27.6.05


HAPPY together
Mientras haya cárceles
no importa mucho quién esté dentro
y quién esté fuera
G.B.Shaw


I

No es que sea frío. Simplemente, no sé participar de la euforia. A veces me siento violentado por una emoción, pero a lo sumo termina en sonrisa, pestañeo, mueca leve. No grito goles, no salto en recitales, no bailo. Si me escandalizo, lo verbalizo racionalmente. No lloro, salvo por filmes, no he peleado jamás con otro hombre. No comprendo, cuando me insultan, más que un residuo del lenguaje, vaciado de significación, un reflejo sin reflexión. Lejos de enfurecerme, siento pena: recurrir a un muerto sistema de signos para agraviar debe ser una empresa triste. De no ser por la literatura, yo jamás saldría de mí. Siempre estoy en mis cabales. Todo un caballero. No grito. Ni cuando me enojo grito. He desarrollado una verborragia minuciosamente hostil, que es mucho más precisa que el escándalo.

II

Esto no significa que no sienta. Sino que nunca me salgo de la elegancia. Mi sensibilidad es honda - a veces la tengo que mecer con fármacos -, pero no me resquebraja la máscara.
III

Engaño metodicamente a la mujer que amo. Nunca me fue arduo lograr mujeres. No es que la monogamia me canse, no es que me aburra la mujer que amo. No. Sino que me acuesto con otras. Que pase semana sin que lo haga es una rareza. A veces me siento culpable, pero sé lidiarlo. Sé que mi placer no puede sanamente limitarse a las fronteras de un solo cuerpo. Trabajo para que eso no ocurra. Por supuesto, la mujer que amo no sabe nada de esto. Vengo haciéndolo hace años. Y no tengo intenciones de detenerme. Además, es una maquinaria: si yo quisiera parar, no podría. Soy cuidadoso, pero no mucho. No me fijo en detalles. Pero me comporto como si no hiciera nada malo. Es cierto que si alguien me mirara detenidamente, si me escrutran los bolsillos, la agenda, si me pusieran atención, se darían cuenta al instante. Pero nadie se da cuenta, y yo tengo que seguir. Pensé en algún punto que el amor que sentía por la mujer que amo me ayudaría a parar. No fue así. Entendí que son dos cosas diferentes.

IV

Temo perder a la mujer que amo. Sé que si se enterara, la perdería. Sé que si no se ha enterado todavía es por una fabulosa cantidad de casualidades. O porque no quiso. Y por esta sospecha - leve e insustancial - yo odio un poco a la mujer que amo. Su perversión. Pero no me detengo. Es un juego del que no sé salirme. Ni siquiera me gusta tanto. Pero amo mucho más a la mujer que amo cuando llego a ella después del cuerpo de cualquier otra.

V

A mis amantes nunca les miento. Me agrada el vínculo puro que he formado con ellas. Ni siquiera con mi psicoanalista soy tan sincero. Ni siquiera conmigo, en mi escritura.
En cambio, a la mujer que amo estoy forzado a mentirle. Es la única manera de mantener aquello que nos une. No porque el lazo sea falso, sino porque es frágil: como todo lo bello. Y, como todo lo bello, no resistiría tanta vigilia. A ella tengo que mentirle. Y mentir es un trabajo. Un trabajo arduo, cansador. Me agota. Lo hago porque la amo. Si no la amara, le diría toda la verdad. No me importaría. Y yo sé que de la verdad no vuelve sino un monstruo.
Creo que esto define bastante bien lo que entiendo por amor.

VI
Nuestra vida es feliz. Llevamos tantos años recorriendo la rutina del otro. He visto, sin desencanto, como el tiempo hundía grietas en su cuerpo. Pueden pasar días en que no necesite recuperar sus rasgos en mi memoria, pero bien sé que si yo sintiera su ausencia, ya no sabría nada de cómo vivir. Perdería las cosas simples: me ahogaría intentando atarme los cordones, no lograría dar con la cama para mi descanso, cada botón de mis camisas sería una emboscada que se alza en contra mío. Cuando me contacto imaginariamente con la textura de esos abismos, entro en la certeza de que nuestra vida es feliz.
VII
Sí. Nuestra vida es feliz.
VIII
Nuestra vida es feliz porque es teatro. Pero el teatro cuesta. Lo que he gastado para sostener los muros de la ficción es incontable. La tarea es titánica, y muchas veces siento que la verdad entrará perforandolo todo, deshojando cada una de mis ficciones. A veces me siento solo en esa responsabilidad, batallando ejércitos secretos que penetran nuestras vidas desde la cerradura o los pliegues de las ventanas. Pero, últimamente, descubro que ella colabora. Silenciosamente. Nuestra felicidad no puede tener mucho que ver con el estado real de las cosas. Es como un engaño armonioso, un cuento para niños. Dejamos la verdad suspensa para los días de lluvia.
Cuando yo no estoy, simplemente gasta dinero. Mucho. Llena la casa con tonterías y se incribe a cursos para todo. Son formas de la ilusión. Mecanismos que fantasmatizan las brechas.
IX

Si se llegara a enterar de la verdad, sería terrible, sería el fin. O no. No exactamente, al menos. Sé que, llegado a esta extrema situación, yo tendría una carta más; acaso la que siempre busqué. Allí, en ese momento trágico y decisivo, yo podría desesperarme. Finalmente, podría romper mi máscara; llorar, gritarle todo esto, que mi rostro quebrado y mis convulsiones sean el signo de lo que yo no supe decir. A través de las fisuras de mi máscara, brotaría la verdad. Una verdad conciliadora: una verdad que no me matara; que fuera armonía. Tal vez así, rompiendome hacia esa verdad, ella pudiese comprenderme.
Recién ahí tendríamos una chance. Y todo podría comenzar para mí.

X
Entre tanto, cruzaré miradas que acabarán en sexo. Traicionaré lo que más amo hasta lograr mi rostro.
XI
Pero temo, con profundo pavor, que ella elija mirar para otro lado, y continuar la farsa, perpetuarme como su esclavo, eternamente.
...
..
.
porque
toda la realidad
es así.
__________
__________
Soy un Adán que sueña en el paraíso,
pero siempre despierto con las costillas intactas


Arreola

23.6.05

Fuera de la literatura, me era en extremo difícil vivir; así que no dejé casi nada fuera.



Aun así, al mismo tiempo, todo está fuera, desde que me levanto hasta que me acuesto, porque tengo que vivir...


