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2.6.10

inwards

 una lábil transparencia nihilizante

0
desvío
Despertar otra vez a mitad de la noche después un sueño extraño para ya no poder dormir.
Sentarme en la cama para tratar de escribirlo e ir notando, mientras las palabras no aparecen, que lo pensable de ese sueño era muy poco y el resto (allí donde puedo hacer pie) se desmorona.

1
la ficción penitente
Es una dolencia a la que me he acostumbrado. Cada vez que quiero relatar algo que he visto o me ha pasado, me saltan a la cara abismos, grietas (gaps), vacíos entre las secuencias del evento que no puedo suplir salvo falsificando sucesos y detalles circunstanciales. Pronto, la cosa que quiero decir, en el mismo gesto de decirla, se me vuelve ficción. Si yo tratara de sostener una lealtad estricta a “lo que realmente pasó” estaría condenado al balbuceo, a la errancia, al soliloquio ininteligible. Suelo pensar que quien produce ficción no es ya alguien en posesión de un don, o de una vocación: no es algo que pueda decirse: es la constancia del fracaso permanente de reponer lo real.

2
reincidencia
Trato - con mucho esfuerzo- de registrar algo. Me entristece (y fascina) el hecho de que al despertar el sueño me parecía absolutamente comunicable, pero en el momento en que quise explicármelo (cuando me pregunté: ¿qué fue lo que pasó?) salieron a mi encuentro lagunas que no pude resolver, y mucho más de la mitad del sueño se me hizo irrecuperable. La otra mitad (o algo menos) se volvió elusiva, pantanosa, entrevista a través de nieblas y densas ramas de árboles de un bosque nocturo e irresoluble..

3
detalles verosimilizantes
Me siento en la cama. No prendo la luz. Jésica duerme y no quiero despertarla otra vez, como en el sueño. Modigliani, cuando ve que me despierto, se acerca y se viene a acostar sobre mis piernas. Permanece allí casi todo el tiempo que dura la escritura de este texto. Hasta que estornudo, y se va. Lo oigo dar un leve maullido desde el pasillo. En algún punto de la escritura, vuelve.
Entonces. Me siento en la cama. Y escribo: despertar otra vez a mitad de la noche después un sueño extraño para ya no poder dormir. Escribo: otra vez un sueño dentro de otro. Sueño una cosa, y despierto falsamente a otro sueño (que ya no considero sueño sino territorio despierto). Y lo más terrible del caso es que en este segundo sueño tengo plena conciencia del sueño anterior. A ver. Algo así.

4
algo así
El primer sueño es de orden fantástico. Por desgracia, la mayor parte la he olvidado. Solo resta su sensación. Buena parte de lo que más o menos recuerdo ya no es lexicable. Tenía sentido en la sucesión de imágenes. Pero en su recuperación es incoherente. No sé cómo comienza. Sé que es la casa de mis abuelos. Desde luego, es y no es la casa de mis abuelos (es más grande, mis abuelos no están, hay otra gente, yo no soy yo, etc.) Hay niños jugando en el jardín - que es rectangular y muy alargado, con forma de boulevard, con dos largos pasillos. Ha atardecido y la puerta ya no se distingue. No sé cómo contar lo que ocurre porque no lo comprendo. Se ha recibido un texto o un enunciado que alarma a todos y sin embargo nadie entiende. Lo piensan, lo discuten pero

5
el enigma
no logran descifrarlo. Hay bastante gente, tal vez 10 personas aparte de los chicos. Tiene algo que ver con los libros.
Precisamente con el lugar donde están ubicados los números de las páginas. Hay algo que preocupa a todos de este enunciado (que no recuerdo y que no sé si supe) y si bien guardan un cierto temor terminan decidiendo que es un balbuceo que no pueden penetrar, probablemente algo escrito por un loco que no tiene ningún sentido, y lo dejan estar.

