12.7.05

Preambulo al manual del mentiroso estético
I
Es que tal vez clamar por la verdad es la traición- tender la mano y que detrás grite el ansia de la verdad: ahí es donde empieza la traición-. Entrar en la verdad es darse a una lógica ajena. Es decir: no sé lo que quiero decir pero sería como decir: la verdad es como ingresar en un sistema de cosas al que habría que subordinarse. Sería necesaria una correspondencia ciega con las tensiones homogeneizantes para lograr pertenecer a la verdad. Porque lo cierto es que adherir a una verdad inmediatamente bloquearía el desarrollo libre de las características subjetivas e individualizantes.
II
La verdad la verdad laverdadlaverdad.
(Apunte para otro día: buscar La verité, de Sade, robar líneas de allí)
III
Mentir sería abrir una herida en la linealidad del tiempo. Como la sangre que brota de la herida y se derrama libremente lo que nace de la mentira es una historia. Una historia que es - desde luego - una bifurcación en la secuencia real de las cosas, algo como una senda paralela. Transitable para muy pocos (locos, esquizo, artistas) pero no inenarrable.
La realidad continúa su irrefrenable, terrible caudal. La mentira, dicha en cualquier punto de la realidad, abre un tajo y por allí se derrama. Esa historia que inicia no se detiene: continúa su trama en otra parte. Y no es imposible que, en cualquier otro punto, evolucionada, se contacte con Lo real: lo corte, lo mueva, lo trastorne: en fin, lo modifique.
Y también para atrás, por supuesto: las cosas no serían las mismas si creemos que las obras de Shakespeare fueron escritas por Marlowe, por ejemplo.
IV
No hablo de la mentira burda, la de los políticos, la maliciosa, la canallesca. Hablo de la mentira estética.
V
El único problema es que es difícil cargar con una existencia de mentiras. Si componemos nuestra vida a partir de un compendio de mentiras, significaría mucho trabajo lograr que no las mate la realidad y, sobre todo, que no se apuñalen entre sí (porque la mentira estética es como un gato salvaje que quiere correr libre, y no es probable que se a pueda congeniar coherentemente con otros ejercicios de fabulación). Si se consigue, es algo muy parecido al delirio. Como vivir en una novela.
VI
Es claro que no todos soportan el peso de su ficción. Tenemos, por ejemplo, el caso del francés que pretendía ser médico. Le decía a su familia, a sus amigos que trabajaba en el hospital. Salía de mañana al trabajo, pero se quedaba en bares lejanos, dormía en el auto, en parajes de la autopista. Iba incluso al hospital: cumplía sus horarios pero se quedaba haciendo nada, sentado, dormitando o leyendo revistas sobre medicina. Asistía a congresos y estaba al tanto de todos los avances técnicos de su supuesta profesión. Atendía a familiares y amigos - algunos de ellos, médicos -. Sus mejores amigos eran doctores y nunca sospecharon la farsa. Mil veces pudo ser descubierto, caminó tambaleante las fronteras de su fábula. Yo creo que, por el final, él ansiaba con desesperación que alguien le arrancara la máscara; hubiese sido su salvación. Sin embargo, la casualidad trabajó a favor de la farsa. Terminó asesinando a sus padres, a su esposa, a sus dos hijos. Era el peso de la máscara.
VII
Los hay que sí logran cargar con el teatro y se dan a esa representación. Como Jesús, o Eróstrato.
VIII
O Swedenborg, Joan D´arc, una parte de Rimbaud. Incógnitamente: Kafka y Pessoa. También Blake, Van Gough, Artaud. Y tal vez algunos asesinos seriales también. Todo es suscpetible de ser tornado artístico.
IX
Hay que comprender que uno siempre es ficción. El punto es: ¿de quién? La mentira estética es un mecanismo de apropiación de los hilos ficticios de la vida. O sea: hacer nuestra nuestra propia marioneta. Lo otro sería dejar que Lo Otro (las tensiones sociales, la mirada del otro, las corrientes de moda, las maneras y fetiches de la época, la mediatización de la vida, la buena educación, la economía, etc) conduzca nuestros pasos.
X
Imagino a ese tipo. El francés, el falso médico. Al final, mintiendo mal. Queriendo que alguien descubriera su farsa para poder dejar de mentir. El no pudo entrar en su ficción: su vida se volvió la parodia de su cuento. Debe de ser desesperante no poder salirse de la máscara.
XI
O no.
Hay algún placer - tal vez un placer de artesano - en vivir en la casa que uno construye. Qué importan los materiales. Yo hablo de una mentira - de un delirio - construido con delicadeza, artesanalemnte: hay que mentir hasta componer nuestra cara. Debe ser fascinante tejer un mundo y habitarlo. Como el marinero, de Fernando Pessoa.
X
El Marinero, de Fernando Pessoa dos puntos
En una habitación circular, símil de la torre de un castillo, tres veladoras sentadas alrededor de un ataúd. Nadie se mueve. Hablan. Hasta hundirse, hasta que todo tiemble. Una de ella cuenta que soñó con un marinero. Náufrago en una isla perdida, el marinero dejó pasar los días soñando. Soñó un mundo.


"(...) Durante años y años, día a día, el marinero erigía en un sueño continuo su nueva tierra natal... Todos los días ponía una piedra de sueño en ese edificio imposible... Pronto iba teniendo un país que ya tantas veces había recorrido. Millares de horas recordaba haber ya transitado a lo largo de sus costas. Sabía de qué color solían ser los crepúsculos en una bahía del norte (…)"