...como todo el mundo.


El adentro y el afuera (de la literatura) están en una permanente guerra por la supremacía; pero no son como dos ejércitos que se enfrentan, sino más bien como fuerzas que se suceden, en una guerra de metamorfosis y devoraciones.



Muchas veces me he preguntado en qué ocupa su tiempo la gente normal,

...cuando a mí el trabajo de seguir con vida me ocupa hasta el último minuto,



y apenas si me alcanza...
...
recorte de palabras sueltas
de la novela Cumpleaños, de César Aira (pag.48)
distancia


movement
prose

Y no hay nada. El vacío hincha los pasillos donde detengo mi mirada. Pero yo sigo buscando. Y sigo encontrando peldaños para descender en mí, y rincones oscuros y falsos rastros. Mientras yo siga buscando, nacerán las trampas, el territorio del delirio circular: me parece que los veo: crecen delante de mí los fantasmas que tropiezan mi vida - los veo brotar desde mis manos, cerradas en una pluma afilada; como detalles de mi soledad -.
Como la telaraña,
que brota
de cada cosa quieta.
Pero si yo dejara de buscar, si me quedara quieto en mí... entonces habitaría un error, una mentira (cómoda, tal vez: como las certezas frígidas sobre las que se vive una vida).
Buscando sufro. Y nada me asegura el acceso a la verdad - de hecho, solo he dado con fantasmas, bruma-.
(...) Al menos voy pasando de mentira en mentira, de farsa en farsa - soy como si tuviera esperanza -. No llego a ninguna parte, pero de a poco voy viendo que me he ido de casi todas.
Y ese vértigo no debe ser diferente a estar vivo.

20.6.05




Lo que pasa es que no sé cómo decir estos días. Cuento sueños ajenos porque no tolero mi vigilia. Cada palabra que doy es una fuga. O una plegaria. Cada palabra tendida es el ansia de una respuesta. Pero no: ese es el amante desesperado.
Yo estoy seco.
Yo sé para quién escribo.
Yo sé en la ausencia de quién escribo.
los otros




Cerré la puerta de mi departamento y me dirigí al ascensor. Iba a llamarlo cuando un personaje rarísimo ocupó toda mi atención. Eran tan alto que yo debí haber comprendido que lo soñaba. Aumentaba su estatura un bonete cónico. Su rostro (que no vi nunca de perfil) tenía algo de tártaro o de lo que yo imagino que es tártaro y terminaba en una barba negra, que también era cónica. Los ojos me miraban burlonamente. Usaba un largo sobretodo negro y lustroso, lleno de grandes discos blancos. Casi tocaba el suelo. Acaso sospechando que soñaba, me atreví a preguntarle, no sé en qué idioma, por qué vestía de esa manera. Me sonrió con sorna y se desabrochó el sobretodo. Vi que debajo había un largo traje enterizo del mismo material y con los mismos discos blancos, y supe (como se saben las cosas en los sueños) que debajo había otro.
En aquel preciso momento sentí el inconfundible sabor de la pesadilla y me desperté.
Borges
gates to uncertainty




Sopla un viento, muy frío, y oigo... ¿por qué oigo en el aire ese batir de alas? Oh, se diría que hay un pájaro, un gran pájaro negro planeando sobre una terraza. ¿Por qué no puedo ver ese pájaro? ¡Qué terrible aleteo! (...) Lo que me hace daño es la corona, mi corona de rosas de ese imperio desierto hecho de tinieblas. Se diría que esas flores están hechas de fuego. Me queman la frente. ¡Qué pétalos tan rojos! Se diría: manchas de sangre sobre el mantel... o las sábanas... no puede ser. No hay que buscar símbolos en cada cosa que vemos. La vida sería imposible.
Herodes en Salomé,
Oscar Wilde
foto: dv

16.6.05

...

Después se detiene delante del enorme espejo, sobre la repisa de la chimenea; mira su propia imagen y habla.
- Oh, aquí estás.
Lo saluda con dos dedos, guiñando un ojo. Y ríe.
- ¿Y, querido? ¿Quién de nosotros es el loco?
Alza una mano con el índice dirigido hacia su imagen, que a su vez dirige el índice contra él. Sonríe, con burla.
- Lo sé. Yo digo "tu", y tu con el dedo me señalas a mí... Sal de ahí, que tanto de tu parte como de la mía, nos conocemos muy bien los dos. ¡El problema es que los demás no te ven como te veo yo! Y, entonces, amigo mío, ¿en qué te conviertes? Me digo que aquí, enfrente de ti, me veo y me toco...tu..., según te ven los otros...¿qué te vuelves?... ¡Un fantasma, querido, un fantasma!... Sin embargo, ¿ves a estos locos? Sin prestar atención al fantasma que cada uno lleva en sí mismo, van corriendo, llenos de curiosidad, detrás del fantasma de lo ajeno. Y creen que es una cosa distinta.
Fragmento de Así es (si os parece)
Luigi Pirandello
A mí me resuenan lejanas algunas palabras de Kafka, donde los vampiros se bebían las palabras que enviamos a nuestros amantes. Cada vez que queremos perder la máscara, siempre es frente al fantasma.

10.6.05



Contrato en una servilleta de café
__
Varias veces se habían cruzado ya. La tensión en las miradas era una delicia que les recordaba que estaban vivos. Un dulce vibrar, la sensación de un pulso que los diferenciaba de lo inerte, del ritual cotidiano. Acaso, sentían que los salvaba. Durante un tiempo supieron respetar ese pacto. Callados, mirarse tímidamente. Tal vez fue pudor, cobardía. Yo creo que, a su manera, fueron felices. Cuando ya el roce no podía evitarse, cuando el silencio entre ambas miradas era un absurdo insostenible, él, para preservar esa furtiva magia del lenguaje, esbozó este contrato.
Esto sucedió hace mucho tiempo, en un rincón de una ciudad metropolitana.
un juego
parte 1
I

Un poco harto de las cosas iguales, los días parecidos a los días, la misma pasta dentífrica, las palabras que se dicen, etc.

