21.9.10

el ansia de ser interrumpido

“Las personas suelen sernos tan indiferentes que cuando ponemos en una de ellas tales posibilidades de sufrimiento y de alegría para nosotros, nos parece que pertenece a otro universo, se rodea de poesía, convierte nuestra vida en un espacio emotivo en el que todo depende de que esté más o menos cerca de nosotros.”

Proust;
del lado de Swann

19.9.10

los balbuceos (una errancia, un camino)


Me despierto sin despertarme del todo en mitad de la noche y entreveo la posibilidad de un texto o de un sueño y para que no se escape del todo en la oscuridad busco el iPhone en la mesita de luz y tomo nota. Después me doy vuelta, y me duermo. Al día siguiente, no recuerdo el sueño ni la idea que indujo. Pero recuerdo haber tomado esa nota garabateada y la busco, para ver si hay algo rescatable o literaturizable. En la claridad tipográfica del dispositivo, que erradica las confusiones típicas que implica mi caligrafía desprolija, inequívocamente leo:

carolo magnesiano rimbombante.

Y no: no creo que sirva de nada. No veo el modo de que pueda llegar a darle utilidad a ese críptico enunciado. A veces, simplemente no hay nada. A veces lo que pasó no es recuperable ni inferible. Qué imágenes atravesó mi cuerpo dormido, no lo sabré. Qué frase vital balbucee y malversé en la noche, o qué sentido verdadero - y tal vez vital - tiene esta línea que ahora releo sin alcanzar, y que me escruta fría y hermética desde la pantalla del iPhone. Todas ellas cosas que perdí y que ignoro qué huella dejarán en mí si es que dejan huella las cosas que se pierden. 

No vale la pena confíar demasiado en los sueños, ni en el repentismo de los borradores ni en los iphones. A veces, cuando volvemos a las notas que tomamos extasiados, convencidos de que algo había, algo vibraba ahí, ya no tienen ningún tipo de interés, ya no dicen nada, no entendemos ni siquiera qué pudimos haber visto, nos aburrimos un poco tratando de descifrar la letra apurada y el motivo del arrebato.

*



Pero me queda la gratuita imaginería. Nihilizar todo lo que hay pensando que tal vez fui, sin saberlo, el mensajero de algo. Que me fue dado un mensaje en sueños que era impenetrable para mí porque no era para mí: y esta muy bien porque soy escritor, y escribo: y no tengo nada que ver con la comprensión de las cosas ni con los significados; y entonces escribí este texto y así el mensaje llegará donde tenga que llegar sin que yo me entere y mueva de lugar algo trascendente o no. Lo que me deja aferrado al sueño, en realidad, es la posibilidad de que el receptor del mensaje tampoco sepa que es el receptor ni para qué es ese mensaje ni qué significa, casi del mismo modo que Citizen Kane recibe en la niñez un carrito con el nombre rosebud inscripto en el costado para que en las horas de agonía pueda balbucear esa palabra y abrir una trama inacabable.
Somos una precaria caja de resonancias, y no sabemos donde termina nada, ni donde empieza.

18.9.10

voces


Maurice Blanchot, en De  Kafka a Kafka, comenta sobre la pluralidad combatiente de voces que conviven en un escritor y lo tironean belicosamente:

" Una voz dice: no escribirás, seguirás siendo nada, guardarás silencio, desconcerás las palabras.
La otra: conoce sólo las palabras.
- Escribe para no decir nada.
- Escribe para decir algo.
- Ninguna obra, sino la vivencia de tu mismo, el conocimiento de lo que desconoces.
- ¡Una obra! Una obra real, reconocida por los demás e importante para ellos.
- Borra al lector.
- Desaparece ante el lector.
- Escribe para ser sincero.
- Escribe por la verdad.
- Entonces, sé mentira, pues escribir con vistas a la verdad es escribir lo que aun no es cierto y que tal vez nunca lo será.
- No importa, escribe para actuar.
- Escribe, tu que tienes miedo de actuar.
- Deja hablar en ti a la libertad.
- ¡Oh! No dejes que la libertad sea palabra en ti."

¿Qué ley seguir? ¿Cual voz oir?
Blanchot responde: El escritor debe seguirlas todas.

16.9.10

ummmbrella

Se sabe que

si en alguna parte comienza a llover a las 6 de la tarde, y a esa hora un belga estornuda y un pelado que camina por una avenida saluda a alguien que le dijo hola y se queda pensando "¿y este quién era?", y dentro del radio de la media hora un pibe obse (no puede tener más de 23 años) le manda por feisbuc otro video musical a una rubia que le gusta y que no le da bola, y Tom Waits bosteza, y a alguien que espera determinado colectivo y el colectivo al pasar no le para - y esto pasa dos veces seguidas - tararea sin querer una melodía muy similar a karma police, y otra persona, un seudo teen de 35 años con zapatillas de 600 pesos y remerita manga corta en V, se entristece frente a una publicidad de cervezas porque percibe que su vida no se parece al jolgorio de los comerciales, y una chica goza y sufre leyendo “Sandman” porque cree que el hombre que desea se parece a Oneiros, y un perro le ladra tres veces a un pibe en bicicleta de delivery de empanadas, y alguien repentinamente en un bar cierra el libro que leía y piensa "sí, es así, posta que es así", y un viejo senil hundido en un sillón de geriátrico sueña o recuerda el beso de una mujer bajo la sombra de un árbol del verano sin percibir que no le paso a él sino que es una película que vio en la infancia en el cine que estaba al lado de la pizzería de sus padres, donde sus padres canjeaban café y medialunas para los acomodadores por películas, y alguien recibe un mail que prefiere no contestar ahora, sino más tarde, con tiempo, y un florero viejísimo en un living de una departamento del barrio de Lagoa, en Río de Janeiro, solo y de repente, se astilla, y nadie presta atención a una canción de Daniel Johnston que cayó en el aleatorio de un iPod porque justo sonó el teléfono, y un señor se tropieza cruzando la calle y dice para sí "Macri de mierda", y un niño carga y descarga la .22 del padre que encontró en un cajón, y en un bar de Ciudad Vieja, en Montevideo, dos amigos de hace tiempo toman ella un café y él una gaseosa, y en un instante piensan al mismo tiempo “¿y si le digo? ¿qué puede pasar si le digo? ¿sería tan malo que le diga? ¿le digo?” y ninguno dice nada, u otra cosa, y alguien en una facultad de algo levanta la vista de los garabatos que está haciendo en el margen del cuaderno y al percibir que no tiene idea de lo que está diciendo el profesor decide “no, esta carrera no es para mí”, y otro en la biblioteca de su casa pone juntos un libro de Bukowski, un libro de Kerouac, un libro Carver, y una pava hirviendo suena más de tres minutos porque quien quería un té está aferrado a una ventana de chat de la que aguarda una respuesta que siente crucial, y un hombre hace tiempo frente a una cerveza porque no quiere volver a su casa, y Andrés Calamaro compone 15 canciones sobre su reciente experiencia de cortarse el pelo, y un auto atropella a un perro viejo y rengo, y alguien, abstraído en sus auriculares, escuchando “underneath the stars” de The Cure, no ve pasar a su lado a su amigo de la infancia, el “capuchón” Gutierrez, con quien se sentó casi todo el primario, y un muchacho con pretensiones literarias le muestra un haiku que escribió a un amigo y el amigo le responde “pero esto no tiene 17 sílabas”, y el delicadísimo pólen de una flor en una maceta de un balcón de un séptimo piso es arrastrado por el viento hasta incrustarse en el ojo desprevenido de un transeúnte que lleva medias verdes, y por 4 segundos nadie piensa en comprar nada, y una mujer en alguna parte mira el mar del invierno y sueña abstracta y felizmente con el rumor de las lejanías, y en su habitación una chica de 14 años le muestra una teta a un italiano cuarentón que se hace pasar por pendejo vía webcam, y alguien termina de hacer en el baño de un Mc Donalds lo que tenía que hacer y descubre que no hay papel, y alguien cierra su laptop y descubre una ventana o el amor, y el besugo da, repentinamente, su salto evolutivo, y se organiza una huelga de checoslovacos, y dos personas que se aman se llaman al mismo tiempo cada uno al celular del otro y les da ocupado y sienten celos, y un homeless, semi dormido en un banco de plaza, mueve los dedos en el aire y recuerda cuando estudiaba artes y pintaba, y una muchacha de 16 años toma 28 lexotanils, y siete pelados de diferentes nacionalidades estornudan al unísono y alguien lee, o recuerda, u olvida este texto...

