25.3.09

leer de noche (los azares como destino)


Como nada en Buenos Aires funciona - y los colectivos no son la excepción - tres noches consecutivas soy rehén de la espera. Me siento en un rincón de la vereda, y leo "Degas Danza Pintura", de Paul Valery, y encuentro:

"He aquí el verdadero orgullo, antídoto de toda vanidad. Tal como el jugador está obsesionado por las combinaciones del juego, perseguido en las noches por el espectro del tablero o por el paño sobre el que se abaten las cartas, impregnados de imagenes táctiles más vivaces que reales. Así es el artista esencialmente artista. Un hombre que no está en posesión de una presencia de esta intensidad, es un hombre inhabitado: es un terreno baldío."



Peculiar y bello libro este, que no es mío y yo solo debía transportar hasta una rara y deliciosa mujer, y que ha tenido en suerte -mitad porque se rompió el auricular del mp3, mitad porque estaba solo- ser el libro que empecé y terminé en esperas de colectivo.

12.3.09

bis

La historia de mi vida se resume en esto: estar llegando a la parada y que justo se me vaya el colectivo.

Me pasa siempre, y siempre llego con el tiempo exacto para perderlo por el menor tiempo posible. además, como me empecino hasta el ridículo en ser elegante, no le hago señas desesperadas al colectivero y con austeridad lo dejo ir mientras compongo canciones que insultan a todos los medios de transporte porteño en la espera del próximo colectivo - que ya  sé que vendrá repleto.

Yo sé que hay enanos. 
Enanos diminutos, gnomos acaso, que trabajan moviendo cosas de lugar (muy poco, sutilmente, lo suficiente como para que no la encuentre en el primer lugar donde busco). A no confundirse: cuando encontramos algo en el primer lugar donde lo buscamos es precisamente porque los enanos lo permiten: es un artilugio para disimular su existencia (sería obvio que ellos son los responsables si pasara todo el tiempo: la intermitencia es su coartada). 
Pero hay enanos, y yo lo sé. Pero saberlo no los acobarda. Son prolíficos en sus operaciones, y sé que urden una demora justa para mí: la mínima necesaria para que llegue a la parada de colectivo en el momento preciso en que éste parte. Se trata de una política de desánimo: habiendo perdido el colectivo por tan poco, y siendo este suceso harto recurrente, no tengo más remedio que caer en la desesperación metafísica, que pronto ha de arrastrarme hasta el nihilismo absoluto, con intervalos de una profunda angustia existencial. Los pasos lógicos en los que cualquiera incurriría en mi situación. 

Cada vez más exasperado, no logro acostumbrarme a esto. Pero trato de sacar partido del tiempo perdido, y llevo conmigo una libreta donde anoto gente que detesto, para después llamarlos de madrugada y rapearles canciones de Piero.

11.3.09

9.3.09

longest bed death speech



Hay un momento incómodo, cuando el marco que le puse a las cosas resulta obsoleto, y todo me parece desbordado, y creo que mientras yo creía que escribía cuentos y novelas, toda esa escritura no era más que un tristísimo y obscenamente largo discurso lleno de últimas palabras dichas quien sabe entre los fierros de auto en la ruta, o en las intermitencias de la agonía de una cama de hospital donde muero de algo.
*

5.3.09

.


La historia de mi vida se resume en esto: cada vez que tengo que ponerme las medias, solo encuentro una. 
Y yo, con una media, peor que sin ninguna, me veo de pronto incompleto, absurdo, inhabilitado para la vida social, obsoleto; y no me queda más remedio que dedicar todo mi tiempo a dar caza a la media que me falta y revolver cada cosa de mi casa - los restos objetales de mi pasado - con el ansia de que tal vez debajo o detrás de algo se encuentre la media ausente pero en lugar de eso encontrar otras cosas, que creía olvidadas o perdidas, que se enredan en mí y me demoran. 

Y todo esto en lugar de sacarme la media que tengo puesta y seguir hacia adelante (que sería tanto más lógico y más sano).