II

Esto un poco como un riesgo, una fuga. Un juego que no quiebra nada pero al mismo tiempo es una música y una isla.
III

El contacto urbano es vertiginoso, asfixiante. Entre las cosas perdidas: la escritura. No digo cartas; lo epistolar es un esfuerzo. Sino que el juego más o menos así: lees este papel y tal vez no lo tirás y no lo perdés. Si te dan ganas, cuando me veas, me darás un papelito (que diga algo, cualquier cosa -¿qué importa que mientas?-). No hablaríamos nunca, y nuestro contacto casual tendría un poco de magia y de absurdo: me gustan las ventanas que dan a otra parte que no sea la vigilia.
IV

No vale decir nada obvio, nada automático. Este es el lugar para decir aquello que en la vorágine cotidiana no tiene territorio. Yo te digo por ejemplo que tengo un nombre pero que no importa, que te ví tan concentrada es ese libro de Arthur Machen que tuve que escribir esto sin saber por qué, que pienso que la tristeza es una condición de la música, que no espero nada de vos sino una voz diferente de la mía.
V
Correrte los velos sería asesinarte. La verdad demuele o asesina. La verdad es lo que, suprimido, no dejaría al descubierto sino la muerte. Como el Golem. La verdad es la parte del fantasma que necesita ser demorada. Todo esto se lo robo a Barthes. Lo que pasa es que yo sé bien que defraudaré este suspenso. Mi vida trabaja en contra de cualquier idea romántica que hayas logrado de mí. Siempre seremos otra cosa.
VI

Entiendo que este papelito no es típico y que estas situaciones no son usuales. Precisamente ese es el punto. Si no te gusta, si no te atrae, si no te enciende nada, podrás hacer un bollito de murmullo con el papel y dejarlo olvidado entre la calle; ¿quién sabe, después de todo, dónde agota su destino la palabra escrita?
VII

En todo caso, toma esto como alguien que te dijo hola como sonriendo, sin pretender un mensaje de los símbolos.
fin
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___________
Nota:
El contrato fue rechazado. La magia, disuelta. Conversaron en una esquina, caminaron algunas cuadras juntos. Luego salieron, fueron al cine, tomaron café, se acostaron, amanecieron - ajenos, intactos -. Las cosas que se hacen. Para ambos, el resultado de su vínculo era inferior a la promesa que el suspenso suscitaba. Y siempre lo sería. No importaba cuán perfectos fueran sus pasos. Con el tiempo, volvieron a ser comunes. Se distanciaron, porque cada uno era para el otro el signo vivo del naufragio de las quimeras. Algunas veces más se cruzaron. Intentaron no mirarse. Si era inevitable, se saludaban apenas. Con un gesto, con una palabra fría. Eventualmente, lograron volverse desconocidos, y olvidarse.

7.6.05


Nota a Diario para seguir un sueño:
"Tres cosas me resultan misteriosas, y tampoco comprendo la cuarta: el rastro del águila en el aire, el rastro de la serpiente en la peña, el rastro del barco en el corazón del mar y el rastro del hombre en una muchacha"
Proverbios 30; 18/19

5.6.05

Diario para seguir un sueño


"...and if he left off dreaming about you..."


I
El trabajo me deparó las mismas cosas en su mismo sitio. Más tarde, ensayar una obra de teatro que se extiende, se bifurca y se demora, pagar patrióticamente las cuentas, besar a la mujer que amo como un ritual mediante el cual la libro al mundo. Ya en mi casa, dedicarme a la lectura; y fue cuando, mientras escuchaba "Green eyes" de Nick Cave, y extendía mi visión metafísica sobre el áspero techo, quedé dormido y apareciste vos.

II
Me quedan ahora ramas oscuras que solo sinuosamente me permiten entrever piezas sueltas del sueño. Íbamos en un auto, con otras gentes sin rostro, que yo no conozco pero trataba como íntimos. Regresábamos de una suerte de fiesta -y es raro soñar con fiestas porque yo nunca asisto a ellas-. Vos preguntaste la hora. Era de noche, y alguien respondió las 6 y cuarto. Decidiste bajar del auto y yo entendí que era temprano para llegar a tu casa y que preferías caminar un poco. Acepté que esa era la avenida Acoyte, aunque en nada se asemejaba. Pensé en bajarme del auto a unas cuadras, pensé en alcanzarte. Lo siguiente que supe fue que ya te había encontrado, y era en un callejón oscuro y lleno de árboles de hojas opacas que se estremecían como lluvia y muros grises de una antigüedad y una tristeza milenaria. Yo te dije que recién entraba a las 9, pero yo pensaba en cómo iba a hacer, porque sabía que en el trabajo debía estar a las 7. Vos dijiste que teníamos tiempo, -querés tomar algo?-.
Lo siguiente que recuerdo es que era un claro día de sol, pero era el mismo día. Caminábamos juntos vos y yo -tenía que ser la tarde- por parques preciosos que la arquitectura de Buenos Aires no se ha permitido. Pienso ahora que ya he visto en otros sueños(1) el parque laberíntico por el que cruzamos sin perdernos, ni darnos cuenta del riesgo, ni de lo que habíamos encontrado: esa inconsciencia la del romance. Había visto esos parques, pero nunca esa laguna redonda, perfecta, quieta, nunca esos puentes de piedra, anacrónicos, que decoraban nuestras conversaciones con un contexto siglo xix.
Sé que hablamos de todo. Sin embargo, ignoro si es que no recuerdo las cosas que dijimos o si en el sueño yo acepté ya haber hablado de todo. Vos estabas rodeada de un aura divino(2) . A mí las cosas se me confunden un poco, y recuerdo que era de noche, que yo tenía que irme. Algo había pasado -tal vez algo se había roto- y vos me decías que me querías. Para mis adentros, vulgarmente, creo haberme jactado. Yo te decía cosas lindas que sé decir para endulzar lo imposible de tu verbo. Yo me tenía que ir. Vos llorabas. Me dijiste "es la primera vez que estoy enamorada", y nos besamos; y no era un beso de amantes con ese fuego abrasador que vence los párpados, sino una caricia compasiva.

III
Nada me ha pasado en este día que recuerde más vivamente que el sabor de tus lágrimas, ese salado altar que me bendecía. (Pensé, mientras se extendía el instante del beso, que ahora tendría que dejar a mi mujer, imaginé la situación, atravesé la idea de la pena, y luego llegué a mi vida con vos) Todo era precioso y tan triste. Cuando desperté ya eran las 12am y cené comida recalentada. Murmuraban a través de mí las marcas calladas de un sueño que había tenido y ahora no podía recordar. El encanto de lo poseído y perdido. Sólo sabía que me había sentido tan bien. Vi una película de Fellini y a las 4am, mientras leía un sueño de Talita en Rayuela, me llegaron las coordenadas mínimas de esa caricia onírica que brilló mi día. Si tengo la necesidad de escribirlo es porque no quiero perder la sensación de ese sueño, y no porque pretenda literatura. Por eso escribo, diminuto y simple, sin trucos: abierto.

