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De lo que había sido antes no quedaba nada. Apenas el reflejo de un cansancio, algunas manchas del tiempo en la ropa. Las suelas hinchadas. Supe, en seguida, que estaba, como siempre, en cualquier punto entre el principio y el final. Ignorar los pasos que me distanciaban de cualquier lugar volvía igualmente inútiles las direcciones posibles. Revisé los bolsillos: encontré que las cosas que traía conmigo no me alcanzaban para sobrevivir el camino (no importaba cuál tomase). Me senté donde estaba. Como había una fragancia a denso azul y a llanto coagulado, entendí que era el lado de adentro de las cosas.
Me quedé labrando un alma: tenía pocas cosas - retazos del que fui, palabras viejas que tendría que combinar de manera distinta, ojos hartos que tenían mucho que desaprender -, pero tal vez algún día llegue a enfrentar los nuevos abismos. O pueda, simplemente, seguir caminando por el borde, como si no los viese.
Era el lado de adentro de las cosas. Recuerdo la línea: la primera luz, la tiniebla visible. La recuerdo ahora: allí las cosas solamente sucedían; y sucedían todas como dentro de un grave acorde piano. La vida me quedaba - todavía - en una orilla lejana. Por las rendijas de la ventana ya me rayarían los ojos los ruidos diurnos. Me diría a mí mismo, cuando relatase el sueño al espejo del baño: otra vez soñé con lo que callo, con metáforas afiladas que no sabré dónde - en qué rincón de la realidad - acomodar sin que me pinchen, me reclamen, y me fuercen a pensarlas sin descanso. Pero por ahora, me sobraba oscuridad para empezar a mirarme un poco.
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¿Por qué? Preguntarme: ¿por qué recordar ahora esta pesadilla añeja? Y por una vez la respuesta es simple: haber visto hace unos días a la protagonista ausente de ¨Néctar de las cosas furtivas", haber escapado de ella, haber soñado esta noche con su presencia, haber cruzado con ese fantasma umbrales epifánicos que en la vigilia desencuentro, haber ajustado las cuentas que no sé tratar en el lado real de las cosas con ese lento espectro; volver a estas páginas resulta natural: es mi manera de morir despacio
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