24.9.09

*



modi

convocado por los ojos vacantes de Modigliani

(más tersura en sus sinuosas cavidades
que los vacuum eyes de bob dylan)

rara succión de esos ojos
como cavernas
a un espacio abismal

no lo sé, tal vez espejan
predictivamente
el vacío que (los) miran

los inhumanos ojos
de Modigliani
atormentados de lábil cavidad

¿qué artimaña, qué destreza,
qué desolación
lo llevó a sembrar
el vacío
en pleno rostro?

dicen que picasso
tuvo una última palabra antes de morir
y que su rosebud
fue Modigliani

pintor proletario
forzado al retrato
para comer
pero aun ahí
guardaba unas pinceladas
para su propia aventura:
la poética del vacío.

a veces
distingo en esos ojos
un rumor de mar
o una espesa tiniebla
siempre
me inquietan

también tendría que decir
algo sobre los cuellos
sinuosos y altísimos
de Modigliani;
pero sigo cautivo
de esos ojos,
de verdor azulado
que debería vestir el alma
si el alma fuese
un hecho estético

vuelvo a verlos
los pienso.

nunca me hablarán

ese es nuestro diálogo
no tienen nada para decirme
pero sí mucho
que hacerme soñar

sí, sobretodo en los ojos de las mujeres
pero ese enigma no era de ellas
modigliani
lo hacía nacer
lo posaba
en la parte de ellas que ellas no podían ver
y el reflejo
de su interioridad inaprensible
se diluía en el agua
de los ojos que lo miraban
formando ese color
imposible

las modelos cumplían ese doble rol
le daban un cuerpo
para que Modigliani practicase
la captación de la exterioridad
y luego estaban los ojos
donde la mirada
se revertía
y solo quedaba tal vez
un puro sensacionismo de sí mismo
mirándose

la mujer es un ánfora
donde reposa un enigma
que no les pertenece

así como la melancolía
de ver el mar de noche y solo
es tuya
y no del mar.

Modigliani
poeta italiano
sin versos
dandy pobre
plantó un enigma
en el siglo

ya no me importa qué vió la mona lisa

sueño en el umbral de los ojos de Modigliani
cosas tan fugaces
que apenas puede decirse
que existieron

quiero un antifaz
con los ojos
de Modigliani
para obligar a quien me mire
a penetrar
su propio
insondable
abismo
hasta extraviarse
y que la parte que vuelva
de esa jornada
sea loco, niño o profeta

quiero capturar el color
de los ojos
de Modigliani
para tejer con él
mi mortaja
o al menos
una remera cool
con la que pasear los sábados
y confundirme
con un mar abstracto

*

21.9.09

roadkill

III

a
Miento, cada tanto. No porque me haga falta. Ya no queda nada qué ocultar. La transparencia es una de las reglas de la posmodernidad, mediante la cual todo lo privado pasa a ser perverso o banal. Miento para no perder la costumbre. Miento para practicar. Por devoción literaria. Porque me parece necesario contribuir a la disolución de las fronteras de la ficción.

b
Con el tiempo, voy perdiendo fuerzas. La mentira es un esfuerzo delicado. Una orfebrería. Se me hace cada vez más difícil. Y noto como los años de técnica facilitan recursos tristes para no dar lástima. Últimamente, miento diciendo la verdad. Como tengo fama de mentiroso, me festejan las invenciones halagando mi creatividad. Para disipar dudas, procedo, justo después de haber dicho la verdad, hacer un gesto sutil pero inequívoco (como arquear las cejas o hacer un ademán teatral; es precioso como una frase se complejiza invulnerablemente puntuándola con un arqueo de cejas). Funciona bastante bien. Ya me conocen, y esperan de mí una perpetuidad sarcástica del ritual de mí mismo. Pero en algunos casos, sobretodo con gente joven, siento que perciben la verdad en mi discurso, y entro en pánico y los atiborro de gags para distraerlos de la cercanía de mi desnudez. Disculpo la mueca de horror en mi rostro con máscaras que labré con tiempo y oficio.

c
Aun asi, sufro. Cada vez tengo más verdades, me desbordan. En mi paranooia, fantaseo que todos ya saben todo, y me dejan seguir mi acto para reirse de mi obsesión por disimular. se complacen al ver descarrilar mis patéticas muecas mientras mi cuerpo se descubre, mis rostro pulveriza los velos, que caen como hojas muertas al costado del escenario, y mis palabras, en lugar de evadirme, de plantar falsos rastros, de excitar ambiguamente todos los sentidos, en todas las direcciones, en lugar de eso me dan en sacrifício, me delatan, me dejan (inerme y abierto). La verdad es algo abominable. ¿Por qué tengo que ser justo yo su emisario?

d
Cuando sueño, arrimado a mi angustia, los veo tender sus manos por detrás de la espalda, disimuladamente, y entrar en una región oscura que no logro discernir. Y en sus rostros ya se percibe claramente que cada uno tiene su piedra elegida, y que basta que uno lance la suya para que todos le sigan la corriente.

fin

20.9.09

roadkill

II

A veces, dejo delirar mi insomnio. Me es fácil vivenciar el naufragio de mi efímera terrenalidad. El extasis del extravío ocurre entre imágenes banales de otras vidas que ignoro (y bullen, como una visión frágil e intermitente, en la retina de mi ojo cerrado). Cuando regreso, ese contacto con la otredad total (que mora en mí, de algún modo, o que en mí tiende un puente o una pared con un agujero por la que me es dado entrever siluetas y sombras) frustra mi concepción de identidad. ¿Quién soy? Me pregunto eso, de vez en cuando. Quien soy, además de alguien que gusta en demasía abrir paréntesis longevos. Durante un época pude decir yo. Luego, solo balbuceaba. Ese fue mi período más honesto. Últimamente, me respondo: "nada: un estilo que narra esa nada".

-

8.9.09

roadkill



I
De noche, ni siquiera duermo. Miro por la ventana y sueño una música cloacal de huesos rasgados por dentaduras pestilentes de animales atropellados por autos que manejan pendejos bobos con padres ricos la madrugada de los sábados.

-

7.8.09

la muerte, el horror de tener que despertar hacia lo real

fragmento pessoano

basta con que la vida sea breve y transitoria
para ser sueño. a mí, como a quién sueña
y oscuramente sopesa la segura pena
de tener que despertar
a mí la muerte,
más que como la muerte en sí, me aterra
como el horror mismo de sacarme del sueño
y entregarme a lo real.

