20.7.11
hasta (never let me go)
7.6.07
cable desde el backsound (prefiguración de relevancia)

Y cuando termino de escribir esto, me voy a ver el final de Alphaville.
19.5.07
Apología del fragmento
Dice Michael Haneke:
“La fragmentación es la única forma de abordar un tema con sinceridad”.
Nuestra propia humanidad nos niega las totalidades: somos finitos, estamos condenados a un solo sitio del presente, y estamos forzados a interrumpir la vigilia con períodos de inconsciencia que llamamos descanso o sueño. El fragmento es el único discurso al que podemos creerle: acomete una historia desde su evanescencia, detiene, unos instantes, algunos rasgos de la resbalosa verdad. Todo lo demás, es ficción (mejor o peor contada).
(Una cosa más sobre Haneke.
Cabe comentar, al margen, que a Debret Viana todavía le enfurecen ciertas tristes confusiones de la estructura cultural (el canon, la doxa, etc). Siente que es menos horrible que un artista no sea percibido, y habite su tiempo aislado en las periferias, que un otario que garabatea un mamarracho sea divinizado por las academias y audencias. Teniendo en cuenta los 71 fragmentos de una cronología del azar, de Haneke, Elephant, de Van Sant, no puede empezar a ser considera más que un trivial ejercicio de una mentalidad pasiva.)
6.4.07
Intervalo, excusa
24.3.07
Nota marginal sobre El Laberinto del Fauno.

El film ofrece un final particular: cada quien, con su acervo cultural, su deseo, su educación, su posición filosófica, etc comprenderá (creará) un final apropiado, pertinente: así están dispuestos los elementos en su meticulosa ambigüedad (fértil panorama, suelo donde crecerá lo que sepamos hacer nacer): cada uno concluirá la historia como pueda, adecuándola a su esencia. En mi caso, disfruto este tipo de circunstancias sorbiendo todos los finales posibles y eligiendo ninguno (es así: juego a tener un abultado manojo de llaves; sé que sólo uno abre la cerradura de la puerta de la Verdad; pero como no creo en la verdad, no tengo ningún interés en abrir esa puerta – no es para mí más que un adorno, un firulete, una emboscada de ingenuos -, y me quedo gozando con las diferentes pendientes, cuencas, valles, picos de montaña y callosidades que cada llave tiene, en su divina y obsoleta unicidad); sin embargo, mi vocación nihilista, mi inmanente pesimismo (para nada negativista, pero infinitamente acusado de apocalíptico... en fin) no me permite comprar el final bello, el pasaje al mundo mejor, la recompensa por las buenas decisiones y el coraje demostrado (ojalá cada heroico muerto inocente alcanzase su premio, su realización en una trama donde la muerte fuese una conclusión, y no una gratuita interrupción). Me gustaría creer en la dicha como algo realizable. No es el caso, no es mi vida.
Es natural que el pasaje a la ficción (es decir: al territorio más real que Lo real) le cueste el cuerpo: no puede estar en dos sitios al mismo tiempo, canjea su vida en la realidad por la vida en la ficción; ergo, muere. Y con su último hálito inventa la historia del pasaje de un mundo al otro (es una forma de transitar el momento traumático de la muerte: transformar su gratuidad en algo que tenga sentido: es, por supuesto, un grito desesperado que solo el loco, el niño o el moribundo pueden dar (esta niña es casi los tres): si la muerte tiene sentido, la vida, y con ella el universo, tiene sentido), y emplea toda la potencia de su imaginario, que, en estos días parcos, sembrados en un suelo donde nada crece, se ha vuelto estéril (incapaz de hallar un espacio donde producir) se torna, asimismo, el primogénito artilugio del escapismo, el esencial engranaje en el mecanismo de la evasión. (Nos morimos. Y nos reímos con aparatosa violencia de tantas cosas que no tienen gracia para que el bullicio nos distraiga de que nos morimos. Nosotros, que no estamos locos, que no somos niños, no tenemos derecho a entrar en la ficción que parimos: apenas si nos queda aprender el gesto, repetir su forma, habitar las muecas de una sustancia que se secó.)
1.5.06
Debret Viana y el cine
"(...)Damián M. Debret Viana is a literature student at the University of Buenos Aires. His appearance evokes portraits of the great classical composers: visible but elusive genius that only comes to life when the music begins. Turtleneck, pants, and painted fingernails accentuate apetit, wiryframe. The wardrobe matches the fingernails, and the fingernails match the hair-black, long, curly yet precise, explosive stuff that frames his face to elegant effect. Narrow, noble features, alert eyes behind glasses; he is an easy man to remember. (...)"
el artículo completo
8.2.06
elogio del amor (como literatura)

Hoy simplemente se me da por recordar una película de Godard, de los setenta. Ni siquiera la película, sino una escena. El hombre ha esperado por ella toda la noche; nosotros lo vemos con la mirada perdida, abrazado al televisor, que emite, a esas deshoras, apenas una tumultuosa estática. Cuando ella llega, ya se prepara para irse. El quiere detenerla (sabe, de alguna manera, que no volverá a verla nunca), los vemos forcejear, gritar, llorar, besarse, romperse. El agota sus últimos gestos, sus palabras para llegar a ella: da manotazos en el aire, arroja cosas, hace frases y exhibe todo el repertorio de su pena. No sabemos nada de lo que se han dicho. Salvo que es inútil. Lo único que se oye es una canción de Tom Waits. No importa: ya sabíamos las palabras. Esa historia ya había acabado. A nosotros nos dieron para ver las migas que quedaban en el mantel, la manera en que las fieras se debatían por ellas. Los últimos rituales del funeral.
13.1.06
La Verité
25.9.05
* Olvidado en occidente, hoy su nombre suele recuperarse por haber escrito el relato del célebre film RASHOMON, de Kurosawa, y por algunas compilaciones de literatura fantástica que no pueden permitirse la omisión de un relato como SENNIN.
3.6.05
4.4.05
17.2.05
old tale
24.3.04
Reconstruction
Voy a ver una película -porque qué se puede hacer sino etc-. Cuando salgo, ya no soy el mismo. Una película danesa me ha trastornado: se ha conmovido mi suelo y durante una semana no sacaré su inflexión de mi carne; incluso mi respiración transita un ritmo diferente.
Acaso he realizado la más drástica utopía tramada. Una pélícula danesa, al menos por un tiempo -sagrada brecha- me ha tornado otro.
Tal vez sea dulce el logo romántico "come share my life". Yo lo considero impreciso. Nuestro deseo requiere movimientos más hondos, más violentos que el de compartir aquello que ya somos. Pienso que la figura de quien ama lleva estampada la frase "come change my life".