Al tiempo, logró vivir en ese mundo. Un día se cansó de soñar y quiso recordar su patria verdadera. Pero ya no existía para él, no le quedaba ni un vestigio. Su única vida era su vida soñada. “Vio que no podía ser que otra vida hubiera existido... Si de ni una calle, ni de una figura, ni de un gesto materno se acordaba... Y en la vida que le parecía haber soñado, todo era real y había sido...”. Y cuenta la veladora que vino un día un barco, pasó por la isla. Y allí ya no estaba el marinero.
Heridas de muerte por el relato del sueño, por su simbología, las veladoras conversan temblorosas la irrealidad de cada cosa.
XI
Para caerse en la verdad hay que producir la verdad; es decir: subjetivarse. Es decir: MENTIR (mentir como traicionar el flujo del mundo). Para construir la verdad hace falta la maquina de mentiras. Hay que mentir (erigir una ficción) hasta que la ficción nos ampare. No hacerlo significa convivir con los codos de la ficción del otro. Vivir en el mundo de los otros.
XII
Esto parece una apología: ¡hay que estar loco!
Puede ser. La cordura civilizada es también el límite del otro (que el otro pone) - ¿dónde lo pone? obviamente: ¡sobre nosotros! -. Además, basta mirar un poco: la cordura civilizada se parece mucho a la locura. Vemos la realidad, los días, periódicos, la tv, las vidas ajenas, las vidrieras y no podemos dejar de decir: ¡esto es la locura!
Claro: es la locura del otro.
(¿de quién? No importa de quién: ¡siempre es de otro; de cualquier otro!
y siempre pesa sobre nosotros: es lo que hay que ser - o sea, la inercia, la muerte -)
XIII
Este viene siendo un texto largo - para el interés de un internauta-. Nadie lee textos largos. Tengo que suponer que estoy a salvo. Además, tengo fiebre. Puedo alegar desequilibrio momentáneo. Y no corregirlo.
XIV
Es que la locura hay que merecerla: hay que construirla. Yo creo que debe ser desde el arte hasta ncallar en la vida, rozar sus costas. Si empezamos por elementos no artísticos, si tenemos fines mezquinos, si nuestras mentiras no son nobles corremos el riesgo de terminar como el doctor francés. Es decir, que yo no me acuerde de su nombre. No como Shakespeare o Jesús. Pero yo no serúa tan enfático al afirmar esto. Tal vez el orden, los materiales sean misteriosos. Como Charlotte Corday. En todo caso, será memorable. La historia rescata - de alguna manera - a los que entraron en su propio sueño (al sueño que construyen). Descreo de que el elemento artístico no participe. En todo caso, la trama de esa vida será legible como pieza literaria. O se perderá.
Invariablemente.
XV
Lo que pasa es que hay mucha gente en mi delirio.

6.7.05


...
si pudiera dejar de mentir y estar
de veras loco
ya de chico viajando por la ruta veía
felpudos
y no reconocía a los perros aplastados
de la banquina


de un dietario;
Luis Cano

5.7.05


Grieta


Una de las ideas primitivas y fundadoras de este espacio ha sido trabajar en contra de la vigilia.
Para esto, entre otras cosas, he tenido que dejar los signos explícitos de mi animal político afuera de los márgenes de la ficción. Ya que la prosa enferma que se abisma circularmente en los textos pretenden ser la excusa de una falsa búsqueda por lo real-abstracto, lo diluidamente esencial y sepultado, esos latidos anteriores al reloj y las corbatas, he aceptado que toda alusión directa con los aconteceres del mundo significaban un entorpecimiento: ambigua, accidentada y abstracta la ficción debía fluir.
Así, he dejado fuera todo texto teórico, crítico, sociológico, político, etc. Y me he resistido ante las tentaciones de permitir que mi propia vida se implicase, con sus opiniones y banales detalles. Era otra cosa Infimos Urbanos como para herirle su aroma onírico.
No puedo decir que ha pasado impoluta por los caminos de la realidad, pero sí que ha habido un esfuerzo puntual por codificar todo lo que pudiese implicar una rememoración del estado actual de las cosas civilizadas. Quise erigir un desvío hacia ninguna parte. Ya que pretendemos despedazar un alma para ver cómo funciona, preferí los momentos donde la escritura era haberse caído de lo real, una suerte de testimonio de los espacios inertes. Tengo esta teoría sobre el vacío.
Teoría del vacío dos puntos
Cuando el vacío se aproxima a la vida de cualquiera, lo que sobreviene es el miedo. Vivir es actuar, y cuando el limbo nos roza, la piel se eriza como una arcada. Todo en la vida occidental está organizado para evitar el silencio. Las razones son simples: es allí en el silencio donde empieza el espejo. El contacto con el vacío es un principio de pensamiento. Por ejemplo, si vamos a ver una obra de teatro y es pésima y nos aburrimos. Ahí se abre un espacio de libérrima producción. Si la obra fuera buena, nos fascinaría: nos seducirían sus maneras y no podríamos sino adherir. Y si no adherimos, no podríamos sino pensar a partir de ella: todo lo bello impone, cuanto menos, una estructura. En cambio, si nos aburrimos las ideas que pueden surgir parecen obedecer al caos inicial. Por eso creo que allí, en el silencio, en el vacío y en el aburrimiento es donde nuestra callada esencia es el rumor que brota como serpiente en plena ciudad. No sé cómo he llegado hasta aquí. El tema era muy otro. Que yo no quería comprometer el clima de Infimos Urbanos con detalles del mundo.
Sin embargo, esta vez - sólo porque me he acordado de Lennon - me atrevo a permitir una levísima grieta. Tiene la forma de una fotografía. Que cosas así sucedan en medio del campo de batalla, que símbolos así se abran camino entre lenguajes vanos me da ganas, por un instante, de cambiar mis armas en este combate. Pero claro, es un instante no más. Porque yo solo tengo palabras.

4.7.05

MoonSlavery


"El objeto último de todo relato, al fin de cuentas, es despertar a otra vida"

El llanto; César Aira.


I
Miro mis manos, tendidas en la nada. Busco mi rostro en el espejo, como si no fuera a encontrarlo otra vez en su exacto sitio, como siempre: decepcionante. Había llegado hasta aquí preguntándome: de qué lado del vidrio estaba. Ahora, me pregunto: si despedazándome accediera a la verdad, ¿elegiría despedazarme?
II
No.
No, y sin embargo los pasos que doy por las horas de los meses no sé si son otra cosa, si tienen otro nombre.

III

Yo quisiera que ningún viento corriese los velos que me dividen del mundo. Yo aprendería a darles colores, a torcerlos hacia mi goce. Tal vez, incluso a compartirlos (aunque no importaría). Creo que todos mis esfuerzos literarios son minuciosos granos de arena en la sensible arquitectura de la fibra de esos velos. Si yo viera el mundo, las cosas sin ellos, si nada mediara entre el mundo, las cosas y yo, me desintegraría al instante.

IV

Si repaso el curso del tiempo a través de mi cuerpo, veo que he pasado mis horas dinamitando las paredes del teatro. Y añorando cada trozo que quiebro: aquella época feliz en que yo vivía como si estuviese viviendo, sin teatro, sin el peso de mí mismo sobre mí, porque no había palpado todavía ninguna de las cuatro paredes, ni las había rasgado. Y no sabía qué cosa era la felicidad. Ni este escenario.