Fernando Pessoa

Primer Fausto
parte uno, XXXIV

poética de la ausencia


Habrá de reinar solo aquél que logre administrar con destreza su propia ausencia. No basta simplemente con no estar. Es preciso que esa falta sea perceptible, que ocupe un sitio, que signifique (no importa qué: algo: un punto erótico de la ambiguedad desde donde se derivan significancias plurales). Lo que falta debe hablar, debe gritar. La ausencia empieza en la necesidad vital de la presencia. A orillas de la presencia nace su propia postergación trashumante. Sólo mediante la omisión se ejecuta el poder de manera ineluctable. Incluso el placer se da puro en la propia ausencia de uno mismo. Es intratable un goce que implicase a la vez el peso de la conciencia de quien uno es. Lo único malo de decir estas cosas es que son demasiado tao.

Dice Nietzsche, en Humano, demasiado humano:

"Decimos que disfrutamos de una cosa, pero en realidad disfrutamos de nuestra ausencia. Disfrutamos del modo en que nos ausentamos en esa cosa."

.

5.8.09

remembering The Tempest


¿Y si en verdad lo de Próspero es todo una fachada, y Shakespeare se encarnó a sí mismo en Ariel? Un ser extraño y etéreo, forzado a perpetrar ilusiones teatrales a modo de deuda para con un poderoso señor (lleno de libros y trucos, pero sin la chispa de la magia) que lo habría liberado y esclavizado. En el momento en que Ariel salda su deuda, desaparece. Deja, como señuelo, a Próspero en el centro del escenario, un viejo decrépito que se manda la parte, y perpetúa la circulación de los enigmas, para así, leve y hermético, poder huir tranquilo, sin que nadie lo persiga, ni sospeche nada (y se mantenga la ilusión infantil de que tales dotes son terrenales, y moran en los libros).

14.7.09

desencuentro


La tragedia es la vida en primer plano;
la comedia, la vida en plano general.
Charlie Chaplin


De repente, enmudeciste.
No supe nada más de vos. Te sustrajiste de mí, en una evanescencia torpe. Te ocultaste, pero mal. Se te veía el vestido detrás del sofá. Yo te llamé, y vos no respondías. Qué artilugio tonto. Te busqué, te grité, te pedí. Me enredé en tu silencio semanas. Vos mirabas de lejos, de reojo. Te quise explicar, traté de entenderte, te hablé mientras aparentabas no estar. Y al final, me hinché las pelotas y te mandé a la mierda. Costó, porque aun en ese punto te hacías la que no escuchabas. Después, pasamos el final, cada uno del otro lado del otro. Y luego de insultarte de numerosas y coloridas maneras, bueno....


Sí, me gusta contar las cenizas; ¿y qué?

Nunca sabré qué pasó. Si fui yo, si dije algo errado, si fui muy petiso o no lo suficientemente alto, si estaba sucio, si hablé mucho, si hablé poco, si no te gustó un lunar, si mi imagen no correspondía con mi realidad, si te aburrí, si te enamoraste y te dio miedo, si olía mal, si fuiste vos, si simplemente estabas loca, o eras estúpida, si conociste a otro, si un auto pisó a tu perro y entristeciste y pusiste toda tu vida en tela de juicio y dicidiste hacerte hare krishna, si tuviste celos de mis rulos, si mis ideas estéticas te jodieron, si alguien que me detesta obtuvo información comprometida sobre vos y te manipula, si te llamó un ex y lo fuiste a ver, si te recordé a un ex, si te recordé a un nabo, si no te recordé a nada y te olvidaste de mí por completo, o te olvidaste solo de mi número de telefono y no me podés llamar, si te diste un golpe en la cabeza y quedaste amnésica, si te golpeaste la cabeza por boluda, y no te pasó nada pero por algún motivo religioso pensaste que yo tuve la culpa, y me defenestraste, si sos forra, y generás ilusiones en otros para joder nomás, si yo tenía mal aliento,



si dejé poca propina, si no te gustó el bar, si yo me parecía mucho a un cantante snob, si tenía la bragueta baja, si alguien te dijo mentiras sobre mí, o peor, si alguien te dijo verdades sobre mí, o creíste que mi plan era doparte y sacarte fotos disfrazada de empanada para ridiculizarte en un blog, o si calculaste que vivimos demasiado lejos y que nuestra relación sería una tortura, o quizá descubriste que vivo con una mujer hermosa, o creíste que la mujer hermosa con la que vivo es bruja, y haría un hechizo que te transformaría en besugo, o tu padre en una actitud retro capuleto, te prohibió verme, o si realmente tomaste en serio ese chisme que me acusa de vampiro succionador de sangre (fue solo una vez), si escuchaste las voces difamatorias de mis ex, si fui tal vez demasiado cínico o irónico, o te cayó mal que me hubiese puesto tan triste cuando me enteré que había muerto Peña, o si fui feo



o estaba mal afeitado, o por algún azar leiste mis pensamientos y te asustaron, o porque se me notó en la cara que me pareciste muy petisa, o mi mueca fue muy evidente cuando me percaté de tu diente torcido, o si mi dentadura en estado de putrefacción te causó impresión, o si mi celular te pareció muy lindo y te dio una intolerable envidia, o si algún oráculo te dijo que debías alejarte de mí o caso contrario Macri ganaría las elecciones, o si te pareció que no estabas a la altura (no solo por ser petisa, claro) o arremetieron contra vos tempestades metafísicas, o el libro que te presté resultó tentador y consideraste robarmelo, o en una de esas porque sos sádica, y te gusta provocar sufrimiento, o tal vez



me dijiste algo muy importante, algo trascendental para vos, y yo no entendí o no escuché - quien sabe tal vez justo pasó un auto o maulló un gato o estornudé - vos te ofendiste porque no repliqué nada, o tal vez cuando hablamos de literatura ofendí alguno de tus escritores predilectos, o malinterpreté un texto tuyo, o fue muy patente en mí la cara de "esta mina no tiene idea de nada", o mi aversión por la catarsis (en el sentido de, en lugar de literatura, ser una estafa) averió tu sensibilidad, ¿o porque critiqué los blogs de amiguitos que se dejan firmas los unos a los otros con epítetos como "patético" o "infrahumano"?, o porque tengo muy poca tolerancia a la cortesía, que en tu modo de ejercerla se volvía tan pronto hipocresía, o puede ser que una secta de monos te haya secuestrado, o un ejército de enanos cebados te retengan para sacrificarte en yo que sé cuál será el proximo ritual que celebren, o quizá el gran cuñado te tiene muy preocupada, o no salís de tu casa, ni abrís la boca por temor a la gripe A, o por un trastorno de la personalidad crees que sos otra persona, probablemente Leo García, o andá a saber, te dio un repentino pánico a los semáforos (viste transformers y crees que todo puede volverse un insecto metálico), o



