26.10.07
stuck on a rainy soul cloudy afternoon
21.10.07
17.10.07
una sentencia y un haiku al mismo tiempo en un combo de oferta limitada, llame ya
10.10.07
6.10.07
input / output

el tiempo perdido
las horas
a la orilla del río de la plata, extraviado
en reminiscencias fútiles las horas
algunas menos
en las costas de Arpoador, donde atardecía
la luz sobre el mar verdoso que acompasaba mi cansancio de mí
las calles
innumerables
que caminé cuando iba
de un lugar a otro
las esperas en las paradas de colectivo
las colas en los cines, los organismos públicos, los teatros,
los ascensores, las escaleras
los cigarrillos,
Carolina Agostina Michelle Lupe
Marina
Alejandra los aviones, doblar camisas, Celeste
Maga, los baños de inmersión, peinarme
el dinero
todo el dinero, todo su circuito
de sublimes banalidades
y los perfumes, los cuadros que colgué en mi habitación
para descansar la vista, las películas (arrojaba mi alma lejos y era serena la placidez de ser otro, de ser nada)
los ensayos de mis obritas de teatro
los garabatos sobre cualquier piano
Andrea Soledad
las siestas el frío
Marina
Marina
Marina
la soledad
hacer valijas,
las mudanzas, la biblioteca
las pilas de discos
afeitarme, sahumerios, esperar
en la sala de espera del dentista, en la facultad por los apuntes, en un bar por una mujer, en el rincón del sofá por mí mismo,
las veces que maldije al viento
por despeinarme
las salas de hospitales, su hedor a muerte
que se me pegaba en el paladar,
las hamacas de la infancia, la bicicleta que mi abuelo sostenía de atrás para que no me cayese,
las gambetas, los memorables caños,
los orgasmos, los jadeos, la transpiración
el sexo
el sexo con su pirotecnia narcisista
el sexo como un truco que se sabía incapaz de magias
el sexo que siempre me arrojó a la frontera más cavernosa de la muerte
el sexo que era no la respuesta, sino apenas la pregunta de mi carnalidad desesperada en la fugacidad de sí misma
mis dos o tres verdades,
el coqueteo, la histeria, los roces
de la piel, a veces en un colectivo a veces
en cualquier ajetreo o embotamiento, o
con la chica de la butaca de al lado,
el ansia, la fiebre,
en fin
la soledad
¿acaso hubo otra cosa?
la agonía de la noche en puerto madero,
los momentos para los que dije “esta sería una buena foto” las lluvias que arruinaron zapatos, los zapatos
la sociabilidad, las noches insomnes
la praxis psicótica, obsesiva de la escritura,
la literatura como vicio, como búsqueda (la búsqueda de una fuga), los centenares de cuadernos que llené con impresiones de personas que fui, escritas con el miedo cargado en la garganta, el miedo de la extinción, de la liviandad, de la falta de significado de todas las cosas,
las pastillas contra la irrelevancia que no sirvieron para nada, salvo para distraerme,
cada día de trabajo
la tv
Jimena
los teléfonos
los museos, las horas frente al teclado
las horas frente al espejo
las horas frente a Gabriela
el baúl metafísico donde empaqué mis deseos
los calendarios
el síndrome de Estocolmo que desarrollé para con mi teléfono móvil
las pocas inútiles horas de gimnasia
las veces que dije “Es interesante”
las veces que dije “Me gustás”
las veces que dije “Lo que pasa es que somos muy diferentes, vos y yo hablamos otro idioma, no tenemos nada que ver”
las veces que no dije “te necesito”
los cajones
y todo
todo todo todo lo que olvidé en ellos
cada episodio de la memoria
que se comporta parecido al mecanismo de los cajones
la pregunta “¿qué hago acá?”
la pregunta “¿y qué hago ahora?”
la pregunta “¿Y vos por qué estudias letras?”
la pregunta “¿Adonde voy?”
la pregunta “¿Por qué no llama?"
las góndolas de los supermercados
la ética
las veces que salí de mi habitación
el tiempo que pasé dentro de mi habitación
mi vida que ocurría en el momento en que yo me detenía para capturar algo con la cámara
las melancolías nocturnas cuando con amigos nos embriagábamos de tristeza y rasgábamos la noche con palabras que solo decían que no entendemos nada de nada de nada de nada
y todos los espíritus de la escalera que visitaron mis demoras
y sobre todo
todo lo que no llegué a decir
lo que viví en vano
en la vida íntima del silencio
lo que le conversé a los fantasmas, lo que grité en insomnios, lo que no tuve coraje de ser
y soñé, como un mendigo
y todo lo demás, mal suspenso
de la muerte
///
3.10.07
akédestos
un hombre que concierta ficciones
paga con el naufragio
de todas sus realidades.

