras
con tus amigos
a la casa
de uno de ellos
a cenar y no sé
qué
ese rictus
fugaz
en tu rostro tentado
fue
en mi imaginación
tan adorable
y no importa que no llegue a saber si tengo con qué moverte algo de lugar
porque las pequeñas emociones son sagradas
y el amor
es la cosa
más solitaria.
27.1.12
25.1.12
Memorias
En el colectivo me quedé mirando un caño. Uno de los tantos que en que las personas se agarran mientras viajan parados. Era de noche, tarde. Éramos pocos en el colectivo y el caño estaba ahí, intacto, sin expresar de ningún modo las millares de impresiones digitales que contenía.
Y es así también el cuerpo, higienizado por la invisibilidad del tacto. Tengo que hacer un esfuerzo para recordarte.
22.1.12
Nota al pasar sobre la belleza pasajera
Una forma doliente de humanidad imposible. La belleza. Eso buscamos en las mujeres y solo lo hallamos mientras ellas suspendan su sí mismas y se transparenten dejando ver la huella de una lejanía que se repliega. En esa pérdida, aun imágenes, nos hechizan. Luego, cercanas y reales, ya no podrán dar lo que no saben que prometieron. Y nos lo darían. No son malas. Pero no lo tienen. Dan, en cambio, todo lo demás. Pero es en vano y es demasiado tarde. Ya estamos buscando en otras mujeres lejanas y difusas ese rastro de no sé qué que se disimula en ellas mientras dura la imprecisión.
19.12.11
primer draft
unfollow
Tengo que hablar de ella
Alusivamente
Desviado
Con medias palabras
Ficciónalizando todo
Como si hablara
De otra
O alguien
Que no existe
Para que no se de
cuenta
De que estoy
Hablando de ella
To be close
and To be found and the ocean in between
No me gustan
Las instancias de
Vulnerabilidad
Me rompe las pelotas
Que alguien sepa
Que puede romperme
Raro
Porque la belleza me parece
Una condición de la
Fragilidad
Y lo frágil
Eso
A punto
De romperse
Pero suspenso
En la tensión
De su delicada rotura
To be close
and To be found and the ocean in between
Probablemente sobreviva
Si no la veo
Otra vez
la estadística está
de mi lado
La vida tiene un
modo
No sé ¿triste?
De seguir
A pesar de todo
No importa
La atrocidad
El sol
Siempre
Sale y los
Muertos
Se disuelven
sí: en el silencio
los espectros
rayan
la ventana
de lo real;
pero todo
sigue
To be close
and To be found and the tempest in between
quiero quemar
las cartas
pero kafka volvió
las cosas kafkianas
y cada palabra
la tiene
retenida
mark zuckerberg
en algún lugar o no lugar
de la virtualidad
y todo lo que le dije
a ella
está condenado
a existir
para siempre
me duele
saber
la persistencia de lo dicho...
escribí tarde la voz que
callé a tiempo
perdí de
la palabra la evanescencia
fue como tallar
en tumbas eternas
el nombre
que me delata
To be near
and To be there and the hollowness in between
Ejercito mi ausencia
Con ella
Pero la administro
Mal
Y no llego a medir
Mi significado en
Ella
El peso
Real
De mi imagen
Junto
Las piezas de
Lo que me queda
Para alejarme
Pero la lejanía
Según entiendo
En el medio
De la noche
Poco tiene que ver
Con demografías
Hay que
Hacerla nacer
Adentro
La distancia
Sea cual fuese
Es un trabajo
Y no una amputación
To be close
and To be found and the tempest in between
Había escrito
Unos versos
Donde era evidente
Que se trataba de ella
Ella
Una mujer
Específica entre todas
Con los detalles
Que solo yo
Sé de ella (un lunar,
un tic, una forma
de morder los labios)
Pero
Tuve que
Tacharlo
Para preservar
La imprecisión y mi
Ego.
To be close
and To be found and the ocean in between
Se escribe
Porque
Se sangra
Con la sangre
Salpicada reuno
Estas letras no
Un teatro
De la agonía
No
Más bien una
reclusión
escribir
como quien está
acurrucado en el rincón
que concentra la oscuridad
del cuarto
obturando
la herida.
Como siempre, sin embargo
La literatura
Es un enchastre.
To be close
and To be found and the ocean in between
Vamos a estar
a una cuadras un
sábado
cualquiera cuando
ella
vaya a notorius a
escuchar
jazz y yo todavía
No me haya ido
De la librería
Y voy a sentir
Un rumor
En mi pecho en
mi estomago
Una vaga inquietud
algo
eléctrico
el peso que ocupa
una falta no sé
algo
que remita a una imagen
de ella que guardo
y que no quiero
escribir
para que todo
esto no
sea
del todo
cierto y pase
como pasó por
mi toda
mi sentimentalidad mentida
traspapelada en
ficciones.
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