V

Me arrepiento todavía de haber derribado - hace tanto tanto tiempo - uno de los muros. Porque no soy suicida, tuve fuerzas para hundir sólo uno de los muros. No hubiera sobrevivido otra demolición (los muros del teatro solamente caen hacia adentro: se derraman en el escenario, lo sepultan). Hoy mismo no hago más que excéntricos y complicados malabares para impedir que caigan los muros restantes. La cosas inertes del mundo se posan en las paredes, como manchas de humedad. Poco a poco, los muros enflaquecen. Y llegará el día. Un día en el que habrán de filtrarse todas las verdades juntas. Como dije, yo trato de sostener los muros (no es sencillo: cuando abrazo uno, el otro - o a veces los otros dos - tambalean frenéticamente y tengo que sostenerlos, con lo que sea, con lo que tenga a mano, con lo único que me queda, con libros, trancándolos con pilas de libros ajenos, levantando con ellos otro muro enfrente del muro para que repose). Me esfuerzo en hacer lo único que puedo: creer en las cosas que escribo. Y escribir, por supuesto: necesito más palabras para usar como muletas, para retrasar el desmoronamiento del muro. Los libros ajenos me han sido útiles, pero ya no toleran la flaqueza de los muros del teatro y se han vuelto otro muro, un muro tambaleante delante de cada frágil muro del teatro. Las paredes se me acercan, y yo necesito escribir porque necesito material para sostener tantos muros heridos. Tapo los huecos de los muros con las páginas que escribo. Lo que me queda ya es esto: hacer parches. Pero yo sé que voy tejiendo lentamente el sutil material de mi reino. Me dirán que es una fuga. Puede que lo sea. Tengo algunas ventanas, y entre el hueco del murmullo de las hojas otoñales, ví piezas sueltas del mundo, de las cosas. No sé si queda por hacer algo más noble que huir hacia el sueño.
Y no cualquier nebulosa onírica, sino al sueño ladrillo por ladrillo labrado.

VI

Me dirán que es una fuga. Puede que lo sea. Pero yo no tengo la entrada a ese reino: creo con mi tinta la magia que me absolvería, pero que me excluye: yo no puedo habitarla, no puedo entrar allí. Levanto mi sueño con paciencia, lo edifico con destreza de relojero; y sin embargo, me rehuye, me es inaccesible. Todavía.
¿Por qué? Me pregunto: ¿por qué? Me pregunto: ¿es que la literatura siempre es para otro? ¿es que mi letra es el signo de mi fracaso, la marea densa de mis sueños muertos, sepulcro de la vida que no supe hacer y sólo cuando llega a otro puede darse como consuelo, como cosa viva, como una puta? No sé. Me pregunto muchas cosas, pero tengo que seguir escribiendo.

VII
Me dirán que es una fuga. Lo es. Está muy bien quedarse, resistir. Debe ser una tarea ardua, debe compensar a quien la emprenda. Pero que lo haga otro.
VIII

( MISSING CHAPTER )
IX
Tengo que pensar esto: Mi tinta los gusanos suaves que el devaneo de mi prosa mece, en un lento devenir en seda.
Hacia el imperio ficticio donde yo pueda rendirme: un imperio de velos que alcancen el justo color de mi goce para que yo pueda mirar a través de ellos, para que todo sea en ese lugar como si fuese visto a través de esa liviana seda. Si no pienso así, me hundo.
X

Me aturden periódicos, amantes, cuentas, relojes, corbatas, antibióticos y úlceras. No sé cuánto tiempo pueda quedarme, pero me consuela la vaga esperanza de que cuando todo se desmorone, yo ya haya logrado pasar al otro lado del espejo.


...
Infimos Urbanos...


Yo tengo que contar estas cosas como si fuera una historia, un cuento. Es mi exorcismo. La forma de mis cadenas. Lo digo así porque, al final, cuando esté dicho, tal vez ya no sea mío; y pueda perderlo. De las formas de morirse, escribir es la más lenta.

27.6.05


HAPPY together
Mientras haya cárceles
no importa mucho quién esté dentro
y quién esté fuera
G.B.Shaw


I

No es que sea frío. Simplemente, no sé participar de la euforia. A veces me siento violentado por una emoción, pero a lo sumo termina en sonrisa, pestañeo, mueca leve. No grito goles, no salto en recitales, no bailo. Si me escandalizo, lo verbalizo racionalmente. No lloro, salvo por filmes, no he peleado jamás con otro hombre. No comprendo, cuando me insultan, más que un residuo del lenguaje, vaciado de significación, un reflejo sin reflexión. Lejos de enfurecerme, siento pena: recurrir a un muerto sistema de signos para agraviar debe ser una empresa triste. De no ser por la literatura, yo jamás saldría de mí. Siempre estoy en mis cabales. Todo un caballero. No grito. Ni cuando me enojo grito. He desarrollado una verborragia minuciosamente hostil, que es mucho más precisa que el escándalo.

II

Esto no significa que no sienta. Sino que nunca me salgo de la elegancia. Mi sensibilidad es honda - a veces la tengo que mecer con fármacos -, pero no me resquebraja la máscara.
III

Engaño metodicamente a la mujer que amo. Nunca me fue arduo lograr mujeres. No es que la monogamia me canse, no es que me aburra la mujer que amo. No. Sino que me acuesto con otras. Que pase semana sin que lo haga es una rareza. A veces me siento culpable, pero sé lidiarlo. Sé que mi placer no puede sanamente limitarse a las fronteras de un solo cuerpo. Trabajo para que eso no ocurra. Por supuesto, la mujer que amo no sabe nada de esto. Vengo haciéndolo hace años. Y no tengo intenciones de detenerme. Además, es una maquinaria: si yo quisiera parar, no podría. Soy cuidadoso, pero no mucho. No me fijo en detalles. Pero me comporto como si no hiciera nada malo. Es cierto que si alguien me mirara detenidamente, si me escrutran los bolsillos, la agenda, si me pusieran atención, se darían cuenta al instante. Pero nadie se da cuenta, y yo tengo que seguir. Pensé en algún punto que el amor que sentía por la mujer que amo me ayudaría a parar. No fue así. Entendí que son dos cosas diferentes.

IV

Temo perder a la mujer que amo. Sé que si se enterara, la perdería. Sé que si no se ha enterado todavía es por una fabulosa cantidad de casualidades. O porque no quiso. Y por esta sospecha - leve e insustancial - yo odio un poco a la mujer que amo. Su perversión. Pero no me detengo. Es un juego del que no sé salirme. Ni siquiera me gusta tanto. Pero amo mucho más a la mujer que amo cuando llego a ella después del cuerpo de cualquier otra.