Hoy, que ya he llenado demasiadas páginas (ansiando la dicha de algún día ser sustituido por ellas), y sacrificado todo, no tengo más remedio que seguir imaginando – seguir escribiendo ficciones – para tener qué subir al altar, para tener algo que desangrar. Es el vicio de la escritura el que, en su absoluta inutilidad, habrá de nombrarme. Desisto, como quien se quita unos zapatos demasiado apretados, de mi lado de afuera. Las tantas palabras desparramadas no son otra cosa que la desprolija procesión funeraria entre dos vigilias. Mi funeral es algo que ya pasó: llegué tarde, arrojé crisantemos oscuros sobre mi pecho inmóvil con el gesto de quien deja una maleta; subí la colina de la Nada como quien ha roto los bolsillos justo en el momento en que el poniente nacía; como quien, sentado en el invierno en una parada de colectivo recuerda la textura de un pullover de la infancia, yo, con cuatro palabras, empecé a labrarme un alma: me queda grande y me queda chica, y todavía entra algo de frío por las rendijas que dejan mis sueños al parpadear, pero algunas cosas - tal vez en su centelleo tímido de mariposa herida que cruza un abismo - sonaron lindas.
///
picture: William Blake;
elisha in the chamber on the wall
1.10.07
si Laiseca puede...
28.9.07
apología a la Literatura como inutilidad redentora

La trascendencia estética
Fernando Pessoa
Libro del desasosiego; fragmento 247[1]
(...) los que no persiguen vivir
no son esclavos de la muerte.
Lao-Tsé
Tao-Te-King; L[2]
0
Introducción
Este artículo no rinde culto a las inquisiciones de la verdad que atesoran los museos; no ansía contentar a los vetustos tribunales dogmáticos que detentan el ejercicio de una cansada verosimilitud: apenas pretende esbozar una bella teoría que ampare al eterno cadáver de Hamlet.
Hamlet (...) vacila bajo el peso de una carga irresistible para un hombre de su condiciones. El es un soñador y se ve precisado a obrar. Tiene un temperamento de poeta, y se le exige que luche contra la relación habitual de causa a efecto, contra la vida en su aspecto práctico, del cual él nada sabe, en vez de luchar contra la esencia ideal de la vida, de la que sabe tanto (un saber que no es un acervo, sino una predisposición para el juego). No sabe lo que debe hacer, y su locura consiste en simular la locura. Bruto utilizó su demencia como un manto que había de ocultar la espada de su intención, el puñal de su sabiduría; pero la locura de Hamlet es tan solo un disfraz, debajo del cual se oculta su debilidad haciendo muecas y chistes, un pretexto para retrasar la acción, con la que juega como el artista con una teoría aun difusa.[6]
(...) antes o después de morir, se supo frente a Dios, y le dijo: “Yo, que tantos hombres he sido en vano, quiero ser uno y yo”. La voz de Dios le contestó desde un torbellino: “Yo tampoco soy; yo soné el mundo como tú soñaste tu obra, mi Shakespeare, y entre las formas de mi sueño estabas tu, que como yo eres muchos y nadie.”[10]
La vida de Shakespeare ha sido misteriosa, y se presta a inagotables especulaciones. Tal vez uno de sus mayores misterios ha sido su renuncia al teatro – y a la poesía -. Del lado real de la cosas, la acción no suele encontrar mejor disculpa que el rédito económico. Shakespeare vende su teatro, se retira a su pueblo natal, se vuelve un prestamista, un empresario ocioso:
Shakespeare realizó su regular fortuna y retornó a su aldea, donde acabó su vida como un tendero retirado, sin acordarse jamás de lo que había escrito: y acaso este olvido absoluto del portento que había creado sea un fenómeno más extraordinario que el de la misma creación.[11]
Borges especula que seguía el imperativo de ser alguien. Harto de ser reyes que morían, enamorados que se desencontraban, traidores y traicionados, cerró sus libros y abandonó su magia (tal vez, con el mismo gesto que Próspero) y se forjó una apariencia humana: a la hora de ser alguien, fue un empresario baladí (si esta vez asumió también la figura de un personaje, no sabemos decir). Renunció a los poderes de la literatura para poder ser un hombre. Así como Hamlet debe renunciar a su carácter de soñador, y mancharse con la sangre de lo real, Shakespeare abandona la poesía y las tablas, y se somete a la apariencia de la vulgaridad. Es como el ángel de Handke, ansioso por privarse de su fría eternidad solamente para probar el café, fumar un cigarrillo y frotarse las manos cuando aprieta el frío.