te embarazaste y te da verguenza, o engordaste y te da verguenza, o perdiste la facultad de pronunciar las eses, y te da verguenza, o estás haciendo la cola para entrar en el próximo gran hermano, o estas entrenando para competir en las próximas olimpíadas, o estas esperando en tu casa, haciendo guardia junto al teléfono, a ver si te llama Julián Weich y te ganás un electrodoméstico, o tuviste tu debut anal y ni podés caminar, o te practicaste una auto-lobotomía y no quedó del todo bien, o estas haciendo campaña para deportar a Laport, o metiste los dedos en el enchufe y te quedó un afro que no querés compartir con la sociedad, o leíste el Código Da Vinci y quedaste impactada ya sea por tremenda confabulación religiosa, o por la sarta de gansadas que el paparulo del autor logra concatenar, o viste kung fu en un canal retro, y te inspiraste y saliste a recorrer el mundo a pata, o tenés mucho olor a pata y te da pudor tener encuentros sociales, o sos una superheroína que combate el crimen por las noches y no querés comprometerme, o tuviste pesadillas con codornices y Chiche Geldblung e interpretaste que era una codificación de que tenías que callarte de repente, o te entregaste de lleno al yogurt y ahora no podés salir del baño, o una de esas pasa nada más


que sos mala,
aunque también puede ser que consideres que yo soy malo, o más bien la reencarnación de Yago, o de Jack el destripador, o de Atila, o Judas, o Jacobo Winograd, o quizá un mago el fin de semana arrojó un hechizo sobre vos donde te convoca a comportarte como un asno, y ahora dediques todos tus esfuerzos a ahorrar dinero para comprar un asnomóvil, o te defraudó tu religión, sea cual fuese, y te convertiste al budismo, o al boludismo, o tenés algún tipo de devoción kirchnerista y oíste por ahí que decapito y meriendo ojos de kirchneristas, o un súcubo nocturno succionó tu alma y ahora sos un gólem que camina las calles frías del invierno porteño, o fuiste abducida por los alienígenas, que prolijamente dejaron un doble tuyo entrenado en comportarse como pavo, o bailabas lambada entrenando para el próximo "bailando por un sueño" y en un mal movimiento te esguinzaste una neurona, o viste mucho Lost o Lynch



y se te dió por practicar el suspenso, o no sé, a veces se me da por pensar que te gustan los jueguitos super estúpidos que habrás probablemente sacado de la cosmopolitan, o quizá esté siendo injusto, y te haya pasado algo grave, lo más grave, lo inefable, y tu conducta sea coherente con la de alguien que lidia con lo inenarrable, allí donde no hay más habla, pero más bien me parece más probable que todo se dirima en el altar más sublime de la idiotez humana, o sino capaz que te fuiste de tour con un grupo de tap, o hacés méritos para entrar en el guiness en el rubro "paparula del año", o sos espía internacional y ya me robaste todos los secretos que necesitabas, o sos asesina serial, o comiste muchos cereales y estás hinchada y con flatulencias, o te extraditaron al congo belga y ahora te dedicas a plantar rabanos, o una secta de 7 enanos despechados te raptó y te obligan entre todos a fingir que sos Blancanieves, o por un accidente manipulanado energía nuclear te volviste radioactiva, te creció un segundo ombligo, y todo lo que está a menos de 15 metros en derredor tuyo se torna inmediatemente en tonto, o te afectó mucho la muerte de Michael Jackson y no podés dejar de hacer el pasito para atrás en una suerte de chiripiorca autista, o sólo te gusta hacer de vos un misterio, y prender al otro con tu ausencia, y forzarlo al imperativo de escribir textos largos para exorcizar la incertidumbre de una repentina - y bastante torpe - distancia.


O bueno, algo parecido, o semejante, o simétrico, o complementario a algo de todo lo que el silencio deliró en mí.



No sé, no sé. Tal vez fue un poco de todo eso, o nada. Esas cosas siempre se me escapan. La clave del enigma, el motivo del tapiz, el sentido de persistir entre los días, el objeto de que alguien empeñe todas sus fichas con tanta vehemencia en ser un idiota.




(texto abandonado, por lindar con el infinito)

8.7.09

una noche

Estoy en el baño, y leo esto. Cuando voy a la habitación (es tarde, y Jésica ya está acostada) le leo el fragmento.

“Es un eterno fenómeno: con ayuda de la ilusión dispersa en todas las cosas, siempre la insaciable Voluntad encuentra un medio para ligar sus criaturas a la existencia y obligarlas a seguir viviendo. Uno es retenido en la vida por la felicidad socrática del conocimiento y por el sueño quimérico de poder curar, gracias a él, la llaga eterna de la vida; aquél se siente fascinado por el velo de belleza del arte que flota prestigioso ante sus ojos; a éste, a su vez, la consolación metafísica de que, bajo el torbellino delas apariencias, la vida eterna sigue su curso inmutable; sin hablar de las ilusiones más bajas, y casi más poderosas aun, administradas en todo momento por la Voluntad. (…) Todo lo que llamamos cultura está compuesto de estos estimulantes."

No le interesa mucho. Ya con las luces apagadas me pregunta quién era exactamente Nietzsche, qué decía. Es un dulce balbuceo. Le explico, más o menos. Y no llego a distinguir en qué momento se queda dormida.

29.6.09

nueva editorial

*

gacetilla

Casi nunca me parece que abrir una editorial sea una noticia que participe de la nobleza. Por lo general, siento que contribuye a multiplicar la confusión y el mal gusto. Confesemos: son tan pocos los que escriben algo que significará para alguien al menos un poco de placer (alguien, por supuesto, que no sea un iletrado permanente). Y las editoriales pequeñas suelen simplemente reunir un par de amiguetes que se publican entre ellos, en un circuito de autolegitimación poco interesante. Pero, esta vez, no solamente eso. Puesto que esta editorial realmente es muy pequeña y sus intengrantes son bastante misántropos, existe la vaga chance de que un texto lumínico y fuerte alcance difusión. Justamente, el azar ha tolerado la publicación de un poeta amigo, que ha tenido a bien acercarme un digno libro de poesía, rarísima gema en un género tan abusado y vilipendiado estos días. La reciente y prometedora editorial DEVERET ha publicado un intenso libro de poesía de Carlos Rey titulado "Cavidades", que a su vez ha ejercido el descaro irresponsable de incluir un poema dedicado a Debret (moi), y que por motivos lindantes a la amenaza, estoy obligado a reproducir en este espacio (que como bien se sabe, no suele incluir publicidades ni gacetillas de ninguna índole). Cedo el paso a este poema, a modo celebratorio de un nuevo emprendimiento cultural. Y desde ya, si algún lector posee el vicio de la escritura y ha dado con un texto que siente que merece publicación, rompalo de inmediato, y luego prendalo fuego. Si sobrevive a todo esto, sientase libre de enviarselo a esta nueva editorial, donde será minuciosamente examinado hasta que de tal escrutinio quede nada y algo de polvo y etc.