Si todo eso ocurre, si cada pieza cae en su sitio – todas son indispensables en el conjunto, y obsoletas y nimias en sí mismas - sucederá el día en que los paraguas empiecen a comer humanos.
Así, de repente, quien se protegiere de la lluvia bajo un paraguas verá cerrarse sobre su cabeza el mismo, y será engullido fatalmente después de ser masticado por los dientes metálicos del paraguas.



Es improbable, claro. Pero la calma objetal de la paciencia de los paraguas radica en que cosas mucho menos probables han ocurrido.

9.9.10

vanidad banal de la memoria de madrugada


Navegando erráticamente por mí mismo, encuentro este texto, escrito hace siete años, y noto que prefiguraba ese cuento recogido en "Menos": wanderlust. 

"Si aceptamos un principio teológico, no es arduo comprender que los pasos de la humanidad son de una progresiva decadencia. Basta lidiar con el origen, el origen divino. Un Dios construye un hombre, trama sus formas, dilata la tarde, que ha sido creada por él hace poco, en limar esa partitura de barro. La distancia del hombre a Dios nunca fue tan grande como hoy, no será nunca tan vasta como mañana. Acaso esa sea la oscuridad. Cada vez nos alejamos más del principio celeste. Resulta evidente que esta distancia equivale a perdición, este abismo es proporcional a esa lejanía. Somos la deformación de siglos (soy la deformación de un siglo sobre otro siglo etc). Tal vez hubo una vez un hombre perfecto (¡perfectamente aburrido, estático: hombre que ha sido todos los hombres si los hombres son el conjunto de meros actos!): seguramente el más cercano a la divinidad. Con tantos pasos en el desierto de vidrio nos hemos desfigurado. Al camino que dejamos atrás lo delata la sangre. Un hilo de sangre desde el principio de los tiempos hasta nuestros talones. También de mí estará hecho ese hilo alguna vez. Yo no me atrevo a desandarlo, pero ¿alguien se atreve? Quien sabe lo que aguarde en el principio; después de todo, Ariadna era una brisa en un momento de asfixia o de impaciencia, de necesidad: nunca la quise tanto.

Pienso esa arcilla de la divinidad como un espejo roto. Tal vez al principio estuvo sano, entero. Luego, se quebró. Y nadie sabe por qué, o culpan a otro. En vano los intentos por componer la imagen. Cada movimiento del intento nos corta, me modifica. Somos otros, la imagen primera es inaccesible. Nuestro reflejo es de una distancia abismal. Si logro componer ese espejo (yo soy todos, yo soy los otros, yo soy mi parodia) veré otra cosa. Ese reflejo seré yo, si sobrevivo a la visión completa de mí – si la verdad no me mata; podré dar recién algún paso cierto dentro del insondable laberinto, sin salida, ni minotauro, ni laberinto. Podré seguir muriendo. Esa gloria no es vulgar."

7.9.10

filba

and the rest is silence

Todo festival literario está destinado al fracaso. Al hacer de un evento artístico un circo de masas, se vuelve imprescindible vulgarizar y simplificar el objeto de estudio, para volverlo cercano a los neófitos que se acercan con el propósito de tener que ver algo con la cultura.

Un puertoriqueño viene y da una conferencia (nominada "worshop", oh sí, muy top). Se jacta al principio de haber escrito libros que han sido celebrados por los críticos, y otros libros que han sido best-sellers. Enfatiza el hecho de que hay que escribir para todos. Y luego dice un par de cosas sobre la literatura, sobre el cuento, sobre la novela. Ni siquiera puede decirse en la mayoría de los casos que esté errado. Simplemente es estrictamente básico, y brinda definiciones que no dejan de ser meras etiquetas iniciáticas. 

Se le ocurre realizar una serie de ejercicios con la audiencia (estos, algunos estudiantes de letras o febriles intentos de escritores que toman notas de las pavadas que dice el señor, y la mayoría señoras muy mayores que en su decrepitud se inclinan al hobby de la literatura). Los hace escribir breves textos que deben manifestar, según el caso, frío, calor, felicidad, tristeza. Y en ningún caso está permitido utilizar la palabra que debe darse a entender. Porque según el buen hombre, hay dos modos de narrar: el modo directo, y el modo indirecto: celebremos la simpleza de la literatura en los centros culturales chetos.

Al azar, los entusiastas del auditorio leen sus modestas creaciones. Y el parámetro que el puertoriqueño establece para esos textos es cuánta gente percibió el "mensaje": levanten la mano los que sintieron frío (calor, felicidad, tristeza), etc. Así, da por triunfantes aquellos textos que son comprendidos por las mayorías, y ningunea a los textos que son comprendidos por pocos (un texto, incluso, es acusado de filosófico).

Pensé en Wilde, que enfatizaba que un artista siempre debe luchar por permanecer incomprensible. Y entonces me enojé. ¿Qué es esto de ofrecer el "valor" de un texto literario a una grupúsculo de gente aleatoria? ¿Qué dice de un texto su transparencia, su comprensibilidad más que su chatura y su falta de textura y densidad? ¿Qué importa que entiendan pocos o muchos? ¿Cuántos artistas han sido incomprendidos en su época? ¿Cuántos han sido considerados herméticos, crípticos? ¿Cuánta belleza no depende de esas exactas condiciones? ¿Índice de qué pueden ser las mayorías? ¿La inmediata comprensión del sentido de un texto es qué clase de mérito? 