Hamlet demora la decisión de su acción con juegos de palabras, muecas y otros ampulosos procedimientos provenientes de su pretendida locura. Va cediendo, ante las evidencias que consigue, a la necesidad de actuar. Entiende, como Oscar Wilde, que “la sociedad perdona casi siempre al criminal; pero jamás al soñador”.
No me resulta gratuito recordar que el nombre del hijo de Shakespeare era Hamlet, que muere en la infancia. Entregados a los goces de la aventura especulatoria, es pensable que Hamlet (la obra) es una forma grandiosa de despedida, un pasaje triunfante del sueño de la vida al sueño eterno por el puente de la tragedia heroica.
No, entonces, la eternidad: sino la trascendencia. Y para conseguirla Hamlet debe violentar las reglas de lo real: “”(...) un drama no es realmente verdadero sino cuando es más grande y más bello que la realidad”[16]
Toda celebridad vive, en verdad, sólo en la medida en que puede ser leída o en que se lee acerca de ella. El hombre de acción no vive más allá de su acción; es el historiador quien lo hace vivir. Toda celebridad es en verdad literaria, porque la literatura es la verdadera memoria de la humanidad.[17]
Sobradas evidencias ha ostentado Shakespeare de acordar con esta teoría; en sus Sonnets son numerosas las ejemplificaciones que constatan la “salvación por la literatura”: bástenos recuperar apenas uno (el soneto 81):
Or you survive when I in earth am rotten
From hence your memory death cannot take,
Although in me each part will be forgotten.
Your name from hence immortal life shall have,
Though I, once gone, to all the world must die;
The earth can yield me but a common grave,
When you entombed in men´s eyes shall lie.
Your monument shall be my gentle verse,
Which eyes not yet created shall o´erread,
And tongues to be your being shall rehearse,
When all the breathers of this world are dead.
You still shall live – such virtue hath my pen –
Where breath most breathes, even in the mouths of men.[18]
Tales son los poderes de la literatura: provee a la trivialidad de la carne una aproximación a la inmortalidad, demora el olvido a expensas de volverse un relato; aplaca la muerte con la melodía de la frase. Fernando Pessoa dice sobre Eróstrato: “Sufre como Cristo, que muere como hombre para probarse como verbo”
[19]. Tengo para mí que este dictamen compete también a Hamlet.
Mediante la escritura un hombre se protege de la acción, que es cara y compleja – llena de responsabilidades y finitud – y del sueño, que es etéreo y triste – lleno de levedad y culpa -.
El que ha sido elegido ha venido a este mundo para no hacer nada. La acción es limitada y relativa. Y también incondicionada y absoluta es la visión del que descansa y observa, del que recorre un camino solo mientras sueña.
¿Qué es lo que lleva a Hamlet a renunciar a su mundo de posibilidades a cambio de arder en la ejecución de una trama?
f i n
[1] Pessoa, Fernando: Libro del desasosiego; Emecé, Buenos Aires, 2001.
[2] Lao-Tsé: Tao-Te-King; Quadratta editores, Buenos Aires, 2003.
[3] Pessoa, Fernando: Ficciones del interludio 1; José Aguilar Editora, Río de Janeiro, 1975.
[4] Wilde, Oscar: De Profundis; Edicomunicación, Barcelona, 1999 (p.101).
[5] Borges, Jorge Luis: “Tres Versiones de Judas”, en Ficciones; Emecé, Buenos Aires, 1956.
[6] Wilde, Oscar: De profundis; Edicmunicaciones S.A., Barcelona, 1999 (p.120).
[7] Pessoa, Fernando: Libro del desasosiego; Emecé, Buenos Aires, 2001 (p.214).
[8] “(...) lo universal, que está potencialmente en lo particular, le fue revelado, no como abstraído de la observación de una pluralidad de casos sino como la sustancia capaz de infinitas modificaciones, de las que su existencia personal era sólo una.”
[9] Borges, Jorge Luis: El Hacedor; Emecé, Buenos Aires, 1960.
[10] Borges, Jorge Luis: El Hacedor; Emecé, Buenos Aires, 1960.
[11] Groussac, Paul: Crítica Literaria; Hyspamérica ediciones, Buenos Aires, 1985 (p.195).