24.2.09

una observación sobre la posmodernidad

sutil elegancia del rehén

Un reloj: sitematización de la muerte. Corporización de los pasos de la muerte hasta mí, compás de la agonía, concretización de las huellas del enemigo invisible. 
Evanescencia. Lo que se pierde.

-

Así al principio, claro. Cuando el invento no podía aun esconder su costo, su fase siniestra. Ahora, la era de la digitalización silencia todas las aristas de lo monstruoso (toda figura disimula su puñal) mientras entramos suntuosamente al banquete y nos colocamos, con sutil elegancia, sobre el plato.

6.1.09

navegar impreciso


;


1
Deflación de la palabra dada al viento. Algo que pudo haber movido algo, si se hubiese sabido decir antes. Compleja asimetría de las cosas en el tiempo: futilidad de haber logrado la frase exacta, pero un poco después, cuando ya suena tonta, vacua, rencorosa. Souvenir de una victoria plausible mientras cuento los cuerpos en el silencio del campo de batalla.

2
Todo esto pasa con las palabras, que adolecen de oportunidad, y también pasa con el silencio, que de entre todas las cosas, es una de las más arduas.

3
Y lo más triste: que yo vivo así. En el colectivo, yendo de un lugar superfluo a un lugar inoportuno, me asalta la respuesta que debí dar a mi padre, o el latigillo perfecto para humillar al salame que acaba de bajar y que no había dejado sentar a una vieja que tenía un bastón, pobre señora, o algo que sería bello y que sería justo decirte, pero me lo digo a mí, y después, cuando te veo, ya no tengo la fuerza, ni el tono, ni el modo de articular esas cosas, y te digo palabras comunes sobre los fideos de la cena, algo sobre almorzar con tus padres el domingo, que abrieron un bar en la otra cuadra, que le robaron a mi tía, etc.

4
Me siento triste por esto y me siento triste por todo. Sobre todo por mí. Ya no soy tan joven. Las cosas que quise hacer guardan su gloria de ensoñación taciturna. Convivo con un cotidiano hostil, y para sobrevivir he de ser cada vez más banal. En algún punto, tendría que estallar: gritar, patalear, romper todo, golpear puertas, forjar un camino donde hay pastizal o desierto, asesinar a alguien, enloquecer, o algo (algo que me salve de esto, algo violento y lascivo que delate el desperdicio de seguir así). Pero yo había pensado que ese punto quedaba mucho antes de lo que ya toleré. Crucé líneas que había delimitado solo para los demás. Y temo que mi capacidad de adaptación haya anulado toda la fogosidad subjetiva que alguna vez creí que algo platónico y celeste había sembrado en mí. El delirio de las canciones pop: somos todos especiales.

5
Ya no soy tan joven. Un índice claro de esto: no me es raro soñar con muertos. Gente que quise, y que murió. Vuelven, de noche, a veces con sus ropas de muertos, otras veces - las peores - simulándose vivos, pero simulan mal, y el engaño solo dura un rato. En un muerto, siempre algo desentona.

6
Reunión familiar en casa de mi abuela, en Ramos Mejía. Están todos, y todos están muy contentos. Desconozco la ocasión, pero no parece importarme. La casa es más amplia, más luminosa de lo que es hoy. (hasta diría que tiene dos o tres habitación más que las que tiene en la vigilia). Yo creo por completo en esta alegría, y participo de ella. No se trata propiamente de un festejo, sino de una calma, una simple felicidad de habitar ese momento. Somos muchos. Unos entran, otros salen. Hay mucho movimiento. Apariencia de un domingo a la tarde, después de haber almorzado. Las cosas se mueven más lentas y no hay que estar en ninguna parte; distensión y apacibilidad. Todos están muy contentos de ver a todos los demás. Yo, que estoy bien, acaso feliz, que hablo con uno, y después hablo con otros y todo es ameno y grato, dejo de pronto de creer. Y siento que hay una impostura en la escena. No me enfurezco, para nada. Simplemente entristezco. Quedamos solos mi tío y yo. El todavía tiene rostro acorde a la situación y a los demás, una sonrisa amable. Yo le digo, más o menos:

7
- Esto está todo muy lindo. Y me encantaría que fuese así. Pero en otra parte mi mamá vive angustiada porque no supera la separación, mi padre vive en otro país (a veces chateamos), la abuela apenas puede caminar por el dolor de pierna, el abuelo está senil e irreconocible, yo tengo un trabajo que detesto, tu mujer sale con un tipo casado, tu hija dejó el colegio y vos te moriste hace diez años de una sobredosis en tu cama, un domingo.

8
Su rostro se contrajo, e hizo una mueca muy extraña. Yo no supe entonces - y no sé ahora - qué quería decir. Si se sorprendía por lo que yo decía, y quedaba atónito y espantado, o si estaba disgustado porque lo había descubierto. Lo abracé, y a los pocos segundos, literalmente se esfumó. Se contrajo entre mis brazos, y desapareció. Quedé solo en la habitación. Detrás mío el bullicio feliz de la familia. No tenía miedo: era tristeza. Después, desperté. ¿Qué otra cosa podía hacer? No tenía coraje como para buscar a los demás y contarles lo que había hecho.

9
Uno de esos sueños en los que me hubiese gustado quedarme. Abdicaría de mi vida por poder habitar allá. Y sin embargo, cedí ante el impulso destructivo de la verdad (¿cuando la verdad le hizo bien a alguien?), y tuve que arruinar todo. La mera enunciación de la verdad obliteró la armonía de una serena felicidad. Yo, triste pero cínico, no vacilé en ser su emisario. Lo hago recién ahora, tarde y sobre el papel, con palabras mojadas en el pequeño lago de rencor que guardo en un frasco sobre el escritorio, donde cada tanto cargo el cartucho de mi lapicera. Escribir es siempre haber llegado tarde a alguna parte de la realidad, - y tratar de expiar esa demora o de ajustar cuentas manoteando un poco el diccionario y un poco la memoria. Serán siempre manotazos de ahogado, y cada frase respirará en su silencio un hálito de oscura desesperación. ¿Era realmente necesario hablar?

10
Sueño, en mis horas insomnes, con la administración lúcida del silencio.

**
*

(texto sin corregir, escrito en en bar de maxi)

31.12.08

No me acuerdo quien escribió esto.

El anhelo del hombre ingenuo: "quisiera morir y ver cómo me lloran", lo realiza el escritor constantemente, muere (o no vive) y se llora constantemente.

27.12.08

leyendo, al menos

"

A ti también te interesó el mundo. Fue hace mucho tiempo; te pido que lo recuerdes. Te pido que te remontes a ese preciso momento. Fue hace mucho tiempo, ¿no? Acuérdate: el agua estaba fría.

Ahora estás lejos de la orilla: ¡ah, sí, qué lejos estás de la orilla! Durante mucho tiempo has creído en la existencia de otra orilla; ya no. Sin embargo, sigues nadando, y con cada movimiento estás más cerca de ahogarte. Te asfixias, te arden los pulmones. El agua te parece cada vez ás fría, y sobre todo cada vez amarga. Ya no eres tan joven. Ahora vas a morir. No pasa nada. Estoy ahí. No voy a abandonarte. Sigue leyendo.

"

Michel Houellebecq
ampliación del ampo de batalla

6.10.08

un poco de violencia


La cosa es que te detesto. Que quisiera matarte. Espero que no notifiques a las autoridades respecto de mis promesas. Soy un escritor. No hago las cosas; las digo. Me basta con escribir que quiero matarte para no tener que hacerlo. Así es como si de algún modo, en algún lugar (platónico, etéreo, figurativo) tu asesinato sucediera y me aliviara.

Si me callara… ahí sí tendrías de qué preocuparte.