El arte necesita no ser lo que ya es, y lo que ha sido. Para eso, debe producir reglas nuevas. Debe irrumpir y patear las estructuras establecidas. De ahí, precisamente que cuando el estruendo fulgurante del arte sucede, las cosas tambalean. Y no puede hablarse de comprensión inmediata, sino de enrarecimiento del aire. Sentimos que nos aproximamos a un objeto aracano, que nos llama y nos nombra, y nos dice algo de nosotros que no sabiamos que sabíamos, y la atracción está fundada sobre todo en que lo que se abre es una profunda incertidumbre. El advenimiento de una subjetividad no puede ser nunca algo simple, algo dirimible en la barbarie de las mayorías, algo pensable desde la pueril comunicabilidad del periodismo. Yo puedo comprender que las palabras del portoriqueño estaban destinadas a esa cosa burda, primitiva e inculta que se denomina público en general. Aun así, iniciar a un grupete de neófitos imponiendoles claridad en su comunicaciones es obstruir la travesía bella y terrible de la literatura: lidiar con la plabra elusiva, con el riesgo de la palabra que nos extravía, con el naufragio imprescindible que está implicado en el vicio del silencio de traicionar las horas, la sucesión del tiempo, al vida allá afuera, ansiando tallar en la hoja algún indicio significativo de la savia de nuestra existencia.

No se trata de narrar. Narrar pertenece a otro mundo. Un mundo donde se pensaba que las palabras debían nominar las cosas como manera oscura de dominarlas. Esa batalla se perdió. No importa: era una batalla tonta de todos modos. Se trata, en cambio, de rasgar nuestra interioridad hasta darle carne al silencio que nos circunda. Estamos callados frente a un libro, o frente a una libreta, con la lapicera atenta. Puede ser en un  bar, en un colectivo. Pero se siente más en la profundidad de la noche, cuando todo está quedo y el vacío entre las cosas se vuelve audible. Ese silencio que brota de nosotros es el silencio de la eternidad. Es el silencio que había antes de nosotros, y es el silencio que vendrá después. Somos frágiles y poquísimo. No existimos durante mucho tiempo, mientras el mundo ocurría. Ahora, estamos vivos. Mañana, o pasado mañana, no. Ese silencio ancestral de lo no-vivo también habita en nosotros, y trepa hasta nuestra garganta. Tiene muchas formas. Puede ser un malestar psicológico, una angustia existencial, un estado de inercia, la formulación de una pregunta, o de una serie compulsiva de preguntas, el ansia desesperada de un sentido, el llanto, el miedo frío y paralizante, la contemplación de las paredes, las fugas etílicas, el amor, la fe desmedida en el amor, la soledad etc. Y la palabra. La persistencia en la música de las palabras como una plegaria por algo que signifique, o alivie, o algo.

La literatura no es la clarificación de un enunciado; es el sueño de la historia y es la historia de las soledades y es la interrogación solitaria del cáncer que es el silencio de la eternidad, y es la pasión por un camino que termina en un abismo por el solo placer que nos provoca el paisaje exótico que florece en los márgenes, y es la fe en el artesanato de los símbolos, de que lo que vive y calla en nosotros se sueñe en palabras y roce en alguien algo íntimo y lo haga vibrar en nuestro mismo idioma; y es el lugar donde he visto disgregarse mis mejores horas. 


6.9.10

"menos" en Crack-Up


en 



 ///



y "menos" ya puede conseguirse en la librería Crack-up (costa rica 4767, Palermo) y es un honor que en un recinto llamado por ese preciso texto de Fitzgerald - tan relevante en mi concepción de literatura - estén mis textos. Queda esperar que llegen a buenas manos.

3.9.10

romantisch


Nunca amar a alguien
sino un reflejo
en la ventana del colectivo de regreso
mientras el rostro se impregna
con los borrones del paisaje que amanece.




)más( 

29.8.10

los muertos

Ya son muchas las veces que dije que no; no quiero jugar más. Es inútil; mis declamaciones son pasos de comedia. No me toman en serio: alegan que todo lo que digo son ardides para perpetuar mi frágil lugar en el juego. Tengo que quedarme así, mirando para atrás, velando cada cosa.

Agoto el privilegio de ser real vigilando el sigiloso advenimiento de lo que pendula en el silencio. Si me doy vuelta: se mueven, avanzan sinuosamente desde los rincones de sombra: progresan a través del territorio indómito que se abre detrás de mi espalda.

Apenas si son discernibles los pasos de los movimientos. Diminutas monedas de rara seda: inaudibles; sé de ellas porque cambian el aire del ambiente con su aliento rumiante: así siento su cercanía; me quedo quieto, expectante, pero nunca confirmo nada: mi inmovilidad los disuade.

Pero el tiempo cede y mi atención me deja cansado. Es inevitable que, eventualmente, alguno toque mi espalda y yo pase al otro lado, y termine algo o algo empiece, junto al aparente silencio de las cosas quietas..

lo novelesco sin la novela

" Lás páginas ques siguen constituyen una novela.; es decir una sucesión de anécdotas de las que yo soy el héroe. Esta elección autobiográfica no lo es en realidad: sea como sea no tengo otra salida. Si no escribo lo que he visto, sufriría igual; y quizá un poco más. Un poco solamente insisto en esto. La escritura no alivia apenas. Describe, delimita. Introduce una sombra de coherencia, una idea de realismo. Uno sigue chapoteando en una niebla sangrienta, pero hay algunos puntos de referencia. El caos se queda a unos pocos metros. Pobre éxito, en realidad.



¡Qué contraste con el poder absoluto, milagroso de la lectura! Una vida entera leyendo habría colmado todos mis deseos; lo sabía ya a los siete años. La textura del mundo es dolorosa, inadecuada; no me parece modificable. De verdad creo que toda una vida leyendo me hubiera sentado mejor.

No me ha sido concedida una vida semejante. "



Michel Houellebecq
Ampliación del campo de batalla 

24.8.10

cada tanto la Faculad de Filosofía y Letras vale la pena

"a las sirenas no les interesa seducir a un pelotudo"

Daniel Link dixit, 
en Literatura del Siglo XX, el último cuatrimestre
hablando sobre Ulises, las sirenas, la verdad, 
la muerte, la mezquindad, Kafka, el desvío de lo normativo 
que presupone el canto sireneico, etc

22.8.10

la última conferencia de Fogwill





Fogwill


I
Llego a casa pasadas las 5 de la mañana. Fui al cine (“inception”, de Nolan: muy bien: siempre me agradan las cosas que tienen dentro cosas que tienen dentro etc) y a cenar. Viajo parado de regreso casi todo el viaje (gansos que van a flores a bailar). Y cuando llego, mientras me estoy cambiando leo de refilón en feisbuc que murió fogwill. Y paro.

II
Me siento en la cama. No sé si es tristeza. J. me pregunta si me puse mal. Le digo que no sé. Que lo que pasa más que nada es que estuve con él la semana pasada. Que si bien estaba vestido como un homeless y protestaba por todo se lo veía activo, visceral. J. se da vuelta y se tapa. Supongo que sabe que va a dormir sola. Se queda dormida rapidísimo.