IV
Yo sé que mañana indagaré en tu rostro rastros del sueño que hoy me ha desvelado. También sé que serás otra cosa, distinta por completo de aquella enamorada muchacha que soñé. Hablaremos cosas que se hablan, y vos no sabrás que me has besado, que yo probé la sal de tu sangre. Solamente resta un desierto de vigilia, allí donde no podes interesarme junto a las horas sucesivas y la inmediatez de estar vivo. ¡Qué nostalgia de la que nunca has sido...!

V
Tu nombre lo sé apenas y de tu apellido me enteré hace poco. Yo seré para vos un conjunto de gestos intelectuales. Tu cara habitó un fantasma hermoso.

VI
Detalle narcisista: pensé en darte estas palabras, en alcanzarte este texto como si fuera literatura, y secretamente mirarte mientras lo leyeras. Para qué, no lo sé: para ver si algo brilla o trastabilla en vos, para ver si sos vos la que cruzó conmigo los puentes de piedra y saló mis labios con el néctar más triste, o si el sueño es solamente otro episodio de la soledad, apenas ese mismo fantasma travieso de lo que no hay ni puede haber que ha tomado tus ropas para burlarme otra vez y dejarme herido, persiguiendo un cuerpo ya vacío.

VII
Te encuentro, dos meses después: definitivamente no sos la misma que soñé. Cuando te soñé no te conocía: supongo que por eso eras habitable por la ilusión –aunque yo, despierto, no lo supiera. Luego, vinieron días, te volviste humana. No es culpa tuya: someter tu destino a cumplir un libreto que mi deseo expone en el teatro nocturno es una cruz que nadie merece. En todo caso, tu imagen ha sido el soporte de un precioso espectro: de alguna manera eso te justifica (aun siendo que últimamente solo me das bronca porque te encuentro vulgar, torpe, vacía y sin nada para decir). Me queda este texto: saber que algo de mí fue dicho, y no importa demasiado que yo todavía no sepa leerlo.

VIII
Sucesivamente, en mis noches el rostro cambia. Otras mujeres, otros recipientes sirven de símbolo para exaltar mi soledad. Pienso que también el amor es siempre el mismo; nuestros amados son excusas de la necesidad del sentimiento.

XI
Como las pesadillas: el horror es mío, pero la imagen que se identifica con ese horror viene después; se fabrica como una coartada para justificar ese horror. Pero también me ayuda a comprender mi horror a través de una metáfora. Lo terrible: pasamos la vida temiendo a metáforas, sin tener idea de la fuente de la pena. Desandar ese camino, de lo literario hacia la expresión, deben ser pasos difícil. Un camino que termina en nuestro nombre verdadero.


(1) Hablo de otros sueños pero: si hay otros sueños no lo sé –aunque nada sé-, pero me es grato imaginar que existe un solo sueño, que es el preciso reverso de la vigilia: no producimos un sueño, sino que regresamos a él.
(2) (yo ahora pienso en Benjamin: delicia onírica: allí ni siquiera se me cruzó Benjamin; idea de ideal: acaso allí yo, salvado, ni siquiera era yo: la última redención).

3.6.05






Apuntes metafísicos
  1. El pasado está rendido; es irrecuperable (salvo como material de fábula)
  2. El escenario es también un lugar de venganza.
  3. Un ovillo hacia dentro. La enunciación trastorna. Todo se vuelve falso, todo es otra cosa. Decir es darse. Trastabillar.
  4. Todas las horas aves del sosiego azul, las horas naufragas...
  5. - Tal vez me quisiste porque verme te hacía mirar tu muerte. Mi cuerpo es tu último espejo. Un cuerpo hecho de palabras tuyas, de palabras muertas - me dijo, antes de irse.
  6. La milagrosa cifra, cuando las cosas que digo ya no signifiquen; y sean como urnas vacías.
  7. El recuerdo: una ceniza caprichosa que voy contando, como si quisiera componer la figura, hoy ya derramada en polvo. Una ceniza ruidosa, que, cuando la noche es profunda, susurra como las canillas que gotean.
  8. Gotean nuestras lágrimas secas.
  9. No conviene hacer mucho caso a esta opaca melodía de hojas muertas.
  10. Un pájaro. Un pájaro que vuela.
  11. Si de repente te detuvieras y te preguntaras "donde voy" o "donde estoy" o "qué estoy haciendo acá" estarías ya perdido.
  12. (pero donde, donde lo leí?)
  13. Un espejo debe mentir - o enseñar solamente la superficie; que es una forma de mentir -.
  14. 19.30hs dentista, Av Callao 2148. Doctora Trelles.
  15. Toda palabra del mundo es también una palabra mía. Me hiere o me delata. O lo que sea: pero me involucra.
  16. ...
  17. Por ahora es ruido; el murmullo de los otros: paisaje de lo ajeno.
  18. No sabés amar, entre otras cosas porque amás a una mujer en contra de la otra (me lo dijo la amiga de mi ex entre las sábanas de un hotel de Belgrano).
  19. Puede que mienta tres veces. Pero me delata por ejemplo la piel: las manchas como de una luz que anidó.
  20. Entre la hojarasca: ¿sabremos alguna vez de quien es esa voz, ese espejo con un cuervo en el íntimo fondo?
  21. Aceptar. Haber sangrado hasta aceptar que ese ruido y esa voz...
  22. Un pájaro que vuela buscando su jaula.
  23. Digamos que soy un pájaro: me encierran en este cuerpo y esta noche, y esperan que cante como antes.
  24. Aceptar. Haber sangrado hasta aceptar que ese ruido y esa voz, que toda la maraña inextricable de palabras en algún punto me dice, que yo estoy ahí implicado, que soy - siempre y también - todo eso: yo quedo dicho entre los murmullos del mundo.
  25. Tal vez es en las faltas de correspondencia, en mis propias faltas, donde se dice calladamente todo lo que se me secó.
  26. Tal vez.
  27. Si alguien entendió; entonces no fui claro.

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Líneas dispersas encontradas en los márgenes de un guión de una obra teatral que estaba dirigiendo en esa época lejana.