2.10.08

escribir

*
Lo que he representado va a ocurrir en realidad. No me he redimido por la escritura. He pasado mi vida muriendo y además moriré en realidad. Mi vida fue más grata que la de los demás, por lo que mi muerte será más terrible. Como es natural, el escritor que hay en mí morirá al punto, pues esa figura no tiene suelo, ninguna realidad, ni siquiera está hecha de polvo; sólo es posible, un poco posible en la vida terrestre, por lo que tiene bastante de insensato y no es sino una construcción de la concupiscencia. Así es el escritor. Pero yo mismo no puedo seguir viviendo, puesto que no he vivido, sigo siendo arcilla, y la chispa que no supe trocar en fuego sólo la hice servir para iluminar mi cadáver.
Será un extraño entierro: el escritor, algo que no existe, transmite el viejo cadáver, el cadáver de siempre a la fosa. Soy lo bastante escritor para querer gozar plenamente de eso en el pleno olvido de mí mismo - y no con lucidez, el olvido es la primera condición del escritor - o, lo que equivale a lo mismo, para querer contarlo; pero esto ya no ocurrirá. ¿Y por qué hablar solo de la verdadera muerte? En la vida, es lo mismo.


kafka

12.9.08

time-traveling



I
Le escribo a una mujer (¿algo tan anacrónico estos días?) que durmió conmigo hace mucho. Le pregunto: ¿cuánto tiempo ha de pasar para que dos personas que durmieron juntas se vuelvan extraños (retornen a la extranjeridad, se purifiquen del otro, restituyan la virginidad del otro, etc)?

Pasan los meses, no me responde. Rara reversibilidad de un contacto en el tiempo. No sabré cuál fue la frontera que cruzamos. Ni cuándo, ni qué particular circunstancia nos dejó el uno del otro lado del otro, ni si algo pudo hacerse para diferir los pasos por el túnel del tiempo, el deslinde.

Difuso límite a través del cuál se desata un nudo labrado acaso con delicadeza. Antes de esa línea, no se sabe. Después, no se contesta.


II
Inútiles huellas en la arena de un desierto sereno y lentísimo, o esas playas desoladas del sur, museos naturales de huellas donde trabajan laboriosos y secretos artesanos de la petrificación: allí un contacto queda salvado quizá durante meses, años. Uno camina al borde del mar feroz; alrededor siempre es invierno. Las cosas que habitan en el frío han pactado su fugacidad. Allí, la hostilidad preserva. Ha de volverse quizá años después, y al rondar la costa, será fácil encontrar las mismas huellas que uno dejó, o mágicamente percibir que un trecho se ha caminado sobre esas huellas sin haberse dado cuenta; o al lado de ellas, en compañía del pasado, de uno mismo, casi - desdoblado).

La pasión sintética de lo urbano. La ciudad borra esas marcas en su afán profiláctico y su entusiasmo higiénico. Sucedemos sobre una superficie amnésica
(incluso tu piel ha de olvidarme, y a mis dedos y mi boca)

El frío y la soledad, retienen.
(¿evanescencia de los rastros de la vida en las ciudades; memoria inútil de los desiertos y las altas montañas, teatro de fantasmas aferrados a una narración para nadie?
Tal vez)


III
Y por último la escritura. Resto fósil de un destino melancólico. Huellas herrumbradas en el níveo silencio de la página a modo de tributo nostálgico por las cosas perdidas, de las que ya solo podemos inferir una fragancia añeja y mantener en ellas un amor inexacto.


. . .

4.9.08

Alguien que se cree abandonado está leyendo, y le duele que la página por la que pasa ya casi acabe, que ya ni siquiera ella lo necesite.

walter benjamin

1.9.08

para responder a la pregunta: ¿de qué está hecha la tinta?


about my spiders


Cada vez me parece más esto: que, mientras escribo, la tinta se mueve debajo de mi lapicera como patas de una araña que huye de un peligro fatal, pero huye mal, torpemente: sin todas sus patas, a los tumbos. Me espanto de esto, pero no tiene caso: todavía hago algún intento por huir pero sé que es un gesto vano, para la audiencia - hago gestos bruscos, corro en círculos; corroboro los tics de de la desesperación -; al final, ya sé que el hilo por el cual corre termina en mí, bajo mi mano.