FLATUS VOCIS


Para Debret Viana


Tumba disecada de la fuente
de donde brota el poema
(no bebí)
A la carga del pensante,
las lunas,
sin remisión.
Raíz,
herrumbrosa,
en tinieblas hostigada
(no bebí)
Desfloradas las lobas
del deseo,
oh, nubes,
tan parecidas,
oh, agua,
albergada en la fuente
(no bebí)
-si al menos la nube
se arrimara,
junto al agua,
aquí,
cerca,
donde el poema alberga el deseo,
y la tumba y los huesos,
secos,
ruegan una vez más
por nacer,
sobre la tierra,
real,
única real,
en el punto central del cerebro
que despierta,
claro amanecer del despunte,
hurgando,
hasta lo profundo,
luz,
(no nacida)
parida en el ánimo
del sentimiento,
paladar,
paladar de la boca,
en lo lindero por salir,
en las glándulas gustativas
de lo no nacido que
bebe,
bebe del agua,
regada,
como bálsamo,
como noche,
en la tumba esforzada
que silencia lo acontecido,
disuelto lo venidero,
una vez,
y otra más,
escurrido de las manos,
lo nítido
prometido,
ya,
ya.
………
Sé
de alguien
que ha bebido.


Carlos Rey

***

_____________________

Serie de aclaraciones:
No, no se trata de la publicación de un texto mío. Se trata de un escritor y poeta amigo, Carlos Rey.
Tampoco es mi editorial, ni tiene ningún vinculo conmigo (salvo la amistad con uno de sus integrantes). Me son aun inciertas y misteriosas los motivos por el cual el nombre de la editorial tiene cierta similitud con mi nombre. Me inclino por la teoría de la parodia.

El libro está a la venta en Liberarte.
Por desprolijidades compartidas, no tengo la dirección exacta. Anda por Corrientes al 1500. De todos modos, por ahí arriba anda el link a la página de la editorial.

Resueltas las confusiones, volvamos al silencio.

22.6.09

sentimentalidad satelital


evasión,
regresión,
reversión.

Toda cosa que vaya para un lado irá con la misma furia hacia el otro. Acercarse es un proceso lento. Si no se respeta esa lentitud, el desvío, el desencuentro. Pasarán de largo quienes corran hacia el otro. La danza táctil, en el ritual de descubrir un cuerpo, deviene solo de la danza de las miradas entretejidas en el silencio del ansia agazapada. Consecusión sacra. La urgencia mueve hilos que trabajan para la postergación infinita. El suspenso es un rictus donde sedimenta la posibilidad de un roce (y, por posible: irreal). Aquello que se acercaba, se da a la lejanía. Ante la atracción: retracción. Verterse en el vértigo de la sensación próxima del otro es casi perderlo para siempre. El encuentro es una flor rara que ha de cultivarse entre cadencias serenísimas. De cada cuna apurada brota, de pronto, un monstruo. Todo exabrupto en el trámite de un contacto es sacrílego. Los pasos, como las palabras, deben ser en derredor del otro: satelitalmente; nunca hacia adelante: diagonales, perpendiculares: nunca líneas rectas: orbitar; todo paso a través de una línea recta resbalará indefectible por las nieves de lo desunido. El invierno de sí mismo sin el otro es el otro lado de la cama cada mañana desde mañana. A veces el otro sólo es la antesala de sí mismo. Solo puede darnos, antes de perderse o volverse estéril, la sensación de sí mismo. Y su sí mismo es el páramo donde declinan las expectativas de su cercanía. Lo real se repliega, mísero y mendigo, ante la potencia del imaginario. Quien cruce esa frontera, verá corroerse ante sí al objeto real, carcomido por la imagen de su proyección imaginaria defraudada. Lo imaginario rivaliza con lo real. Ante su doble (por ejemplo una mujer, y la misma mujer soñada, pensada, ansiada) el imaginario dispone de diminutos insectos, transparentes y rumiantes, que muerden diminutamente al objeto real. Muerden suavemente, y quien es atacado solo siente algo parecido a nada. Pero quien observa, ve claramente la modelación de una deformidad. Es sutil, pero inapelable. Amar, es siempre amar antes. Haber amado antes de que el otro postule su realidad. Urgidos, los tontos buscan que la realidad confirme (pronto, cuanto antes, ¡ya mismo!) la ilusión que urdimos con la incertidumbre del otro.

Según la velocidad, a veces basta verse una sola vez para parir el hastío. Es una simple matemáticas gravitacional. Pasado mañana, seguramente, la mecánica cuántica explicará estas cosas que hoy son apenas intuibles mediante el abuso de la literatura. Pareciera que el deseo del otro nos lleva hacia el otro como por un túnel inevitable, y de repente - estamos casi abriendo los brazos para contenerlo - ya lo perdimos: ha quedado atrás, inabordable, ajeno. Sentimos que hubo algo en el medio que se perdió. Pero no, no se perdió. Todo se pierde, a su tiempo. Y hay cosas que agonizan en su prólogo. Dignidad rara de un final en las primeras páginas, cuando las cosas parecían empezar. Lección platónica de no saber aun decapitar de un escopetazo a la ilusión que como un cáncer crece en los intersticios silenciosos de los días. Timidez terrenal de terminar viendo como enflaquece de frío en el cordón de la vereda, sola, una imagen venerada. Todo sueño cumple, eventualmente, el destino de volverse espectáculo agónico. Una imagen es una religión descartable.

&

¿Qué transpiran de noche los azulejos helados del lado de adentro de alguien que no concilia el sueño? Bueno: justamente eso: la sangre espesa que las cosas reales salpicaron sobre el sereno museo del imaginario; objetos pacificados en su estatismo de muerte ideal, cadáveres lábiles, santificados por sedas levísimas y tersos pinceles lacónicos - inocentes casi, de no ser por los rasguños que ostentan en la parte más nebulosa de su porte de apariencia, las uñas de la agonía de lo real.

16.6.09

sobre la conveniencia (e imposibilidad) de sostener una la lejanía franqueable

Baudrillard dice:

La seducción se consuma como mito, en el vértigo de las apariencias, justo antes de verificarse en lo real. "Todo es imagen, y yo soy mi propio mito pues, ¿no corro a este encuentro como a un mito?"

Yo pienso: estoy citando otra vez a Baudrillard. 
Síntoma de que estoy viejo. Releer incansablemente los mismos libros.
¿Viejo y pobre? 
Tal vez.