III
En Montevideo. En el festival ñ. Allí lo vi a Fogwill. Su conferencia era lo màs esperado, y fue el punto más alto de todo el festival. Una de las chicas que trabajan para el consulado de España me contó que Fogwill las estaba volviendo locas a todas. Pedía rarezas, se quejaba por todo, las miraba libidinosamente, etc. El Charly García de la literatura.

IV
La ultima vez que lo ví fue el sábado 7. En el bar del consulado. Me miró un par de veces pero no me animé a acercarme. No otra vez. Estaba almorzando con Arturo Carrera. Después los llamaron y viajaron para buenos aires. A los 10 minutos Arturo Carrera vuelve. Se había olvidado una bolsita en la mesa. Yo me dediqué a mi medialuna con jamón y queso.

V
Y hoy resulta que tengo en este mismo aparato con el que escribo ahora la ultima conferencia de Fogwill, que presencie en vivo en la primera fila. Y eso que grabe un poco como souvenir se vuelve de repente un documento de relevancia vital. Y a pesar de que casi son las seis, me pongo a escucharlo otra vez. Ahora habla desde el mas allá. Y sus palabras cobran otro valor. Es como un mensaje desde otra orilla. Y aun así es muy gracioso, y a pesar de sentirme mal, o raro, me río un par de veces.

VI
Una profesora del cbc, de semiología me pasó chica punk. Muchísimos años pasaron. Se llamaba Mariana. Me agradecía que yo escribiese sobre cualquier cosa, porque decía que corregir 70 veces lo mismo era uno de los círculos infernales de Dante. Me acuerdo que me lo mandó por mail. El archivo se llamaba “fofo”. No sé dónde estará Mariana hoy. Me gustaría decirle hola.

VII
Cuando termina la conferencia, me quedo. La gente se va dispersando. Algunos se acercan, tímidos. Nunca se sabe cómo reaccionará Fogwill. Veo en temor en los rostros. Me retraigo, y decido esperar a que se sosieguen las voces y los vaivenes. Estoy ahí, con mi librito. Lo escucho tratar de levantarse a toda mujer que pase cerca – sobre todo si andan por los veinte años. Tiene un par de libros suyos, de cuentos. La antología de Alfaguara. Firma uno y se lo regala a una chica. Le pide el nombre a otra, para regalarle otro, y ella dice que ya lo tiene. Un gordito medio pelado aparece desde atrás y dice que él no lo tiene. No lo tenés?, dice Fogwill. Bueno, compralo, pibe. Los libros solo los regalo a chicas lindas.

VIII
Se acercan organizadores y le dicen donde hay que ir, donde hay que comer, cual es el itinerario del día siguiente. Los fleta rápido. Se está haciendo pis. Maltrata con gran diligencia a quienes quieren hablarle y huye al baño. Cuando vuelve está de mejor humor. Le ofrece a una chica que lo acompañe al hotel. Centroamericana, morocha, no está mal. Ella se ríe y dice que no. El hace una broma. Cuando se va, y él queda solo, me acerco. Le doy el libro, le digo que soy de Buenos Aires, que ni siquiera hace falta que lo leo. Se queda unos segundos mirándolo, y asiente con la cabeza. Qué linda tapa, dice. Y qué buen título. Dejame tu mail. Le escribo el mail en una de las primeras páginas. Tengo, por supuesto, ninguna esperanza de que lo lea. Se lo llevan los organizadores. Fin de la historia del libro.

IX
Me pregunto: ¿quién heredará su biblioteca? ¿qué será de los renglones subrayados por Fogwill? ¿y dónde ira a parar mi librito, si es que llegó al olvido de la biblioteca sin haberse extraviado antes en algún recoveco montevideano? No sé. Ya no importa.

X
Amaneció. Ni siquiera me dí cuenta de los matices del cielo. Los pájaros enloquecen. Los gatos vienen y me piden comida. Está cálido. Probablemente llueva. Pienso en mí, en todas las cosas inconclusas de mi vida. Fogwill me interrumpe, cantando una vieja canción uruguaya. Me duele el estómago. El costo de mis excesos. Pero no tengo tiempo para el ritual melodramático del dolor. Tomo dos buscapinas y trato de ignorarlo. Busco, algún programa que me permita subir la conferencia de Fogwill. Pruebo un par, pero no me sirven. Me piden mi tarjeta de crédito. Ni loco.

XI
Suena un celular. Fogwill (que estaba hablado de Mallarmé) calla y mira a la audiencia y dice: - el que tenga un celular, por favor dejelo prendido; es maravilloso que estemos comunicados. Todos ríen. Cuando sepa cómo, subiré la conferencia.

XII
Voy a la cocina, abro la heladera. Encuentro los restos felices de la picada de ayer. La voz de Fogwill viene desde la habitación. Prendo un fósforo para hacerme un café. Pero pienso que el café no le sienta muy bien a la picada. Y mientras pienso esto el fuego a avanzado por el fósforo. Pero antes de temer quemarme, antes de moverme para apagarlo, el fuego, leve, se consume de pronto. Y solo deja detrás un cadáver chamuscado.

XIII
Y después me acuerdo de esto: cuando terminaba la conferencia, Fogwill pedía, insistía, casi rogaba que le hiciesen preguntas. De lo que fuese. Queria hablar. Queria seguir hablando. Dialogar. Hubiese hablado toda la noche si la audiencia uruguaya no hubiese sido tan correcta. Y esa imagen me entristeció mucho. Fue su ultima conferencia y él quería seguir hablando. Pero nadie le preguntó nada. Dijo de leer su poema sobre los malos poetas, en la versión sin censuras. Pero el público no reaccionó. Después del incomodo silencio, dijo bueno, basta y terminó todo. Yo tampoco le pregunté nada. Y me apena haber colaborado con el fin de esa conferencia. Pobre Fogwill. Espero que le den excusas para hablar. Donde sea que esté.


Me voy a dormir. Prefiguro el cuerpo cálido de J. entre las sábanas. Me pesa horrores tener que ir al baño y lavarme los dientes.

21.8.10

vértigo

En las noches cursis, de rara felicidad melancólica (porque la melancolía es una felicidad) conviene no escribir nada y dejarse estar. Sino, se corre el riesgo de tolerar cosas como:

Oh puedo escribir los posts más tristes esta noche.


Ni siquiera conviene encender la pc. Y si está encendida, habría que tratar de evitar la habitación. Y si la habitación es inevitable, entonces hay que salir de la casa, meterse en peleas callejeras, conocer una mujer, huir lejos, comenzar otra vida, ser tan extraño para uno mismo que la vida anterior - esa, donde escribía blogs - sea la vaga impresión de un relato lejano que recordamos mal y nos aburre.

Los blogs son tan inmediatos que no hay instancias que filtren el paso al ridículo.

20.8.10

the ghost in the machine

the ghost in the machine.

Vago reflejo cansino del cuerpo, vaga memoir de algo impreciso y tal vez identitario.