Greenaway
la misma escena


Un mes después - y con otra lapicera - pienso la ausencia del otro: ¿no es mi cuerpo muerto? Es decir: yo acariciando la textura de mi cuerpo muerto, yo cargando la pesada carne de mi cuerpo muerto, hundiendome.

24.5.05

old winter blues






1985
I
La noche era helada y vacía. No me costó nada encontrar el puente. El colectivo atravesó la ciudad desierta. Era agosto. Apagué el cigarrillo antes de acabarlo, y lo dejé tirado antes de los diques de Madero, una tibia bruma devorada por la niebla. No quería que él supiese que yo fumaba. Lo vi desde lejos, la forma de su sobretodo negro siguiendo el ritmo del viento, parado en medio del puente. Enorme.
II
Ni siquiera pensé que todo el asunto era una locura, un despropósito. Confiaba en mi hermano, y no quería que él supiera mi miedo. Las cosas fueron sucediéndose con una inercia inapelable. El frío me ayudaba a mantener el rostro duro, en una mueca petrificada de incomovible severidad. Me pregunto si hubo algún momento en que pudimos detenerlo. Recuerdo que me resultaba difícil no temblar: había músculos - por ejemplo en mi pierna izquierda - que estaban lejos de mí, se movían solos, frenéticos y mecánicos. Como una máquina rota. Cuando estuve cerca vi que tomaba café, y miraba lejos, el agua negra que corría también en la distancia. Sólo después vi el bulto, como una bolsa de basura abierta a arañazos por perros hambrientos.
III
- Te compré café. Hace frío - me dijo sin mirarme. - ¿Cómo estás? ¿Estás mejor? -.
- Creo que sí -.
- ¿Dormiste? -.
- Un poco -.
- Ya va a pasar todo esto, pibe. Con el tiempo, todo no va a ser más que un mal sueño. Ya vas a ver: la ciudad todo lo calla -.
Yo no quise contrariarlo. Sentía que las cosas se inscribían en mí, sentía mi piel tajarse con las formas de las letras que decían lo que pasó. Como una sentecia. Pero podía ser el frío.
IV
- ¿Cómo está mamá? -
- Cansada. Ya sabés. Trabaja demasiado. Cada vez pagan menos -.
- No entiendo para qué trabaja. ¿No le alcanza con lo que mando? -
- No lo usa. Ni siquiera abre los sobres -.
V
El viento abrió un poco la bolsa. Una maraña de pelo negro. Creo que ahí el sí supo que yo tenía miedo. Mi hermano. Es raro, porque yo no soy la clase de persona que haría esto. Mi hermano abrió la bolsa, me preguntó.
- ¿Es él? -
- Sí - le dije - es él -. Me acuerdo de mi voz todavía, diluyéndose en el frío. Preguntarme todavía: ¿cómo se puede, con tan poco, sentenciar a un hombre?
- Sí - le dije - es él -.
- Entonces - me miró mientras me ponía una mano en el hombro - no hay de qué preocuparse -.
Y me despeinó amistosamente.
VI
Me puse a mirar el agua que corría debajo del puente. Había alguna belleza impoluta en cómo las luces se desfiguraban entre las ondas del río. Todo estaba en calma. Pensé: tal vez es el frío, que todo lo calla.
VII
- Podrías venir de visita alguna vez -.
- No empecemos - me dijo. - Por favor -.
De la bolsa desbordó un gemido. Era como un gorgoteo pegajoso. Una forma podrida.
- ¿Querés verlo? - me preguntó. - Se resistió un poco, pero lo pude calmar. Le dije que lo esperaban, pero no mostró mucha voluntad que digamos -.
No le respondí. Si lo hubiese visto, hubiese sido lo mismo que nada. No valía la pena tomarse todo el trabajo. Yo me hubiera prendido de esa imagen, no hubiera podido seguir, escribiría cosas como esta.
VIII
- ¿Estás seguro de que no lo van a encontrar?-
- Pibe - me dijo - en Buenos Aires los ríos están hechos de muertos -.
IX
Lo raro es: yo recuerdo otra cosa. Una frase que quedó conmigo. No sé cuando nació, pero inmediatamente se la atribuí a él. Incluso siento la textura de su voz diciendo: los muertos respiran estos ríos. No sé. Mi hermano no pudo decirla: los muertos respiran estos ríos. La imagen de los ríos porteños como la respiración de los muertos quedó clavada en mí. Pero no sé. Pude haberlo traído de mucho antes. Pude haberlo leído.
X
- Ahí está el casino, además. ¿Donde crees que van a parar los cuerpos? -.
- Vamos - le pedí.
Mi hermano cerró la bolsa, la alzó sobre la baranda. Se escuchó nítido - como si fuera el centro de la noche - un grito ahogado, una queja. Ese grito fue a herir todos mis silencios.
Después, el impacto, el agua abriendose como una boca.
- Este ya no jode a nadie. Le até las manos atrás. Se va a retorcer un rato -.
XI
Todo quedó callado. Caminamos el puente, mi hermano y yo. Antes del amanecer tomabamos unas cañas en el Once. Con el tiempo, nos vimos menos. Dos inviernos después nevó en Buenos Aires, unas minucias blancas, sutiles perlas aereas. Me hubiera gustado que mi hermano lo viera. Las hojas muertas de los arboles en su última melodía. Pero ya estabamos distantes.

3.5.05




¿Tendré que pegarme un tiro, que chorree rojo por entre las páginas, para que esto sea literatura?

Para que esto no sea un revoltijo de muertos míos como tripas abiertas de un muñeco roto: ¿tendré que pegarme un tiro, aunque la piel sea la tensa superficie de la soledad, la frontera?

No sé: vendría la máscara a devorarme...

Entonces, ¿tendré que pegarme un tiro, encender la luz detrás de las tapas del libro, de las cuatro paredes inconmovibles y entregar mi cuerpo muerto a la mirada a la succión del lector, del otro?

Me pregunto: ¿qué idioma sería ese?

Las puertas del teatro se cierran nunca . ¿Tendré que firmar con sangre? Si hubiera levantado el telón con la verdad original, se hubieran manchado de sangre las butacas desde las primeras escenas.
Me pregunto: ¿qué idioma sería ese?

Me respondo, tal vez: NINGUNO.
Porque la palabra presupone una experiencia compartida. Y la unicidad de la verdad que un cuerpo puede producir es tan absoluta - quiere ser tan absoluta - que será cada vez incomprensible;
no se dice: se padece.