En otro capítulo, dice:

¿Hay que concluir que todo intento de seducción se resuelve o con el crimen del objeto, o con lo que es un matiz de lo mismo, con un intento de volver al otro loco? El encant que se puede ejercer sobre el otro, ¿es siempre maléfico? Acaso no es solo la represalia vengativa del hechizo que ejerce sobre uno?

Mi gato, Modigliani, se sienta sobre el libro y clausura toda posibilidad de seguir la cita. Supongo que finalmente lo que hace es justo: si no me interrumpieran factores externos, copiaría el libro entero. Ahora, estoy obligado a ejecutar el final. Improviso: 

- del mismo modo que tememos al otro, y en lugar de salir a buscarte me quedo en mi casa comiendo chocolate, y dejo para las ficciones que escribiré mañana las estrategias para acercarme porque existe el riesgo plausible de caer rendido ante vos, puro mito y puro objeto, porque seducir - disponer los signos de la seducción sobre el escenario, cercando al objeto- es en realidad ponerse a tiro, porque dar un paso en la estrategia de la seducción es estar ya seducido por el objeto que nos moviliza ("si te busco, si te sueño, si maniobro un plan para acerarme: ya soy tuyo, ya perdí"). 
Asi, del mismo modo, no querer trasponer los velos que te vuelven una ninfa nívea en las noches distantes donde a través de una ventana se vislumbran entrecortados los pliegues de una magia tontísima y encantadora, porque un paso en la dirección de tu verdad es claudicar todas mis apariencias, babélicas y felices, en la pedestre sentencia de mi realidad - en la que yo muero de frío, y soy un espectáculo francamente aburrido. Es necesario que pague con el peaje de mis máscaras. Sin ellas, valgo tan poco. En el privilegio de soñarte, es imperativo perderte. No es que vos no estés a la altura de mi sueño (tampoco sueño tan alto, pura literatura); es que yo no lo estoy: y si me acerco habré de dañarte también, y de herirte (porque ese es el destino de la belleza: ser aniquilada porque nunca se le puede devolver lo que da). Amar es tan mezquino: no desearte el bien, sino ser yo el único proveedor de tu dicha. Mientras tomás un café para soportar los libros de la facultad, o viajás en auto con la ventanilla baja, o suspirás en un momento cualquiera sin saber por qué, yo practico preservarte de mí.

Nick Cave diría:
So hold me and hold me, don't tell me your name
This morning will be wiser than this evening is
Then leave me to my enemied dreams
And be quiet as you are leaving this.
*

Pero todas esas cosas son cosas que se escriben. Del lado de acá, es difícil estar a la altura. Este es el lugar donde se pierde. El reverso del ideal. La arcilla indigna. Entrar en vos, sacrílego.

31.5.09

texto que no entenderá nadie (salvo una)

Estar y no estar. Tener que asistir a una cena, por un cumpleaños de un amigo, forjar la cara de persona, responder a los estímulos sociales, asentir, sonreír - puros mecanismos de evasión - y sin embargo estar lejos, prendido del influjo denso que imantaban las palabras de una mujer suspensa, en mi previsión vaga de la opacidad atractiva de los velos que la postergaban. Vértigo interior de la urgencia: querer decirle algo a su fantasma delicado, arrimar siquiera el aliento de una palabra para significarle "che, pienso en vos" pero estar aun atrapado entre las personas tristemente reales de la cena de cumpleaños de un amigo, y tener que mantener la compostura, y no asesinar a nadie, y hablar sobre Messi, sobre las elecciones, sobre el último libro de Cortázar, sobre el Bafici, sobre la feria del libro, sobre Lost, cuando todo en mi sistema biológico era el ansia por soplar esas velitas que por algún azar maligno se prenden una y otra vez, y ya estar pidiendo el remis de regreso, excusarme en un dolor estomacal y sumirme otra vez en la música sepulcral y hechizante de una muchacha lejana que escribe (y aterra, sutil). Y por supuesto llegar demasiado tarde, darle de comer a los gatos, poner sigur ros de fondo, inclinarme solo frente teclado, y en su ausencia escribir estas cosas.

Magia rara de una pocas palabras bien dichas.

29.5.09

el tiempo

En un sueño, se me apareció Bertrand Russel - aunque se parecía sobre todo al Dr. Bishop, de Fringe -, y me dijo:


I
El tiempo es una tragedia.
El tiempo es un accidente que le ocurrió al espacio.
El espacio antes del tiempo tenía la perfección de la inmovilidad.
Algo ocurrió, y el tiempo brotó de una explosión.
El tiempo es el movimiento de esa explosión: el estallido inicial, la cadencia de los restos volátiles, el declive de las particulas.
El universo se expande, y eventualmente, 
en algún punto, se comprimirá. 
Y volverá a su forma perfecta de cosa quieta e indivisa. 
El recorrido de un punto a otro es el tiempo.

II
No se trata de un recorrido pacífico. 
Ni lineal.
Es un pasillo complejo, con mil habitaciones, y desvíos.
La ilusión de circularidad parte de la fe del hombre, que busca sentido.
Pero en realidad se ramifica en espirales inconcebibles.
El tiempo es una rama de una planta
que no sabemos preveer.
El tiempo ondulará, 
pendulará, 
regresará, vibrará. A veces más rápido, a veces
más lento. 
Es la sustancia en la que transcurrimos.
Nosotros anidamos en la catastrofe del tiempo.
El espacio se curará del tiempo, y mucho antes
de nosotros. 


III
Vos y yo 
somos parte de ese evento bruto y desviado que es el tiempo  
- una parte minúscula, claro: como las hormigas
del suelo de Waterloo, indiferentes a las potencias que se dirimían - 
El tiempo es la brecha entre dos estados inmóviles, perfectos. 
Un flujo que disipa y reune. 
El espacio ha de pagar el costo del tiempo para regresar a su perfección. 
Las cosas que se mueven son llamadas a perecer. 
Todo este ajetreo sobre el espacio 
es el flujo del tiempo. El tiempo es una condición de imperfección. 
En algún momento, la gravedad corregirá al tiempo. 
Y el universo, que se expandía, se contraerá 
hasta regresar a ese punto de inmovilidad, 
y perfección. En el medio, 
se perderán las infinidades de combinaciones 
en las que se imbricaron las diversas piezas del universo 
(hierro, polvo, gases, particulas, bacterias, moléculas, átomos, oxigeno, hombres, peliculas, etc). 