Apoyar las llaves, eludir un golpe, decir te quiero, los gestos comodines que uso en un diálogo que no me interesa, responder algo que no sabíamos que sabíamos, girar la cabeza para descubrir que justo nos estaban mirando, fumar, coger, el primer número que nos viene a la mente, el que alguien nos caiga bien o nos caiga mal en el primer instante, lo que responde por nosotros cuando estamos somnolientos y ausentes, o en las conversaciones con tíos, o porteros o en ascensores. Y los sueños, que son su memoria (en los que chapoteamos aleatoriamente)

the ghost in the machine

A veces es muy tarde y estoy muy cansado, y me extravío de mi continente real y sueño imagenes a las que yo mismo, solo, no hubiese llegado.

A veces ni siquiera estoy cansado. Pero me golpea una frase o una palabra desencajada, que viene de la nada. Me complace decirla en voz alta, y me quedo pensando de donde de donde pudo haber salido.

the ghost in the machine

Mi muchacha duerme. Su respiración es lenta y profunda. Yo duermo mal y a deshoras. Le hablo, pero no me contesta. A veces, sí me contesta. Pero cualquier cosa. La frase puede ser cohesiva, pero es inconciliable con el contexto. "¿Cómo estás?" "Las peras.... mañana... hay que... lavar todo.... prende el elefante".

the ghost in the machine

Los tics. El deseo voraz y súbito, irracional. Las tránsferencias. Las cosas que sentimos que entendemos de repente, de modo abstracto. Las pulsiones.

Hay un residuo de algo ( anterior, o que vamos desfasando a la aterritorialidad del silencio). Algo que no es una sumatoria de las partes.
the ghost in the machine
Esto no implica que la postura del sistema cartesiano no esté errada (mente / cuerpo). Implica, en cambio, que decimos yo con algo muy flaco. Y la parte que conocemos del yo es ínfima, nebulosa y variable. Por lo que nuestro "yo" es harto complejo, lejano e inaccesible. Infinidad de operaciones se suceden en mi cuerpo mientras yo opto por escribir esto o voy al cine a ver la última de Tarantino. La porción identitaria que identifico como "yo" es modesta. The ghost in the machine es el nombre que nombra lo indeterminado no-físico de mí mismo.

the ghost in the machine

La sombra latente del pulso. 

18.8.10

florecen, falsas, en el desierto, flores tropicales

love & image 

Según la velocidad, a veces basta verse una sola vez para parir el hastío. Es una simple matemáticas gravitacional. Pasado mañana, seguramente, la mecánica cuántica explicará estas cosas que hoy son apenas intuibles mediante el abuso de la literatura. Pareciera que el deseo del otro nos lleva hacia el otro como por un túnel inevitable, y de repente - estamos casi abriendo los brazos para contenerlo - ya lo perdimos: ha quedado atrás, inabordable, ajeno. Sentimos que hubo algo en el medio que se perdió. Pero no, no se perdió. Todo se pierde, a su tiempo. Y hay cosas que agonizan en su prólogo. Dignidad rara de un final en las primeras páginas, cuando las cosas parecían empezar. Lección platónica de no saber aun decapitar de un escopetazo a la ilusión que como un cáncer crece en los intersticios silenciosos de los días. Timidez terrenal de terminar viendo como enflaquece de frío en el cordón de la vereda, sola, una imagen venerada. Todo sueño cumple, eventualmente, el destino de volverse espectáculo agónico. Una imagen es una religión descartable.

16.8.10


*

Viajo a Montevideo, y no llevo cámara. Me llevan a ver el mar, y Laura me saca una foto. Una vez en Buenos Aires, la veo y noto que, además de colaborar con el personaje, es casi un frame bergmaniano.

15.8.10

(o)culto blue

 Y yo vuelvo a la literatura. Una y otra vez. Recaigo, como un adicto. Antes pensaba que practicar la ficción era un privilegio, sobre todo en un mundo hostil donde tantos tienen que cagarse a piñas para conseguir el pan duro de ayer que mc donald´s tiró a la basura. Hoy, pasó a ser una necesidad, un refugio, una fuga. Un tic del naufragio, un reflejo de la soledad. Quisiera sentarme en un sillón de starbucks y escribir un cuento o lo que salga de las palabras, en una notebook con un caramel macchiato al lado. Pero ni siquiera puedo comprar una pluma decente. La mía, que me regaló mi viejo hace unos años - hermosa, con detalles de oro y un cargador de tinta de los que ya no se fabrican -, la perdí no sé donde la semana pasada. Escribo con una bic en servilletas. Soy un poeta descartable. Muy posmoderno, claro: si da lo mismo, si significa nada o muy poco. Ahí estoy, tratando de empeñar la medalla estúpida: eternamente inédito, under y de culto. ¿Para qué? ¿Para quién? Soy un escritor de servilletas. ¿Alguien lee? Sí, cada tanto: y a los 5 minutos se limpian las migas de las medialunas con mis palabras. Soy un escritor de servilletas: ni siquiera el trapo viejo olvidado en el fondo del armario, sino un papelito amnésico destinado a un protagonismo efímero y lateral. Del mismo modo que otros se limpian los restos de comida yo me limpio la boca de palabras. Pero siguen brotando porque mi conciencia sangra, y las conciencias solo sangran palabras que la nostalgia interpreta con su primitiva psicología de canciones pop de tres minutos y después a otra cosa. Soy un poeta de servilletas: mis prosa profiláctica pasa casi sin dejar huellas ni manchas: pasa, como la compañía circunstancial de los paisajes tediosos cuando ya no sabemos donde mirar; mi evanescencia tiene la sola dignidad de las cosas inútiles.

13.8.10

Cruza el charco, hasta Montevideo, para asistir al festival literario eñe. Lo que realmente aprecia de viajar son, como dice Vincent Vega, las pequeñas diferencias. Con el tiempo, descubre un placer sutil y a la vez identitario por las listas que recogen estos detalles; por ejemplo:

• las peatonales del microcentro están todavía desiertas pasadas las 9am. Todo comienza lento, y más tarde.
• en todos los restaurantes donde fue, le dieron una mostaza amarilla y muy liquida. Rica, pero distinta.
• el centro esta lleno de gatos (allá, en cambio, perros).
• la sprite tiene otro sabor. Más limonado, similar a la 7up. Después de corroborar esto no pidió mas sprite.
• todos los lugares tienen un extraño enchufe de tres patas de punta circular alineados uno al lado del otro. Grandes dificultades a la hora de enchufar cosas. El primer día ya se queda sin celular.
• en burguer king tienen coca-cola y no Pepsi.
• no hay semáforos en el microcentro. Se asombra ante el respeto sagrado que los conductores le otorgan a la cebra. Basta tener la leve intención de cruzar una calle que ya se ha detenido la ciudad.
• los niños de primaria van al colegio con una netbook.
• no suele haber estufas. Le dijeron que el gas es muy caro. No logra razonar cómo se puede convivir con semejante frío.
• los baños de los lugares públicos están limpios. - esta hipótesis, con el pasar de los días, no se sostiene.
• los puestos de diario son rojos.
• los mendigos son amables.
• los taxistas les dan la propina a los que abren las puertas, y para bajar las ventanas hay que pedirle al chofer.
• la presencia del río – que ellos llaman mar y razón no les falta – vuelve a la existencia más tolerable.
• en lugar de decir “che”, dicen “bo”.
• la tv es la misma, el star system es el mismo.
• a las 22hs, la existencia cesa.
• los alfajores son más ricos y artesanales.
• la predisposición para la tristeza se sostiene: es un síntoma rioplatense,
• tiene que hacer un esfuerzo para sentir que está en otro país. Sólo la persistencia de las imagenes de Forlán le acerca esa noción.
• etc. 