V

A mis amantes nunca les miento. Me agrada el vínculo puro que he formado con ellas. Ni siquiera con mi psicoanalista soy tan sincero. Ni siquiera conmigo, en mi escritura.
En cambio, a la mujer que amo estoy forzado a mentirle. Es la única manera de mantener aquello que nos une. No porque el lazo sea falso, sino porque es frágil: como todo lo bello. Y, como todo lo bello, no resistiría tanta vigilia. A ella tengo que mentirle. Y mentir es un trabajo. Un trabajo arduo, cansador. Me agota. Lo hago porque la amo. Si no la amara, le diría toda la verdad. No me importaría. Y yo sé que de la verdad no vuelve sino un monstruo.
Creo que esto define bastante bien lo que entiendo por amor.

VI
Nuestra vida es feliz. Llevamos tantos años recorriendo la rutina del otro. He visto, sin desencanto, como el tiempo hundía grietas en su cuerpo. Pueden pasar días en que no necesite recuperar sus rasgos en mi memoria, pero bien sé que si yo sintiera su ausencia, ya no sabría nada de cómo vivir. Perdería las cosas simples: me ahogaría intentando atarme los cordones, no lograría dar con la cama para mi descanso, cada botón de mis camisas sería una emboscada que se alza en contra mío. Cuando me contacto imaginariamente con la textura de esos abismos, entro en la certeza de que nuestra vida es feliz.
VII
Sí. Nuestra vida es feliz.
VIII
Nuestra vida es feliz porque es teatro. Pero el teatro cuesta. Lo que he gastado para sostener los muros de la ficción es incontable. La tarea es titánica, y muchas veces siento que la verdad entrará perforandolo todo, deshojando cada una de mis ficciones. A veces me siento solo en esa responsabilidad, batallando ejércitos secretos que penetran nuestras vidas desde la cerradura o los pliegues de las ventanas. Pero, últimamente, descubro que ella colabora. Silenciosamente. Nuestra felicidad no puede tener mucho que ver con el estado real de las cosas. Es como un engaño armonioso, un cuento para niños. Dejamos la verdad suspensa para los días de lluvia.
Cuando yo no estoy, simplemente gasta dinero. Mucho. Llena la casa con tonterías y se incribe a cursos para todo. Son formas de la ilusión. Mecanismos que fantasmatizan las brechas.
IX

Si se llegara a enterar de la verdad, sería terrible, sería el fin. O no. No exactamente, al menos. Sé que, llegado a esta extrema situación, yo tendría una carta más; acaso la que siempre busqué. Allí, en ese momento trágico y decisivo, yo podría desesperarme. Finalmente, podría romper mi máscara; llorar, gritarle todo esto, que mi rostro quebrado y mis convulsiones sean el signo de lo que yo no supe decir. A través de las fisuras de mi máscara, brotaría la verdad. Una verdad conciliadora: una verdad que no me matara; que fuera armonía. Tal vez así, rompiendome hacia esa verdad, ella pudiese comprenderme.
Recién ahí tendríamos una chance. Y todo podría comenzar para mí.

X
Entre tanto, cruzaré miradas que acabarán en sexo. Traicionaré lo que más amo hasta lograr mi rostro.
XI
Pero temo, con profundo pavor, que ella elija mirar para otro lado, y continuar la farsa, perpetuarme como su esclavo, eternamente.
...
..
.
porque
toda la realidad
es así.
__________
__________
Soy un Adán que sueña en el paraíso,
pero siempre despierto con las costillas intactas


Arreola

23.6.05

Fuera de la literatura, me era en extremo difícil vivir; así que no dejé casi nada fuera.



Aun así, al mismo tiempo, todo está fuera, desde que me levanto hasta que me acuesto, porque tengo que vivir...


...como todo el mundo.


El adentro y el afuera (de la literatura) están en una permanente guerra por la supremacía; pero no son como dos ejércitos que se enfrentan, sino más bien como fuerzas que se suceden, en una guerra de metamorfosis y devoraciones.



Muchas veces me he preguntado en qué ocupa su tiempo la gente normal,

...cuando a mí el trabajo de seguir con vida me ocupa hasta el último minuto,



y apenas si me alcanza...
...
recorte de palabras sueltas
de la novela Cumpleaños, de César Aira (pag.48)
distancia


movement
prose

Y no hay nada. El vacío hincha los pasillos donde detengo mi mirada. Pero yo sigo buscando. Y sigo encontrando peldaños para descender en mí, y rincones oscuros y falsos rastros. Mientras yo siga buscando, nacerán las trampas, el territorio del delirio circular: me parece que los veo: crecen delante de mí los fantasmas que tropiezan mi vida - los veo brotar desde mis manos, cerradas en una pluma afilada; como detalles de mi soledad -.
Como la telaraña,
que brota
de cada cosa quieta.
Pero si yo dejara de buscar, si me quedara quieto en mí... entonces habitaría un error, una mentira (cómoda, tal vez: como las certezas frígidas sobre las que se vive una vida).
Buscando sufro. Y nada me asegura el acceso a la verdad - de hecho, solo he dado con fantasmas, bruma-.
(...) Al menos voy pasando de mentira en mentira, de farsa en farsa - soy como si tuviera esperanza -. No llego a ninguna parte, pero de a poco voy viendo que me he ido de casi todas.
Y ese vértigo no debe ser diferente a estar vivo.

20.6.05




Lo que pasa es que no sé cómo decir estos días. Cuento sueños ajenos porque no tolero mi vigilia. Cada palabra que doy es una fuga. O una plegaria. Cada palabra tendida es el ansia de una respuesta. Pero no: ese es el amante desesperado.
Yo estoy seco.
Yo sé para quién escribo.
Yo sé en la ausencia de quién escribo.
los otros




Cerré la puerta de mi departamento y me dirigí al ascensor. Iba a llamarlo cuando un personaje rarísimo ocupó toda mi atención. Eran tan alto que yo debí haber comprendido que lo soñaba. Aumentaba su estatura un bonete cónico. Su rostro (que no vi nunca de perfil) tenía algo de tártaro o de lo que yo imagino que es tártaro y terminaba en una barba negra, que también era cónica. Los ojos me miraban burlonamente. Usaba un largo sobretodo negro y lustroso, lleno de grandes discos blancos. Casi tocaba el suelo. Acaso sospechando que soñaba, me atreví a preguntarle, no sé en qué idioma, por qué vestía de esa manera. Me sonrió con sorna y se desabrochó el sobretodo. Vi que debajo había un largo traje enterizo del mismo material y con los mismos discos blancos, y supe (como se saben las cosas en los sueños) que debajo había otro.
En aquel preciso momento sentí el inconfundible sabor de la pesadilla y me desperté.
Borges
gates to uncertainty




Sopla un viento, muy frío, y oigo... ¿por qué oigo en el aire ese batir de alas? Oh, se diría que hay un pájaro, un gran pájaro negro planeando sobre una terraza. ¿Por qué no puedo ver ese pájaro? ¡Qué terrible aleteo! (...) Lo que me hace daño es la corona, mi corona de rosas de ese imperio desierto hecho de tinieblas. Se diría que esas flores están hechas de fuego. Me queman la frente. ¡Qué pétalos tan rojos! Se diría: manchas de sangre sobre el mantel... o las sábanas... no puede ser. No hay que buscar símbolos en cada cosa que vemos. La vida sería imposible.
Herodes en Salomé,
Oscar Wilde
foto: dv

16.6.05

...