6
plot
La escena progresa, se come algo, se habla de cosas. Ningún sobresalto. Los niños, que habían sido llamados a la casa hasta que se resolviese el enigma, insisten con que los dejen salir a jugar. Salimos todos al jardín y los niños corren. Vamos a jugar a las escondidas, dice alguien. El clima es modestamente festivo. Pronto ya no se distingue ningún niño. El personaje que encarna el Yo del sueño (desde el que mayormente veo las escenas transcurrir) sonríe tontamente desde la puerta de la casa, tal vez divertido. Luego, - súbitamente – comprende. El acto de comprender es en él como si le golpeasen con un palo en la cabeza. Y su cara se desfigura de horror. Comprende mucho más que yo, que no termino de hacer visible lo que ha pasado. El comprende que era obvio, que cómo no se dieron cuenta antes, que el diablo vive en los números (no en todos: solo en ciertas figuras: ¿cuáles?) de las páginas de los libros. Yo no sé qué significa esto, pero en el sueño este personaje comprende, transfigurado por el pánico, que eso implica que el diablo se está llevando a todos los que en ese momento se detengan en un espacio oscuro. Parece que va a decir algo, pero siente que es demasiado tarde. El silencio que queda es un silencio sin niños.

7
la mismidad de lo otro
Y me despierto. A otro sueño. Quisiera ser enfático con esto porque se trata de un asunto que me ha pasado ya muchas veces y nunca ha dejado de preocuparme. En este otro sueño soy yo (y es mi cama, mi ropa tirada a un costado, casi los mismos muebles, etc). Y estoy despertando del sueño anterior. Estoy en la cama, Jésica duerme. Es una versión de mi habitación. Trato de no despertarla pero estoy inquieto. El sueño anterior me ha dejado atemorizado (como si realmente lo hubiese comprendido). Tratando de no abrir aun los ojos, avanzo tentativa y lentamente, en la reconstrucción de lo soñado. Percibo que puedo hablar sobre el sueño, pero cuando quiero nombrarlo, o necesito recurrir a cosas que ocurrieron dentro del sueño, ya no las encuentro.

8
la palabra y el devenir eco
Este Yo del segundo sueño sabe que ha soñado con un relato suyo. El ha escrito ese sueño a modo de cuento, y parece ser que ese cuento sé ha vengado regresando como pesadilla. Sin embargo, hay algunas diferencias. El sueño ha perfeccionado el relato. Algo que parecía arbitrario en el relato, en el sueño resulta armonioso y perfecto. Y este otro Debret, obsesivo, se dice a sí mismo: tengo que registrar ese sueño antes de que lo pierda; lo importante es el relato: tengo que recoger y saber usar esta información, no importa de donde haya venido.

9
escribir naufragar despertar
Y Debret se sienta sobre su cama, toma una libreta y escribe. Y parece entender lo que escribe. Toma notas, casi compulsivamente. Y a medida que avanza, empieza a tener miedo. Lo veo: se queda quieto, se muerde el labio inferior, niega con la cabeza, o simplemente mira la nada, suspira. Yo quedo un poco afuera de esto. No sé bien qué pasa pero Debret ya no puede seguir escribiendo. Deja la libreta, y abraza a Jésica. Trata de refugiarse en el calor de su cuerpo dormido. Pero el miedo se le vuelve una suerte de sufrimiento físico, y da vueltas en la cama y balbucea sin sentido. Jésica se despierta. Le pregunta qué le pasa. Y Debret quiere explicarle pero no sabe cómo. Casi iba a tratar, pero no confía en las personas como en las libretas y se calla. Las cosas se ponen difusas: el sueño trastabilla y empieza a revelar su condición de sueño, abandonando de una vez su inusual verosimilitud. Debret se levanta, busca su iPhone y cuando lo encuentra esta mojado. Todavía funciona, pero le echa la culpa a Jésica. Discuten. Modigliani se refugia debajo de la cama. Ella se ofende y sale de la habitación. Debret la sigue. Entra a una habitación muy grande, llena de camas. Más de 20 camas. Una de las paredes es de vidrio y da a una avenida. Jésica está ahí, lo está esperando con una sierra eléctrica en las manos, y Mario Barakus entra en la escena y le quiere explicar cuál es la mejor manera de untar tostadas. Pasan cosas que no recuerdo, la narración se derrapa, inconsistente, y despierto.