4.8.10

cuaderno de viajes imaginarios

 en la previsión de los derrumbes inminentes

Estancado en un bar de mala muerte, preso de la incertidumbre de carecer de wifi, literalmente anclado por un equipaje demasiado pesado como para poder irme, aguardo - mientras algunos homeless afuera se organizan para esperarme sigilosamente - a que un llamada resuelva mi situación. Mi celular tiene poca batería y dependo de el. Lo apago y lo vuelvo a prender. La situación es simple: si esa llamada llega s mí, estoy salvado. Si no llega, no. Sin embargo, la simplicidad del asunto no me contenta y desperdicio mis pocas energías en teatralizar la ansiedad de los diversos infortunios en los que puede devenir mi condición.
Y a todo esto, escribo. Que otra cosa podría hacer? Llamar a alguien! grita el lector compasivo. Es una ciudad extranjera, no sé a quien llamar. La única persona que conozco esta en alguna parte de la ciudad, moviéndose, irrastreable - tal vez acercándose a mi (pero cómo si no le pude decir donde estoy?) tal vez haciendo cualquier otra cosa, habiéndose olvidado de mi -. El bar va a cerrar pronto y seré expulsado al centro de la madrugada donde ni siquiera el rastro de un camino es discernible y refugiados por las tinieblas los mendigos que me espían ya no necesitarán sus apariencias humanas. ¿Qué significa escribir en este caso? Bueno: que todo ya ha fallado, que ya no queda ni siquiera la esperanza (solo la espera, de la que la escritura es una de sus formas), que no vale la pena intentar una acción - ni siquiera en el imaginario - para evadir la catástrofe, que ya hemos capitulado nuestras fuerzas, que no queda nada salvo que algo extraño, inesperado, poco convencional irrumpa y nos libre. Y como eso es improbable, existe la escritura. Plegaria y a la vez claudicación. Como el soldado que se hace el muerto entre el lodo de la noche y se acurruca tratando de moverse entre sus compañeros muertos para no ser detectado: así se escribe a veces. No se espera algo. La espera - vana, imprecisa- es simplemente lo único a qué aferrarse. Y como por sí misma es desesperada, hay que llenarla con algo. A veces, la escritura.

2.8.10

Vincent & Dr. Who




Si hacían falta más motivos para inclinar mi devoción hacia una pasión desmedida, el décimo capítulo de la quinta temporada de Dr. Who (si a alguien le interesa bajarlo) versa sobre Vincent Van Gogh. No ocurre seguido la belleza en la tv. Pero entre las excepciones pensables, hoy lloré (lloramos, en realidad) mi domingo por la tarde frente a esta ocasión sublime. Raro, además, que la ciencia ficción - tan dada a explosiones grandilocuentes y a la imaginación de futuros, lejanías y monstruos - se haya concentrado en alcanzarle un poco de justicia a la desdichada existencia de Vincent. Incluso esa línea, cuando el Doctor dice: - I`ve seen many things, my friend. But nothing quite as wonderful as the things you see. Pero lo maravilloso es el final. Si alguien ha apreciado la violencia de esos retazos de color con los que Van Gogh ha despertado la belleza más descarnada, no podrá no derrumbarse en el final. No diré nada más. Amanece, y en unas horas habré de viajar. Me queda apenas un rato entre las sábanas, aferrado al ansia de tal vez soñar un poco con los sueños que quedaron dormidos en los pinceles secos de Vincent, después de los cuervos negros sobre el trigal.

1.8.10

fetch



Repasando estos cuadernos he notado que firmé con ese nombre, Debret Viana.




Antes de empezar a escribir Infimos Urbanos, yo era él. Ahora, releyendo, noto que tiene sus propias formas, su psicología, sus modos y trampas, sus vicios y sus redenciones, su respiración, en fin: sus rasgos particulares. Diferente de mí, pero no enteramente lejano, es como una aparición que queda grabada en la hoja, como un estado de ánimo que habla, y cuando cesan sus verbos, se desvanece. Algo que, sin ser yo, en mí surge y se evacua en textos. 




Su sintaxis – muy otra que la mía – se ha apropiado, sin embargo, de algunos detalles de mi propia vida. Hoy, no sin cierto horror, debo enfrentarme a una suerte de duelo con un doble (el horror sensato de comprender que ambas partes constituyen el equilibrio de una balanza, y que de exiliar a una de ellas, todo se desmoronaría)... Si esas cosas componen – como de hecho lo hacen – a Debret Viana, ¿entonces qué queda para mí? Si él ya es eso, yo no tengo más remedio que ser otro.

¿Pero quién?

Me siento como quien fue a un baile de disfraces, y en el tumulto perdió, no su máscara, sino su rostro. Y ahora no hace más que esforzarse en llegar a ser la máscara que le queda, mientras se oculta detrás de tibias improvisaciones que no logran ser una personalidad, simplemente como una forma de disimular que no se es nadie, que se esta repentinamente vacío, que, en medio del ajetreo, por alguna confusión, extravié las cosas que era y ahora no queda más que empezar a urdir un rostro otra vez, a practicar gestos en la soledad nocturna de la habitación hasta conseguir un lugar donde ocultarme y una manera de enunciar mi tristeza que no sea ya un tic de Debret Viana.

30.7.10



 *


Ilustración del artista plástico Miguel Angel Troncoso a partir de la nouvelle "otro", incluida en el libro "menos", de Debret Viana.

24.7.10

prólogo de "Menos", de Debret Viana



Prólogo
Ganz endere
 
 
  
il me semble que je serais toujours bien  
là où je en suis pas.  
Baudelaire
  
Kafka no encuentra, en el tiempo de que dispone, la extensión que permitiría a la historia desarrollarse como ella quiere, en todas las direcciones; la historia es un fragmento, luego otro fragmento: "¿cómo a partir de trozos puedo fundir una historia capaz de tomar vuelo?" De manera que, al no haber sido dominada, al no haber suscitado el espacio propio donde la necesidad de escribir debe ser a la vez reprimida y expresada, la historia se desencadena, se extravía, regresa a la noche de donde vino, y retiene dolorosamente a quien no supo darla a luz.
Maurice Blanchot
de Kafka a Kafka



I
El verbo es la carne del viento. Tan frágil, como su misma arcilla primitiva. 
La literatura misma está hecha de viento. Palabras: viento detenido, viento encriptado en la blancura del papel; que tarde o temprano volverá a la blancura, porque la tinta es más lenta que el arsénico, pero el viento lamerá cada sílaba hasta purificar las cosas del paso del hombre. La tinta es el hilo que captura el susurro del viento. La palabra, cautiva de las negras ataduras de la tinta, trabajará en silencio por su desintegración.
Volverá al viento, eventualmente: el papel volado por el viento, abducido, hilvanado por el viento, corriendo con el viento, y cuando alguien lo vea, por la ventana de una casa, atravesar la calle de enfrente dirá: hay viento.