Después se detiene delante del enorme espejo, sobre la repisa de la chimenea; mira su propia imagen y habla.
- Oh, aquí estás.
Lo saluda con dos dedos, guiñando un ojo. Y ríe.
- ¿Y, querido? ¿Quién de nosotros es el loco?
Alza una mano con el índice dirigido hacia su imagen, que a su vez dirige el índice contra él. Sonríe, con burla.
- Lo sé. Yo digo "tu", y tu con el dedo me señalas a mí... Sal de ahí, que tanto de tu parte como de la mía, nos conocemos muy bien los dos. ¡El problema es que los demás no te ven como te veo yo! Y, entonces, amigo mío, ¿en qué te conviertes? Me digo que aquí, enfrente de ti, me veo y me toco...tu..., según te ven los otros...¿qué te vuelves?... ¡Un fantasma, querido, un fantasma!... Sin embargo, ¿ves a estos locos? Sin prestar atención al fantasma que cada uno lleva en sí mismo, van corriendo, llenos de curiosidad, detrás del fantasma de lo ajeno. Y creen que es una cosa distinta.
Fragmento de Así es (si os parece)
Luigi Pirandello
A mí me resuenan lejanas algunas palabras de Kafka, donde los vampiros se bebían las palabras que enviamos a nuestros amantes. Cada vez que queremos perder la máscara, siempre es frente al fantasma.

10.6.05



Contrato en una servilleta de café
__
Varias veces se habían cruzado ya. La tensión en las miradas era una delicia que les recordaba que estaban vivos. Un dulce vibrar, la sensación de un pulso que los diferenciaba de lo inerte, del ritual cotidiano. Acaso, sentían que los salvaba. Durante un tiempo supieron respetar ese pacto. Callados, mirarse tímidamente. Tal vez fue pudor, cobardía. Yo creo que, a su manera, fueron felices. Cuando ya el roce no podía evitarse, cuando el silencio entre ambas miradas era un absurdo insostenible, él, para preservar esa furtiva magia del lenguaje, esbozó este contrato.
Esto sucedió hace mucho tiempo, en un rincón de una ciudad metropolitana.
un juego
parte 1
I

Un poco harto de las cosas iguales, los días parecidos a los días, la misma pasta dentífrica, las palabras que se dicen, etc.

II

Esto un poco como un riesgo, una fuga. Un juego que no quiebra nada pero al mismo tiempo es una música y una isla.
III

El contacto urbano es vertiginoso, asfixiante. Entre las cosas perdidas: la escritura. No digo cartas; lo epistolar es un esfuerzo. Sino que el juego más o menos así: lees este papel y tal vez no lo tirás y no lo perdés. Si te dan ganas, cuando me veas, me darás un papelito (que diga algo, cualquier cosa -¿qué importa que mientas?-). No hablaríamos nunca, y nuestro contacto casual tendría un poco de magia y de absurdo: me gustan las ventanas que dan a otra parte que no sea la vigilia.
IV

No vale decir nada obvio, nada automático. Este es el lugar para decir aquello que en la vorágine cotidiana no tiene territorio. Yo te digo por ejemplo que tengo un nombre pero que no importa, que te ví tan concentrada es ese libro de Arthur Machen que tuve que escribir esto sin saber por qué, que pienso que la tristeza es una condición de la música, que no espero nada de vos sino una voz diferente de la mía.
V
Correrte los velos sería asesinarte. La verdad demuele o asesina. La verdad es lo que, suprimido, no dejaría al descubierto sino la muerte. Como el Golem. La verdad es la parte del fantasma que necesita ser demorada. Todo esto se lo robo a Barthes. Lo que pasa es que yo sé bien que defraudaré este suspenso. Mi vida trabaja en contra de cualquier idea romántica que hayas logrado de mí. Siempre seremos otra cosa.
VI

Entiendo que este papelito no es típico y que estas situaciones no son usuales. Precisamente ese es el punto. Si no te gusta, si no te atrae, si no te enciende nada, podrás hacer un bollito de murmullo con el papel y dejarlo olvidado entre la calle; ¿quién sabe, después de todo, dónde agota su destino la palabra escrita?
VII

En todo caso, toma esto como alguien que te dijo hola como sonriendo, sin pretender un mensaje de los símbolos.
fin
___________
___________
Nota:
El contrato fue rechazado. La magia, disuelta. Conversaron en una esquina, caminaron algunas cuadras juntos. Luego salieron, fueron al cine, tomaron café, se acostaron, amanecieron - ajenos, intactos -. Las cosas que se hacen. Para ambos, el resultado de su vínculo era inferior a la promesa que el suspenso suscitaba. Y siempre lo sería. No importaba cuán perfectos fueran sus pasos. Con el tiempo, volvieron a ser comunes. Se distanciaron, porque cada uno era para el otro el signo vivo del naufragio de las quimeras. Algunas veces más se cruzaron. Intentaron no mirarse. Si era inevitable, se saludaban apenas. Con un gesto, con una palabra fría. Eventualmente, lograron volverse desconocidos, y olvidarse.

7.6.05


Nota a Diario para seguir un sueño:
"Tres cosas me resultan misteriosas, y tampoco comprendo la cuarta: el rastro del águila en el aire, el rastro de la serpiente en la peña, el rastro del barco en el corazón del mar y el rastro del hombre en una muchacha"
Proverbios 30; 18/19

5.6.05

Diario para seguir un sueño


"...and if he left off dreaming about you..."


I
El trabajo me deparó las mismas cosas en su mismo sitio. Más tarde, ensayar una obra de teatro que se extiende, se bifurca y se demora, pagar patrióticamente las cuentas, besar a la mujer que amo como un ritual mediante el cual la libro al mundo. Ya en mi casa, dedicarme a la lectura; y fue cuando, mientras escuchaba "Green eyes" de Nick Cave, y extendía mi visión metafísica sobre el áspero techo, quedé dormido y apareciste vos.