10
fetch
Esta vez, despierto a este lugar. Cuán verdadero será no puedo saberlo. Prefiero evitar la trillada inquietud de los soñadores soñados. Pero es el mismo lugar desde donde escribo este texto: mi vida. Al principio estoy oprimido por el horror del primer sueño. Me digo para mí que tengo que tomar notas para corregir mi relato. Pero cuando trato de pensar en el sueño noto que no tengo idea qué significa. El “todo” del sueño es una mera sensación, y las partes que me quedan a mano son poquísimas, y arcanas. Siento pena, como siempre que extravío una trama, y noto que tampoco escribí un relato ni remotamente vinculado al primer sueño. Ahí caigo en cuenta de que es el segundo sueño el verdaderamente perturbador. Donde mis cosas estaban duplicadas y vivía una versión mía. El solo hecho de que un sueño mío sueñe algo, despierte y logre hacer un relato de lo soñado (tenga conciencia y memoria de su sueño - y encima lo comprenda mejor que yo-) es algo que me espanta (me induce a sospechar un carácter fatalmente relativo en la vigilia, y con esto la gratuidad de cada cosa, la dádiva del azar que es cada segundo).

11
an ode to the dream shaper
Claro que sería ilícito que justo yo me ponga a renegar de los sueños. Debo buena parte de mis relatos a tramas que se principiaron en ese espacio onírico. Tal vez fui mezquino y abusé de ese puente, y traje demasiadas cosas de ese otro lado, y en uno de esos trayectos algo mío se cayó, y quedó allá, y su nostalgia de este lado con el tiempo se hizo sueño, y soñó, para consolarse, con todo lo que había aquí creando espejismos y duplicaciones aproximadas de todo, hasta de mí mismo. No lo sé. No sé nada. Me parecería insensato que no existiese una sanción severa para aquel que hace visible lo que ve en el territorio onírico. Se trata de algo tan poco noble como el comercio con los muertos. Temo incluso que los objetos de la casa sean cosas largamente dormidas, que en cualquier momento pueden despertar. Y recuerdo a las estatuas, y siento su petrificación como un longevo sueño donde traman la venganza. He sido arrastrado hasta la paranoia de las cosas quietas.

12
habría que haber terminado este relato antes
Jésica duerme, inmune a mi sueño. Todo lo que ese sueño movió en mí, todo lo que desesperó ha pasado sin que ella sintiese siquiera el más leve roce de las imágenes que visité. Me pregunto - detenido un instante mientras busco las pantuflas de bugs bunny que Modigliani siempre lleva debajo de la cama - si también ella será el sueño de alguien. ¿Alguien estará soñando con algo bellísimo que duerme para que yo, creyendo que vivo, me detenga a contemplar semejante acontecimiento estético en mi cama? ¿Un cuerpo que sueña, no es un cuerpo deshabitado? Divagues de un diletante insomne. Es hora de tomar café.

13
a veces divagar encalla en el principio de una forma estética (como un cuento), 
y a veces, no
Pero lo que no logro superar del todo es la nostalgia de ese cuento que el otro Debret escribió y que yo ignoraré siempre. Arriesgaría lo que tengo por volver y aunque sea lograr espiar un poco la libreta del otro. Pero tendría que matarlo primero. No sería difícil, porque lo conozco y sé sus maneras y sus vicios. El problema es dónde esconder el cuerpo. Claro que si alguien lo encontrara no sería tan grave. A lo sumo, podrían acusarme de suicidio. Quién sabe qué cadena de eventos desencadenaría eso. ¿Existe un tribunal onírico? ¿El otro Debret habrá soñado alguna vez conmigo?¿Fue simplemente un episodio de mi interioridad, o habita ese otro lado y también planea mi asesinato? Me pongo la bata, voy a la cocina, pongo la pava en el fuego y trato de imaginar las palabras del cuento. Todavía no son las cinco.