Es preciso destruir el teatro. O vivir en el teatro yo
¿tendré que pegarme un tiro, saber cerrar el libro
de una vez
callar
volverme tan ilegible como cierto?

. . .


8.4.05



Atardece la ciudad, sombra entre sombras, diminuta gema obsoleta. Yo supe alguna cosa en la grieta donde llegué a ver un momento del cielo. La perdí de la manera en que se dan los primeros pasos para seguir el curso de las horas.

6.4.05

starry night, munch (abyss i see)




Ejemplo de la tristeza

A mitad del poema "A volta da mulher morena", de Vinicius de Moraes, lo interrumpió el estruendo del teléfono. Era su amante. La que más profundo se había hundido en él. Esa vez hablaron cosas que se hablan. Cosas comunes, perdidas. En el vértigo de los días se fueron separando; se volvieron ajenos hasta diluirse. El viento ya borró sus caras, sus hábitos.

Pero

todavía, de siglo en siglo, él abre ese libro - como una religión - y empieza a leer, otra vez, el mismo poema, queriendo que no acabe aun (que no acabe siempre). Ansioso de una interrupción el segundero del abismo trastabilla, falsamente. A veces hay ecos, o sombras furtivas, o regresan imagenes ajadas de nostalgias antiquísimas, o es el viento, que hace gemir al silencio en la noche vasta, o el ardor del deseo, que hace temblar a las hojas tímidas de los arboles nocturnos - como pétalos de fiebre -; pero nada más.
Porque ya no queda nadie en el mundo.

4.4.05

the pillow book

Greenaway
una escena


El libro del amante siempre está escrito sobre un muerto.
A veces, sobre el cuerpo muerto del amante - su ausencia -.
...

Porque la escritura siempre empieza allí donde no estás (roland).

1.4.05

...
Eventualmente, habré de dejar mi cuerpo, como un cansado vestido, colgado en el perchero de lo efímero.
Mi alma es por ahora la que, cada mañana - al borde de salir al mundo - dejo bien doblada en los cajones del armario. No sea cosa que se me manche con lo trivial, y después me nieguen la entrada al banquete de lo eterno por pilchas harapientas.

27.3.05

26.3.05

Continúo un poco más la comidilla. Esto es una nota en servilleta que quien sabe si acabó siendo carta o no. Sigue la trama abierta en la carta previa. Acaso es la última de la colección: no encuentro placer en exhibir penas ajenas; pero me parece que todo texto sangrante merece un espacio.
"Todo vínculo con vos me ensombrece. No te necesito en mí; no quiero tus favores. Te acercás como un chantaje. Yo no sé cuánto tiempo habré de odiarte (es la medida de que te quise); yo no sé cuánto tardarás en volverte insignificante. En vos no encuentro ningún rastro de la que quise: vos la asesinaste. En mis propias cosas, en mis costumbres hay todavía piezas de la mujer que quise (yo me quemo con ellas; me saltan a la cara en plena noche, me arañan cuando abro cajones buscando otra cosa y siempre encuentro el pasado, escupiendome). Toda mi vida está manchada con los rituales y hábitos que manteníamos. Pero esa mujer ya no existe: a vos solamente te reconozco como el lugar donde debo derramar mi ira, gritar mi bronca, vaciar mi pena. Pero no sé cómo hacerlo: soy elegante y soy inmaduro: no sé mostrar que me duele (y encima me aplauden ese coraje, me aplauden la máscara que aseguro frente a mi ajado rostro, y entonces no puedo hacer nada excepto sostenerla más firmemente, aunque yo no crea en ella me entrego a las audiencias). Todo lo que sucede es un signo de la herida que abriste, todo me da ganas de llorar. Pero ni siquiera. No sé hacer nacer una sola lágrima en mí: quiero querer llorar. Pero solamente escribo cosas así. Quisiera darte mi dolor, pero solo lo hago para lastimarte. Quiero contar historias, y todas son mi dolor: cada letra que escribo me regresa a esta habitación, esta carta que no te envío. Quiero saber qué estás pensando y quiero haberte olvidado para siempre. No entiendo en qué lugar estoy parado: hasta mi prosa siento agitada. Te culpo de haber matado lo que yo quería. Triste que el muerto que lloro y el asesino que odio sean el mismo."

24.2.05

nota
Estarme cayendo permanentemente del presente - no saber estar en el instante de mi cuerpo: me resbalo: recuerdo o sueño (me caigo para delante o me caigo para atrás; pero me caigo)-.
¿Y no es obvio? Si yo fuera carne, tal vez pudiera habitar el presente, quedarme quieto en mí, ocupar el furtivo espacio en que soy. Pero todas las potencias que se mueven en mí (sueño, nostalgias, conciencia, proyección, deseo, recuerdo, etc) significan un desplazamiento del aquí y ahora; me arrastran.
...
La infelicidad del hombre (Pascal) consiste en no saber estar quieto en su habitación (en su vida, en su momento, en sí mismo).

19.2.05




Estoy atiborrado con tu amor

Tus ojos
la razón
tan temprana piel
hasta enloquecer,
todo cuerpo
La cúspide,
los juegos,
y un anochecer
solo el aluvión,
de un gemido

Más que nada hay mares,
y sobre todo niños
si alguien alza un canto
canta porque es vida
al quebrar un llanto
nos quedamos sin el rastro

no sé si acaso es como un sol

La gente se durmió,
sin un pestañeo
solo como un fuego
o una sangre
( algo que requiere descanso )

Ansiado corazón,
que ya no sabe estar,
sin necesidad de autobombas
Si caen las banderas,
los oídos se abrirán
si alguien se ilumina
tiene gusto a suplicio
hay algo más alto
como un pájaro que gira
y nos protege de vivir
bendecidos

Estoy atiborrado por tu amor
y redeshilachado en sí,
por amor
Tu cuerpo es la vigilia,
que enloqueció
de vueltas al lugar,
con tus manos

Caudal de aquel abismo,
al que delimité
hacia un embeberme,
de todo

Estoy atiborrado por tu amor
y redesilachado en sí,
por amor.

spinetta

17.2.05

old tale

secrets
Cuando alguien tenía un secreto, y no quería decírselo a nadie, subía a una montaña. Allí, buscaba un arbol y le hacía un agujero sobre la piel. En en agujero susurraba el secreto. Después, lo tapaba con barro. Y dejaba el secreto ahí, para siempre.