II
Me quedan ahora ramas oscuras que solo sinuosamente me permiten entrever piezas sueltas del sueño. Íbamos en un auto, con otras gentes sin rostro, que yo no conozco pero trataba como íntimos. Regresábamos de una suerte de fiesta -y es raro soñar con fiestas porque yo nunca asisto a ellas-. Vos preguntaste la hora. Era de noche, y alguien respondió las 6 y cuarto. Decidiste bajar del auto y yo entendí que era temprano para llegar a tu casa y que preferías caminar un poco. Acepté que esa era la avenida Acoyte, aunque en nada se asemejaba. Pensé en bajarme del auto a unas cuadras, pensé en alcanzarte. Lo siguiente que supe fue que ya te había encontrado, y era en un callejón oscuro y lleno de árboles de hojas opacas que se estremecían como lluvia y muros grises de una antigüedad y una tristeza milenaria. Yo te dije que recién entraba a las 9, pero yo pensaba en cómo iba a hacer, porque sabía que en el trabajo debía estar a las 7. Vos dijiste que teníamos tiempo, -querés tomar algo?-.
Lo siguiente que recuerdo es que era un claro día de sol, pero era el mismo día. Caminábamos juntos vos y yo -tenía que ser la tarde- por parques preciosos que la arquitectura de Buenos Aires no se ha permitido. Pienso ahora que ya he visto en otros sueños(1) el parque laberíntico por el que cruzamos sin perdernos, ni darnos cuenta del riesgo, ni de lo que habíamos encontrado: esa inconsciencia la del romance. Había visto esos parques, pero nunca esa laguna redonda, perfecta, quieta, nunca esos puentes de piedra, anacrónicos, que decoraban nuestras conversaciones con un contexto siglo xix.
Sé que hablamos de todo. Sin embargo, ignoro si es que no recuerdo las cosas que dijimos o si en el sueño yo acepté ya haber hablado de todo. Vos estabas rodeada de un aura divino(2) . A mí las cosas se me confunden un poco, y recuerdo que era de noche, que yo tenía que irme. Algo había pasado -tal vez algo se había roto- y vos me decías que me querías. Para mis adentros, vulgarmente, creo haberme jactado. Yo te decía cosas lindas que sé decir para endulzar lo imposible de tu verbo. Yo me tenía que ir. Vos llorabas. Me dijiste "es la primera vez que estoy enamorada", y nos besamos; y no era un beso de amantes con ese fuego abrasador que vence los párpados, sino una caricia compasiva.

III
Nada me ha pasado en este día que recuerde más vivamente que el sabor de tus lágrimas, ese salado altar que me bendecía. (Pensé, mientras se extendía el instante del beso, que ahora tendría que dejar a mi mujer, imaginé la situación, atravesé la idea de la pena, y luego llegué a mi vida con vos) Todo era precioso y tan triste. Cuando desperté ya eran las 12am y cené comida recalentada. Murmuraban a través de mí las marcas calladas de un sueño que había tenido y ahora no podía recordar. El encanto de lo poseído y perdido. Sólo sabía que me había sentido tan bien. Vi una película de Fellini y a las 4am, mientras leía un sueño de Talita en Rayuela, me llegaron las coordenadas mínimas de esa caricia onírica que brilló mi día. Si tengo la necesidad de escribirlo es porque no quiero perder la sensación de ese sueño, y no porque pretenda literatura. Por eso escribo, diminuto y simple, sin trucos: abierto.

IV
Yo sé que mañana indagaré en tu rostro rastros del sueño que hoy me ha desvelado. También sé que serás otra cosa, distinta por completo de aquella enamorada muchacha que soñé. Hablaremos cosas que se hablan, y vos no sabrás que me has besado, que yo probé la sal de tu sangre. Solamente resta un desierto de vigilia, allí donde no podes interesarme junto a las horas sucesivas y la inmediatez de estar vivo. ¡Qué nostalgia de la que nunca has sido...!

V
Tu nombre lo sé apenas y de tu apellido me enteré hace poco. Yo seré para vos un conjunto de gestos intelectuales. Tu cara habitó un fantasma hermoso.

VI
Detalle narcisista: pensé en darte estas palabras, en alcanzarte este texto como si fuera literatura, y secretamente mirarte mientras lo leyeras. Para qué, no lo sé: para ver si algo brilla o trastabilla en vos, para ver si sos vos la que cruzó conmigo los puentes de piedra y saló mis labios con el néctar más triste, o si el sueño es solamente otro episodio de la soledad, apenas ese mismo fantasma travieso de lo que no hay ni puede haber que ha tomado tus ropas para burlarme otra vez y dejarme herido, persiguiendo un cuerpo ya vacío.

VII
Te encuentro, dos meses después: definitivamente no sos la misma que soñé. Cuando te soñé no te conocía: supongo que por eso eras habitable por la ilusión –aunque yo, despierto, no lo supiera. Luego, vinieron días, te volviste humana. No es culpa tuya: someter tu destino a cumplir un libreto que mi deseo expone en el teatro nocturno es una cruz que nadie merece. En todo caso, tu imagen ha sido el soporte de un precioso espectro: de alguna manera eso te justifica (aun siendo que últimamente solo me das bronca porque te encuentro vulgar, torpe, vacía y sin nada para decir). Me queda este texto: saber que algo de mí fue dicho, y no importa demasiado que yo todavía no sepa leerlo.

VIII
Sucesivamente, en mis noches el rostro cambia. Otras mujeres, otros recipientes sirven de símbolo para exaltar mi soledad. Pienso que también el amor es siempre el mismo; nuestros amados son excusas de la necesidad del sentimiento.

XI
Como las pesadillas: el horror es mío, pero la imagen que se identifica con ese horror viene después; se fabrica como una coartada para justificar ese horror. Pero también me ayuda a comprender mi horror a través de una metáfora. Lo terrible: pasamos la vida temiendo a metáforas, sin tener idea de la fuente de la pena. Desandar ese camino, de lo literario hacia la expresión, deben ser pasos difícil. Un camino que termina en nuestro nombre verdadero.


(1) Hablo de otros sueños pero: si hay otros sueños no lo sé –aunque nada sé-, pero me es grato imaginar que existe un solo sueño, que es el preciso reverso de la vigilia: no producimos un sueño, sino que regresamos a él.
(2) (yo ahora pienso en Benjamin: delicia onírica: allí ni siquiera se me cruzó Benjamin; idea de ideal: acaso allí yo, salvado, ni siquiera era yo: la última redención).