IV
Un trecho de esa senda, sin embargo, queda documentada. 
El universo, aburrido de su indiferencia, se regala 
un ojo y una memoria. El hombre 
mira las cosas que se mueven, en la lejanía, y maravillado 
mitifica. 
No servirá de nada al final, 
pero nada sirve de nada. Es simplemente 
el pasaje de un estado a otro. 
Nosotros, hijos del tiempo, no tenemos lugar allí, 
en la perfecta quietud del espacio serenado. Todo lo que nos ocurre 
ha sido nada más que la inercia de un estallido 
hace muchísimo tiempo.

V
Tal vez, vuelva a ocurrir. Y los dados se echarán a rodar de vuelta. 
Me gustaría ver cómo caen las piezas esa vez.
Todo puede ser tan diferente. 
Pero solo me queda imaginarlo. La imaginación 
es el agujero negro. 
La producción de un universo que no es. Un reverso.
Arroja mundos en el mundo. 
Nuestro consuelo, 
nuestra religión. 

¿Qué será de ella cuando todo regrese a su quietud?


...

Yo no dije nada. Dejé que hablase. Después quedó en silencio un rato. ¿Qué le podría responder a Bertrand Russel? Yo tampoco entendí mucho, pero ¿qué? ¿le voy a pedir explicaciones a Bertrand Russel? Para futura referencia: si Bertrand Russel se te aparece en un sueño, dejalo hablar tranquilo. Es un sueño: no molestes con tu fetiche de sentido. Bertrand Russel se sacó la bata de científico, y debajo tenía un pijama con dibujitos de Disney. Abrió la ventana, y se arrojó por ella. Cuando me acerqué, vi que había caído a una pileta de gelatina, y nadaba feliz. Tres coreanos golpearon a mi puerta y me reclamaron que yo no era capaz de distinguirlos de los japoneses. Estaban muy ofendidos. Sacaron cuchillos enormes. Me dijeron que ahora iba a ver cómo se hacía un buen asado. De inmediato la parrillada estaba lista, y empezaron a llegar invitados. Todo esto me deprimió mucho, porque sabía que sería yo el que iba a tener que limpiar todo mañana. Opté por fingir un incendio. Con un magiclick, que me dio Gerardo Sofovich, ataqué las cortinas y los bigotes de los invitados. Tim Burton y Robert Smith, que estaban bailando juntos, se dieron cuenta, y me persiguieron. Tuve que mudarme a Honduras y ponerme un negocio de alquiler de mulas. No se vive nada mal, pero hay muchos mosquitos. Ocurrieron muchas cosas más en el sueño, pero ya les perdí el rastro.

23.5.09

cómo se cifran los mensajes en el mundo desapegado



Despertar en mitad de la noche, mirar la habitación en penumbras y que las ropas dispersas que arrojé sin cuidado hayan cobrado formas monstruosas. Venganza del objeto inanimado: que las cosas, libradas a su azar de cosa tirada sin prestar atención, articulen el horror en su imprecisión nocturna. 
Algo oscuro ha de haber en las cosas (o en mí), que veo siempre rostros malignos en las manchas de humedad y los azulejos de los baños.

13.5.09

devaneo

Espera en la sala de espera del dentista. Hay un cuadro de Chagall en la pared. Reproducción barata. Espacio vacante suficiente para el devaneo efímero. Palabras evanescentes en la cabeza de Debret Viana.


Hay en quienes pienso muy seguido. En Modigliani, en Caravaggio, en Vincent. En Munch. Y hay otros en quienes no pienso nunca. No se me ocurriría pensar en Ingres, ni en David. Tampoco en Monet. Pienso cada tanto en Gauguin, pero no me cae bien. Siempre decido en su contra. Aunque prefiero su escritura a sus cuadros. Pienso más bien en Munch, en Chagall, en Blake. No pienso en Moreau, por ejemplo. Pero me gusta decir Gustav Moreau. Pero me acuerdo que Degas dijo que Moreau pretendía revelarnos el arte a través de la bijouterie. Me río cuando recuerdo eso. Sobre Degas tampoco pensaría, a no ser por Valery. Esas asociaciones son comunes. Pienso en Matisse y en Einstein por culpa de Picasso, pienso en Duchamp porque todo el arte se fue a la mierda, pienso en Piranesi por Kafka. Cuando pienso en El Bosco, eso no ocurre. No pienso en nadie más, ni devengo en él desde ninguna parte. Cada tanto llego a Klimt. Me satisface. Más el color que el tema. Menos el lienzo que la paleta. No pienso mucho en Dalí, salvo por Lorca. Tampoco en de Chirico, un poco más en Miró, pero muy poco. De los españoles, vuelvo siempre a Goya. Más a los grabados que a otra parte. Goya me sirve. Es un soporte efectivo para mis ideas. Pero es mucho más que eso, y lo aprecio, aunque a veces me cuesta disociarlo. La perfección de las meninas ya me agotó hace tiempo, si es que alguna vez, fuera de Foucault, me importó algo. Prefiero la bruma, y la imprecisión. Fiedrich, por ejemplo. O la luz en Turner. Tal vez sea el único inglés que me hable. De Constable, solo los cielos. Y poco más. Ilustradores sí. Beardsley sobre todo. La sangre de Beardsley, y sus sátiros. Aunque con Salomé me basta. No me pregunto si en verdad me gustan esas ilustraciones, o es algo que deviene de amar a Wilde. No me importan las gordas de Botero. Tengo un par de posters en la casa de Kandinsky. Paso rápido Rafael y Masaccio. Me demoro en Michelangelo, y nunca lo abarco. No es muy largo el rato que disfruto de Gorz. Sí me atrae el morbo erótico/homicida de Schlegel. Pero soy del trazo violento de Vincent, de los ojos insondables y los cuellos largos de Modigliani, del azul largo y frío de Munch, y sus caras desencajadas, de las noches de Chagall, y de la oscuridad perfecta de Rembrandt, que labró la tiniebla hasta parir la luz más fina y exacta. Esa luz ha sido erradicada de la posmodernidad. A veces, las noches vacías, en el empedrado de San Telmo, o en mitad del centro de la profunda madrugada en mi habitación, iluminada por la luz amarillenta del living, que llega a través de una levisima abertura de la puerta entreabierta, grieta efímera por la que viaja el privilegio de la anacronía, etc.