16.2.05

Como si te olvido
Un poeta se entera que su compañera se acostó con medio mundo. Yo rescato esta carta, que me atrae porque lejos de acusar vulgaridad en su amante, se ocupa de afirmar su rol de escribiente. Ella, descubierta y avergonzada, le escribe y pide que la olvide. El poeta se enoja, y responde. Se trata de un fragmento. Me guardo la fecha y el nombre del autor, para no entregarlo a banales famas de comidilla barata.
"Hagamos de cuenta que te olvidé. Hagamos de cuenta que no sé nada de vos, que perdí lo que fuiste en mí, que se borraron mágicamente, de un día para el otro, las marcas que dejaste.
No me sirve. Ni como juego me sirve.
Yo (Pessoa) hoy no te quiero sino para no tenerte. Sos el territorio donde diariamente arrojo mi mugre: no puedo perder eso; estallaría de llanto si no tengo a quien golpear.
Y aun si implica la perdida de mi dolor, no elijo olvidarte. Y no es que lo haga por cuestiones románticas, por lo bonito que fue, por lo recuerdos de cuando era fácil vivir, dulce terminar el día y el cansancio entre tu cuerpo. No.
Lo que pasa es que viví - compartí mi vida - estos años con vos: todas mis cosas las tocaste alguna vez, o pasaste cerca. Así los cines donde todavía voy, los teatros, las calles de la ciudad, los rincones de mi cuarto. Olvidarme de vos es perder algo mío.
Me acuerdo de esa película que te hice ver (Eternal shining of a spotless mind). El muchacho borra de su mente los recuerdos de su amante. Cuando mira en su diario, tiene dos años en blanco: él había tenido que arrancar esas páginas para perder a su amante. Ante esa sola idea tiemblo. Prefiero la tortura antes que perder una sola palabra escrita. Me niego a perder piezas de mi vida solamente porque hundiste en mí una traición. No es mentira que algunas veces al día te asesinaría, que prefiero tu ausencia a tu recuerdo. Pero desentenderme de partes mías para no sufrir tu nombre no es un precio que esté dispuesto a pagar. Este dolor, aun siendo vos su (miserable) artífice, es mío, es algo de mí y de mí dice algo. Justo como de vos esas manos, todavía rojas de mi herida, hablan y te delatan. Soy un escritor, soy un narciso: no quiero perder nada que pueda resultar una excusa para escribir (por los pasos de mi vida no busco otra cosa, sino excusas para poder escribir). Vos sos un episodio de la desidia; si pudiera arrancarte de mí quedando intacto, si tus manos de araña no se hubieran implicado tan hondo en mis cosas, tal vez. Pero ya es tarde para esas ficciones: yo no supe cuidarme mientras te quise. No tengo otra sangre que la tinta de mi lapicera. No uso esta línea como emblema romántico-decadente. Ya sabés que para los usos sociales soy poco hábil y en mi callado llanto no rebosa la ampulosidad de la demagogia. La sangre que me queda está hecha de tinta: ese es mi fracaso. No se puede ser escritor sin fracasar, por lo menos, en el resto de las cosas. Y solamente es digno escribir desde el fracaso: en esta época no resta sino empezas nuestra literatura así: de acuerdo, no puedo ser Shakespeare, ni Borges; entonces esta es mi obra. Esta bien que así sea. (Ya ves que vos me rompiste, pero yo sigo hablando de mí - "porque él YA estaba roto"; como el sujeto de Althusser: desde siempre ya roto -).
Cuando me pongo ególatra creo que las cosas solamente ocurren para que los poetas urdan sus textos. Incluso las mismas vidas de los poetas (con todos sus detalles) no tienen otra utilidad. Yo no soy más que el escenario donde eventualmente sucede algo digno de ser escrito. Vos, apenas una migaja de potencial literatura, la sombra de un adjetivo que lloverá mis páginas alguna vez. ¿Acaso creías que valías más? Me has servido para escribir esta carta. Ni siquiera me es necesario enviartela. Que la leas es accesorio. Fuiste algo difuso que cruzó mis días, y me hizo inclinar la soledad sobre un papel en blanco. Nunca eligiría olvidarte, y te perdono nunca. Te agradezco el fantasma que dibujaste para mí."

13.2.05

paris thru window



Para el futuro libro: "Roland Barthes dice; yo pienso..."

Roland Barthes dice que la tragedia es el género más perverso: uno siente placer oyendo contar una historia cuyo final ya conoce.

Yo pienso: ¿no es eso el amor? Uno goza los instantes de una frágil eternidad, sabiendo en algún lado (más o menos callado) que el final es parte de ese relato (y deseando, con más o menos ardor, que algo - mágico - fisure la lógica del cuento y Julieta despierte a tiempo y Edipo se avive un poco y le arruine la vida a Freud).

¿No es así estar vivo: acaso no lleno mi vida de ocupaciones y preocupaciones, no ingreso en rituales, no empiezo juegos y hago frases solamente para desplazar de mí el peso atroz de conocer el final - que todo lo une y todo lo calla?

11.2.05

"Era como si alguien, como si una horda desesperada abriera las puertas y las cerrara, brusca y secamente, una y otra vez. Era como una tormenta de puertas que estallaban. Supe que yo estaba dentro de un sueño. Una pesadilla. Caminé los bordes de ese laberinto: sentía como si todo estuviese a punto de desintegrarse: las paredes, el suelo, las yemas de mis dedos, las pupilas añejas inscriptas en mi cansanda memoria. Las puertas, de madera ajada algunas, otras -como el insomnio- de hierro, salvajemente parecían como un coro bélico, o mortuorio. Decidí no quedarme quieto; si esto es una pesadilla, me dije, nada puede pasarme. Decidí indagar los espacios de mi sueño: yo necesitaba encontrar la piel del horror que volviera de una vez intolerable este sitio: estallar hacia la vigilia, el puente de regreso. Pero mi pesadilla era el presagio del miedo, la permanentemente actualizada promesa del espanto. Nada sucedía; y el delirio era el de la ansiosa espera, con la terrible sensación de que siempre el instante próximo sería el del golpe definitivo. Pensé: este es el horror total, el verdadero infierno, la viva muerte. Y seguí esperando, con las uñas listas."
Dreams of the return; fragmento