II
El tiempo, la lectura erosionarán estas palabras hasta que no quede nada. Parecerá el final, pero es apenas desintegración. Son diferentes las cosas que arriban a una conclusión de aquellas que son cercenadas. La progresión de este fenómeno puede constatarse en las páginas de este propio libro: lo escribí pensando que ascendía una montaña, me percaté tarde de que se trataba de una caída, a los tumbos, torpemente por la áspera rocosidad del paisaje, y lo abandoné antes de concluirlo, para evitar el advenimiento del suelo y de la decepción. Fui de la nouvelle al relato, del relato a la prosa, de la prosa al fragmento, del fragmento al balbuceo, del balbuceo al silencio. Cada vez más despojado, cada vez menos… Del lujo (ostentoso, burgués) de la literatura a la necesidad (primaria, desesperada) de la escritura. Lejos de ser un libro que crece, es un libro que declina: viaja de la voz hasta el murmullo. Lo que se fue perdiendo, inaccesible, transita en los vientos sutiles que transpiran las noches, se susurra en los intersticios de los grumos del silencio, se insinúa en las manchas de humedad de las ventanas de los colectivos cuando llueve en la ciudad, un martes.

III
Tan inaccesible ha sido que lo fue también para mí, que me previne del gasto de decorar sus despojos sabiéndolo ya de antemano perdido. Errará lo mismo por los desiertos y los delirios, porque es la ruina de una potencia irredenta: todas las cosas no realizadas deambulan espectrales por los pasillos del imaginario.
Perdido como estaba el libro, opté por su lenta inconclusión, su abandono. A medida que me adentraba las tempestades multiplicaban su vigor, y tuve que ver como cada vez más palabras se volaban o se desdoblaban, atomizadas sin remedio, exponencialmente. La persistencia de la mirada sobre la palabra es como una lima meticulosa. Casi imperceptiblemente la palabra en el tiempo cambia, enflaquece. Gana en ambigüedad lo que pierde en sentido. Y se vuelve para su autor algo ajeno, extraño.
(Cuando me asomo a releer lo que quedó, veo que las palabras están en otro lugar, levemente heridas o trastornadas, y ya no significan nada para mí, o muy poco, u otra cosa.)

IV
Avergonzado por persistir en la compulsión de la escritura después de haber agotado mi destreza en el género de novela breve, y luego en la tradición del cuento, entré en las escrituras del yo, trocando mis horas yermas por las palabras que las traicionaban, en un vulgar exhibicionismo. Entregué el libro a la editorial dos pasos antes de haber agotado toda posibilidad de enigma. Claro que tuve que seguir escribiendo. En las paredes, en las arenas del desierto, en los vidrios empañados, en el aire, en el paladar con los movimientos húmedos de la lengua, en mi imaginación. Este libro, tan inerme y tan sí mismo en tus manos, seguirá más allá de la palabra impresa, ya sin mí: inconcluso, inagotable. Esta misma palabra que lees ahora ya no es mía, no es tuya, ya no es nada: apenas el camafeo de un latido que expiró. Existen las tapas del libro, existe la muerte. Lo que no hay es el fin del texto.
*

Cuando de repente, mirando el techo de tu insomnio alguna noche, en un traspié del silencio, brote de la nada una palabra murmurada, una línea que no encalla en tu contexto, tal vez sea yo que contaminé el viento con tantos garabatos.

V
Estamos haciendo algo, y de repente, sin ningún motivo, miramos hacia una dirección – es casi un reflejo – y vemos que alguien nos mira: la mirada es un contacto, una opresión. La palabra no es inmune a la mirada así como la dentadura no lo es a los dulces. Con el tiempo la palabra se carea, se desfigura. Y termina siendo otra cosa. Hasta disgregarse en el polvo, con todo lo demás.
Basta con que se pierda una coma para que el texto se vuelva otra cosa. Todo esta destinado a la ambigüedad de los signos enloquecidos: es como un rompecabezas viejo, con las piezas mordidas, gastadas, incluso algunas rotas. De repente cualquier pieza encastra con cualquiera, se ensamblan sentidos impensados y el cuadro final es caótico, sin sentido o monstruoso o, simplemente una otra cosa completamente otra.
Hay una cierta belleza evanescente en el carácter efímero de una palabra dada.
Pero estas cosas ya pasaron, y aquel instante puro ya se extravió.
Este libro es la carne de una batalla perdida: documenta la desintegración de sí mismo. Tal vez, mientras declina, el lector adivine un espejo involuntario. No tuve la pretensión de una metáfora, pero tampoco la fuerza como para impedirla (the sea refuses no river). Sea como fuese, no se ha querido lastimar a nadie.

*

Postergar indefinidamente la cognición del objeto, enredar los hilos que conducen al origen, pactar con el extravío, la disolución y la ilusión1 la cercanía de cada sombra que entrevimos detrás de los velos que nunca escondieron nada, pero fueron solidarios con el sueño: ese es el destino silente que yace en todo: el culto a las apariencias diferidas. 
Cabe sufrirlo, o hacer de él una estética.


Debret
Abril, 2010 

23.7.10

y ahí está nomás el libro


*

Y finalmente ha salido el libro. Hoy me llegaron un par de ejemplares, y - un poco de casualidad - el primero lo tiene Alan Pauls, probablemente olvidado en un rincón marginal de su biblioteca. Aun no está en librerías (cuando esté, avisaré las coordenadas precisas). De momento, quien lo desee puede enviar un mail a la editorial, pedirlo por Feisbuc, o bien encargarmelo a mí vía mail, o lo que fuese. La infinita modestia de la editorial Deveret, permite que el precio del libro alcance la accesibilísima cifra de $25 (o sea, menos que un combo de McDonalds!). Bon appétit. 

Prometo ceder a las amenazas fraternales de amigos y familiares, y  mañana subir el prólogo.

i dreamt in a foreign language

I dreamt i woke and saw the breath of the dead.
Legions, they were, and were quiet and waiting with such patience
you would say there was no one there.

But the rare mist of their breathing, it waved
a vast ocean of dark stillness - so serene
you would sail willingly, you would wish to see the distant depths
 if you could ignore the fingers that  moved the tide
the cold hands in the fog as they lie, and wait,
the little steps of time craving you off.

I would not have believed that death had unmade so many.