29.4.09

2.0

Tengo muchas pulsiones latentes en mí. No sé de cuál hacer literatura. Tengo miedo de seguir una, y que sea un tipo que camina por la calle y que en todo el trayecto no le pase nada. Sería una pérdida de tiempo. No tengo la fe como para dar un paso sin antes vislumbrar un destello del conflicto. Pero no veo conflicto. Porque el drama ya no es matar al padre y acostarse con la madre, ni vengar al padre muerto matando al tío o perseguir tiranos maquiavélicos, etc. La tragedia cotidiana es la existencia. Yo soy un existente que dramatiza. No hago apología de mi tragedia personal, que es banal y común. Trato de dar mi cuerpo como una antena para fotografiar la vivencia de un sinnúmero de tragedias posibles, no menos reales por haber sido imaginadas. Después de todo, yo imagino con toda la realidad de mi carne. Después de todo hemos perdido hace rato la uña que más o menos arañaba la realidad, y lo único que nos resta es una "sensación" de realidad, que proviene del arte, de la tv, del imaginario. Es en el arte donde se adquieren las técnicas para desempeñarse en lo real (que no es ya otra cosa que un residuo social, un tic). Así como sustituimos - en algún punto impreciso- la temperatura por la sensación térmica, hemos descartado la realidad - que nos resulta ya un objeto arqueológico, platónico, improbable - por la sensación de realidad. Por eso hoy, en sus horas privadas, cada salame se cree una celebridad (sube fotitos, cuenta cada gansada que hace) o un superheroe (que mediante primitivos recursos retóricos organiza el discurso para brindar la ilusión de que son protagonistas de una aventura). Ese "delirio" no es otra cosa que la soledad - y la predisposición a la fabulación masturbatoria propia de la soledad. Lo que nos pasa por la cabeza cuando estamos solos: un teatro triste y consolatorio para que el "yo" que no logra hacer pie en el cuerpo social haga piruetas, se ejerza, se canse y por las noches nos deje dormir sin sedimentar en el fondo de la conciencia un tumor esquizo. En fin, el verdadero, profundo, triste y paralítico "yo" atrofiado que la mascarada social sepulta en el más denso sótano de la identidad. Enajenado, alienado, super pajero. Solo.

17.4.09

no tan distintos

Newton escribe: "Realmente es una cuestión de suma dificultad el descubrir y distinguir de un modo efectivo los movimientos verdaderos de un cuerpo de aquellos otros que son aparentes, (porque las partes de ese espacio inmovible, dentro del cual se operan dichos movimientos, no son susceptibles de ser observadas en modo alguno por nuestros sentidos)".

Esta descripción de una circunstancia física contiene en sí el dilema histórico burgués de la sentimentalidad (y con él la inaprehensibilidad del otro, y el estado de incertidumbre permanente en que vive el enamorado).

Tal como son próximas la teoría de la relatividad y el cubismo (por no decir que son un mismo evento en dos formas diversas), la angustia de no tener un mapa emotivo de la interioridad del otro está prefigurada ya en la primitiva física.

(Eventualmente diré que la ciencia y el arte son simplemente dos lenguajes de una misma narración)

14.4.09

time / 500


Este es el post 514. 
Me doy cuenta, un poco tarde, de que he pasado los 500.

Puff
.
Voy a pensar un poco en dónde se fue todo ese tiempo.




11.4.09

cinefilia

extras

I
Cavilo en la sombra frases precisas que después, a vos, te diré mal. Seguiremos, es previsible, desencontrados. 
Tal vez si alguna cosa que pensé de una manera y dije de otra, o algo que iba a decirte y al final no te dije… Pero ese es otro universo. Literario. Y ajeno.

II
A mi me quedan las migajas, los restos metafísicos. Soñar, aun cuando es posible que no todo esté perdido aun, con una dramaturgia de mí mismo. Decidir, en la cuarta noche de la semana en la que te vas a dormir demasiado temprano para mi gusto, que he sido un mal actor para la escena que tramé. Hice mal los gestos, sobreactué los momentos sutiles, fui grosero con el suspense, hice demasiados gestos para un primer plano y olvidé la letra en los momentos más obtusos de la narrativa, justo cuando era necesario un guiño oportuno para no extraviar el sentido. Vos, dentro de tan tan poco, vas a decir que fue todo un problema de casting (después de eso es simple: la producción se detiene unos meses, se convoca nuevos candidatos, se me reemplaza, se retoca un poco el guión y nadie nota la diferencia). No hay ya mucho que pueda hacer. Me sé la letra de memoria, pero eso no me ayuda en nada. No sé ser eso; sólo tengo las palabras. El lado de afuera, pura cáscara. Yo también pienso que pudo ser un problema de casting. No todos somos dignos de un protagónico. También es necesario estar por ahí, llenar el espacio. Soñé demasiado alto para mis cualidades. No supe encallar mi devaneo onírico en la realidad. Mi carne fue pobre; no supe vestir el verbo. Fui un Burton sin Depp, un Fellini sin Marcello, un Truffaut sin Jean-Pierre Léaud, un Chabrol sin la Huppert, un Wong Kar Wai sin Tony Leung, un Woddy Allen sin Woody Allen (Kitano sin Kitano).

III
Eventualmente, ni el abuso de la cosmética me alcanzará para pasar por persona. Devendré en extra de mi propia vida; pasaré por detrás de las cosas que hubieran sido importantes. No me confiaré ni para decir una línea marginal. Haré bulto, seré un artilugio del efecto de realidad. Y será todo. En algún punto, me caeré del escenario, o derrumbado e inmóvil en el suelo seré decorado por un par de actos hasta que los utileros corran a los muertos del medio, y la escena seguirá, implacable. La cámara no me necesita. Es vano preguntarse si han anotado bien mi nombre; no llegaré a ver los créditos. Los créditos son para los demás. Fui como casi todos, pero no me reconocieron. Ha sido fácil, para ellos, dejarse distraer por la ilusión de un destino teatral. Se obnubilaron, hechizados por los leading men, pero no se dieron cuenta de que no eran hombres, sólo tótems vacíos. También fallaron al no percartarse de que uno nunca es aquello que se sienta a contemplar, admirado. 

...
Yo, por mi parte, supe mi lugar. Tímido, vulgar, común. No moví muchas cosas de donde estaban, pero que todos muevan todo no contribuye al sentido de las cosas: en el escenario las cosas han de estar quedas para que un movimiento inteligible sea posible; la confusión habita tan próxima, acecha. Para que un Napoleón tenga sentido, mllones han de educarse en la monotonía y en la insignificancia. Cuántos hemos tenido que no hacer nada, someternos a ser extras o decorado para que se dieran la escena del César y Bruto, del Cristo y Judas, de Modigliani y Jeanne, de Lennon y Chapman. 
He sabido pasar. Fui yo, pero apenas. Levemente, sin ampulosidad, sin grandilocuencia, sin caricatura. Casi nadie, casi todos.  A mi modo, habré colaborado con el verosímil del mundo.