Y lo que pende en el medio, bueno: eso es tiempo (que yo malgasto contando historias para entretenerme de la espera).
*

29.8.08

Contrato


Cuando uno se convierte en escritor, justo cuando le hacen la entrega de la lapicera y un mapa con los universos que casi pudieron haber sido, es forzado a firmar un contrato por el cual se compromete a utilizar la palabra para otra cosa que no sea nombrar incesantemente a la mujer que falta.

El precio a pagar, en caso de que no se cumpliese con el contrato es fatal. El escritor es castigado con la credibilidad: sus lectores le creen demasiado. Se compadecen de él, se identifican, practican la lástima o la empatía. Pronto, el escritor pierde su derecho a la ficción, y todo lo que escriba quedará simplificado en las estanterías de testimonios.
*

28.8.08

apuntes sobre el sueño

Soñar; vislumbrar algo en esa cerradura de la que la vigilia es el laberinto circular.

Prefiguración imposible de un sentido, lejano y jeroglífico; aunque más no sea para distraernos del sinsentido cotidiano, inmediato, monótono.

La vida: detritus del ideal.

25.8.08

//

dial-tone

Con el hilo del tono del teléfono me estrangulo hasta dos pasos antes de la asfixia, para deslindarme por fin de la vigilia, y tolerar la noche en el dormir. Y sueño con serpientes, y con cabinas de teléfono en el desierto, sonando inútilmente para nadie, con un mensaje crucial que ha de perderse, y sueño con el hilo de Ariadna enredado y pegajoso, como una telaraña y sueño con líneas invisibles que recorren las llamadas hechas desde mi teléfono celular, urdiendo, junto con los pájaros, el mapa terrible de algo que sería definitivo para mí si supiese verlo, pero no veo y sueño que tal vez cuando me tropiece la próxima vez sea con una de estas líneas, y sin embargo siga mi vida sin percatarme de que, en la otra punta, tal vez he movido – un poco, tenuemente – a alguien junto a quien pude haber sonreído durante un rato de un atardecer, y que, aunque sintió un tirón en el codo, no le da mayor importancia, asume que habrá sido un transeúnte apurado, y sigue leyendo el diario, o mirando a través de una ventana u otra cosa, o no.

Y si despierto es ya para un día que prescindiría de mí a no ser por la cuenta de teléfono por pagar, y la vana decodificación de símbolos inútiles que provee la noche para dramatizar el día, su insipidez.
(Otra vez la noche, la venganza del día.)

11.8.08

ad noctum



1
Tal vez el alma de las cosas sea eso que me parece que no veo de las cosas.

2
Tal vez tu alma sea la cosa tuya que intuyo y que me elude, que no alcanzo y que no me piensa, que acaso no exista salvo como cosa que me rehuye y que, incesantemente, me falta.

3
Un adentro – que no sé, que no me consta, pero que me retiene, que tanteo en las noches y en los suspiros – de un afuera hermético, inextricable y distante, del que ya casi no sé nada salvo por le accidente de alguna foto de algún cumpleaños que alguien te sacó – probablemente tu padre – y que deambula por la web.
4
( La web: cárcel vertiginosa donde las imágenes deambulan, insustanciales, vacías, desligadas de su historia y su identidad: pura forma errática que encalla en las diversas pupilas de la indiferencia, o ya en la perversa imaginería de la fantasía (con su fascismo, su arbitrariedad). )

5
Por otra parte, una obsesión: la de definir cosas. Por ejemplo: declaración de amor: nombrar algo que me falta.

6 (a short story)

- Hay, a veces, rendijas entre los ladrillos mal ensamblados de una pared. Si miro por una de estas grietas, puede que, alguna vez, te vea. Pero no de otra manera.