3.6.05






Apuntes metafísicos
  1. El pasado está rendido; es irrecuperable (salvo como material de fábula)
  2. El escenario es también un lugar de venganza.
  3. Un ovillo hacia dentro. La enunciación trastorna. Todo se vuelve falso, todo es otra cosa. Decir es darse. Trastabillar.
  4. Todas las horas aves del sosiego azul, las horas naufragas...
  5. - Tal vez me quisiste porque verme te hacía mirar tu muerte. Mi cuerpo es tu último espejo. Un cuerpo hecho de palabras tuyas, de palabras muertas - me dijo, antes de irse.
  6. La milagrosa cifra, cuando las cosas que digo ya no signifiquen; y sean como urnas vacías.
  7. El recuerdo: una ceniza caprichosa que voy contando, como si quisiera componer la figura, hoy ya derramada en polvo. Una ceniza ruidosa, que, cuando la noche es profunda, susurra como las canillas que gotean.
  8. Gotean nuestras lágrimas secas.
  9. No conviene hacer mucho caso a esta opaca melodía de hojas muertas.
  10. Un pájaro. Un pájaro que vuela.
  11. Si de repente te detuvieras y te preguntaras "donde voy" o "donde estoy" o "qué estoy haciendo acá" estarías ya perdido.
  12. (pero donde, donde lo leí?)
  13. Un espejo debe mentir - o enseñar solamente la superficie; que es una forma de mentir -.
  14. 19.30hs dentista, Av Callao 2148. Doctora Trelles.
  15. Toda palabra del mundo es también una palabra mía. Me hiere o me delata. O lo que sea: pero me involucra.
  16. ...
  17. Por ahora es ruido; el murmullo de los otros: paisaje de lo ajeno.
  18. No sabés amar, entre otras cosas porque amás a una mujer en contra de la otra (me lo dijo la amiga de mi ex entre las sábanas de un hotel de Belgrano).
  19. Puede que mienta tres veces. Pero me delata por ejemplo la piel: las manchas como de una luz que anidó.
  20. Entre la hojarasca: ¿sabremos alguna vez de quien es esa voz, ese espejo con un cuervo en el íntimo fondo?
  21. Aceptar. Haber sangrado hasta aceptar que ese ruido y esa voz...
  22. Un pájaro que vuela buscando su jaula.
  23. Digamos que soy un pájaro: me encierran en este cuerpo y esta noche, y esperan que cante como antes.
  24. Aceptar. Haber sangrado hasta aceptar que ese ruido y esa voz, que toda la maraña inextricable de palabras en algún punto me dice, que yo estoy ahí implicado, que soy - siempre y también - todo eso: yo quedo dicho entre los murmullos del mundo.
  25. Tal vez es en las faltas de correspondencia, en mis propias faltas, donde se dice calladamente todo lo que se me secó.
  26. Tal vez.
  27. Si alguien entendió; entonces no fui claro.

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Líneas dispersas encontradas en los márgenes de un guión de una obra teatral que estaba dirigiendo en esa época lejana.



Greenaway
la misma escena


Un mes después - y con otra lapicera - pienso la ausencia del otro: ¿no es mi cuerpo muerto? Es decir: yo acariciando la textura de mi cuerpo muerto, yo cargando la pesada carne de mi cuerpo muerto, hundiendome.

24.5.05

old winter blues






1985
I
La noche era helada y vacía. No me costó nada encontrar el puente. El colectivo atravesó la ciudad desierta. Era agosto. Apagué el cigarrillo antes de acabarlo, y lo dejé tirado antes de los diques de Madero, una tibia bruma devorada por la niebla. No quería que él supiese que yo fumaba. Lo vi desde lejos, la forma de su sobretodo negro siguiendo el ritmo del viento, parado en medio del puente. Enorme.
II
Ni siquiera pensé que todo el asunto era una locura, un despropósito. Confiaba en mi hermano, y no quería que él supiera mi miedo. Las cosas fueron sucediéndose con una inercia inapelable. El frío me ayudaba a mantener el rostro duro, en una mueca petrificada de incomovible severidad. Me pregunto si hubo algún momento en que pudimos detenerlo. Recuerdo que me resultaba difícil no temblar: había músculos - por ejemplo en mi pierna izquierda - que estaban lejos de mí, se movían solos, frenéticos y mecánicos. Como una máquina rota. Cuando estuve cerca vi que tomaba café, y miraba lejos, el agua negra que corría también en la distancia. Sólo después vi el bulto, como una bolsa de basura abierta a arañazos por perros hambrientos.
III
- Te compré café. Hace frío - me dijo sin mirarme. - ¿Cómo estás? ¿Estás mejor? -.
- Creo que sí -.
- ¿Dormiste? -.
- Un poco -.
- Ya va a pasar todo esto, pibe. Con el tiempo, todo no va a ser más que un mal sueño. Ya vas a ver: la ciudad todo lo calla -.
Yo no quise contrariarlo. Sentía que las cosas se inscribían en mí, sentía mi piel tajarse con las formas de las letras que decían lo que pasó. Como una sentecia. Pero podía ser el frío.
IV
- ¿Cómo está mamá? -
- Cansada. Ya sabés. Trabaja demasiado. Cada vez pagan menos -.
- No entiendo para qué trabaja. ¿No le alcanza con lo que mando? -
- No lo usa. Ni siquiera abre los sobres -.
V
El viento abrió un poco la bolsa. Una maraña de pelo negro. Creo que ahí el sí supo que yo tenía miedo. Mi hermano. Es raro, porque yo no soy la clase de persona que haría esto. Mi hermano abrió la bolsa, me preguntó.
- ¿Es él? -
- Sí - le dije - es él -. Me acuerdo de mi voz todavía, diluyéndose en el frío. Preguntarme todavía: ¿cómo se puede, con tan poco, sentenciar a un hombre?
- Sí - le dije - es él -.
- Entonces - me miró mientras me ponía una mano en el hombro - no hay de qué preocuparse -.
Y me despeinó amistosamente.
VI
Me puse a mirar el agua que corría debajo del puente. Había alguna belleza impoluta en cómo las luces se desfiguraban entre las ondas del río. Todo estaba en calma. Pensé: tal vez es el frío, que todo lo calla.
VII
- Podrías venir de visita alguna vez -.
- No empecemos - me dijo. - Por favor -.
De la bolsa desbordó un gemido. Era como un gorgoteo pegajoso. Una forma podrida.
- ¿Querés verlo? - me preguntó. - Se resistió un poco, pero lo pude calmar. Le dije que lo esperaban, pero no mostró mucha voluntad que digamos -.
No le respondí. Si lo hubiese visto, hubiese sido lo mismo que nada. No valía la pena tomarse todo el trabajo. Yo me hubiera prendido de esa imagen, no hubiera podido seguir, escribiría cosas como esta.
VIII
- ¿Estás seguro de que no lo van a encontrar?-
- Pibe - me dijo - en Buenos Aires los ríos están hechos de muertos -.
IX
Lo raro es: yo recuerdo otra cosa. Una frase que quedó conmigo. No sé cuando nació, pero inmediatamente se la atribuí a él. Incluso siento la textura de su voz diciendo: los muertos respiran estos ríos. No sé. Mi hermano no pudo decirla: los muertos respiran estos ríos. La imagen de los ríos porteños como la respiración de los muertos quedó clavada en mí. Pero no sé. Pude haberlo traído de mucho antes. Pude haberlo leído.
X
- Ahí está el casino, además. ¿Donde crees que van a parar los cuerpos? -.
- Vamos - le pedí.
Mi hermano cerró la bolsa, la alzó sobre la baranda. Se escuchó nítido - como si fuera el centro de la noche - un grito ahogado, una queja. Ese grito fue a herir todos mis silencios.
Después, el impacto, el agua abriendose como una boca.
- Este ya no jode a nadie. Le até las manos atrás. Se va a retorcer un rato -.
XI
Todo quedó callado. Caminamos el puente, mi hermano y yo. Antes del amanecer tomabamos unas cañas en el Once. Con el tiempo, nos vimos menos. Dos inviernos después nevó en Buenos Aires, unas minucias blancas, sutiles perlas aereas. Me hubiera gustado que mi hermano lo viera. Las hojas muertas de los arboles en su última melodía. Pero ya estabamos distantes.