19.7.10

moneda

El paraíso invisible y la rosa de Paracelso


cara
Su renombre como alquimista viene desde muy lejos. Había logrado torcer cualquier piedra en oro y eso no algo que los siglos - hechos de mercaderes y avaros - olviden senciilamente. Menos se lo conoce por su rosa. Podía, según se dice, quemar un rosa hasta volverla ceniza, tomar la ceniza en su mano, decir una palabra (que tal vez era el Verbo) u operar una alquimia secreta y la ceniza recobraba su forma de rosa. De la anécdota sólo quiero decir, como el Paracelso borgeano insiste, que la rosa nunca dejó de ser rosa. Que nada cesa en el mundo. Que respiramos el hedor del cuerpo muerto de Shakespeare y del César, que el polvo que se levanta en las tardes ventosas puede venir de las guerras de Troya, de Luxemburgo, del polvo que levantó el derrumbe de Cártago o Kosovo ; que el tiempo es un juego y un espejismo.

cruz
Ni siquiera de niño he sabido aferrarme a religiones clásicas. Dejando de lado la literatura, no tengo nada en qué creer. He simpatizado con ciertas doctrinas teológicas – como las de Swedenborg – pero atribuyo mi adhesión al bellísimo estilo en que esas ideas son expresadas. Mi devoción es estética.  
Sin periódicos de por medio, he visto estos días una pizca de la miseria del mundo. Me basta no hundirme en mis auriculares mientras camino por casi cualquier calle porteña. Y pensé que la Caída no fue la expulsión del paraíso. Fue otra cosa: fue ceguera; fue no saber ya cómo verlo. Después de todo, si aceptamos que la divinidad creó el mundo, y que la divinidad es perfecta, no pudo haber creado otra cosa que no fuera el paraíso. La condena del hombre es no saber verlo. Y es natural, entonces, que se comporte como si no existiera el paraíso, mancillando todo lo que toca y vulgarizando cada paso de su tiempo.  
Pero, está bien - al menos a modo de licencia poética - que Milton ignorara que todo lo que había era un cuerpo miope, condenado a desencontrarse eternamente con su dicha, resbalando entre los días sin lograr la savia de su luz.


texto hallado en una servilleta de un bar de palermo, allá por el 2007

7.7.10

actualización de sistema lista para ser instalada


Releyendo un libro que me han regalado recientemente (el mío, comprado allá por la temprana adolescencia en versión baratísima de calle Corrientes, ha de estar sepultado por otros libros en la desprolija biblioteca e inhallable) un poco recupero el goce inicial de la primeras lecturas - sólo un poco: ahora no tengo más remedio que leer con todo lo que he sido y pensado y perdido - pero luego, anclado en el sillón blanco de la habitación pienso en el tiempo, y cómo los imaginarios de cada época actualizan los temas que nosotros, porque somos breves, sentimos eternos. Lejos de tener el suficiente apetito como para esbozar un ensayo donde desarrollar mi modesta idea de entretiempo de España-Alemania, me contento con identificar un ejemplo, y dejar que él hable por mí. 

________

Los beneficios de la luna

La luna, que es el capricho mismo, se asomó por la ventana mientras dormías en la cuna, y se dijo "Esa criatura me agrada".
Y bajó con suavidad por su escala de nubes y pasó silenciosa a través de los vidrios. Se acostó sobre ti con la ternura flexible de una madre, y ardió sus colores sobre tu rostro. Tus pupilas se pusieron verdes, y las mejillas extraordinariamente pálidas. Al contemplar a esta visitante tus ojos se agrandaron extrañamente, y ella te oprimió con tal delicadeza la garganta que te quedó para siempre el deseo de llorar.
Sin embargo, en la expansión de su gozo, la luna poblaba todo el cuarto como atmósfera fosforescente, como veneno fúlgido; y esta vívida luz pensaba y decía: "¡padecerás eternamente el influjo de mi beso. Serás bella a mi manera. Amarás lo que amo y lo que me ama: el agua informe y multiforme; el sitio donde no estés; el amante que no conocerás; las flores monstruosas; los perfumes que provocan delirio; los gatos desmayados sobre los pianos y que gimen como mujeres, con voz ronca y suave!".
"Y serás amada por mis amantes, cortejada por quienes me cortejen. Serás reina de los hombres de ojos verdes a quienes cerré asimismo la garganta con mis caricias nocturnas; de los que aman el mar, el mar vasto, tumultuoso y verde; el agua informe y multiforme, el sitio donde no están, la mujer que no conocen, las flores fúnebres que se parecen a los incensarios de una religión desconocida, los perfumes que turban la voluntad, y los animales salvajes y voluptuosos que son emblema de su locura".
Y por ello, maldita, querida niña consentida, estoy ahora tendido a tus pies, buscando en tu figura el reflejo de la terrible divinidad, de la fatídica madrina, de la nodriza envenenadora de todos los lunáticos.

Charles Baudelaire, 
en Pequeños poemas en prosa.

- y / o -


Lunática

Luna, satélite conchudo de la tierra
yo no sé para que mierda, tanta vuelta
 sos la puta blanca de la noche negra
sos el blanco de las pajas
que se clava el corazón en desventaja
sos la eterna compañera
que ilumina y no visita mi catrera.


Luna, inútil barrilete de la tierra
porque ya no dejás las aguas quietas
rompés las bolas de los pescadores
sos el blanco de las pajas
de los que ni manotearon las rebajas
sos la eterna compañera
que no coge, ni calienta, ni la prueba.


Luna, farola perdedora de la noche
que envejecés haciéndote reproches
pintabas para reina y hoy ya ni mostrás las piernas
sos el blanco de las pajas
de los que se conformaron con migajas
sos la eterna compañera
a los que todos la cagan con cualquiera.



A 384 mil kilómetros de mí
es difícil mandarte a la mierda
caliente de día, de noche muy fría
adelgaza y engorda, ilumina y se borra
yo sé, cual es tu tipo de mujer



No me pidas el Sol mi amor
porque quema, quema como loco
no me pidas el sol mi amor
la Poronga es el Helado de los Crotos
ademas hasta allá en que mierda voy
no me deja ni un transbordador




Luna, te inventaron mil romances con el sol
mirá si te va a dar pelota a vos
soltera, solterona, que te abandonó tu cola
sos el blanco de las pajas
de los que ven como la hora se les pasa
sos la eterna compañera
que cada día que pasa es más fulera.





Luna, te hablo siempre en representación
de las turras que se portan como vos
siempre rodeada de estrellas, pero muy lejos de ellas
sos el blanco de las pajas
de los que antes que al amor miran la caja
sos la eterna compañera
de a los que la tentación los sermonea.




Luna, decime que carajo te creíste
si nunca fuiste mucho más que un chiste
sin gracia, ni talento, apostabas a tu esfuerzo
sos el blanco de las pajas
de los que se fueron rápido a barajas
sos la eterna compañera
de los que nunca se enamoran de rameras.




A 384 mil kilómetros de mí
es difícil mandarte a la mierda
caliente de día, de noche muy fría
adelgaza y engorda, ilumina y se borra
yo sé, cual es tu tipo de mujer / 
que estoy cansado de querer.


Zambayonny
en La Pendeja Puta Que Todos Llevamos Dentro 


2.7.10

recorrido nocturno por los anaqueles poco visitados de la biblioteca

cláusulas


I
Las mujeres toman siempre la forma del sueño que las contiene.

II
Cada vez que el hombre y la mujer tratan de reconstruir el Arquetipo, componen un ser monstruoso: la pareja.

III
Soy un Adán que sueña en el paraíso, pero siempre despierto con las costillas intactas.

IV
Boletín de útlima hora: en la lucha con el ángel, he perdido por indecisión.

V
Toda belleza es formal.

Juan José Arreola
Confabulario