)-(

7.4.09

bueno, pero alguien tenía que hacerlo...

inútil gimnasia mental

No estaba haciendo mucho. Mientras pensaba - o recordaba, a veces es lo mismo -, mis ojos erraban por los objetos, sin ver nada: un poco acá, un poco allá, un cenicero, una lapicera, la mesa, el suelo, la tapa de un libro de Roland Barthes, una mancha de humedad,  ropa por el suelo, mis ojos posados como un insecto en su naturalidad de ser insecto. Y justo mientras pasaba mi mirada de un objeto a otro, vi como una calculadora justo se apagaba. Alguien la había tocado hacía minutos tal vez, y ahora a mí me fue dado ver azarosamente ese instante, ese corazón del segundo dentro del segundo donde está y deja de estar. Creo que era el número 64. La mirada pasaba (no puedo afirmar a dónde se dirigía: no creo que nunca sepamos por qué miramos en tal dirección, o en cualquier otra), vio el 64, siguió su camino, ya casi se iba a ir, se resbalaba y en el último hálito del cartílago del objeto: se desvaneció. Espectáculo de la irrupción violenta de una falta. Show de la ausencia en su estadío más bruto. Importante saber detectar esto: cuando algo se retira, lo que queda no es propiamente la nada, sino la marca de una ausencia, de un cuerpo que estuvo: en nada similar a la nada.

¿Banal? Por supuesto.
Pero también es cierto que pensé en eso, y que ese momento se me hizo plenamente conciente. (no todo ha de ser siempre trascendente, y de hecho nada lo es sino retrospectivamente, literariamente; incluso los momentos sagrados de nuestras vidas no son más que sensacionismo). No diría que se trató de un acontecimiento. No tanto. Pero sí un intervalo en mi tedio.
 
Son muchas las horas de nada, y los desplazamientos más mínimos pueden imbricar una trama - la imaginación necesita respirar, articularse, moverse, estén de turno ese día las musas o no.


Y que, sobre todo, no sé de nadie en la historia de la literatura que haya narrado esa fugaz transcisión. Lo busqué en el catálogo de mi memoria. Y llegué a la conclusión de que tenía que escribirlo. No, no es metáfora de nada: pero alguien tenía que hacerlo.

(La escritura necesita moverse también, aunque no tenga nada para decir: es un instrumento que debe afinarse para que cuando algo suceda - si es que algo sucede alguna vez - puede hacerse cargo dignamente)

25.3.09

leer de noche (los azares como destino)


Como nada en Buenos Aires funciona - y los colectivos no son la excepción - tres noches consecutivas soy rehén de la espera. Me siento en un rincón de la vereda, y leo "Degas Danza Pintura", de Paul Valery, y encuentro:

"He aquí el verdadero orgullo, antídoto de toda vanidad. Tal como el jugador está obsesionado por las combinaciones del juego, perseguido en las noches por el espectro del tablero o por el paño sobre el que se abaten las cartas, impregnados de imagenes táctiles más vivaces que reales. Así es el artista esencialmente artista. Un hombre que no está en posesión de una presencia de esta intensidad, es un hombre inhabitado: es un terreno baldío."



Peculiar y bello libro este, que no es mío y yo solo debía transportar hasta una rara y deliciosa mujer, y que ha tenido en suerte -mitad porque se rompió el auricular del mp3, mitad porque estaba solo- ser el libro que empecé y terminé en esperas de colectivo.

12.3.09

bis

La historia de mi vida se resume en esto: estar llegando a la parada y que justo se me vaya el colectivo.

Me pasa siempre, y siempre llego con el tiempo exacto para perderlo por el menor tiempo posible. además, como me empecino hasta el ridículo en ser elegante, no le hago señas desesperadas al colectivero y con austeridad lo dejo ir mientras compongo canciones que insultan a todos los medios de transporte porteño en la espera del próximo colectivo - que ya  sé que vendrá repleto.

Yo sé que hay enanos. 
Enanos diminutos, gnomos acaso, que trabajan moviendo cosas de lugar (muy poco, sutilmente, lo suficiente como para que no la encuentre en el primer lugar donde busco). A no confundirse: cuando encontramos algo en el primer lugar donde lo buscamos es precisamente porque los enanos lo permiten: es un artilugio para disimular su existencia (sería obvio que ellos son los responsables si pasara todo el tiempo: la intermitencia es su coartada). 
Pero hay enanos, y yo lo sé. Pero saberlo no los acobarda. Son prolíficos en sus operaciones, y sé que urden una demora justa para mí: la mínima necesaria para que llegue a la parada de colectivo en el momento preciso en que éste parte. Se trata de una política de desánimo: habiendo perdido el colectivo por tan poco, y siendo este suceso harto recurrente, no tengo más remedio que caer en la desesperación metafísica, que pronto ha de arrastrarme hasta el nihilismo absoluto, con intervalos de una profunda angustia existencial. Los pasos lógicos en los que cualquiera incurriría en mi situación. 

Cada vez más exasperado, no logro acostumbrarme a esto. Pero trato de sacar partido del tiempo perdido, y llevo conmigo una libreta donde anoto gente que detesto, para después llamarlos de madrugada y rapearles canciones de Piero.

11.3.09

9.3.09

longest bed death speech



Hay un momento incómodo, cuando el marco que le puse a las cosas resulta obsoleto, y todo me parece desbordado, y creo que mientras yo creía que escribía cuentos y novelas, toda esa escritura no era más que un tristísimo y obscenamente largo discurso lleno de últimas palabras dichas quien sabe entre los fierros de auto en la ruta, o en las intermitencias de la agonía de una cama de hospital donde muero de algo.
*

5.3.09

.


La historia de mi vida se resume en esto: cada vez que tengo que ponerme las medias, solo encuentro una. 
Y yo, con una media, peor que sin ninguna, me veo de pronto incompleto, absurdo, inhabilitado para la vida social, obsoleto; y no me queda más remedio que dedicar todo mi tiempo a dar caza a la media que me falta y revolver cada cosa de mi casa - los restos objetales de mi pasado - con el ansia de que tal vez debajo o detrás de algo se encuentre la media ausente pero en lugar de eso encontrar otras cosas, que creía olvidadas o perdidas, que se enredan en mí y me demoran. 

Y todo esto en lugar de sacarme la media que tengo puesta y seguir hacia adelante (que sería tanto más lógico y más sano).

24.2.09

una observación sobre la posmodernidad

sutil elegancia del rehén

Un reloj: sitematización de la muerte. Corporización de los pasos de la muerte hasta mí, compás de la agonía, concretización de las huellas del enemigo invisible. 
Evanescencia. Lo que se pierde.

-

Así al principio, claro. Cuando el invento no podía aun esconder su costo, su fase siniestra. Ahora, la era de la digitalización silencia todas las aristas de lo monstruoso (toda figura disimula su puñal) mientras entramos suntuosamente al banquete y nos colocamos, con sutil elegancia, sobre el plato.