3.5.05




¿Tendré que pegarme un tiro, que chorree rojo por entre las páginas, para que esto sea literatura?

Para que esto no sea un revoltijo de muertos míos como tripas abiertas de un muñeco roto: ¿tendré que pegarme un tiro, aunque la piel sea la tensa superficie de la soledad, la frontera?

No sé: vendría la máscara a devorarme...

Entonces, ¿tendré que pegarme un tiro, encender la luz detrás de las tapas del libro, de las cuatro paredes inconmovibles y entregar mi cuerpo muerto a la mirada a la succión del lector, del otro?

Me pregunto: ¿qué idioma sería ese?

Las puertas del teatro se cierran nunca . ¿Tendré que firmar con sangre? Si hubiera levantado el telón con la verdad original, se hubieran manchado de sangre las butacas desde las primeras escenas.
Me pregunto: ¿qué idioma sería ese?

Me respondo, tal vez: NINGUNO.
Porque la palabra presupone una experiencia compartida. Y la unicidad de la verdad que un cuerpo puede producir es tan absoluta - quiere ser tan absoluta - que será cada vez incomprensible;
no se dice: se padece.

Es preciso destruir el teatro. O vivir en el teatro yo
¿tendré que pegarme un tiro, saber cerrar el libro
de una vez
callar
volverme tan ilegible como cierto?

. . .


8.4.05



Atardece la ciudad, sombra entre sombras, diminuta gema obsoleta. Yo supe alguna cosa en la grieta donde llegué a ver un momento del cielo. La perdí de la manera en que se dan los primeros pasos para seguir el curso de las horas.

6.4.05

starry night, munch (abyss i see)




Ejemplo de la tristeza

A mitad del poema "A volta da mulher morena", de Vinicius de Moraes, lo interrumpió el estruendo del teléfono. Era su amante. La que más profundo se había hundido en él. Esa vez hablaron cosas que se hablan. Cosas comunes, perdidas. En el vértigo de los días se fueron separando; se volvieron ajenos hasta diluirse. El viento ya borró sus caras, sus hábitos.

Pero

todavía, de siglo en siglo, él abre ese libro - como una religión - y empieza a leer, otra vez, el mismo poema, queriendo que no acabe aun (que no acabe siempre). Ansioso de una interrupción el segundero del abismo trastabilla, falsamente. A veces hay ecos, o sombras furtivas, o regresan imagenes ajadas de nostalgias antiquísimas, o es el viento, que hace gemir al silencio en la noche vasta, o el ardor del deseo, que hace temblar a las hojas tímidas de los arboles nocturnos - como pétalos de fiebre -; pero nada más.
Porque ya no queda nadie en el mundo.

4.4.05

the pillow book

Greenaway
una escena


El libro del amante siempre está escrito sobre un muerto.
A veces, sobre el cuerpo muerto del amante - su ausencia -.
...

Porque la escritura siempre empieza allí donde no estás (roland).

1.4.05

...
Eventualmente, habré de dejar mi cuerpo, como un cansado vestido, colgado en el perchero de lo efímero.
Mi alma es por ahora la que, cada mañana - al borde de salir al mundo - dejo bien doblada en los cajones del armario. No sea cosa que se me manche con lo trivial, y después me nieguen la entrada al banquete de lo eterno por pilchas harapientas.

27.3.05

26.3.05

Continúo un poco más la comidilla. Esto es una nota en servilleta que quien sabe si acabó siendo carta o no. Sigue la trama abierta en la carta previa. Acaso es la última de la colección: no encuentro placer en exhibir penas ajenas; pero me parece que todo texto sangrante merece un espacio.
"Todo vínculo con vos me ensombrece. No te necesito en mí; no quiero tus favores. Te acercás como un chantaje. Yo no sé cuánto tiempo habré de odiarte (es la medida de que te quise); yo no sé cuánto tardarás en volverte insignificante. En vos no encuentro ningún rastro de la que quise: vos la asesinaste. En mis propias cosas, en mis costumbres hay todavía piezas de la mujer que quise (yo me quemo con ellas; me saltan a la cara en plena noche, me arañan cuando abro cajones buscando otra cosa y siempre encuentro el pasado, escupiendome). Toda mi vida está manchada con los rituales y hábitos que manteníamos. Pero esa mujer ya no existe: a vos solamente te reconozco como el lugar donde debo derramar mi ira, gritar mi bronca, vaciar mi pena. Pero no sé cómo hacerlo: soy elegante y soy inmaduro: no sé mostrar que me duele (y encima me aplauden ese coraje, me aplauden la máscara que aseguro frente a mi ajado rostro, y entonces no puedo hacer nada excepto sostenerla más firmemente, aunque yo no crea en ella me entrego a las audiencias). Todo lo que sucede es un signo de la herida que abriste, todo me da ganas de llorar. Pero ni siquiera. No sé hacer nacer una sola lágrima en mí: quiero querer llorar. Pero solamente escribo cosas así. Quisiera darte mi dolor, pero solo lo hago para lastimarte. Quiero contar historias, y todas son mi dolor: cada letra que escribo me regresa a esta habitación, esta carta que no te envío. Quiero saber qué estás pensando y quiero haberte olvidado para siempre. No entiendo en qué lugar estoy parado: hasta mi prosa siento agitada. Te culpo de haber matado lo que yo quería. Triste que el muerto que lloro y el asesino que odio sean el mismo."