7
¿Qué exhala de noche, insomne, un cuerpo triste, hastiado, “culturoso”, con muchos libros a cuesta? Bueno: tinta. Más o menos precisamente.

8
A veces, escribir: el hálito de las cosas que no decimos a tiempo, y para las que ya es tarde porque ya no son decibles, pero su resabio sedimentó en el sótano del alma (esa parte mía que me parece que no veo) y cada tanto emerge como cosa suspirada, llorada, imaginada (vuelta imagen), o dialogada en el soliloquio improvisado de cualquier momento vacío.
Entonces: escribir: ajustar cuentas.
No con los otros: con la población del silencio.

9
Claro que, de ser así, yo, que no sé hablar, estaría esclavizado en la escritura. (Aunque lo cierto es que cada tanto me vuelve la idea de escribir un libro – probablemente poesía – en el que, a uno por uno – uno por poema - les hablaría por primera vez sin reparos, sin pudor, sin pose. Por supuesto, el ansia por el día (o el procedimiento) en que las máscaras caigan es recurrente, ingenuo y poco original: no es desde el lenguaje que pueda vislumbrarse un tributo a la pureza. Sin embargo, todas esas cosas que quedan prendidas de la opaca telaraña del remordimiento…)

10
No deja de ser un poco patético: la pureza del ser al precio de no estar allí: ser capaz de decir las cosas que aplacamos en la conciencia pero con el ardid de habernos sustituido por el lenguaje, para no tener que estar allí mientras eso (el develamiento) ocurre. Al fin y al cabo, como siempre: fugas.

11
Pensar cosas así; o también, podría hablar de la mujer que duerme en mi cama, de su rara belleza, su respiración lenta, su serenidad de cosa pacificada por el sueño, lejana en su interioridad de camafeo cerrado, y cercana en su tibia desnudez, yacente y rendida, como una dádiva de eternidad que una hoguera fulminó, hasta dejar esto: una ceniza en la danza lenta del viento; o de las sábanas, cuando un cuerpo dormido, en madrugada, se reposiciona en el sueño.

Pero no.
Eso sería
real;
y yo no tengo con qué escribir sobre la realidad. Le daré
un beso cuando despierte, y si no despierta antes de que yo me acueste, besaré su cuerpo dormido; y estará bien así: sin intercesores,sin testigos, sin envidencia: casi como si no pasara.

***

25.6.08

una elipsis

néctar de las cosas furtivas II;

un boceto



Le parece que, todavía hacía unos años, le podía haber reprochado que se estaba haciendo tarde. No tenía el caracter como para ir a buscarla, pero tal vez un llamado telefónico, un correo electrónico que simplemente dijera algo como:


Suman años los ademanes de tu silencio y tu indiferencia. Acaso una vez las cosas pudieron haber sido distintas, pero no lo fueron. Casi resulta natural que sea yo quien escribe estas cosas: siempre atento a exigirle al lenguaje que reponga las cosas que no pasaron. No lo sé: tal vez el lenguaje en sí no sea más que un tributo a la nostalgia. Siempre trayendo aquí cosas que no están aquí: corporizando fantasmas con el vaho de las palabras.


Yo puedo concebir, sin esforzarme en lo más mínimo, al lenguaje como un mecanismo de la tristeza.


De ahí que escribirte y no escribirte (escribirte a vos aquí donde no puede llegarte; aquí donde otros recogerán lo que digo sin vislumbrar el sentido que esmeradamente escondo o pierdo porque el rompecabezas no está completo - y las tres piezas que cerrarían más o menos la trama se confunden con un juguete roto o la lluvia ahí afuera sobre la madera del remoto sótano de tu memoria) sea algo ritual, como las palabras dichas a medias frente a una lápida añeja. Y ahí parado, cuando de repente la soledad se duplica, sentir que lo que se clausura es sólo la parte objetal de las cosas, y que todo lo demás sigue rumiando en el viento (cuando hay viento, en la lluvia cuando llueve, en el zapping por las noches, en las fotos viejas, ) como un murmullo de cosa pesada que se arrastra en los estribillos de las canciones tristes.