10.2.05

soñar raro




La desintegración de la vigilia




soñar raro


I
Hace algunas noches tuve un sueño al que fui regresando paulatinamente, entre los rincones del cotidiano. Yo salía de mi casa con mi abuelo, y como siempre la geografía no correspondía demasiado a la vigilia (vivo en el barrio de Flores, pero al cruzar la puerta era ya el sabor de Palermo, la infancia, los colores añejos). Aparentemente, yo debía tomar un colectivo. Antes de llegar a la parada, encuentro, esperando a otro colectivo, a una compañera de facultad. Es una muchacha con la que tejimos una relación harto particular - tal vez todas, a su modo, lo son -, pero desentendida de toda intimidad real (excepto un tropiezo entre las sábanas, una noche violenta, que pertenece más a la ficción que a nosotros). Al principio, hicimos como si no nos vieramos, luego, nos saludamos y conversamos: lo que nos dijimos lo perdí. Después, ella subió a su colectivo, y yo al mío; mi abuelo ya no estaba y su desaparición era natural para la lógica de ese sueño. A una cuadra del recorrido estaba la Plaza Italia, que se veía ahora como un perfecto círculo que daba la idea de estadio romano, o de toreada. Mi colectivo alcanzó al suyo, pero cada uno tomó por un lado de la plaza, y nos fuimos abriendo, primero rodeando la plaza y después por calles paralelas que se perdían. Yo distinguí su figura en la distancia, durante muchas cuadras, levantando su mano en el aire, moviendola dulcemente, saludandome.


II
En este sueño me quedé pensando. Me parecía extraño, pero no llegué a darme a la idea de que cifraba un mensaje de los símbolos. Me interesaba, sobre todo en relación a esa mujer: como enigmática expresión del vínculo que teníamos; la manera en que mi imaginario había traducido una lectura (etrusca, surreal) de nosotros. Pensé en escribirle y contarle el sueño, y de paso invitarla a ver alguna película danesa o turca o lejana. Fui olvidando, poco a poco, ese deseo: postergándolo a cambio de nada.


III
La noche de ayer cambió algunas cosas: otra vez soñé. Yo caminaba por la avenida Alberdi, cuando es angosta y los colectivos se pegotean entre sí en una sinfonía del aturdimiento urbano. Frente a mí, veo a esa misma amiga, caminando. Cuando nos cruzamos, otra vez nos sacamos la vista de encima. Pero en seguida ella se vuelve contra mí y me saluda. Hablamos un poco, y de repente me oigo decir - no sabés qué raro-. Y así le relato, de punta a punta, el sueño que había tenido con ella. Ella se entusiasma con la historia (lo siento en sus facciones, que se tensan y brillan contra el grisáceo paladar del asfalto y las casas gastadas de siglos). Después, dice algo de un lavarropa, y yo recién veo detrás de ella muchas bolsas pesadas, hinchadas de trapos oscuros y rotos. Veo también que a nuestro lado hay una tienda de lavarropas, pero cuando ella va a entrar, se queda en la puerta, mira hacia adentro y luego me mira a mí, y me dice que después, que ahora está lleno. Yo casi no veo gente, pero acepto y le digo de ir a alguna parte. Ella asiente, aunque tiene ojotas naranja espantosas. Siento que el sueño continúa, pero nada más recuerdo.


IV
Sí recuerdo que cuando desperté me costó asimilarlo como sueño. Lo había sentido tan real que me exrtañaba no haberle contado de verdad el sueño anterior a mi amiga. Fue uno de esos sueños en los que, mientras duró, nunca pude decir "esto es un sueño". Fuera de la categoría de sueño lúcido, siempre hay como una vaga conciencia (la percepción tibia de una nebulosa) de estar soñando, si no durante, al menos al despertar, uno exclama: "¡qué sueño el que tuve!". Hoy mismo he soñado una historia de amor entre dos japoneses: ella era camarera y el lavaplatos e iba a la facultad por las noches. Ella se enojaba porque entendía que él crecía mucho más que ella, y que ese desarrollo los distanciaría. Las calles eran el japón, que era como un San Telmo, pero más angosto. Me pareció encantador que yo no formara parte del sueño. Era un sueño como un film (uno de Wong-Kar-Wei, para ser precisos). Estuve muy dentro de esa historia, pero nunca la confundí conmigo, ni la traspapelé con la vigilia.


V
El sueño de mi amiga fue diferente. Nunca dudé que fuera real. Convengamos la siguiente clásula de verosimilitud: uno no suele soñar que cuenta un sueño que ha tenido. Y menos se lo cuenta a la persona con que lo ha tenido: es un desdoblamiento de fantasmas. He relatado a una figura imaginaria en un sueño que con su imagen soñé en otro sueño: y todo esto sin llegar a rozar siquiera el aire alrededor de esa amiga desde donde han nacido estas representaciones multiplicadas en sombra; todo eso ha pasado sin mover las piezas de la vigilia.


VI
O ocaso sí se alteró la vigilia: si yo estoy pensando esto, si esto me afecta como para dejar agitar una lapicera sobre un papel, si esto me toca como para hacerme entrar en mi soledad para remover el callado polvo alrededor, entonces algo debió cambiar. Aunque habría que ver desde donde es que escribo.


VII
Siento ahora que debo contárselo cuanto antes: temo haber encadenando mis posibilidades oníricas. es un temor infantil, pero ese sueño revela lo frágil del presente: la desintegración de la vigilia: si yo puedo soñar que cuento un sueño que soñé, ¿cómo puedo, en algún momento, decir que he despertado?

9.2.05

sadness


Heráclito revisited

Kawabata escribe:

"El tiempo pasó. Pero el tiempo se divide en muchas corrientes. Como en un río, hay una corriente central rápida en algunos sectores y lenta, hasta inmóvil, en otros. El tiempo cósmico es igual para todos, pero el tiempo humano difiere con cada persona. El tiempo corre de la misma manera para todos los seres humanos; pero todo ser humano flota de distinta manera en el tiempo."

Dos amantes, divididos por 20 años de distancia. Ella, en un rincón de la lluvia estival, mueve el silencio; Kawabata escribe:

"Al llegar a los cuarenta, la mujer se preguntaba si el hecho de que él siguiera dentro de ella significaba que esa corriente del tiempo se había estancado, en lugar de seguir su curso. ¿O acaso la imagen que ella conservaba de él había flotado con ella a través del tiempo como una flor que avanza aguas abajo? Ella ignoraba cómo había flotado su propia imagen en la corriente de él. No podía haberla olvidado; pero, sin duda, el tiempo había corrido de manera diferente para él. Las corrientes del tiempo nunca son iguales para dos personas, aunque sean amantes."

Yo me quedo pensando....