fin


12.3.10

soñé


soñé con la premisa de los zombies de Zizek; soñé:
Que los alienígenas habían calculado un plan -minucioso y desmesurado- para conquistar la tierra. Cualquier atisbo de confrontación o combate les resultaba una noción barbara y deleznable: todo sería silencioso. Sus avanzadas tecnologías les permitían vestir la apariencia humana. Así, uno por uno estudiaron las maneras y los detalles de cada persona y cuando ya se habían educado en el último y más leve gesto, lo sustituían por uno de los suyos- que seguía viviendo del mismo modo que el abducido: - nadie podía notar la más mínima diferencia- hasta que desde los generales fuese dada la señal y los alienígenas revelasen su verdadero rostro y tomasen la tierra. Se instalaron bases de estudio y sustitución por todo el mundo, bajo la fachada de supermercados chinos, farmacitys, starbucks, tiendas nike, etc. Cualquier local podía ser un centro de operaciones alienígenas. Por cuestiones de seguridad, todos los centros respondían sólo a la nave madre, e ignoraban la locación de las demás bases terrestres. Así, uno a uno, muy lentamente fueron reemplazando a la raza humana y perpetuando sus mismos exactos procedimientos. Pasó el tiempo, y algo ocurrió con los alienígenas superiores. O fueron emboscados y destruidos por otra civilizacción o simplemente se desinteresaron por la posesión del planeta (cada día les parecía más un territorio fundido) y sigueron su ruta por el espacio. Quedaron en la tierra, ignorantes de que el plan había sido cancelado, millones y millones de alienígenas como células dormidas, cada uno pretendiendo ser humano y sin saber quién otro era un alienígena. Consiguieron trabajos, formaron familias, tuvieron hijos que creen que son humanos. Olvidados por sus pares, que navegan el universo en busca de un motín más deleitable, esperan el momento en que llegue la señal y puedan sacarse la máscara y tomar el poder. Mientras tanto fingen las emociones humanas, asisten a partidos de fútbol que no comprenden, tienen citas, van al cine, pagan impuestos. No saben que el último humano murió hace décadas y están solos en el planeta haciendo la triste pantomima de la vida, como una absurda parodia inútil sin nadie que la contemple.

17.4.07

morior (un sueño viejo)


*

De lo que había sido antes no quedaba nada. Apenas el reflejo de un cansancio, algunas manchas del tiempo en la ropa. Las suelas hinchadas. Supe, en seguida, que estaba, como siempre, en cualquier punto entre el principio y el final. Ignorar los pasos que me distanciaban de cualquier lugar volvía igualmente inútiles las direcciones posibles. Revisé los bolsillos: encontré que las cosas que traía conmigo no me alcanzaban para sobrevivir el camino (no importaba cuál tomase). Me senté donde estaba. Como había una fragancia a denso azul y a llanto coagulado, entendí que era el lado de adentro de las cosas.



Me quedé labrando un alma: tenía pocas cosas - retazos del que fui, palabras viejas que tendría que combinar de manera distinta, ojos hartos que tenían mucho que desaprender -, pero tal vez algún día llegue a enfrentar los nuevos abismos. O pueda, simplemente, seguir caminando por el borde, como si no los viese.


Era el lado de adentro de las cosas. Recuerdo la línea: la primera luz, la tiniebla visible. La recuerdo ahora: allí las cosas solamente sucedían; y sucedían todas como dentro de un grave acorde piano. La vida me quedaba - todavía - en una orilla lejana. Por las rendijas de la ventana ya me rayarían los ojos los ruidos diurnos. Me diría a mí mismo, cuando relatase el sueño al espejo del baño: otra vez soñé con lo que callo, con metáforas afiladas que no sabré dónde - en qué rincón de la realidad - acomodar sin que me pinchen, me reclamen, y me fuercen a pensarlas sin descanso. Pero por ahora, me sobraba oscuridad para empezar a mirarme un poco.


///

¿Por qué? Preguntarme: ¿por qué recordar ahora esta pesadilla añeja? Y por una vez la respuesta es simple: haber visto hace unos días a la protagonista ausente de ¨Néctar de las cosas furtivas", haber escapado de ella, haber soñado esta noche con su presencia, haber cruzado con ese fantasma umbrales epifánicos que en la vigilia desencuentro, haber ajustado las cuentas que no sé tratar en el lado real de las cosas con ese lento espectro; volver a estas páginas resulta natural: es mi manera de morir despacio

______________



la fotografía, Debret Viana (Anatomía de los pasos solo)

22.3.06

break down (un sueño)

Cuando desperté, ví esto:







De lo que había sido antes no quedaba nada. Apenas el reflejo de un cansancio, algunas manchas del tiempo en la ropa. Las suelas hinchadas. Supe, en seguida, que estaba, como siempre, en cualquier punto entre el principio y el final. Ignorar los pasos que me distanciaban de cualquier lugar volvía igualmente inútiles las direcciones posibles. Revisé los bolsillos: encontré que las cosas que traía conmigo no me alcanzaban para sobrevivir el camino (no importaba cuál tomase). Me senté donde estaba. Como había una fragancia a denso azul y a llanto coagulado, entendí que era el lado de adentro de las cosas.

Me quedé labrando un alma: tenía pocas cosas - retazos del que fui, palabras viejas que tendría que combinar de manera distinta, ojos hartos que tenían mucho que desaprender -, pero tal vez algún día llegue a enfrentar los nuevos abismos. O pueda, simplemente, seguir caminando por el borde, como si no los viese.

Era el lado de adentro de las cosas. Recuerdo la línea: la primera luz, la tiniebla visible. La recuerdo ahora: allí las cosas solamente sucedían; y sucedían todas como dentro de un grave acorde piano. La vida me quedaba - todavía - en una orilla lejana. Por las rendijas de la ventana ya me rayarían los ojos los ruidos diurnos. Me diría a mí mismo, cuando relatase el sueño al espejo del baño: otra vez soñé con lo que callo, con metáforas afiladas que no sabré dónde - en qué rincón de la realidad - acomodar sin que me pinchen, me reclamen, y me fuercen a pensarlas sin descanso. Pero por ahora, me sobraba oscuridad para empezar a mirarme un poco.

Era como un film de Lynch, pero demasiado cerca; y demasiado cierto.

*


Bob Dylan - series of dreams

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él entendería
...

3.2.06

los laberintos cotidianos, los abismos



)-(

Cuando despertó esa mañana notó que alguien había atado los cordones de su zapato izquierdo con los del derecho. Detenido, todavía enredado con las tibias sábanas de su cama, quedó contemplando el terrible impedimento. Como él no usaba zapatos, tuvo que hundirse en su habitación hasta despertar otra vez.

(-)

2.12.05


A veces intento cometer un asesinato en sueños. Pero, ¿saben ustedes qué pasa? Por ejemplo, tengo un fusil. Por ejemplo, apunto contra un enemigo que trata de seguirme la corriente, con mucha educación, y se muestra quietamente interesado. Oh, aprieto el gatillo, sin duda, pero las balas caen blandamente al suelo, una tras otra, desde el tímido cañón. En esos sueños, mi única preocupación es ocultar el fracaso a mi enemigo, que se aburre cada vez más.
Lolita,
Vladimir Nabokov

10.2.05

soñar raro




La desintegración de la vigilia




soñar raro


I
Hace algunas noches tuve un sueño al que fui regresando paulatinamente, entre los rincones del cotidiano. Yo salía de mi casa con mi abuelo, y como siempre la geografía no correspondía demasiado a la vigilia (vivo en el barrio de Flores, pero al cruzar la puerta era ya el sabor de Palermo, la infancia, los colores añejos). Aparentemente, yo debía tomar un colectivo. Antes de llegar a la parada, encuentro, esperando a otro colectivo, a una compañera de facultad. Es una muchacha con la que tejimos una relación harto particular - tal vez todas, a su modo, lo son -, pero desentendida de toda intimidad real (excepto un tropiezo entre las sábanas, una noche violenta, que pertenece más a la ficción que a nosotros). Al principio, hicimos como si no nos vieramos, luego, nos saludamos y conversamos: lo que nos dijimos lo perdí. Después, ella subió a su colectivo, y yo al mío; mi abuelo ya no estaba y su desaparición era natural para la lógica de ese sueño. A una cuadra del recorrido estaba la Plaza Italia, que se veía ahora como un perfecto círculo que daba la idea de estadio romano, o de toreada. Mi colectivo alcanzó al suyo, pero cada uno tomó por un lado de la plaza, y nos fuimos abriendo, primero rodeando la plaza y después por calles paralelas que se perdían. Yo distinguí su figura en la distancia, durante muchas cuadras, levantando su mano en el aire, moviendola dulcemente, saludandome.