Verte o no verte... son apenas modalidades discursivas.

Ensayando frente al espejo formas de despedirme se me pasó la hora. Ahora, que es tarde para esas ceremonias, sólo puedo darte epílogos


Sos esto: una longeva elipsis en mi vida a la que solo puedo aludir con palabras. Tu manera de corresponderme - la distancia, las evasivas, la desaparición, la ambiguedad, la ilusión como vano salario de la espera - no me deja más que guardar por vos un raro rencor, como ante alguien que nos cierra la puerta frente a la cara justo antes de que hayamos podido explicarnos.

¿Sabrás alguna vez lo agitado, lo convulso de ese silencio lleno de cosas el camino de regreso desde tu puerta a mi vida sin vos? No sé. No importa. Vos tendrás tus tristezas tan otras de las mías. El amor es la cosa más solitaria.

...


Pero no. Nada. Sólo la ausencia definitiva. Y la memoria.
Así sólo pudo haber sido hace unos años. Ahora ya es tarde incluso para eso.


Ahora sólo pueden escribirse ficciones.


*

20.6.08

escribir

Pero, ¿qué hay de este propio hecho: ser poeta? Ese acto de escribir es un don, un don silencioso y misterioso. Pero ¿y su precio? De noche, la respuesta estalla siempre a mi vista con una claridad deslumbrante: es el salario recibido de las fuerzas diabólicas a las que se ha servido. Ese abandono a las fuerzas oscuras, ese desencadenamiento de las fuerzas mantenidas habitualmente al margen, esos abrazos impuros y todo lo que todavía ocurre en las profundidades, ¿qué se sabe además de ellos arriba, cuando se escriben las historias, a plena luz, a pleno sol?... ¿Queda alguna huella suya en la superficie? Tal vez haya además otro modo de escribir. Por mi parte, solo conozco este, en esas noches en que la angustia me atormenta al borde del sueño.

Kafka,
en el Diario

17.6.08

micro-relato

los muertos

Ya son muchas las veces que dije que no jugaba más. Pero es inútil; mis declamaciones son pasos de comedia. No me toman en serio: alegan que todo lo que digo son ardides para perpetuar mi lugar en el juego. Tengo que quedarme así, mirando para atrás, velando cada cosa. Agoto el privilegio de ser real vigilando el sigiloso advenimiento de lo que pendula en el silencio. Si me doy vuelta, se mueven, avanzan sinuosamente desde los rincones de sombra, progresan a través del territorio indómito que se abre detrás de mi espalda.
Apenas son discernibles los pasos de los movimientos. Diminutas monedas de rara seda: inaudibles; sé de ellas que cambian el aire del ambiente con su aliento rumiante: así siento su cercanía; me quedo quieto, expectante, pero nunca confirmo nada: mi inmovilidad los disuade. Pero el tiempo cede y mi atención me deja cansado. Es inevitable que, eventualmente, alguno toque mi espalda y yo pase al otro lado del juego.
*

El silencio es el regreso de algo.
Algo regresa en el silencio.
Algo, que en algún punto habrá de cruzarse con vos, avanza cuando hay silencio,
cuando le das la espalda.