[12] “Ponte sobre las cosas / antes de que ingresen a la existencia”; Tao Te King, LXIV.
[13] Cano, Luis: Hamlet, de William Shakesperare;
[14] Blanchot, Maurice: El espacio literario; Editora Nacional, Madrid, 2002 (p.96). (sobre Kirilov)
[15] Wilde, Oscar: La decadencia de la mentira; Lunfati ediciones; Madrid, 1983 (p.124).
[16] Maeternlinck, Maurice: “A propósito del Rey Lear”, en La inteligencia de las flores, Hyspamérica Ediciones, Buenos Aires, 1985 (p.112).
[17] Pessoa, Fernando: Eróstrato y la búsqueda de la inmortalidad; Emecé, Buenos Aires, 2001 (p.96).
[18] Shakespeare, William: Sonnets; Encyclopedia Britannica inc., Chicago, 1952 (p. 198).
[19] Wilde, Oscar: De profundis; Edicmunicaciones S.A., Barcelona, 1999 (p.135).
[20] Kafka, Franz: Diario; Editorial Lumen, Barcelona, 1975 (p.207).
[21] Kafka, Franz: Diario; Editorial Lumen, Barcelona, 1975 (p.311).
[22] Cristo tuvo tres años de meditación en el desierto, donde urdió sus trama. En el caso de Hamlet, el imperativo es inmediato, no hay tiempo para preparar la escena y, además, Hamlet era, entre todos, el hombre menos preparado para la acción. De ahí que la comete teatralmente.
[23] “El reino no se alcanza / si no es por la no–acción”; Tao Te King, LVII. ob cit
[24] ob cit; Tao
[25] De Profundis (p.137)
[26] De Profundis (p.133)
[27] De Profundis (p.136)
[28] Wilde, Oscar: “El crítico artista”, en Intenciones; Kuymess editora, Barcelona, 1965 (p.84).
24.9.07
nada revela un género como su parodia
22.9.07
sentencias
15.9.07
lateness
A partir de ahí, las cosas se volvieron inenarrables. Todo eso es, también, del otro.
Eso es el otro.
13.9.07
la estadística / 1. ¿cual es, entonces, el mal del siglo?
7.9.07
apuntes para una fábula sobre el tiempo
2.9.07
el amor
La ininterrumpida soledad es la vidriera parca desde la que también me veo ahora levantarme de este texto, e ir a la cocina a preparar un café, en mitad de la madrugada de un sábado.
( Duerme una mujer desnuda en mi cama sin mí; la siento soñar detrás mío. A veces levanto la vista de estas palabras, la veo. Su presencia es un silencio (un silencio antiguo y ondulado). Su cuerpo me retiene con esa implacable inocencia de cosa rendida. Sé que es el universo seduciendome a través de ella. Tiene de bello lo que tiene de lejana. Vuelvo al texto, pienso: ¿qué soñará? Es un ánfora hermética temblando en el vaivén de mi noche insomne. El aire de la habitación cobra la densidad de su impenetrabilidad. Cifra, en su respiración de marea serena, un no sé qué que sería vital para mí. Se lo llevará cuando despierte (si estuviese despierta ahora haríamos cosas pedestres: en ella no se implicarían las furias sensuales que naufragan en las literaturas, yo no podría ser un poeta). Rara fruta en la vastedad de un desierto lentísimo donde cada variación compone su monotonía. Tal vez ella, con su sueño, me dicta estas palabras con meticulosa potencia oracular, no lo sé. Ella no sabe que visito en ella lo que perderé. O lo sabe, y por eso perpetra la melancólica venganza de inscribir en mi memoria el instante sagrado de sus rasgos ofreciendo los inextricables signos oníricos de los que penderé semanas. Y yo, quizá también lo sé, y anticipadamente escribo estas cosas, para perderla antes de que pese. Ella. Inmóvil funámbula. Nívea párvula. Ella dádiva del azar. Débil transparencia de sí misma. Ella. Sótano de mí mismo donde se espejan las grietas donde derramo la sangre de la tinta de mis lapiceras. Seña de la muerte. Murmullo de felino en la siesta. Ella. Ella ensaya que muere sobre mi cama para que su ausencia no sea mortal, mañana; hasta esa delicadeza tiene. Ella tiene el silencio de las melodías que sueño cuando no hay ningún piano cerca - esta es mi manera de decir adios -. El universo se posterga en el cuerpo dormido de esa mujer; pero no me absuelve de mí )