II
En este sueño me quedé pensando. Me parecía extraño, pero no llegué a darme a la idea de que cifraba un mensaje de los símbolos. Me interesaba, sobre todo en relación a esa mujer: como enigmática expresión del vínculo que teníamos; la manera en que mi imaginario había traducido una lectura (etrusca, surreal) de nosotros. Pensé en escribirle y contarle el sueño, y de paso invitarla a ver alguna película danesa o turca o lejana. Fui olvidando, poco a poco, ese deseo: postergándolo a cambio de nada.


III
La noche de ayer cambió algunas cosas: otra vez soñé. Yo caminaba por la avenida Alberdi, cuando es angosta y los colectivos se pegotean entre sí en una sinfonía del aturdimiento urbano. Frente a mí, veo a esa misma amiga, caminando. Cuando nos cruzamos, otra vez nos sacamos la vista de encima. Pero en seguida ella se vuelve contra mí y me saluda. Hablamos un poco, y de repente me oigo decir - no sabés qué raro-. Y así le relato, de punta a punta, el sueño que había tenido con ella. Ella se entusiasma con la historia (lo siento en sus facciones, que se tensan y brillan contra el grisáceo paladar del asfalto y las casas gastadas de siglos). Después, dice algo de un lavarropa, y yo recién veo detrás de ella muchas bolsas pesadas, hinchadas de trapos oscuros y rotos. Veo también que a nuestro lado hay una tienda de lavarropas, pero cuando ella va a entrar, se queda en la puerta, mira hacia adentro y luego me mira a mí, y me dice que después, que ahora está lleno. Yo casi no veo gente, pero acepto y le digo de ir a alguna parte. Ella asiente, aunque tiene ojotas naranja espantosas. Siento que el sueño continúa, pero nada más recuerdo.


IV
Sí recuerdo que cuando desperté me costó asimilarlo como sueño. Lo había sentido tan real que me exrtañaba no haberle contado de verdad el sueño anterior a mi amiga. Fue uno de esos sueños en los que, mientras duró, nunca pude decir "esto es un sueño". Fuera de la categoría de sueño lúcido, siempre hay como una vaga conciencia (la percepción tibia de una nebulosa) de estar soñando, si no durante, al menos al despertar, uno exclama: "¡qué sueño el que tuve!". Hoy mismo he soñado una historia de amor entre dos japoneses: ella era camarera y el lavaplatos e iba a la facultad por las noches. Ella se enojaba porque entendía que él crecía mucho más que ella, y que ese desarrollo los distanciaría. Las calles eran el japón, que era como un San Telmo, pero más angosto. Me pareció encantador que yo no formara parte del sueño. Era un sueño como un film (uno de Wong-Kar-Wei, para ser precisos). Estuve muy dentro de esa historia, pero nunca la confundí conmigo, ni la traspapelé con la vigilia.


V
El sueño de mi amiga fue diferente. Nunca dudé que fuera real. Convengamos la siguiente clásula de verosimilitud: uno no suele soñar que cuenta un sueño que ha tenido. Y menos se lo cuenta a la persona con que lo ha tenido: es un desdoblamiento de fantasmas. He relatado a una figura imaginaria en un sueño que con su imagen soñé en otro sueño: y todo esto sin llegar a rozar siquiera el aire alrededor de esa amiga desde donde han nacido estas representaciones multiplicadas en sombra; todo eso ha pasado sin mover las piezas de la vigilia.


VI
O ocaso sí se alteró la vigilia: si yo estoy pensando esto, si esto me afecta como para dejar agitar una lapicera sobre un papel, si esto me toca como para hacerme entrar en mi soledad para remover el callado polvo alrededor, entonces algo debió cambiar. Aunque habría que ver desde donde es que escribo.


VII
Siento ahora que debo contárselo cuanto antes: temo haber encadenando mis posibilidades oníricas. es un temor infantil, pero ese sueño revela lo frágil del presente: la desintegración de la vigilia: si yo puedo soñar que cuento un sueño que soñé, ¿cómo puedo, en algún momento, decir que he despertado?