16.6.08

madrugada, biblioteca; vagabundeo

" (...)
- Entonces vine a liberarla.
Si me decía que sí, ¿qué haría con ella? Si aceptaba todo, ¿adónde la llevaría? Fui afortunado: fracasé.
- El mundo de ahí fuera también es una cárcel. Al menos acá dentro no llueve ni hace frío.
Miré los muñecos y los mecanismos que nos rodeaban: todo estaba roto, nada funcionaba, y esa misma falla se adueñaba de nosotros, que de pronto no sabíamos ni qué decir ni cómo movernos.
"

De Santis, en El calígrafo de Voltaire

11.6.08

late afternoon dream view

*
que anidaba detrás de mis párpados

ni despierto ni dormido, en mitad de esa abrupta transición que encalla en la vigilia, robé del olvido una imagen que anidaba detrás de mis párpados; acaso un despojo del reverso de la vigilia: ese lugar donde habré de regresar después de la vana demora de los sucesivos procedimientos de estar vivo - entre ellos, salir de mi vida en el sueño, atisbar entre imagenes rotas un no se qué que se pierde con la alarma del reloj por las mañanas.

6.6.08

Hiroshima, mon amour, amen


*

Abro mi alma – mi interioridad, mi vacuidad – con estas palabras como una ciudad devastada por el desastre organiza un tour para que los turistas puedan recorrer el espectáculo de las ruinas, la frescura del sufrimiento.
________

( La literatura, memoria turística del desmoronamiento, instantáneo museo de Pompeya después del Vesubio pulcro del aburrimiento burgués, espectáculo del horror donde cada página es un sudario que abulta letras como piedras contadas en un reality show que enumera las fracciones de la realidad después del sismo, disneylandia patética de las tripas afuera, oscuro hilo de tinta hilvanado en el ocaso con el humo de la hoguera de las fosas comunes, ceniza oracular en hileras prolijas, apretadas por tapas de un libro que al cerrarse tiene de funeral sólo el sonido final del ataúd, simulacros vanidosos de un big crunch espiritual, que no pasa de indigestión, lluvia sobre el polvo de piedras de lápidas quebradas que mañana serán viento o río, y la misma lluvia. )

// * //


Oh literatura: concede la dádiva del sentido – una dirección, una música - a cambio de montar el show de mi lento derrumbe.
_____


4.6.08

ganz endere

sube un reptil
por mi pierna. cuando lo busco
se ha mimetizado: tiene
los colores de mi pierna, lo
confundo - con los días - con
mi pierna;
anida
en mí. Pronto
- no sabré cuando -
me reemplazará.
(así le pasó a mi madre; casi
no notamos la diferencia).

2.6.08

d´automne

*

Sobre los párpados el ronroneo del tibio sol otoñal, un día claro.

*

Levanto un pétalo roto del piso, que cayó de las flores que vende un peruano en la esquina. Lo pongo sobre esta hoja (antes, en la palma de mi mano – tan pálida que el fulgor del rojo del pétalo se recorta mejor – donde la miro y la miro, y pruebo su textura con mis dedos, y siento sus rugosidades, sus pliegues, y descubro sus matices y sueño con dormir arropado con sábanas de esa levedad y ese matiz, para que el simple roce me haga suspirar el influjo cansino de mis cosas soñadas – allí, en el reverso de la monotonía de la vigilia – como se exhalan las lentas cosas que resigna un cuerpo hastiado de tiempo.

*

Días más tarde, errando por el cuaderno, encuentro este texto. Cuando doy vuelta la página, está el pétalo. Completamente negro. La oscuridad de la tinta de mi lapicera. Si me alejo, tiene la forma de un hongo. Un hongo nuclear. Tal vez sea un pétalo de la rosa de Hiroshima. Si me acerco, le descubro venas. Son más negras que la tiniebla dispersa por la piel del pétalo derruido. Habrá navegado esos surcos el cáncer del tiempo.

*

( La tinta en la página es el tiempo que me libro de mí. )


*

31.5.08

noche (before setting, before 3)

y bastó abrir una página cualquiera de ese libro del múltiple poeta portugués. era un ritual nocturno, que lindaba con la religión y con la persistencia malsana de la vigilia. allí, leer:

todos estamos solos. nadie lo sabe. calla y finge.


y después, entonces sí desertar de la noche, arroparme en la cama, despojarme de mis apariencias. dormir sin culpa: otra cumbre ya no se daría.


*